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Los testimonios de ataques y un secuestro exprés en zona 1, y la respuesta que dio la PNC

La amenaza de violencia en la vía pública contra mujeres entre las zonas 1 y 2 capitalinas, y la pasividad de la PNC es real. Nómada habló con cinco mujeres que confirman las agresiones, acoso y secuestros exprés. El barrio del norte de la zona 1 y las cercanías a la Avenida Simeón Cañas están pasando por un momento crítico.

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Parque Jocotenango, escenario del acoso sexual y violencia que sufrió Marisol.

Fotos: Carlos Sebastián

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La mirada de odio. Es lo primero que Marisol recuerda del martes 18 de noviembre en el Parque Jocotenango en la zona 2 de la Ciudad de Guatemala. Esa mirada tan aterradora la paralizó y le impidió fijarse en otros detalles del hombre que le apuntó con una pistola durante unos minutos que parecieron infinitos. No recuerda muchos detalles, como el modelo del carro, la placa o la ropa que llevaba su agresor. Detalles que Marisol anticipa con preocupación que le pedirán en el Ministerio Público al momento de presentar su denuncia.

– Pensé que me iba a matar. Fue tan impactante. No tengo muchos datos, porque quedé en shock realmente. Solo busqué cómo salir de la situación.

Aún tiene miedo. Por eso cuenta su testimonio con un nombre ficticio, Marisol.

Era cerca de la 1 de la tarde. Marisol iba a juntarse con una amiga en la zona 1. Ya se encontraba cerca, en la zona 2, a menos de dos kilómetros de donde la esperaban, pero había mucho sol y decidió tomar un taxi. También para no caminar sola. Entre varios taxis blancos estacionados, Marisol se acercó a uno cuyo piloto era un hombre mayor. Fue él quien le generó más confianza.

El taxista se negó a llevarla. Decía que el destino quedaba demasiado cerca. Los otros taxistas que estaban estacionados comenzaron, con acoso, a ofrecer llevarla.

– Me decían: “yo te llevo mami” y “vení conmigo, mi reina”. Me hizo sentir muy incómoda y dije no, yo no me voy a arriesgar a irme sola con ninguno de ellos. Mejor me voy a pie.

La psicóloga de 29 años normalmente se mueve en carro por el centro. Su esposo la lleva o se va con amigas que le dan jalón. Este día sabía que tenía que regresar en bus, entonces traía un poco de dinero escondido en cada zapato como precaución en caso de que alguien la asaltara en el camino. Más allá de los buses del Transmetro, moverse en un bus urbano en Ciudad de Guatemala conlleva un alto riesgo de asalto, que muchas veces, para las mujeres también implica violencia sexual.

No acostumbra usar uber. Cuando el taxista se negó a llevarla pensó por un segundo en instalar la aplicación, pero no quiso esperar en la calle con el celular en la mano mientras se descargara por el riesgo de un asalto. Decidió caminar.

Acababa de cruzar la Calle Martí. Cuando pasó por un callejón donde iba saliendo un carro, Marisol se detuvo para dejarlo pasar antes de cruzar la calle. El carro también se detuvo. Desde la ventana, un hombre de unos 30 años le habló.

– Subíte al carro, dijo de forma insistente.

Marisol no le respondió más que con una cara de desagrado. Pasaron unos segundos, tensos, hasta que el hombre se fue y Marisol siguió su camino. Pocos minutos después llegó al Parque Jocotenango aún con la sensación del susto y la incomodidad que le dejó el hombre.

“Creo que esta va a ser una de las últimas veces que camino sola”, pensaba.

Nunca se imaginó que la había perseguido y mucho menos lo que estaba a punto de pasar.

 

Parque Jocotenango, zona 2. Foto: Carlos Sebastián

Parque Jocotenango, zona 2. Foto: Carlos Sebastián

El mismo hombre de repente la alcanzó desde atrás. Su aspecto era diferente, más bélico y en la mano tenía una pistola.

– ¿Por qué me despreciás? ¡No sabes quién soy!, le dijo a Marisol.

Marisol recuerda que el hombre mencionó que pertenecía a un grupo, a una banda, pero no se recuerda el nombre. La comenzó a insultar y repitió la orden.

– ¡Subite al carro o te descargo la tolva! Si te movés o corrés, aquí mismo te mato.

Ella no se movió. No podía creer la situación. Paralizada, miró hacía un lado para ver si había alguien cerca. En el parque había poca gente. Al otro lado de la calle, enfrente de un supermercado, tampoco miraba a nadie.

– Aquí, ni la policía ni nadie puede hacer nada si te mato. Aquí mandamos nosotros. Lo que quiero es que subás al carro.

Mientras se esforzaba para no desmayarse, Marisol respondió con las únicas palabras que se le ocurrieron en el momento.

– ¡No! No voy a subir. Si me subo, yo sé que voy a aparecer descuartizada. Alguien me está esperando aquí en la esquina.
– Aquí atrás hay una camioneta blanca, si huís te va a atrapar.

Marisol estaba entre el muro que encierra el Parque Jocotenango, un árbol y el agresor.

Vuelve a recordar la mirada. Estos ojos de odio que la miraban muy de cerca mientras él, con la seguridad y la tranquilidad de alguien que no teme ser capturado, la agredió. La besó en la boca. Le tocó la vulva. Él no tenía prisa. Todavía se tomó el tiempo de mostrar el asco que le generó saber que ella tenía la menstruación.

Sonó el celular de Marisol. Logró separarse y sacar el celular. Él le ordenó que se lo entregara pero Marisol se negó. Le asustó que Marisol tuviera la llamada activa, y de repente se fue.

– De verdad pensé que me iba a matar. Creo que la llamada o la toalla, una de esas cosas me salvó. Él, cuando sintió mi toalla reaccionó con asco, como si yo fuera un objeto y ya no le servía. Era un misógino total. Este tipo de hombre que no respeta a las mujeres nunca.

La agresión de Marisol se compartió en redes para alertar a otras mujeres que frecuentan y viven en las zonas 1 y 2. Varias mujeres se pronunciaron después para compartir que habían tenido experiencias parecidas en el centro de la Ciudad. En sororidad, las mujeres y otros vecinos compartieron una alerta sobre los incidentes denunciados públicamente.

 

Imagen de la alerta.

• Leé: Por qué no es comparable la violencia contra las mujeres y los hombres, por Martín Rodríguez Pellecer

Otros cuatro casos confirman el peligro en zonas 1 y 2

Nómada habló con otras tres mujeres y recibió un cuarto testimonio por mensaje de audio. Ellas prefieren resguardar su identidad, pero la experiencia de cada una da testimonio del peligro y el temor que viven las mujeres al moverse en los espacios públicos.

A una de ellas, quien también dio su testimonio a Agencia Ocote, la persiguió un carro corinto con hombres jóvenes y armados en la noche en las calles alrededor de la Casa Presidencial, a seis cuadras del Parque Jocotenango. La mujer escuchó cuando uno de ellos dijo, “súbanla a ella”. Logró escapar y avisó a los agentes de la Policía Nacional Civil que se mantienen cerca del Palacio Nacional. Decidió no presentar una denuncia al Ministerio Público porque no tenía más información que el color del carro.

La mujer que compartió a Nómada su testimonio por mensaje de audio, relata cómo fue víctima de un secuestro exprés. Solía utilizar taxis colectivos para ir desde el Periférico a su lugar de trabajo, que queda cerca del Centro Histórico. Nunca había tenido problemas. Hasta una mañana, hace tres semanas, en la que ella y una amiga, junto a otra mujer y dos hombres, quienes también estaban esperando en la fila, subieron a un vehículo colectivo. Era un carro particular, blanco. Ella recuerda que comentaban entre ellas que el carro era lujoso y que podría calificar para ser registrado como Uber.

En el camino, el colectivo hizo un parada donde se bajaron los dos hombres. Al llegar al Parque Jocotenango, en la zona 2, el conductor de repente subió los vidrios y comenzó a desviarse. Se metía en calles y callejones, hasta estacionarse detrás de una camioneta negra. Dijo algo parecido a lo que dijo el hombre que agredió a Marisol.

– Los hombres que están adentro de este carro traen armas, y yo también.

Bajo amenazas, el conductor, un hombre de entre 30 y 35 años, las obligó a bajar las miradas. Comenzó a despojarlas de sus pertenencias. Celulares, efectivo, aretes, anillos y cualquier otra cosa comercializable. En el proceso, también las agredió.

– Nos revisó todo. Bolsa por bolsa. No fue solo eso. Bajo amenazas, nos tocó a las tres. Nos manoseó, nos metió la mano bajo la blusa y bajo el brasier. Según él, para buscar si traíamos cosas de valor. Pero ya habíamos entregado todo.

También se tomó su tiempo. Unos 15 minutos calcula la mujer. Cuando terminó, las bajó una por una del carro, les devolvió las bolsas y las abandonó en el lugar desconocido.

Ella tampoco presentó una denuncia, pues no tenía más información que el color del carro y lo poco que recordaba sobre el conductor que las agredió y amenazó.

En agosto de 2018, La Hora publicó un reportaje en el que afirmó que la Fuerza de Tarea Antisecuestros había sido desmantelada por el ministro de gobernación, Enrique Degenhart. Eso a pesar de haber presentado resultados de impacto. Durante 2018, el ministro Degenhart, en una cruzada pro-impunidad, despidió a más de 600 agentes de la PNC, técnicos, muchos en puestos de liderazgo, para tomar “control” sobre la institución.

Nómada pidió una entrevista con César Estrada, el fiscal a cargo de la fiscalía contra secuestros en el MP, para preguntarle si notan algún cambio en la frecuencia o modus operandi en los casos de secuestro después de la desmantelación de la fuerza de tarea. El fiscal Estrada no respondió a la solicitud.

Las otras dos mujeres quienes compartieron su testimonio a Nómada, igual que otras mujeres que se pronunciaron en redes sociales, comentaron que se acercaron a agentes de la PNC, pero los agentes les respondieron que tenían que presentar denuncias en el Ministerio Público.

El reportaje de Agencia Ocote también documenta la falta de denuncias en este tipo de casos, por los datos que se les pide a las víctimas sobre los agresores y el hecho que la Policía Nacional Civil no actúe sin que antes haya una denuncia en el MP.

 

Parque Jocotenango, zona 2. Foto: Carlos Sebastián

Parque Jocotenango, zona 2. Foto: Carlos Sebastián

• Leé: Niñas escriben cómo han sufrido acoso sexual callejero, por Pia Flores

La respuesta de la PNC: “Señalamientos falsos o delirios”

A Pablo Castillo, vocero de la PNC, se le preguntó por mensaje de texto si la PNC maneja información sobre los intentos de secuestro a mujeres en las zonas 1 y 2.

– Sí, efectivamente, son señalamientos falsos.

El vocero Castillo dijo, que después de consultas internas pudo confirmar que en la subestación 11 y en la División Especializada en Investigación Criminal no existen denuncias de este tema. Compartió, además, su hipótesis: La razón detrás de las publicaciones sobre este tema de algunos algunas vecinos del barrio sería para presionar a la Municipalidad de Guatemala a que envíe a agentes a vigilar en ciertas áreas.

– Ya tienen conocimiento de este anuncio, que los vecinos del sector han elaborado para presionar a la municipalidad, que les circulen unos terrenos municipales que se encuentran baldíos y sin iluminar en el lugar, escribió el vocero.

El portavoz Castillo explicó que el procedimiento de la PNC según su función legal en caso que alguien les pide asistencia en la calle es “indicarle a la persona que coloque su denuncia, para que el MP conozca el caso e investigue”. No dijo si cada agente registra este acercamiento, el lugar y la hora en su reporte diario.

Una de las mujeres que habló con Nómada explicó que en varias ocasiones se acercó a agentes de la PNC que se encontraban en la calle porque el mismo carro la perseguía. Por el miedo, también desistió de presentar una denuncia.

El vocero Castillo explicó que este tipo de casos son complicados.

– El problema con estos casos es que si la persona no denuncia formalmente puede haber muchas interpretaciones. Por ejemplo, delirio de persecusión, piloto abusivo en horas de tráfico, pleitos entre vecinos, etcétera. Por eso la PNC, como indica la norma, orienta al ciudadano para que denuncie y cuando esto no se realiza es porque el mismo ciudadano sabe que carece de datos o de información del hecho que señala. Porque si incurre en una denuncia falsa entonces el MP le puede sancionar.

Marisol todavía tiene pendiente presentar su denuncia. A ella, igual que las otras mujeres, le desanima justamente que no haya una rápida reacción de la PNC ni del MP, y que el MP niegue tomarle la denuncia sin más datos.

El agresor antes de irse, amenazó otra vez a Marisol. Que si hablara con alguien sobre lo que pasó, iba a volver por ella y matarla.

Marisol decidió compartir su testimonio para proteger a otras mujeres:

– Fue muy desagradable. Estoy segura que no fue la primera vez que lo hace. Tal vez una niña, de 12 o 13 años, por miedo sí sube al carro, y ya no aparece con vida.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Miriam /

    27/11/2019 4:17 PM

    Ah pero para Gobernación es más importante que cierren las calles frente al Congreso para no permitir a la gente decente que manifieste su rechazo a las cochinadas que quieren cocinar adentro, a tener policias cuidando a las ciudadan@s decentes.
    Solo queremos vivir tranquilos, sin acoso ni violencia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Sofia /

    27/11/2019 12:40 AM

    El acoso fue una de las razones por las que deje de ir a trotar a la Simeón Cañas.
    Un hombre de unos 26 años, alto moreno, gordo o robusto vestido de jean y chaleco enguatado con un carrito hashbag me preguntó algo y luego, cuando no me detuve y segui, decidio subir a su carro, me intimidó al seguirme y acercarse mientras yo trotaba.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Francisco Lorenz /

    26/11/2019 7:35 PM

    Para superar lo anecdótico es imprescindible denunciar, exigir grabaciones del sector e intentar reaccionar sin pánico y con lucidez ante las amenazas. Cada detalle es valioso.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Francisco Ramírez /

    26/11/2019 5:48 PM

    Cuando los delincuentes hacen lo que les da la gana con las mujeres es porque conocen a los policías de los sectores, son amigos o los mismos PNC vestidos de civil dirigen estructuras criminales. El deterioro de la PNC es culpa de Enrique Degenhart.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Victor lopez /

    26/11/2019 3:34 PM

    Unas 50 camaras deberian de poner y unos 10 tiras dando vueltas... lo que no agrado es que el tipo haya dicho: "aqui mandamos nosotros". No señor el pueblo es el que manda y el pueblo exige : SEGURIDAD PARA TODOS PARA HOMBRES Y MUJERES LO EXIGIMOS ¡ YA!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Yo /

    26/11/2019 1:52 PM

    Con el inepto bachiller que se tiene por pseudo ministro de desgonernacion que se puede esperar sino más impunidad de inseguridad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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