El reality show en que escogemos presidente

El término ‘democracias de audiencia’ refleja la creciente interrelación entre el sistema político democrático y el modelo de las audiencias televisivas. De acuerdo con el politólogo francés Bernard Manin, en su estudio sobre los cambios sufridos por las democracias representativas, se ha creado un sistema de gobierno representativo donde el poder se busca, se logra y se ejerce a través de los medios de comunicación y del marketing electoral, político e institucional, cuyo objetivo es captar y mantener la atención, la confianza y la voluntad de las audiencias.

n789 Opinión P258
Esta es una opinión

Foto: Jesús Alfonso / Soy502

Según Manin, una democracia de audiencias tiene tres características principales: la relevancia mediática, la personalización de la política y la opinión pública menos dependiente de los partidos. Así, la democracia de audiencia se diferencia de la democracia de partido porque en la primera domina la importancia mediática que poseen o pueden llegar a poseer los candidatos, mientras en la segunda los criterios para elegir a los representantes son distintos y se recluta entre los activistas y los funcionarios del partido. La segunda característica es la diferenciación de las bases sociales de la política: en la democracia de partidos los resultados electorales reflejan divisiones de clases pero en la de audiencia la política se personaliza ubicando en primer plano las relaciones de confianza entre los candidatos y sus votantes como en la época anterior a la democracia de partidos. La tercera característica refleja el cambio en el patrón de opinión pública, que de una estructura tipo partidista se ha vuelto menos dependiente de las preferencias partidistas y puede dividirse sobre un asunto concreto y coincidir en el otro.

Como resultado de esta transformación disminuye el peso de las ideologías de los partidos en la escena política y pública y aumenta el protagonismo de los líderes individuales y su capacidad para ganarse la confianza del público. Sin embargo, eso no significa que los líderes individuales no sigan actuando y tomando sus decisiones a base de una ideología. En las complejas circunstancias actuales, con sus imprevistos en forma de crisis económicas asimiladas como algo inevitable, contar con cierto grado de poder discrecional es aceptado y hasta exigido. Por tanto, resulta hasta comprensible que los candidatos presenten sus cualidades personales y sus aptitudes percibidas como necesarias para tomar decisiones correctas en cualquier circunstancia en lugar de atarse las manos con promesas concretas. Y menos en una democracia donde el incumplimiento del programa electoral no suele recibir voto de castigo. Los votantes han aceptado este escenario y para ellos “la confianza personal que inspiran los candidatos es un criterio más adecuado para la selección que la evaluación de planes de acción futuros. Las confianza, tan importante en los orígenes del gobierno representativo, vuelve a asumir un papel central”.

Igualmente que al dejar de funcionar las correlaciones entre clase social y voto se tiende a ver a los votantes cada vez más como una audiencia a la que ganar mediante campañas específicas basadas en reclamos concretos y en mensajes simples. Manin habla de las “líneas de división” como un recurso esencial para dividir a la población fuera de las elecciones y movilizar a los seguidores en la campaña. La iniciativa de proponer temas estrella de las divisiones viene de los representantes, que intentan identificar quiebras en el electorado. “Presentan al conocimiento público esta u otra división social, llamando la atención sobre una fractura social que antes no era aparente”, escribe Manin.

En vez de lazos partidarios fijos, se establecería con la ciudadanía (audiencia) una relación más maleable, usando los índices de popularidad y los sondeos de opinión para conocer en cada momento su estado de ánimo e identificar las posibles líneas de división. Pero este proceso es un círculo que se retroalimenta, como vemos más en adelante, donde la opinión pública expresada tiende a reflejar la opinión emitida por la televisión. Dejando así en evidencia las tendencias a los intentos de manipulación y las inclinaciones hacia la discrecionalidad sobre los compromisos electorales en función de las opiniones.

Detrás de todo ello subyace la realidad de los procesos electorales y el ejercicio mismo de la política influidos por los medios de comunicación que eleva el peso de los recursos e imperativos de la comunicación mediática y el marketing electoral a unos niveles muy elevados. Creando la paradójica situación donde la privilegiada posición de control sobre la construcción del consentimiento, que antes pertenecía a los ideólogos y los funcionarios de los partidos, estaría siendo progresivamente sustituida por la de los expertos y asesores de comunicación. De la nueva élite, en palabras de Manin.

Estamos, por tanto, sumidos casi del todo en una democracia de audiencia donde se intenta moldear las preferencias del público y verterlas al espacio público mediante sondeos y campañas específicas de publicidad, haciendo que prevalezca el protagonismo de un líder carismático y su programa ambiguo ajustado a esas demandas influenciadas y mediatizadas. Todo ello gestionado por asesores de comunicación en un entorno dominado por el enorme poder de seducción de la televisión.

 

* Este texto es la tercera parte de una serie de la autora. La primera parte, ¿Por qué los actores tienen más chance de ganar en política?, fue publicada el 23 de septiembre de 2015. La segunda parte, La verdadera democracia no la verás en la tele, se publicó el 7 de octubre de 2015.

Anna Maria Penu
/

Escritora, politóloga, feminista europea en cuya piel América Central está empezando dejar sus huellas. Se nota en mi mirada, en mi manera de estar en el mundo. Aquí escribo con humor, con dolor y ternura. Escribo para seguir caminando.


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    Eva González /

    22/10/2015 3:17 AM

    Estoy disfrutando mucho con esta serie de artículos. Estoy aprendiendo, reflexionando, comprendiendo.
    ¡Gracias y qué sigan muchos más!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ferguzon /

    21/10/2015 8:32 AM

    Eso pasa, totalmente de acuerdo. Buen artículo, no del todo bien escrito, pero buen artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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