Cómo fue el Serranazo, el último golpe en Guatemala, hace 25 años

Hace tres años, Otto Pérez Molina se aferraba al poder después de ser acusado de dirigir una mafia en aduanas. La entonces editora de Nómada, corresponsal en aquella época, recuerda las escenas de aquella amenaza a la democracia. Hoy, en 2018, con Jimmy Morales a las puertas de un golpe de Estado para evitar ser llevado a la cárcel, el texto recobra vigencia.

#YoNoTengoPresidente baldetti democracia elecciones historia ilegítimo J2 n135 P258 Pérez Molina Serrano

Fotos: Cortesía Moisés Castillo

Hace 25 años, Guatemala estaba en una situación similar, con un presidente ilegítimo. Duró trece días en el cargo después de intentar un golpe de Estado. Empresarios, periodistas, activistas y militares forzaron su salida del poder y se fugó a Panamá.

En la madrugada del martes 25 de mayo de 1993, cuando trabajaba como corresponsal de la agencia de noticias ACAN-EFE, solo se escuchaba marimba en la radio. Y en esa época, que sonara marimba en la radio era sinónimo de golpe de Estado.

No había internet ni whatsapp para preguntar a las fuentes qué sucedía. El teléfono celular no estaba al alcance de todos y la oferta de canales por cable era limitada. Pero como sonaba marimba en la radio, sabíamos que “algo pasaba”.

El presidente de Guatemala era Jorge Serrano Elías, el candidato que no despegaba en las encuestas pero que ganó sorpresivamente las elecciones de 1990 con Movimiento de Acción Solidaria (MAS). Ya en el gobierno, su partido hizo una alianza con la Democracia Cristiana y la Unión del Centro Nacional (conocida como la “trinca infernal” ) para gobernar en el Congreso (que entonces tenía 116 diputados –ahora es de 158–).

Pero una noche se cansó de los diputados y los magistrados que, según dijo, cobraban por aprobar leyes o dejaban en libertad a cualquiera. Se hastió de las críticas de la prensa, de los cortes de energía eléctrica, de los recursos del Procurador de los Derechos Humanos (PDH), de las negociaciones fallidas con la guerrilla, de las protestas estudiantiles… Y decidió emular a su colega peruano. En abril de 1992, Alberto Fujimori dio un golpe de Estado con el apoyo del Ejército, disolvió el Congreso e intervino el Organismo Judicial. Gobernó a su antojo, con el apoyo de los peruanos (hasta que salieron a luz violaciones a los derechos humanos y una estructura de sobornos y corrupción que acabaron con su dictadura).

Ese martes 25 de mayo, comenzaron a sonar los teléfonos fijos. Serrano Elías había ordenado rodear las casas de los presidentes de los organismos Legislativo y Judicial, José Lobo Dubón (DC) y Juan José Rodil Peralta, y la casa del PDH, Ramiro De León Carpio (el papá del actual PDH, Jorge De León Duque). Pero este último se había escabullido por los tejados.

Comenzaba a amanecer y la marimba sonaba en la radio.

Hubo interrupciones para avisar que habría cadena nacional a las 7:00 horas. No había gente en el Parque Central ni en la Casa Presidencial, tampoco marchas. En ese momento, las calles estaban vacías. A la hora exacta apareció Serrano Elías en la pantalla, vestido con un traje oscuro y con la bandera a su lado. Era un buen orador y se auxilió del texto escrito para dar su mensaje (aquí no hubo teleprompter, como el domingo en el mensaje de Otto Pérez Molina).

“He acordado restringir las garantías, al mismo tiempo que he acordado disolver el Congreso de la República, cambiar la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad, y cambiar a los procuradores de la nación”. Emitió las “Normas Temporales de Gobierno”, pidió al Tribunal Supremo Electoral (TSE) convocar a elecciones para elegir a diputados idóneos y propuso nombres de juristas para la Corte Suprema de Justicia.

Convocó a una conferencia de prensa en el Palacio Nacional, en el Salón de los Espejos para las 10 u 11 de la mañana (la hora exacta no la recuerdo). Se sentía muy seguro, pues el ejército lo acompañaba, pero las cosas no salieron como esperaba. Los periodistas cuestionaron su decisión, la embajada de Estados Unidos emitió un comunicado donde criticó el golpe, la radio comenzó a transmitir las opiniones contrarias y la gente no salió a las calles en su apoyo.

Durante siete días y sus noches intentó convencer que la medida era correcta, pero sufrió varios reveses. El TSE se rehusó a convocar a elecciones, su ministro de Trabajo y algunos embajadores renunciaron. La Organización de Estados Americanos (OEA) envió una misión de rechazo.

Mientras tanto, Serrano se reunía con diplomáticos, con empresarios y actores sociales. Nombró a la ministra de Educación (María Luisa Beltranena) como presidenta de la Corte Suprema de Justicia. Intentó convencer a los diputados para instalar de nuevo el Congreso y lo indultaran. Aún cuando ofreció pagarles, no logró convencerlos.

Foto: Cortesía de Moisés Castillo

En su desesperación, limitó la libertad de prensa. Su secretaria de Comunicación Social, Roxana Baldetti Elías –sí, la misma exvicepresidenta y presunta jefa de La Línea, como señalaron el MP y la CICIG–, envió censores a los medios, prohibió la circulación de la primera revista Crónica y de los diarios, cortó las líneas telefónicas para que los corresponsales no pudieran transmitir sus notas. Pero los medios los burlaron. El diario Siglo Veintiuno se cambió ese día de nombre por el de Siglo Catorce.

Las protestas ciudadanas se canalizaron en dos grupos. Una, la Multisectorial del Sector Social integrada por organizaciones populares, sindicatos, la Universidad de San Carlos y la figura de Rigoberta Menchú (que cinco meses atrás había recibido el Premio Nobel de la Paz) al frente. La otra era la Instancia Nacional de Consenso (INC) que aglutinaba a partidos políticos, CACIF, Cámara de Comercio y empresarios como Dionisio Gutiérrez. Organizaron marchas y concentraciones frente al Palacio Nacional, pero ninguna como las que se han visto este año. Se aglutinaron en una sola, la Instancia Multipartidaria, pero no por mucho tiempo.

La Instancia Nacional de Consenso tomó mayor protagonismo, al igual que la Corte de Constitucionalidad. El mensaje era el mismo, retomar el proceso para no violentar la Constitución, pero sin Serrano Elías. Conforme subió el clamor, el ejército le retiró su apoyo al Presidente hasta decirle que debía dejar el cargo. No hubo mensaje de resistencia o de despedida.

Esa noche, el 1 de junio, Serrano Elías se subió a un avión con su familia inmediata y dinero, rumbo a El Salvador y luego a Panamá, donde permanece asilado. Su ministro de Gobernación, Francisco Perdomo, se fue con él y tampoco ha regresado.

Lo acusaron de abandonar el cargo. Su vicepresidente Gustavo Espina, que supuestamente iba a renunciar para que el Congreso eligiera nuevas autoridades, lo sustituyó durante tres días. Quiso continuar en el cargo porque tuvo una revelación divina –es pastor, como era Serrano–. El anuncio lo hizo durante una conferencia de prensa en su casa, y se volvió a escuchar marimba en la radio. Tuvo el apoyo formal del ejército. El ministro de la Defensa, Domingo García, llegó a su casa a expresarle su apoyo. Espina escuchaba, con los ojos llorosos, detrás de la puerta que separaba la sala del área de habitaciones. Afuera, en la calle, seguidores de su iglesia oraban.

Esa tarde, la del 2 de junio, Espina salió hacia el Congreso, con la banda presidencial en el saco. Llegó en el automóvil que usaba el Presidente, ingresó al hemiciclo con la intención de ser juramentado, pero tampoco hubo quórum. Lo intentó dos veces, con el mismo resultado. Entendió el mensaje y optó por retirarse. Entonces el ejército le retiró el apoyo y trasladó a la Corte de Constitucionalidad el control de todo.

Durante dos días no hubo Presidente hasta que el Congreso presentó una terna. La encabezaba Arturo Herbruger, entonces presidente del TSE que había llevado a cabo cuatro elecciones limpias, seguido por el PDH Ramiro De León y Mario Quiñonez, abogado afín al Cacif. En la primera vuelta, De León no obtuvo los votos suficientes, por lo que Herbruger declinó para la segunda. El Procurador de los Derechos Humanos se convirtió en Presidente.

Nunca he vuelto a ver las calles del Legislativo abarrotadas de gente ni he vivido ese ambiente festivo.

La crisis que generó Jorge Serrano Elías duró trece días. El saldo fue un expresidente en el exilio (fugado) que no ha podido regresar a Guatemala porque existe un proceso en su contra por violar la Constitución y abuso de autoridad, entre otros; un vicepresidente que se retiró de la vida política, un procurador de Derechos Humanos que se convirtió en gobernante y un jefe del Estado Mayor Presidencial llamado Otto Pérez Molina, que participó en el movimiento para desplazar a Serrano hasta convertirse en la mano derecha de Ramiro De León Carpio.

Sí, el mismo que llegó a ser Presidente de Guatemala, que está acusado de dirigir la estructura criminal de La Línea y ahora se aferra a su cargo.

 

La portada de la junio de la revista Crónica.

La portada de la junio de la revista Crónica sobre el fracaso del Serranazo.

***

En 2015, Pérez Molina intentó aferrarse al cargo después de una demanda del MP y la CICIG. 

En 2018, Jimmy Morales incluso ha sacado al militares a conferencias y a intimidar y desacató una orden de la Corte de Constitucionalidad con tal de aferrarse al cargo y evitar investigaciones de corrupción en su contra. En este artículo, la antesala del Moralazo.  

Ana Carolina Alpírez
/

Nací en una familia numerosa, de ahí mi problema con la propiedad privada. Soy periodista porque esta profesión mantiene viva mi capacidad de asombro y no puedo concebir el mundo de otra manera.


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COMENTARIOS

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    edgar ayala /

    28/08/2015 3:47 PM

    que si lo hubieran dejado no estaríamos tan mal ya que fue OPM y Dionisio Gutiérrez quienes lo botaron, de repente se hubiera limpiado un poco el congreso y cortes

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gustavo Hernandez /

    27/08/2015 7:44 PM

    En ese entonces las migajas para el pueblo fueron mas grandes que las que le piensan botar ahora estos miserables millonarios!!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gustavo Lopez /

    27/08/2015 7:41 PM

    El jefe del Estado Mayor en esa época no era Gral. Ortega Menaldo?? (En el artículo dice q ese puesto lo ocupaba OPM)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    William /

    27/08/2015 6:30 PM

    Y 22 años después, seguimos con los mismos clavos de aquel entonces y con la misma gente que por ahí andaba rebotando entre los pasillos del palacio, solo que ahora sentados en la silla del tatascán. Una historia que espero no esté destinada a repetirse, aunque los actores sean prácticamente los mismos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Glenda /

    26/08/2015 1:03 PM

    Además de la crónica, aportaría mucho para la comprensión de nosotros los ciudadanos comunes, las consecuencias de la Constituyente del 93 y como fué cooptada por los grupos de poder, para que saquemos nuestras propias conclusiones de como se benefician los pescadores en río revuelto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mirador Cipresales /

    25/08/2015 8:41 PM

    En este artículo hablan que Serrano salió del poder luego del espaldarazo de los empresarios, periodistas, activistas y Ejército............. si el Ejército fue el que jugó un papel determinante y OPM era el Jefe de Inteligencia (G-2) y fue el quien exigió al Ministro de la Defensa y al Jefe del Estado Mayor de la Defensa que se le quitara el apoyo a Serrano. Y hoy, este mismo Ejército no está haciendo nada y como dijo Cantinflas "ahí está el detalle". Si OPM no contara con el aval del Ejército, otro gallo le cantara.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Andres /

    25/08/2015 5:42 PM

    Solo una observación, Gustavo Espina no es pastor. Sí, es evangélico protestante, pero no pastor, ni lo ha sido nunca. Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ana Carolina Alpírez
    Ana Carolina Alpírez /
    25/08/2015 12:30 PM

    Gracias por tu observación, Diego. Ese dato parte de la información proporcionada por la CICIG y el MP. Agregaré ese dato. Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      PAPAZOPAPAZ /

      04/09/2018 8:16 PM

      su artículo fue hecho a petición de CICIG/MP???

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    carrillorodas@icloud.com
    Diego Carrillo /
    25/08/2015 11:33 AM

    Espina es el jefe de Cash Luna.

    Me pareció interesante Ana Carolina que pongas a OPM como un acusado a dirigir una red criminal (último párrafo). Y en la mitad de tu artículo mencionas a Roxana, como jefa de la línea. La estas acusando sin llevar un proceso legal adecuado a nuestro sistema jurídico. En EE.UU ELLA TE PODRÍA DEMANDAR POR ESA ACUSACIÓN. OJO , queremos un mejor sistema pero caemos en acusaciones previas sin un debido proceso judicial.

    Como dice mi querido Donald Trump yo estoy orgulloso de usar las leyes a mi favor.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Marlon Suarez /

      05/09/2018 7:47 AM

      Lo bueno es que no estamos en EEUU, y es evidente que la otra tuvo que ver mucho en la Línea. no deja de ser una acusación fundamentada ya que las mismas pruebas existen en autos. Que no ha sido condenada es otra cosa, pero la acusación ya existe desde el mismo momento que el MP logró demostrar su participación, de lo contrario estaría libre.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Wallie /

    25/08/2015 10:21 AM

    Interesante recordar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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