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Salvar (cantando) un idioma maya en peligro de extinción

Sube al autobús y una docena de ojos se clavan en su espalda de inmediato. Claro, no se ve a una chica con traje regional, mochila en un hombro y guitarra en el otro todos los días. Hay algo en la escena que no está bien para los usuarios del vehículo, “les extraña que no lleve un baño de ropa o un canasto”, piensa ella. Algunas risitas. Miradas incómodas. No es su culpa, es culpa del sistema. “Al menos hay más como yo, mujeres mayas que hacen música”, dice la sembradora de cantos para darse ánimos y continúa su trayecto.

Cotidianidad P258

Hasta ahora, Ketzalí sólo se ha presentado en vivo. Pronto habrá alguna grabación con su música.

Foto: Susana de León

Lado A

Hay música que jamás llega a las radios. Que no proviene de rubias teñidas que le cantan al amor, de rockeros extravagantes y roncos o trovadores melancólicos. Hay música que nace al lado de un retrato con una veladora encendida, en un patio lleno de flores o inspirada por un idioma milenario, compuesta por herederas de conocimientos ancestrales.

A hora y media de la ciudad de Guatemala, en Palín, Escuintla, descansa la sembradora de cantos. Ketzalí Awalb´iitz Pérez Pérez está sentada en el sofá de una sala donde el Ché observa todo desde la pared. Habla de su vida, su historia, las dificultades de vivir sola en la capital, la aventura de enfrentarse a las calles de la ciudad cada día y la importancia de escribir en un idioma que habla menos del uno por ciento de la población: el poqomam.

Del abanico de idiomas que se despliega en toda Guatemala, el k´iche´, q´eqchi´, mam y kaqchikel representan el 60 por ciento, estimación elaborada por la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala (ALMG). El poqomam es como una especie en peligro de extinción, lo hablan 45 mil habitantes. En un país con 16 millones de almas, esto representa menos del uno por ciento.

Cinco vocales cortas, cinco vocales largas, diecisiete consonantes simples y siete glotalizadas (el alfabeto poqomam) se unen para crear alegorías a la vida, a la convivencia con la madre tierra, la familia, los hermanos, la humanidad y la falta que hace el padre muerto en la infancia.

-¿Qué por qué decidí escribir en mi idioma? Experimentación. Estudié los básicos en el Centro Vocacional Bilingüe Qawinaqel y la maestra me decía: no traduzcas las letras del español al poqomam, piensa en poqomam. María Berta López, investigadora de ALMG, da la razón a la docente “al traducir se pierde la esencia, el contexto, lo que se quiere decir”. Hace varios años de la decisión de Ketzalí.

 

***

La música llegó a su vida a los once años, en el Conservatorio Nacional. Primero fue el piano, después llegaría la flauta transversal. Cuando B´aayl (padre de Ketzalí) falleció, Magdalena, su esposa le prometió introducir a su hija al mundo de notas y pentagramas, claves de sol, fa y re. Pero creyó que sería solo una etapa en la vida de su primogénita. No fue así.

“Bueno, puedes comprar el uniforme si así lo deseas”, dijo Magdalena cuando llegaron a inscribirla en la Escuela Normal para Maestros de Educación Musical “Jesús María Alvarado”, pero ella decidió que no, que iría con su traje. Fue un acto de valentía para demostrarse que atrás dejaba aquellos episodios en la primaria donde se sentía tan sola porque sus compañeros la ignoraban por no usar blusa y falda. O cuando le preguntaban en son de chanza ¿por qué no llevaba trenzas?, “como una referencia estereotipada de que una ‘india’ debía llevarlas”, así lo sentía ella.

Los nervios invadían su cuerpo el primer día de clases pero se sintió cómoda. Además había otra chica en la misma situación. “Fue interesante porque cuando otras compañeras nos vieron con el traje de nuestra comunidad lingüística ellas empezaron a llevarlo también.” La joven tenía un criterio distinto, así lo recuerda la directora de la escuela, Aleida Piñón, en ese entonces era su maestra de Ciencias Sociales. Recuerda a una chica más madura que el resto de compañeros. Eso sí, jamás le vio interés por cantar como solista o pertenecer a una banda.

La escuela resultaba una pequeña porción de cielo, allí no se hablaba de diferencias étnicas, de clase o situación económica, allí todos tenían el mismo idioma: la música. Adentro era cómodo, afuera la realidad era distinta. La guitarra a la espalda resultaba un imán de miradas, risitas y comentarios groseros. “Tranquila, no culpes a la gente, culpa al sistema, a la raíz del problema”, se decía para no perder la paz. También la tranquilizaba saber que no estaba sola, otras compañeras buscaban un espacio en el mundo del arte sin cambiar su traje o su idioma como Sara Curruchich, la joven kaqchikel que debutó en México algunos meses atrás.

¿Mmm…esa carrera querés seguir? ¡Pero si morirás del hambre, hija!, dijo Magdalena cuando su hija terminó el bachillerato en música y le comunicó que deseaba estudiar lo mismo en la universidad. Para convencerla tocó puertas hasta que una se abrió, la de la Fundación para Estudios y Profesionalización Maya. Aceptaron costear sus estudios y ese año (2015) fue la única mujer, de cuatro estudiantes, que ingresó a la Licenciatura en Música en la Universidad Galileo, paralelo lleva la Licenciatura en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte de la Universidad de SanCarlos. “Por más que te apasione algo es necesaria la parte académica, para seguir aprendiendo le aposté a mi educación superior”.

Los conciertos empezaron a los 16, con el grupo B´aktun Cero, que fusionaba ritmos y sonidos de la música maya y occidental. Después vino el grupo Tutak´al, agrupación de cuatro antiguas compañeras y compositoras mayas que se presentaron por primera vez en el Centro Cultural de España. “Bueno niñas, si aquí en la escuela no hacían nada. ¿Por qué ahora hacen de todo?”, exclamaban sus maestros cuando las vieron en el periódico. Una entrevista a la que debían presentarse las cuatro pero en la que solo ella pudo asistir, le pidieron una canción y ese fue el inicio de su carrera como solista. Después la invitaron a participar en presentaciones de libros o festivales organizados por los colectivos.

***

A hora y media de la ciudad de Guatemala, en Palín, Escuintla, descansa la sembradora de cantos, se levanta del sillón de la casa materna y saca su guitarra. Se dirige hacia el patio de su casa, está sentada sobre una grada cubierta de flores. Afina las cuerdas, empieza a tararear y se pierde en lo suyo.

Lado B

El siglo XX está por terminar y una pareja de jóvenes sociolingüistas esperan a su primera hija. B´aayl, el papá, tiene por hobby componer música. Tañe su guitarra acompañada por un suave canto en idioma mam, la comunidad lingüística a la que pertenece. La bebé se mueve en el vientre de Magdalena, la madre.

Ambos saben que el idioma es la base de toda cultura, a través de él se expresa el pensamiento y la forma de ver el mundo. Resulta inconcebible para ellos no transmitirlo a su retoño. Viven en Antigua Guatemala, Sacatepéquez. “Este país castellaniza”, dice Magdalena, “es importante que nuestra hija aprenda a comunicarse en nuestro idioma”. El papá está de acuerdo.

El 24 de octubre de 1997 empiezan las contracciones y nace Ketzalí, que en náhuatl se refiere al Quetzal, y Awalb´iitz o sembradora de cantos en mam.

***

Magdalena se muda a Palín, Escuintla, uno de los tres departamentos donde se habla el poqomam que sufrió una pérdida acelerada durante la década del ochenta. “Por la migración y repercusiones políticas”, explica el lingüista Ajpub García del Instituto de Lingüística de la Universidad Rafael Landívar. De allí que sobreviva en Mixco y Chinautla, municipios de Guatemala; San Luis Jilotepeque, en Jalapa y en Palín.

Su esposo falleció y queda al cuidado de sus tres hijas. En su mente está grabado el deseo de B´aayl, que la sembradora de cantos le haga honor a su nombre, también la búsqueda de recuperar un idioma en peligro de extinción. Ignora que varios años después, su hija encontrará los espacios para que su música y su cultura llegue a todos los oídos que pueda.

Susana De León
/

El desorden me persigue y escribir es mi única forma de estructurar ideas. El periodismo y yo tenemos una relación de codependencia desde 2011. Coleccionista de historias. Vi Breaking Bad en una semana.


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    Federico /

    27/02/2020 8:02 AM

    Que un idioma desaparezca y se convierta en una lengua muerta es igual a que los Mayas ya no existen y se extinguieron, es natural en la historia humana.
    Que ustedes deseen forzar a qué esto no suceda con imposiciones, impuestos y Ong's se llama ser zurdo sin oficio.
    Justo lo que Nómada representa.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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