Lucía Pérez también fui yo: #NiUnaMenos

Jamás imaginé que las mujeres nos uniéramos así para exigir respeto y hacer valer nuestros derechos. A partir de lo que sucedió con Lucía Pérez en Argentina y el nacimiento de #NiUnaMenos, decidí terminar de sanar una herida que me ocurrió hace 10 años. Para que todas sepamos que no estamos solas y que el poder de sanación está en nosotras.

Cotidianidad P369

En Latinoamérica estamos más unidas que nunca para comenzar una revolución que transformará mentalidades, hábitos e incluso nuestra cultura. Y lo haremos sin hacer de menos a los hombres, porque los queremos de aliados para trabajar por igualdad, equidad, ecuanimidad, imparcialidad: por las mismas oportunidades y libertad.

Soy Isabel Barrios, periodista, hija, hermana, amiga y sobre todo mujer. Tengo 25 años; y sí, hace 10 años fui violada sexualmente por un desconocido.

Debido a que nunca tuve la intención de exponer lo que estoy a punto de relatar, algunos detalles se me pasarán por alto, pero el propósito es hacer entender que una mujer no es culpable de sufrir agresión sexual y psicológica. Y que, si alguna vez la han experimentado, todo el poder de aceptación y sanación está en nosotras.

Era época de vacaciones del colegio, y en mi casa solo estábamos la empleada doméstica y yo. Aproximadamente a las 10:00 de la mañana sonó el timbre y me asomé por la baranda de las gradas para ver si era alguna visita o por lo menos escuchar alguna voz conocida. Pero ví como dos hombres armados comenzaron a subir los escalones.

Me congelé. A mis 15 años, y en segundos, debí procesar que desconocidos habían irrumpido en mi hogar para robar, sin siquiera suponer lo que vendría después.

Con mi ropa nos amarraron, sentadas en el piso, cada una a un costado de la cama. Mientras uno de ellos hurgaba entre todo y veía que llevarse, el otro me apuntaba con una pistola en la frente y me repetía: “abrí las piernas si no querés sentir una bala en la cabeza.”

Y allí estuve, recostada en el piso, perdiendo toda mi inocencia, intentando ser fuerte, mantenerme callada y repitiendo en mi mente cada una de las oraciones que alguna vez me enseñaron. Me recuerdo de su mirada intimidadora de ojos claros mientras sufría toda su ira y su fuerza sobre mí. No se detuvo hasta que su compañero entró al cuarto y le dijo: “dejála, vámonos.”

Y a partir de ese momento de silencio comenzó todo lo difícil.

Contarle a mis más allegados, ir a poner la denuncia al Ministerio Público y entregar mi ropa interior para ver si ellos encontraban alguna muestra. Era 2006 y nadie nunca habíamos oído la palabra Ministerio Público. Ir al ginecólogo, donde el psicólogo, hacerme pruebas médicas, tomar anticonceptivos y vivir cada día pretendiendo que nada había pasado.

Con el tiempo intentás asimilarlo, pensás que es normal haber sido víctima en un país como Guatemala, que seguros no sos la única. Pero comenzás a notar que pocos entenderían si uno lo cuenta. Y empezás a tenerle miedo al prejuicio.

Y me desvaloricé. Llegué a pensar que mi cuerpo no valía nada, que al fin de cuentas ya había estado en manos de alguien que yo no había elegido. Te mentalizás y comenzás a vivir así, te encerrás, te frustrás, peleás con el mundo porque sobreviviste a una injusticia.

Después de diez años, hoy me he convertido en una mujer sin miedo. Quien me conoce sabe que me planto frente a quien me tire un “piropo”, que en realidad no es piropo sino que es acoso, que me acerco cualquiera que me acosa para cuestionarlo y pedirle que se detenga. Sin insultos, sin violencia, sin bajar la cabeza.

Mi consejo, por más que cueste, es contar lo sucedido. En el camino una va conociendo a otras chavas que le dicen: “a mí me pasó lo mismo”, “a mí me violó un familiar”, “a mí me secuestraron”. Y entonces notamos que las estadísticas no son números sino que son vidas y que no estamos solas y el problema es más grave de lo que parece.

Con esto viene la aceptación. Trabajas en ti misma, te armas de valor, quieres ayudar a otras, te consideras sobreviviente y, en mi caso, empecé a ver el mundo y el comportamiento social de otra manera.

Ésta es una lucha tanto de mujeres como de hombres. De mujeres para no dejarnos vencer y entender que no es nuestra culpa. Y de hombres para dejar de vernos como nos ven, sin valor.

Y es una lucha de las autoridades y de todos los que tenemos alguna posibilidad de incidir en la sociedad. Las autoridades, ¿están haciendo todo lo posible por acabar con esto? ¿Para evitar más violencia sexual en niñas, en adolescentes y en mujeres?

Y ni siquiera tenemos que llegar hasta la violencia física. Tenemos que detenerla mucho antes, cuando es psicológica. Cuando terminé con los dos noviazgos que he tenido, lo que recibí fueron insultos, gritos de “gorda”, de “aburrida”, de que no era “tan liberal”. Esas humillaciones por comer lo que a uno le gusta o por preferir quedarme en casa en vez de ir a una fiesta o ver televisión y dormir en vez de tener relaciones sexuales. Hacernos creer que nosotras somos las que fallamos. Sí, sentí vergüenza y me culpé de eso y muchas cosas más en el pasado. Pensaba que yo estaba mal y que debía cambiar para ser la “novia ideal”.

Pero diez años después de todo esto, estoy en un punto en el que me siento tranquila por haber tomado el control y no hundirme y no dejar que otros se aprovecharan de mi ingenuidad.

Nos tenemos que ayudar entre nosotras, tenemos que ayudar a otras, incluso a las más pequeñas, a entender que está en sus manos salir adelante, valorarse e ir detrás de los sueños que anhelan, sin sentirse inferiores por las situaciones que han vivido o por cómo se ven.

Las presiones sociales son varias y pesadas. Pero no hay mujer más bella y plena que la que anda por la vida con autenticidad, seguridad, con determinación y fuerza.

Es la primera vez que cuento esto en público. Pero con la ayuda de mi mamá, mi papá y mis amigas he sabido dominar esto y encontrarle solución. Y no voy a dejar de denunciarlo. Sólo así vamos a terminar con estos abusos que son parte de nuestra cotidianidad.

Mujer que me estás leyendo: nunca sintás culpa o vergüenza de quién sos, cómo te mirás, de lo que has vivido y de lo que te han obligado a hacer. Usá estas experiencias y tomá fuerza, levantá tu voz, denunciá y, sobre todo, alcanzá todo aquello que te dijeron que no podías alcazanzar por ser mujer.

Y si te sentís sola, acordate que no lo estás. Somos muchas las que tenemos historias en silencio, como las mías, y que solo apoyándonos unas con otras podemos cambiar Guatemala. Ahora es el momento. #NiUnaMenos.

Isabel Barrios
/

Mujer, hija, hermana, tía, amiga y confidente de tantas historias. Soy periodista, escritora y amante de la arquitectura. Apasionada por viajar por toda Latinoamérica. Con ganas de aprender de todo; de momento, aprendo yoga, portugués y jardinería.


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COMENTARIOS

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    Mariana Asturias /

    07/12/2016 5:22 PM

    La verdad todo está en nuestra mente así que con la ayuda de Dios y haciendo lo posible por salir adelante logramos en algún momento de la vida superar algo de ésta magnitud. Ella jamás volvió a ver al hombre que la marcó, pero que hay de aquellos así como yo y otros muchos más que les vemos la cara por el resto de nuestros días a quien abusó de nosotros?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Csalazar /

      03/01/2018 8:31 AM

      No podré jamás imaginar, Mariana, siquiera lo que ud. Y muchas sufren viendo y viviendo con su abusador... Sólo puedo decirle muy humildemente que también debe buscar fuerzas desde su ser más profundo y valiente, que de seguro lo tiene, para denunciar. ÁNIMO!!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Carlos de la Torre /

    31/10/2016 11:01 AM

    Admiro tu valentía. Me agrada que compartás esta mala experiencia y que saqués a la luz pública estos casos. Hay que velar por que exista una buena logística detrás de los casos de violación. Espero que sigás con tu vida y que seas muy feliz.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam /

    24/10/2016 5:11 PM

    Lamento lo que te pasó. Aplaudo tu fuerza y valentía para salir adelante después de pasar por eso. Me alegro que hayas re-armado tu vida y seas ahora más fuerte y que compartas tu historia para ayudar a otras mujeres.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    trudy mercadal /

    24/10/2016 7:25 AM

    Lamento lo que te hicieron. Eres muy valiente y no me cabe duda que tu texto ayudará a otras sobrevivientes de violencia. Gracias por compartirlo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mar /

    23/10/2016 8:28 PM

    Felicidades por este texto y el valor de compartirlo. Muchas hemos sufrido diferentes tipos de agresiones y acoso sexual. Cuando nos defendemos nos atacan en vez de defendernos. No hay nada más triste que nuestra sociedad defienda a los agresores y las víctimas tengamos que cargar con cicatrices toda la vida. Sos un chava fuerte. Toma ese mal rato y volvelo tu gasolina, tu impulso para ayudar agresores otras como vos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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