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¡Vamos cariño! ¡Cuéntame más!

¿A ustedes les ha querido explicar un hombre algo en lo que son expertas, sólo porque son mujeres? No están solas. Aquí, el mansplaining detallado.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

¿En serio?

El mansplaining, es un término que procede de la contracción inglesa: “hombres” y “explicar”, el cual se acuñó y extendió a raíz del libro de Rebecca Solnit intitulado “los hombres me explican cosas”. Se refiere al hábito masculino de explicarles las cosas a las mujeres, con independencia de si saben o no algo del tema que se explica.

Desde mi perspectiva, esta es la muestra de cierta incapacidad social adquirida por algunos hombres para relacionarse con mujeres de una manera respetuosa.

Básicamente, el mansplaining es la inercia por la que algunos hombres no controlan esta incontinencia verbal, haciendo que, sin importar su grado académico, ideología, sensibilidad, o discurso progresista, den por sentado que las mujeres no saben la mayoría de las cosas y por tanto ellos tienen la misión de explicarles condescendientemente todo aquello que “por ser mujeres” no son capaces de comprender. Aunque ellas sean las especialistas o conocedoras en el área en que se desenvuelven.

No sólo le ha sucedido Solnit, la autora de este libro. Es un fenómeno común que nos sucede a las mujeres en muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana. El mansplaining denota falta de credibilidad en los aportes, opiniones e incluso argumentos de las mujeres. Alguna vez en una discusión literaria le explicaba a un filósofo por qué lo que él criticaba a un crítico literario no tenía validez (lo hice con argumentos). El filósofo pareció ignorar lo que dije. Al día siguiente, el crítico literario utilizó en su defensa los mismos argumentos que yo había utilizado para validar su posición criticada y ¡zaz! el filósofo estuvo totalmente de acuerdo con el crítico.

Otros casos más comunes son los cuestionamientos, las interrupciones u opiniones que no vienen al caso sobre algunos de nuestros comentarios en cualquier ámbito de la vida, más visible y frecuentemente en redes sociales. Es como si ellos telepáticamente se auto invocaran en nuestras mentes y emergieran instruyéndonos o aleccionándolos, cuando a nosotras ni de lejitos nos pasó por la cabeza solicitar su opinión. Una amiga me cuenta que hay un tipo que parece “corregirla” en sus comentarios cada vez que puede. En una ocasión, un colega escritor pretendió aleccionarme porque yo había dicho que cierto libro de poesía se excedía en “lugares comunes”, y yo no tenía como demostrar qué era un “lugar común”. Desplegó una clase magistral en los comentarios por Facebook, atiborrando mi publicación de sus vastos conocimientos y yo quedé estupefacta de vergüenza ajena.

Alguna veces, me quedé en silencio y entretenida para escuchar cómo un ex novio (en ese entonces el querer de mis días) quien jamás en su vida ha llevado un curso de Filosofía, gozara tanto de darme clases de Kant, Nietzsche, Heidegger, etc.. Él, a punta de vídeos en YouTube o de algunas lecturas, creía instruirme orgulloso, con excedida confianza, voz apasionada y gesticulando de manera exagerada (hasta mi aturdimiento) sobre todo aquello que yo como egresada de una maestría en filosofía, -en su imaginario masculino-, debía con toda certeza desconocer.

Llevará mucho tiempo transformar este tipo de comportamientos, pero tenemos convicción en la sensibilidad y en la inteligencia de aquellos que puedan al menos ser conscientes de esta extraviada forma de socialización.

Si usted cree que tiene ocasionales impulsos de mansplaining, podría estar expuesto a 4 formas de reacción de sus interlocutoras:

a. Que una chica con las herramientas señale el hecho, ante lo cual usted posiblemente considere que su interlocutora está loca, sensible o cualquier adjetivo que le asigne para devaluar la reacción de su compañera.

b. Que, hartas de estos oráculos de la ignorancia, sean enviados a un lugar descomunal.

c. Que su interlocutora, como eficaz mecanismo de defensa, se resigne a escuchar en modo automático sus peroratas sin poner atención y, por supuesto, sin que usted se dé cuenta. O bien;

d. Que ante una puesta en escena de mansplaining, (mi opción preferida, también es la “b”) algunas nos divirtamos tanto ante el despliegue de su…. y les digamos:

-¡Sí, vamos cariño! ¡Cuéntame más!

Alejandra Solórzano
/

Migrante desde niña. Guatemalteca y costarricense. Profesora de Filosofía en la Universidad Nacional, Costa Rica. Humana de Kōan, con quien sostiene largas discusiones filosóficas hasta el amanecer. Adicta al asombro. Siempre vuelve al lugar del crimen o a donde alguna vez fue feliz.


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8

COMENTARIOS

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    Jose C /

    28/02/2017 7:29 PM

    Esto me llamo la atención:

    -…ellos tienen la misión de explicarles condescendientemente todo aquello que “por ser mujeres”…
    (a esto agregaría otra posibilidad: explicarles condescendientemente todo aquello que por ser personas peleles, no necesariamente mujeres, no son capaces de comprender)

    -El filósofo pareció ignorar lo que dije. Al día siguiente, el crítico literario utilizó en su defensa los mismos argumentos que yo había utilizado para validar su posición criticada y ¡zaz! el filósofo estuvo totalmente de acuerdo con el crítico.

    -…sobre todo aquello que yo como egresada de una maestría en filosofía, -en su imaginario masculino-
    (no existe tal cosa como “imaginario masculino” ver: individualismo metodológico)

    -Que una chica con las herramientas señale el hecho, ante lo cual usted posiblemente considere que su interlocutora está loca, sensible…
    (a esta yo agregaria otra: c) concuerde con ella y modifique su conducta para ser menos douche/culey)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Andrea Ruano /

    07/02/2017 6:31 AM

    Es un artículo genial!!!

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Dogbert /

    04/02/2017 5:54 PM

    <>

    Querras decir que es un VERBO que procede... Ahora que ya creaste o introdujiste un nuevo verbo al espa~nol, como propones que se deba conjugar?

    Or do we have to become proficient in English instead?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rosa /

    04/02/2017 10:22 AM

    Un excelente escrito. Pone la autora la palabra en la llaga. Si me permite, sugiero un par de opciónes que no veo registradas : 1. dar la vuelta, alejarse cantando y dejar al susodicho, preguntándose si le dieron cucharaditas de su hombría amargas, 2. dejalo aburrirse solo y enojarse, porque no entendio.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    David /

    03/02/2017 9:12 AM

    Otro artículo con un toque de misandria.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Daniel /

      07/02/2017 11:29 AM

      David, qué necedad la de andar descalificando cualquier crítica que se le haga a los hombres.

      ¿Es tan difícil suspender por un momento los prejuicios, los temores atávicos y las reacciones instintivas y ejercer un mínimo grado de empatía? ¿Acaso no se te pasa por la mente que una crítica provenga no del odio sino de una reivindicación legítima? ¿Te parece tan descabellada la observación—la perogrullada, diría yo, a estas alturas—de que en términos generales y a lo largo de la historia los hombres han dado por sentada su superioridad moral e intelectual y que por ello han tendido a comportarse de manera condescendiente (por no decir violenta) hacia las mujeres?

      Es evidente que para alguien que está acostumbrado a gozar de privilegios, las exigencias de igualdad le resultan opresivas. Repito: para alguien que está acostumbrado a gozar de privilegios, las exigencias de igualdad le resultan opresivas. Sí, estoy hablando de vos, por si no te diste por aludido.

      Ya va siendo hora de que lo siguiente se convierta en sentido común: mientras que el machismo es una práctica violenta que reproduce la jerarquía entre hombres y mujeres, el feminismo persigue la igualdad.

      Otro comentario con 'un toque' de misoginia, el tuyo. Y de mala leche—harta mala leche.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

    Medrano /

    02/02/2017 6:06 PM

    -¡Sí, vamos cariño! ¡Escribe más publicaciones soporíferas!

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!



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