Por qué el sistema penitenciario no se arregla con más cárceles

La prisión es quizá una de las instituciones más cuestionadas del Derecho en estos tiempos y, aún así, esta aparente “crisis” por la que está pasando parece no detener su expansión cada vez más y más acelerada. Guatemala no es la excepción a este fenómeno: las últimas semanas nos han demostrado un completo descontrol del sistema penitenciario, hacinamiento, armas, celulares, motines, han puesto en discusión hasta qué punto el Estado tiene control de los centros penitenciarios de Guatemala.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Motin Gaviotas. Foto: Archivo.

La respuesta clásica no se ha hecho esperar: la construcción de más centros penitenciarios para acabar con el hacinamiento. Esta podría parecer una solución viable, pero debemos estar conscientes que es una solución a corto plazo.

Antes de construir más centros penitenciarios quizá deberíamos de preguntarnos: ¿no sería mejor filtrar el proceso de ingreso a la prisión?

Lo primero que debemos considerar es que la prisión es una institución como ninguna otra en la vida social. Una persona está acostumbrada a realizar sus labores en diversos lugares, estudia, trabaja, se relaciona con sus amigos y con la familia y realiza actividades extras en distintos lugares. Esto desde luego cambia cuando una persona se enfrenta a una institución como la prisión en donde “todo” lo que se hace transcurre en un único lugar.

¿Es esto un llamado a la impunidad? Claramente no. Recuerdo mis clases de victimología en donde mi catedrática decía categóricamente que “el abogado o criminólogo que encuentra la solución para derribar definitivamente los muros de la prisión, va a realizar un aporte tan importante que solo para él o ella se creará el premio Nobel de Derecho”.

Como penalista y criminólogo, estoy convencido que existen delincuentes que deben ser aislados temporalmente de la sociedad para recibir un tratamiento adecuado. Pero en la realidad de las prisiones encontramos que la resocialización y la rehabilitación no dan los frutos esperados.

En primer lugar, debemos entender que resocialización y rehabilitación únicamente significan que el Estado proveerá de todas las herramientas necesarias al condenado para que se pueda reincorporar a la sociedad, pero dependerá de este último si desea emplearlas o no. El tratamiento el prisión no es sinónimo de un lavado de cerebro, de ser así, sería mejor que toda persona desde temprana edad se sometiera a este lavado de cerebro para asegurar que no delinquirá nunca en su vida.

¿Por qué pareciera ser que estos programas no funcionan en Guatemala? No existe una única respuesta. Entre muchas causas, está la falta de una verdadera política nacional de desarrollo social y en el centro penitenciario una capacidad desbordada por cerca de un 400% de población carcelaria real contra la capacidad de los centros.

¿Existe entonces una solución a este problema? No veo una solución a corto plazo, pero si a mediano y largo plazo. Distinguimos tres clases de delincuentes en una clasificación básica:

1 Delincuentes de mínima seguridad: delincuentes que accidentalmente irrumpen el orden jurídico y para los cuales el ordenamiento jurídico proporciona varias alternativas para que eviten la prisión.

2 Delincuentes de máxima seguridad: delincuentes para los cuales está concebida realmente la prisión, pues deben ser aislados temporalmente de la sociedad por el delito cometido.

3 Delincuentes de mediana gravedad: delincuentes que se encuentran en medio de las dos clasificaciones anteriormente dadas, el sistema no presenta una respuesta institucional para ellos, no gozan de los beneficios con los que cuentan los delincuentes de mínima seguridad pero sus delitos no presentan un quebrantamiento social como en el caso de los delincuentes de máxima seguridad, son precisamente estos últimos los que engrosan los centros penitenciarios.

¿Qué puede hacerse con estos delincuentes?

Las soluciones son variadas: desde alternativas a la prisión como la pena de localización permanente, hasta alternativas realmente superadoras de la prisión como los trabajaos en beneficios de la comunidad y sistemas de justicia restaurativa que por lo extenso del tema espero poder tratar más adelante.

Por último y a modo de reflexión debemos entender que el fenómeno de la delincuencia también es un fenómeno social. Sin dejar de lado la importancia de las decisiones individuales de cada persona, debemos reflexionar que, cuando un guatemalteco brilla y resalta en temas como el deporte o el canto, todos nos sentimos orgullosos y en ocasiones hasta nos sentimos ofendidos si reniega del papel que la sociedad tuvo en su formación y no se diga si reniega de su nacionalidad. Pero, en el caso del delincuente, cuando este comete algún hecho ilícito pareciera que a la sociedad no le interesa si invoca el factor social o si invoca algo como la nacionalidad.

Javier Rubio
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Me dedico al análisis del fenómeno criminal, creo que el Derecho es una herramienta para apoyar el cambio social. Detesto el excesivo formalismo. Artista marcial, apasionado del voluntariado.


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