No todos los hombres son iguales y no todas las mujeres son dependientes

El amor romántico te hace sentir como que si estuvieras en una eterna sala de espera. Y esa sala tiene suficientes revistas para mantenerte entretenida y no irte.

Opinión P369
Esta es una opinión

Mi última relación fue de cuatro años. Durante ese tiempo me convertí en la mujer que siempre dije que no sería. La novia que espera, la que lo da todo, la que se sacrifica para estar con un hombre.

Todas estas cosas las hice siempre intentando aparentar que “todo estaba bien” a pesar de estar consciente que me estaba perdiendo. La parte de “mujer libre” de mi discurso se debilitaba porque esa mujer no era tan libre ni tan fuerte cuando estaba enamorada. Y esa mujer enamorada era incontrolable. Era Marta, como dice mi amiga Silvia.

Marta es la hija del patriarcado, todas tenemos un poco de Marta.

Mi relación tenía que llegar a su fin, era inevitable, no importaba cuan Marta me portara, él ya no me quería y yo estaba aterrorizada con la idea de quedarme sola. Yo estaba cómoda dependiendo de un hombre. La realidad es que la mujer libre de la que yo hablaba aun no la conocía y sin él yo me obligué a encontrarla.

La encontré descubriéndome a mí misma. Demostrándome todo lo que puedo hacer sola, mejorando mis orgasmos con mis dedos, abrazándome fuerte, amándome a mí.

Y me fui de un extremo a otro. Ahora cuando estoy con alguien no me quedo, salgo corriendo mucho antes que llegue el momento en el que yo vuelva a sentir tanto amor que se me vuelva a olvidar mi mujer fuerte y libre. Lo acepto, tengo miedo.

A diferencia de lo que dicen muchas, yo sí sé que no todos los hombres son iguales. Y eso me da más miedo. Encontrar a alguien que sepa amarme sin pisotearme. Es una idea hermosa pero aterradora.

Aquí el discurso feminista se tambalea frente a mí cuando se encuentra con los roles que aprendí a reproducir inconscientemente. Pero no se cae.

Claro, es más fácil dejarse pisotear, el miedo es por no saber cómo dejarse amar de esta manera y cómo amar de vuelta. Y cómo hacerlo bien.

Este dilema me llevó de ser la eterna y siempre disponible novia a la mujer que no se deja abrazar por casi nadie luego de un orgasmo porque eso ya es mucho compromiso.

Esta búsqueda me ha generado varias preguntas a las cuales no encuentro respuesta.

¿Cuánto doy de mí para no agotarme? ¿Amar es complacer? ¿Volveré a amar sin miedo? ¿Vale la pena?

No sé cómo convivir con la mujer enamorada y la mujer libre.

Sé que para lograr ese balance hay que aprender a amar de otra forma porque quizá la última vez que amé no lo hice de la manera más inteligente.

Y es que nunca nos enseñan a amar correctamente. El amor que vemos en todos lados es un amor romántico, que todo lo puede, que todo lo aguanta y que espera, siempre espera. Ese amor que te hace sentir como que si estuvieras en una eterna sala de espera. Y esa sala tiene suficientes revistas para mantenerte entretenida y no irte.

Lo veo entre mis amigas también. El dilema para nosotras ahora no es que el tren nos deje, es el amor a la libertad y la adicción al amor romántico. Somos una contradicción. Somos mujeres libres pero que no pueden amar con libertad porque muy dentro de nosotras el patriarcado aún nos juega la vuelta.

La doctora y consultora de Género Coral Herrara Gómez lo explica así:

“Las mujeres valoramos cada vez más nuestra independencia y autonomía, y ya no necesitamos recursos, protección ni ayuda de los hombres. No los necesitamos, pero seguimos deseándolos, lo que demuestra que la cultura amorosa patriarcal está inserta muy dentro de nuestros subconscientes, actuando de trasfondo de nuestras emociones. Y es que creo que es en el amor donde se encuentra el último reducto del patriarcado, ya que es en el seno de la pareja donde cristaliza ese juego de dependencias mutuas”.

Ahora que ya encontré a la mujer libre, empieza la búsqueda de la mujer que ama con libertad y que es amada de la misma manera. Sin dependencias, control o poder. Ese es el reto.

 

 

 

 

 

Daniela Castillo
/

Joven veinteañera aficionada a los elefantes, el chocolate, los libros y el cine. Estudió ciencias de la comunicación pero no es la carrera la que define su profesión. Es feminista, vegetariana y a veces pareja, pero sin ser extremista en ninguna de las tres.


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    ANONIMO /

    04/12/2014 3:52 PM

    Gracias por escribir lo que sientes, te lo juro que casi lloro leyendo tu articulo, me paso exactamente lo mismo y tengo las mismisimas preguntas que tu.
    Gracias por escribir, ahora no me siento tan sola y se que a alguien mas le pasa lo mismo que a mi.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan P. Ochaeta /

    01/12/2014 11:09 AM

    ¡Mis sinceras felicitaciones a Daniela! Es un excelente tema, tratado de una manera sincera y abierta, y por medio de un texto muy bien escrito. Considero que ese síndrome de co-dependencia afecta tanto a mujeres como a hombres, pero talvez originado desde distintas fuentes creadoras de paradigmas. Creo que más allá del omnipresente patriarcado y el machimo, el miedo y la incomodidad a permanecer en soledad es la principal causa que impide al ser humano amar sin necesitar. Es decir, que primero me amo y me siento bien conmigo mismo, sin necesitar de alguien que me llene, ni me haga feliz, y luego podemos ya empezar a amar a otro libremente, sin esperar que nos venga a solucionar cualesquiera de los asuntos que nosotros mismos debemos resolver por sí mismos. Como un hombre en proceso de divorcio, el tema este de volver a confiar y poder sentirme bien a solas conmigo, es de lo más difíciles, cuando intento conocer a otra persona a quien pueda amar libremente y que a la vez ella sea libre.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos /

    29/11/2014 2:13 AM

    Bonito tema. Ojalá se construya un debate fructífero. Me gusta que sea planteado desde la incertidumbre, que no busque afirmar nada y solo busque describir una experiencia. Yo mismo como hombre he intentado dibujarme ese panorama de no-codependencia y resulta casi imposible. Como mencionaste, el amor patriarcalizado invita a los hombres a volvernos omnipresentes. Ya van muchas veces que escucho a mi pareja decir "sos mi todo" y esa idea me asusta por un lado, pero por el otro me seduce. Así como te pasa, yo no quiero ser su todo pero la carga inconsciente inevitablemente hace que esa afirmación suene como a misión cumplida. Trato de ser responsable y no validar esas afirmaciones cuando ella me las lanza, no quiero ni busco ser su todo, ni quiero que ella lo sea para mí, aunque parece que yo lo consigo mejor que ella, lo cuál es otra manifestación del patriarcado operando en una relación que busca constantemente sacudírselo. A veces me pregunto si será posible vivir el amor desde otra manera. Es una pregunta que hasta los científicos sociales se han planteado. Recomiendo la Ted Talk de Helen Fisher "The brain in love", donde describe las travesuras que nos juegan los balances hormonales en el cerebro al estar enamorados y su función darwiniana en la continuidad de la especie. Es un análisis frío y concienzudo que asusta pero al mismo tiempo consuela, pues concluye que la dependencia y la distorsión de la realidad del ser amado podrían ser estrategias de cohesión para facilitar el proceso de crianza, algo muy primate quizás, pero real. Yo también apelo a cuestionar estos lazos cuando se vuelven enfermizos, y quisiera ver cómo el feminismo reacciona a las afirmaciones de Fisher ¿Existe tal cosa como amar en libertad o debemos renunciar a ella para amar? ¿Existe la libertad o es un concepto que por querer decir mucho termina significando nada? ¡Qué tema!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marina Luna /

    28/11/2014 11:16 AM

    Desde lo profundo de mi ser te deseo fuerza y sabiduría, para disfrutar en libertad y armonía las relaciones de tu vida: el juego de la negociación, los límites y el don de sí; el arte de ser feliz y convivir con otro que asume esa misma responsabilidad y comparte contigo el gozo de pasar tiempo juntos y apoyarse mutuamente. El secreto está en no esperar y en buscar alguien que tampoco espere, amar está en presente: lo que pasó, pasó y lo que vendrá siempre puede ser con otro.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marina Luna /

    28/11/2014 11:16 AM

    Desde lo profundo de mi ser te deseo fuerza y sabiduría, para disfrutar en libertad y armonía las relaciones de tu vida: el juego de la negociación, los límites y el don de sí; el arte de ser feliz y convivir con otro que asume esa misma responsabilidad y comparte contigo el gozo de pasar tiempo juntos y apoyarse mutuamente. El secreto está en no esperar y en buscar alguien que tampoco espere, amar está en presente: lo que pasó, pasó y lo que vendrá siempre puede ser con otro.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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