Libros y parejas como escape de la realidad

Los libros siempre me acompañan. Son mi viaje sin salir del cuarto; son mi escuela, mis parejas. He utilizado a libros y a personas para escapar de la realidad, para construir una realidad distinta a partir de las palabras de otros. Una en donde los personajes cumplían mis deseos sin sentir culpa después.

Cotidianidad liberación literatura Opinión P369 sexo
Esta es una opinión

El libro de Murakami.

Foto: Nómada

La culpa ha sido, al igual que los libros y como nos pasa a muchas en nuestras sociedades latinoamericanas, una compañera fiel. Esa culpa que te inculcan desde que te cuentan la historia trillada de la princesa pura que espera, detrás de un velo virginal, a ser rescatada por un príncipe. Esa culpa que sentís la primera vez que besas y tocas a alguien. Ahí está. Un pánico de perder el estatus de “mujer que vale la pena”. Y entonces de las parejas escapo a mis libros.

Libros en donde las mujeres son heroínas, donde se libran por completo de las ataduras mentales, del qué dirán, y toman lo que quieren. Otras veces mis heroínas no son tan afortunadas, viven en represión mental, sexual, económica. Son esas historias las que me calan, me moldean. Y me dí cuenta que te juzgan por lo que leés, pero no de la manera en que imaginé.

A los 17 leí “Inés del alma mía”, de Isabel Allende. Me hizo viajar a Chile durante la época de la conquista. Leí acerca de métodos anticonceptivos de antaño y como Pedro de Valvidia hacía gemir a Inés. Pero lo que más recuerdo es la portada del libro. Se ve una mujer desnuda de la cintura para arriba. Recibía comentarios de mis compañeros tanto en broma como en serio acerca del contenido del libro: ¿Está leyendo porno? ¿Ese libro es de sexo? ¿Por qué le gusta leer eso?

 

El libro de Allende.

El libro de Allende.

El colmo fue cuando mi mamá le hizo un brasier a la mujer de la portada para que no anduviera por ahí con los senos de fuera. Al final termine avergonzándome de llevar ese libro conmigo. No quería que nadie viera la portada por miedo a que me juzgaran.

A los 21 (hace muy poco) quise leer 50 sombras de Grey. Pero esa culpa se apoderó de nuevo. Llegó al lugar que se suponía se encontraba libre de ella. Luego de refugiarme en los libros por años, sentía que debía huirles. Escaparme de esos libros considerados “inadecuados”, “malos”, “no para mi edad”.

Todas las de mi edad que leen sobre sexo estuvieron expuestas a comentarios de todo tipo. Entre mis amigas hay muchas que han leído 50 sombras de Grey. Les han preguntado que porqué leen eso, que mejor se compren una película pornográfica y que ese libro es malo. La mayoría de críticas se referían a las escenas de sexo explícito y no a la calidad literaria. Lo mismo sucedió en mi casa.

Comprendí que esa culpa se filtra en cada grieta de mi vida. Incluso en mi selección de libros. Siento que me encuentro en un juicio eterno, en el cual las únicas pruebas validas para comprobar mi valor son un himen intacto, una mente libre de pensamientos impuros y una lista de lecturas pudorosas. Pero luego, también comprendí que la única culpa que debería sentir es conmigo. Debería sentir culpa por no darme yo el valor suficiente, por dejar que los pensamientos de otras personas influyan en mis deseos, por no ser fiel a mí.

Así que regreso a los libros. A disfrutar de mi pareja. A dormir con él, llevarlo a todas partes, tocarlo, olerlo. El del momento dice: “Su mano derecha fue descendiendo. Y empezó a acariciar mi sexo por encima de los calzones. Por entonces, yo ya estaba muy húmeda.” (Tokio Blues de Hakuri Murakami) Y escapo de nuevo. Regreso al lugar donde me siento segura, libre. Donde mis miedos desaparecen y mis deseos se cumplen. Regreso, esta vez sin culpa ni remordimientos.

* Este post es parte del blog Boulevard Liberación. Lea aquí el post anterior: Machos acomplejados en mi cama, nunca más.

Flora Campollo
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Cantante frustrada, escritora de closet, actriz de medio tiempo, ratón de biblioteca y sobre todo feminista. Escribo para combatir la soledad, el machismo y las mentes cerradas; para cortarle las esquinas a un mundo tan cuadrado.


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    ANONIMO /

    14/11/2014 1:07 PM

    […] la idea de la penetración regresó, de otra forma. Como aquella vez cuando, al igual que Flora y sus lecturas, leí cómo Florentino escribió a una amante “este coño es mío”, y sentí algo. La culpa fue […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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