Esto es lo que pienso de tu piropo

Parece que no hemos hablado suficiente del acoso callejero. Siempre nos hará falta repetir y repetir lo cansadas que estamos de ir por la vida recibiendo piropos que nos provocan tanta indignación, rabia, asco, nos paralizan o nos obligan a devolver el golpe.

Cotidianidad acoso callejero feminismo nómada Opinión P369 sexo
Esta es una opinión

Asquerosos.

Ilustración: Dran

Iba caminando por el Centro Histórico un viernes en la mañana; eran alrededor de las diez. Iba muy consciente de mis piernas porque con estos calores decidí usar una falda y podía sentir las miradas penetrantes sobre ellas. Al ponérmela pensé que quizás en la mañana no me iba a exponer tanto, que seguro me iba peor caminando con esa falda a las 10 de la noche que a las 10 de la mañana. Pero a la gente no le importa si es “horario familiar”; el acoso se da a toda hora. A mí se me olvida a veces.

Me puse la falda –como cualquiera se pone un pantalón o un short– porque tenía calor ese día –todos sabemos que este año la canícula fue eterna–. Tenía bien claro que mi intención no era provocar. Justo iba a irme caminando a un conversatorio de sexualidad.

Caminé la primera cuadra y al primero que se le fueron los ojos fue al guardián del edificio en donde vivo, pero no dijo nada. En la esquina escuché a alguien saborearse, lo volteé a ver y me miraba fijamente. Me dio miedo. Por un segundo pensé en regresarme y cambiarme de ropa, pero me sentí ridícula. Caminé más rápido.

En la siguiente cuadra venían tres hombres, uno detrás de otro, espaciados quizás por un metro y medio. Uno era una anciano, los otros dos eran jóvenes. Me dio más miedo e intente cambiarme de banqueta, pero los carros no me dejaron. Los tres me miraban directamente mientras caminaban y nos acercábamos más.

El primero pasó y me dijo “muñeca linda”. Mi cara de asco pudo haber sido una advertencia para el que iba detrás de él, pero al segundo no le importo: “¿Por qué tan sola, belleza?” Y el tercero, el anciano, fue el peor: “que lindas chiches” y se rió mientras paso a mi lado.

Me hice la sorda las tres veces aunque en la última casi me doy la vuelta y saco el dedo. Me frené porque una vez más me sentí ridícula. Se iban a reír de mí.

Lo que ellos no sabían era que todo el tiempo que caminé a la par suya iba sosteniendo un táser dentro de mi suéter. Un táser es una pistola de electroshocks. Para casos graves.

En la tercera cuadra no compartí banqueta con nadie, iba aliviada. Pero no segura porque dos motos me bocinaron y el conductor de un carro me tiro un beso, de esos tronadores que son asquerosos.

Me quedaban dos cuadras para llegar al lugar, las últimas dos eran sobre la Sexta, donde siempre circula mucha gente. Todos iban de prisa, nadie me dijo nada, pero no me salvé de las miradas.

Acción Respeto

¡Qué asco!

¿Por qué es tan difícil que entiendan que usar una falda o escribir de sexo no es ninguna invitación para nada? ¿Por qué no podemos las mujeres caminar tranquilas en nuestras calles?

Entré al conversatorio con la indignación creciéndome en el pecho, con la vergüenza de llevar falda y la rabia por no poder sentirme libre, aunque lo intentara con todas mis fuerzas. Quería llorar.

Yolanda Colom se sentó a mi lado, una mujer a la que admiro mucho desde que leí Mujeres en la Alborada. Me sonrió y bromeó junto a mí todo el conversatorio. Hablamos del acoso y todas coincidimos que estábamos hartas.

En el público había cuatro hombres; uno de ellos muy feminista, otro era un curioso y los otros dos no hablaron.

El acoso sexual intelectualoide

Más tarde ese día fue la fiesta de aniversario de Nómada. Haciendo cola para el baño me encontré a uno de los asistentes del conversatorio de la mañana, uno de los que no habló. Se me acerco para hablarme y quiso compartir sus pensamientos acerca de lo conversado en la mañana. Francamente yo no tenía interés, pero me salí de la cola para escucharlo un minuto, no sé si por cortesía o por complaciente, porque a veces no lo puedo evitar y es algo que debo trabajar.

Me dijo que la gente no manejaba los “conceptos” para hablar de ciertos temas. Que su nivel intelectual no lo dejaba hablar con mucha gente, pero que opinaba que el androcentrismo es lo que debe abolirse. Yo no decía nada. Él continuaba: “yo por eso vengo a fiestas y hablo con las francesas y las extranjeras de estos temas.”

Ahí fue cuando dejé de escucharlo y me sentí acosada. A pesar de que me recomendó un par de buenos libros, la conversación ya me empezaba a incomodar. Fue un acoso más “intelectualoide” que los de la calle, pero igual, su manera de acercarse era hablando de temas que, según él, son mi “fuerte”, intentando impresionarme con sus conocimientos. ¿Acaso no entendió todo lo que se habló en el conversatorio de la mañana? ¿Por qué asistió a eso? ¿Está sordo?

Yo solo quiero aclarar que no soy experta. Soy como todas y solo busco discutir los temas que me molestan. ¡Pero si está realmente jodido que ahora esta discusión es una excusa también para acosar!

Y ahí estaba yo, intentando interrumpirlo para terminar con la conversación, pero no me dejaba. Encima de todo ya me hacía pipí. De repente llegó Martín (de Nómada), y quizá se dio cuenta de lo incómoda que estaba o quizá solo fue suerte, pero me ofreció su lugar en la cola del baño y así pude terminar la conversación.

Hay tantas formas de acoso, tanta violencia a la que enfrentamos en el momento que salimos de casa. Hoy aprovecho este espacio para decir que estoy harta. Que no quiero ser tachada como una “pesada” sino prefiero no ser violentada. Y me refiero a la violencia que va desde miradas y piropos hasta discusiones intelectualoides que buscan llamar mi atención.

No es justo. Respétenme. Respétennos a todas. En Nómada estamos preparando algo para esto.

Y por si no se enteraron con toda esta explicación, siguiendo a Flora la semana pasada que usa videos para hacer que entiendan, así de ridículos se ven:

 

Daniela Castillo
/

Joven veinteañera aficionada a los elefantes, el chocolate, los libros y el cine. Estudió ciencias de la comunicación pero no es la carrera la que define su profesión. Es feminista, vegetariana y a veces pareja, pero sin ser extremista en ninguna de las tres.


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COMENTARIOS

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    René Villatoro /

    18/08/2015 6:05 PM

    Me parece bastante ilustrativa tu columna, que demuestra lo difícil que resulta a las mujeres en general, y a tí en particular, el solo hecho de caminar por cualquier calle de Guatemala.
    Aclaro: tengo dos preciosas hijas, aun pequeñas y entiendo perfectamente tu punto de vista, además de estar casado con una mujer muy mujer, que no permite ni ha permitido nunca, posturas machistas de mi parte. Tengo que decir que ha sido un camino cuesta arriba, pero de a pocos, he ido entendiendo el asunto. Sin embargo, eso no impide que estando solo o aun con ella (mi esposa), de vez en vez se me vayan los ojos detrás de unas piernas bien contorneadas, o de una flaquita con cara de muñeca y olorosa a azahares, no lo puedo evitar. Y esto es debido, principalmente, a que los hombres, debido a la evolución, estamos programados genéticamente para ello. Es natural y no creas que eso es una justificación para el acoso. Pero hay una enorme diferencia entre ver y acosar. Sigue escribiendo e investigando, creando conciencia y algún día, tus palabras que hoy escribes, las verás hasta de forma divertida. Saludos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    xhun bonobo /

    18/08/2015 4:27 PM

    La denuncia y el grito es valido y necesario. La acción también. Vale la pena voltearse y ver a los ojos al agresor y decirle que lo que hace no esta bien, que es una falta de respeto, que es violencia. Seguro muchos se van a reír, van a insultar e incluso a violentar más aún. Es un riesgo, pero vale la pena ser valiente. Quizá más que hacer cambiar a los agresores, algo va cambiando en la mentalidad y la forma de ser de la mujer, quizá va cobrando más fuerza y restableciendo su dignidad mancillada. Quizá viendo a los ojos a los agresores les ayudemos a que recobren su humanidad y logramos cortar este circulo de violencia. quizás, no lo se, soy hombre y no puedo hablar por las mujeres y mcuho menos decirles que hacer. Solo sé, que esta violencia, y la violencia en general me indigna y que le enseño a mi hija de 10 años a que confíen en ella, en el mundo y en la gente, que sepa defenderse y no ser una víctima, sino una mujer que se sabe fuerte, poderosa y digna.
    En cuanto a lo del ligue en la fiesta, no hace falta el drama, un simple "gracias, no me interesa", suele funcionar. un abrazo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Daniel Perera /

    18/08/2015 12:25 PM

    @Juan, seguramente no creés que estar en desacuerdo y entrar en discusión son características machistas, ¿o sí? ¿O que el feminismo y el enfoque de género son una ideología? Aquí estamos discutiendo ideas, conceptos y prácticas; no determinando quiénes "son" de este o aquel "equipo". Si vas a caricaturizar y tergiversar un comentario que demuestra un cierto nivel de compromiso con la labor de la autora (i.e. me tomó más de 5 minutos escribirlo y firmé con nombre y apellido), te pediría el mismo nivel de seriedad. Lo demás son payasadas que no abonan.

    Reitero: el feminismo --así como el anarquismo-- es algo que uno HACE y no algo que uno ES (no es una identidad, pues). Ese era el espíritu de mi comentario, y creo que por esa razón demuestra más respeto hacia la autora que una simple y "honorable" (ejem) defensa en su nombre.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    JUAN /

    18/08/2015 11:40 AM

    Analizando un poco los comentarios, veo que los que dicen NO ser machistas, lo son irremediablamente, y las que se dicen feministas, no siempre lo logran . Hoy a Daniela Castillo alguien que pareciera ser de su mismo "equipo"= ideología de género, le ha corregido la plana con un argumento típico del machista: "En la segunda parte, sin embargo, meás fuera del proverbial tiesto y deshacés lo logrado en la primera." y como es típico de dicha conducta después del bofetón viene el "disculpame": "Tu columna es importante y te seguirmos leyendo asiduamente. Saludos solidarios!"

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Gordo /

    17/08/2015 10:55 PM

    Daniela, me gustan mucho tus artículos, me parece muy bien que expreses el punto de vista femenino, creo que las mujeres son tachadas de fáciles o promiscuas cuando aceptan abiertamente su sexualidad. Te insto a que sigas exponiendo tu sentir y tu análisis a muchas situaciones que tanto tu como muchas otras mujeres pasan en la cotidianidad de su vida.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Daniel Perera /

    17/08/2015 8:39 PM

    Daniela, me parece que perdiste una oportunidad dorada. Me refiero a la segunda parte de tu columna (porque la primera es irrefutable y nos debería dar vergüenza como guatemaltecos que la agresión sexual machista aún se tenga que explicar en términos tan básicos. Pero basta con leer varios de los comentarios de abajo para constatar que lo es. Y qué pinche desastre, de veras.)

    En la segunda parte, sin embargo, meás fuera del proverbial tiesto y deshacés lo logrado en la primera. Si de algo padecen los hombres en el patriarcado --sobre todo en su versión más retrógrada, onda cavernícola (como algunos de los apologistas que comentan abajo)-- es que no saben distinguir entre el acoso sexual y el coqueteo/flirteo, entre tratar a una mujer como objeto para ser admirado/poseído y tratarla como una agente tan potente/autónoma como él.

    A mi compañera y a mí (ambos feministas, dicho sea de paso) nos parece que confundís la hinchazón con la gordura de la misma manera (pero a la inversa) que los cavernícolas que condenás. Que un tipo haya querido coquetearte, flirtear con vos, impresionarte, ligarte, llamarte la atención en una fiesta es muy --pero muy-- distinto (al menos como vos has descrito los hechos) a que los hombres te agredan con sus miradas, palabras y/o actos lascivos en las calles.

    Triste (e irónico) sería que la seducción y la lujuria lúdica se convirtieran en objeto de repudio moralino en manos de quienes pretendemos liberar --por completo, de una vez por todas, para todxs-- las pulsiones del deseo. Tachar los ademas del cuate de tu relato como "intelectualoides", además, sólo logra cimentar el tono antagónico y repelente del que adolece la columna. Hubiera sido lindo que en su lugar hubieras buscado matizar tu argumento y buscar estrechar lazos comunes de crítica y solidaridad que trasciendan las brechas entre géneros y sexualidades. Por ejemplo, somos ya muchos los hombres que sí hemos cambiado y que somos hoy parte activa del proceso de transformación de la(s) masculinidad(es). Es decir, paraste dándoles municiones a los cavernícolas para que caricaturizaran y descalificaran tu postura (y, por ende, la de otrxs feministas).

    Una mirada crítica sobre el género y la sexualidad debería brillar por su sofisticación y su claridad, por los matices y las distinciones que ilumina, y no por las burdas, arrolladoras y --lo que es peor-- contraproducentes generalizaciones que ofuscan la posibilidad de construir formas alternativas de vivir el deseo y construir sociabilidad alternativa.

    Tu columna es importante y te seguirmos leyendo asiduamente. Saludos solidarios!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    rony /

    17/08/2015 5:47 PM

    Por cierto,

    Será acoso si digo que me parece muy bonito el tatuaje de una rosa en tu espalda, el cual cual exhibes publicamente en tu perfil de Facebook, u otras fotos donde te dejas ver en ropas cortas?

    Aclaramelo porque no veo una columna sobre el acoso frente a comentarios tales como "ricura", "cosita rica", "preciosa", etc. etc. (pantallas salvadas por si acaso)

    Particularmente creo que entre tu opinion postulada en esta seccion y las fotos de tu perfil de facebook, le llamo DOBLE MORAL

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Alvarado /

    17/08/2015 5:34 PM

    Ahora comprendo un poco más de esto, debo respetar más, pero como uno que es chiviado, solo quiere acercarse a alguien y decirle que es linda. Pero acá todo lo toman a mal o como "acosador" o ¿es que yo todo lo miro así?, ha de ser la friendzone :(

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    HOYPORHOY /

    17/08/2015 5:10 PM

    Seguramente dentro de unas semanas escribe otra quejándose porque no le dicen nada, la ignoran. Al parecer a esta ñiña no hay ni que voltear a verla porque se siente acosada. ¿De verdad eres tan irresistible? ¿O tienes el autoestima más alta del mundo?
    Hay gente que va por la vida complicándosela más de lo que ya lo es. Por cierto, eso de que llegó Martín (director de nómada) y te salvó del "acosador intelectual"... jajaja un culebrazo en toda regla!!! Que Dios te guarde si de verdad eres tan bella que no podemos resistirnos a ti!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rony /

    17/08/2015 4:15 PM

    Si no le gusta Guatemala, se puede ir a Europa a vivir, nuestra sociedad está carente de educación, salud, empleo; pasamos hambre y el 60% de la población en general, vivimos en el lumbral de la pobreza, o de la pobreza extrema (según la CEPAL), todo esto se traduce en cosas más importantes por resolver, antes que su trivial problema, si no va a ser parte de la solución, no joda.

    Las mujeres son la principal debilidad del hombre en todo el mundo, desde la existencia del universo, eso es natural, después viene la comida, el fútbol, la política, etc, etc, la única forma en que usted se vista libre y sin miedo a ser acosada, es que todos los hombres se vuelvan homosexuales, Así que le sugiero que comience a fomentar la homosexualidad, y el matrimonio hay, así, ningún hombre la mirará con deseo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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