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De Congo a Cobán: personal del ejército denuncia falta de medidas contra el COVID-19 y abandono

Miembros de un grupo de civiles y soldados del ejército de Guatemala que acaban de regresar de una misión de paz en la República Democrática del Congo, África Central, denuncian negligencia e incumplimiento de protocolos de salud en medio de la pandemia del COVID-19.

Actualidad COVID-19 Ejército de Guatemala P147

Contrario a lo que indica el MinDef, tal y como muestra la fotografía, no se respetó el distanciamiento social en el vuelo.

“No tenemos agua ni luz todos los días. Hemos pasado hasta dos días sin poder bañarnos. La comida no alcanza para todo el personal. Sabemos que hay gente positiva de COVID-19, pero no están aislados. Así nos han tenido desde que regresamos”, explica Víctor, frustrado, a través de su celular en un rincón boscoso de la finca Chicoyogüito en Cobán, Alta Verapaz.

Hace dos semanas, el pasado 21 de julio a las 11 de la mañana, Víctor y 144 mujeres y hombres, civiles y miembros del ejército de Guatemala, aterrizaron en la fuerza aérea, en la zona 13 de la Ciudad de Guatemala. Fue la primera vez en 15 meses que ponían sus pies en territorio guatemalteco,

Pertenecen al XIX Contingente de Fuerzas Especiales que fue enviado a la misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de la República Democrática del Congo. Empezaron la misión el 28 de abril de 2019 y tendrían que haber regresado en junio. Bajo circunstancias normales las misiones duran 12 meses, pero por la pandemia del COVID-19 y el cierre de los aeropuertos a nivel mundial, el relevo del contingente de Víctor, cuyo nombre real resguardamos, se tuvo que posponer hasta julio.

Entre el alivio y el incertidumbre, Víctor bajó del avión de Ethiopian Airlines en Guatemala. El viaje del Congo a Guatemala fue cansado. Duró más de 24 horas, con una parada de 10 horas en Etiopía. Cuatro de los compañeros de Víctor venían enfermos y uno estaba especialmente grave.

“Casi se queda en Etiopía. Sentíamos que iba a morirse allí en el aeropuerto, incluso algunos estaban preocupados si lo iban a aceptar en el avión. Llevamos un capellán militar y empezaron a rezar por él. Estaba malísimo, ya no podía respirar”, dice Víctor.

Al llegar a la fuerza aérea en Guatemala, las cuatro personas enfermas fueron transportadas al Centro Médico Militar, en la zona 16, por dos ambulancias que ya estaban esperando la llegada del vuelo.

Víctor esperaba que al tener conocimiento de antemano de la posibilidad de contagio en el grupo, las autoridades del Ministerio de Defensa o de Salud, tomarían más medidas para evaluar si alguien más fue afectado por el virus, aunque fueran casos asintomáticos.

“Cuando llegamos nos tomaron la temperatura, nada más. Tenían una máquina allí, de estas que te desinfectan y que te rocían un líquido. Pero no tenia liquido, solo nos hacían pasar para las fotos. Pero no tomaron ninguna otra medida”, lamenta Víctor.

 

Se le toma la temperatura a un integrante del XIX contingente a su regreso a Guatemala el 21 de julio. Foto: Ejército de Guatemala.

Sorprendido de que no se les hizo pruebas a todos para descartar contagio en el grupo, Víctor asumió que al llegar al campamento se les harían los hisopados.

Las otras 141 personas fueron llevados a las instalaciones del Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ) en Cobán. Fue el único lugar donde aceptaban recibirlos, dice Víctor, ya que en otros lugares, como la base militar en Petén, no querían porque venía gente enferma en el grupo y no había espacio adecuado.

La mayoría del grupo fue transportado en dos buses pullman. Al resto le tocaba ir distribuidos en dos camiones militares de carga los 220 kilómetros entre la capital y Creompaz.

 

Ilustración: Diego Orellana

Brotes en las barracas

El primer caso de COVID-19 en la República Democrática del Congo fue confirmado el 10 de marzo de 2020 en la capital, Kinshasa, a 2.450 kilómetros del campamento de la misión de paz que se ubica en Sake, una ciudad en la provincia de Kivu del Norte. Desde entonces, el médico del contingente, el único para 144 personas, comenzó a pedir que todos tomaran precauciones, como lavarse las manos, que redujeran las salidas y que no dejaran de usar las mascarillas.

A pesar que en las barracas en el Congo dormían hasta 20 personas juntas, sin la posibilidad de cumplir con el distanciamiento físico, la mayoría del grupo nunca tomó en serio las advertencias del doctor, dice Víctor. En junio varios integrantes del contingente comenzaron a enfermarse. Los síntomas parecían gripe, variaron entre dolor de cabeza, tos, pérdida de olfato y gusto y dolor del cuerpo.

“A mi me dio lo mismo, pero allá. Estuve aislado con otro compañero, no tuvimos contacto con nadie. El doctor sabía que no nos podían hacer pruebas, porque no había, pero él estaba seguro que eso ya era COVID-19, porque teníamos todos los síntomas. No teníamos paladar, nos dio tos. Fue un virus que se propagó en el campamento super rápido. En cuestión de semanas ya había muchos enfermos”, recuerda Víctor.

A falta de pruebas lo único que se hacía era descartar que no se trataba de malaria, una enfermedad muy común en el Congo.

El vuelo

En julio, cuando por fin llegó la noticia que el contingente sería relevado y que podían regresar a Guatemala, por lo menos 100 personas del equipo, tanto oficiales y soldados como especialistas, habían presentado síntomas, asegura Víctor. Algunos ya se habían recuperado, a otros les surgieron poco antes del viaje, y cuatro, los que fueron llevados al hospital militar, todavía viajaron enfermos.

Aún así, a pesar de la pandemia y el riesgo de contagio en el contingente, no se cumplieron las medidas de prevención en el vuelo que los llevó de la República Democrática del Congo a Guatemala. En una foto de la cabina, se observan varios de los integrantes sin mascarillas y no están ubicados para asegurar la distancia mínima entre cada uno. Víctor señala que él nunca vio o escuchó que el comandante a cargo ordenara que se cumplieran estas medidas, y que él tampoco las cumplía todo el tiempo. Es más, asegura que la aerolínea no fue informado de antemano sobre pacientes sospechosos de COVID-19 en el grupo.

“En el vuelo la azafata se acercó a mí y me dijo, ‘ustedes traen gente enferma, por favor usen sus mascarillas’. Pero no siguieron las instrucciones. Ella al final me preguntó si la podía ayudar, y que me fuera con ella para hablar por el micrófono y decir que no se iba a permitir que nadie se quitara las mascarillas. Igual no hacían caso. Ella regresó conmigo y me dijo, ‘yo tengo una hermanita de 7 años, yo no quiero contagiarme por ustedes e infectarla. No quiero que se muera’”.

 

Llegada del vuelo a la Fuerza Aérea.

Nómada pidió una declaración al Ministerio de Defensa para saber por qué no se tomaron medidas necesarias en el vuelo de Ethiopian Airlines para evitar la propagación del virus. Sobre todo porque ya sabían que al menos cuatro personas venían con síntomas.

El departamento de comunicación social respondió lo siguiente por escrito:

“El avión en el que se hizo el relevo cuenta con la capacidad de 350 pasajeros, según el Comandante del Contingente, siendo ellos menos de la capacidad del avión, al personal se le ubicó con asientos alternados y uso de mascarillas. La tripulación del avión fue estricta en el cumplimiento de las medidas sanitarias de prevención (distanciamiento, uso de mascarillas y gel)”.

Además indica que “a los cuatro sospechosos se les asignó una fila especial, al final del avión, con monitoreo constante por parte del médico del Contingente, para disminuir así las posibilidades de contagio del personal en caso estos fueran positivos”.

Pero Víctor asegura que justo en el asiento detrás de él, venía uno de los pacientes;

“Estábamos a dos horas de llegar a Guatemala, cuando me volteé a preguntarle cómo iba y lo vi super mal. Apretaba los ojos, se torcía. ‘Ya no aguanto, ya no aguanto’, me decía. ‘Ya faltan solo dos horas, por favor aguante’, le respondí yo.”

Ya en Creompaz

“Creo que todo lo que no se tendría que hacer, fue precisamente lo que se hizo con nosotros”, dice otro miembro del contingente, a quien llamamos Erick.

El contingente llegó a Creompaz, en Cobán, un poco antes de las 6 de la tarde el mismo 21 de julio. Ya estaba oscureciendo. Todos recibieron un frasco pequeño de gel antibacterial y tres mascarillas quirúrgicas. Erick, igual que Víctor, asegura que las condiciones para el personal en el campamento no son dignas, y que no se están tomando las medidas adecuadas respecto al COVID-19 en el campamento.

“Al venir cero medidas preventivas. Nos bajamos del avión, e hicieron algo que me pareció simulado, tenían esos ‘rociadores’ que ni funcionaban. Veníamos convalecientes, yo me incluyo. Al venir donde estamos ahora, como que solo nos vinieron a tirar. Honestamente, yo esperaba un trato distinto”, dice Erick.

Dos semanas antes de regresar a Guatemala, él también se enfermó. Le hicieron tres pruebas de malaria. Todas salieron negativas y sospecha que fue COVID-19, pero no tiene certeza, ni sabe si ya se recuperó o si puede contagiar a alguien más.

Erick continúa: “Aquí en el campamento, supuestamente hay unos compañeros infectados, hasta la fecha no están en un área específica para ellos. Pienso que eso debería haber sido lo primero. Nos tuvieron que haber hecho pruebas bajando del avión”.

 

Así les toca bañarse a los efectivos que están en cuarentena.

No es primera vez que Erick participa en las misiones de paz de Naciones Unidas como parte del personal del ejército de Guatemala. En 2015 regresó con otro contingente luego del brote de ébola en varios países de África Occidental. Fue enviado a cuarentena en la base militar en Petén y durante los primeros días, dice Erick, se le sacó pruebas de sangre a todo el equipo.

La jerarquía militar en el grupo hace difícil que el personal denuncie las condiciones del campamento. Erick las resume como “un trato inhumano”:

“Nos han cortado la luz y el agua. Olvida la calidad de la comida, si no llegas corriendo literalmente te quedas sin nada. Mientras los oficiales tienen de todo, hasta lockers para sus cosas, la mayoría de nosotros no tenemos ni platos o cubiertos y hemos tenido que ver cómo encontrarlo estando en cuarentena”.

Un positivo en el campamento

A los tres días desde que el contingente llegó a Guatemala, una doctora de Sanidad Militar se presentó en la finca Chicoyogüito. Víctor se puso contento. Asumió, cuando la vio en traje de protección completo, que iban a hacer hisopados a una gran parte del grupo para determinar protocolos.

Para su sorpresa, sólo hizo hisopado a la persona que había tenido mayor contacto con el paciente que venía más grave en el vuelo. Resultó positivo de COVID-19. La doctora empacó sus cosas y regresó a la capital.

Víctor estaba indignado. La persona afectada, igual que el resto del grupo, habían mantenido la convivencia normal, no solo en el avión sino en el campamento en Cobán, y podrían haber más afectados.

En las instalaciones de Creompaz también duerme otro grupo de soldados. Aunque los dos grupos ocupan dos áreas distintas. Erick recalca que no hay separación y que existe contacto entre los grupos. El contingente de él está en cuarentena y no pueden salir de las instalaciones pero por la falta de comida, algunos integrantes piden favor a los colegas del otro grupo para que les compren alimentos. Erick agrega que hasta hace pocos días pusieron una cinta para acordonar el área del personal que está en aislamiento.

 

Al fondo, la cinta que separa a los dos grupos.

Entre las respuestas del Ministerio de Defensa sobre las condiciones denunciadas por los dos integrantes del contingente, comunicación social indica que el Servicio de Sanidad Militar no realizó hisopados de control a las y los integrantes del contingente a su llegada a Guatemala, porque según el protocolo del ministerio de Salud, solo se le hace hispado a las personas que presentan síntomas.

Por lo mismo, afirma que cuando la epidemióloga de Sanidad Militar viajó a Creompaz, solo realizó una prueba y que esta dio positivo de COVID-19: “Constató que solo una persona presentaba síntomas, realizándole el hisopado que dio positivo. Esa persona se encuentra en un área especial de aislamiento, dentro de Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ)”.

Ambas fuentes del contingente contradicen esa información. Indican que la persona que dio positivo comparte habitación con otro integrante del grupo, y aseguran que el paciente no fue aislado después de conocer su diagnóstico. Proporcionaron fotos a Nómada, que indican ser del paciente, sin mascarilla y en contacto con otro integrante del grupo.

Según información que recibió Nómada, el personal médico del Centro Médico Militar, confirmó que una de las cuatro personas que fueron trasladadas de la fuerza aérea a este hospital por su estado de salud, también dio positivo de COVID-19.

Comunicación social del ministerio de Defensa, sin embargo, respondió que los cuatro pacientes “dieron negativo a la prueba de PCR para descartar COVID-19” y que fueron trasladados a las instalaciones de Creompaz, el domingo pasado, donde permanecen bajo control médico.

El regreso del contingente de la misión de paz se pospuso durante 3 meses. Tiempo que hubiera servido para localizar un espacio de cuarentena con acceso a los servicios básicos.

 

Una ración de almuerzo y un plato de "arroz con tortrix" que preparan cuando alguien del otro campamento les hace favor de salir a comprar comida.

El ministerio de Defensa aclara que ubicó el contingente en las instalaciones de Creompaz porque “las instalaciones del Centro Médico Militar, utilizadas para la cuarentena del personal de los soldados de Naciones Unidas que participan en Misiones de Paz, fueron cedidas al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social para pacientes de COVID-19 asintomáticos o con síntomas leves, por lo que fue necesario acomodar las instalaciones de Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ) para recibir al Contingente que retornó el 21JUL2020”.

Agrega que las deficiencias en el campamento se debe a “dos hechos fortuitos”. Primero, que un transformador sufrió daños y causó un corte de electricidad durante 9 horas el 30 de julio de 2020. Y, segundo, que la bomba de agua sufrió daños entre el 25 de julio al 2 de agosto, por lo que se coordinó, con las alcaldías auxiliares cercanas, el apoyo para el abastecimiento del agua.

Victor, Erick y el resto del contingente se tienen que quedar en cuarentena en las instalaciones de Creompaz hasta el 21 de agosto, indica el departamento de comunicación social del Ministerio de Defensa. Eso, en cumplimiento con los protocolos del Ministerio de Salud Pública y de Naciones Unidas para descartar el COVID-19 y cualquier enfermedad propia de la región de donde vinieron. Luego se les realiza el tamizaje correspondiente que tiene otro tiempo de espera de 15 días, para hacer un total de 30 días de cuarentena.

El 1 y 2 de agosto la Procuraduría de Derechos Humanos recibió denuncias sobre la situación en el campamento de Creompaz y está dando seguimiento al caso.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Luis Fernando Mansilla Granados /

    06/08/2020 1:59 PM

    Muy buena investigación.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ROMUALDO CARRILLAS /

    06/08/2020 8:42 AM

    Nada permanece, todo cambia, "Nadie se baña dos veces en el mismo río" Heráclito de Efeso padre de la Dialéctica.
    Espero lo entendas vos Chintay...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ROMUALDO CARRILLAS /

    06/08/2020 8:15 AM

    Ese es el "glorioso", los oficiales de la cúpula viviendo como reyes gracias al dinero que han robado al pueblo de Guatemala, sus "negocios" con los narcos, tumbe de drogas, dirigiendo el crimen organizado.
    Lo que no entiendo es porque hay gente tan idiota que los defiende, lo de los net center si lo comprendo, para eso les pagan.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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