Soy de izquierda y celebro la derrota del chavismo

El prólogo de Rebelión en la granja, atribuido a George Orwell, es un lugar literario al que regreso de vez en cuando para entender por qué tantas personas aparentemente ilustradas abrazan una causa totalitaria. En época de la Rebelión, Orwell estaba frustrado e indignado por el rechazo de las editoriales a su obra, por la clara denuncia que hacía de las atrocidades cometidas por el estalinismo en la Unión Soviética. El escritor y periodista británico no entendía cómo la intelligentzia de su país —y la de Europa occidental— se rendía ante la propaganda soviética y decidía voltear la cara antes de denunciar los desmanes y la barbarie cometidos por los soviets.

Opinión P369
Esta es una opinión

Nicolás Maduro reconoce la derrota del 6 de diciembre.

Foto: Soy502.com

La ortodoxia dominante escribió amargamente Orwell— exige una admiración hacia Rusia sin asomo de crítica. Esta conspiración nacional para adular a nuestro aliado se produce a pesar de unos probados antecedentes de tolerancia intelectual muy arraigados entre nosotros. Y así vemos, paradójicamente, que no se permite criticar al gobierno soviético, mientras se es libre de hacerlo con el nuestro. Será raro que alguien pueda publicar un ataque contra Stalin, pero es muy socorrido atacar a Churchill desde cualquier clase de libro o periódico. Mientras no se tratase de comprometer el prestigio de la Unión Soviética, el principio de libertad de expresión ha podido mantenerse vigorosamente. Es cierto que existen otros temas proscritos, pero la actitud hacia la URSS es el síntoma más significativo. Y tiene unas características completamente espontáneas, libres de la influencia de cualquier grupo de presión.

El prólogo de Rebelión en la Granja viene a cuento en este artículo porque en la Latinoamérica de inicios del siglo XXI hemos vivido una realidad similar. El ascenso de una izquierda totalitaria —liderada por un carismático golpista que asaltó el poder en Venezuela y luego llegó por la vía de las urnas— ha logrado un apoyo no sólo sorprendente, sino indignante de un sector académico y culto de este continente y allende los mares. Ese sector ve de forma esperanzadora y defiende con fanatismo a esa izquierda irrespetuosa de los derechos humanos, brutal e intolerante, pero es incapaz de pronunciarse —ni siquiera escuchar— las denuncias de abusos, violaciones, violencia, encarcelamientos ilegales, asesinatos y destrucción de la institucionalidad que los regímenes que defienden han cometido en los países que gobiernan. Aunque esos líderes rocen la payasada, como el caso de Cristina Fernández y su malcriada tozudez por dejar el poder en la Argentina. Y cualquier crítica, por tímida que sea, se convierte inmediatamente en discurso reaccionario, de derechistas ultras, ignorantes, malagradecidos, pobres peleles, fascistas, falangistas, miserables serviles, estúpidos vendidos al imperio —porque el imperio, es decir, Estados Unidos, es el enemigo único al que hay que atacar. Un discurso trasnochado que se mantiene intacto desde el siglo pasado.

Yo soy periodista, homosexual y me considero un hombre de izquierda. Las tres cosas me representan y las defiendo desde la razón. Como periodista, como homosexual y como hombre de izquierda critico la violación a la libertad de prensa —vean lo que han hecho Daniel Ortega, Hugo Chávez y Rafael Correa con la prensa independiente en sus países—; las injusticias cometidas contra oponentes políticos —oh, perdón que mencione al diablo, el tan odiado Leopoldo López; pero también permítaseme mencionar unas palabras desconocidas en el resto de Centroamérica: los calabozos de tortura en países de izquierda totalitaria. En Nicaragua se llama Auxilio Judicial, popularmente conocidos como El Chipote, cárcel de tortura del somocismo en Nicaragua y herencia adoptada por Daniel Ortega en lo que él llama la segunda parte de la revolución sandinista. De ahí salen historias de horror sufridas por campesinos, opositores políticos, mujeres y jóvenes que han tenido la osadía de cuestionar al régimen.

Critico la intolerancia de estas izquierdas autoritarias, chavistas —vean la represión contra campesinos, indígenas y ciudadanos que se expresan contra el megalómano proyecto de un Canal Interoceánico que Ortega pretende construir en Nicaragua a pesar de que científicos internacionales advierten de que será un desastre ambiental. Critico también la violencia contra las mujeres —en Nicaragua, Ortega impuso la criminalización del aborto terapéutico y de las mujeres y médicos que lo practiquen, además de adhesiones en una ley contra la violencia de género en las que se le exige a las víctimas de violencia a negociar con sus verdugos—; y estoy contra del uso de un lenguaje populista que minimiza a los pobres a una cosa que el poder puede usar a conveniencia y en mítines donde se cantan loas al caudillo.

Celebro la derrota del chavismo porque en Nicaragua, durante el régimen de Daniel Ortega —financiado por los petrodólares venezolanos— se ha avanzado en la concentración del poder, se ha consolidado una alianza anti-natura con la empresa privada —el demonio del capital que la izquierda radical combate—, se ha instrumentalizado la Policía y se ha creado un Ejército leal a los caprichos del gran líder. Eso sin mencionar que estamos ante un régimen familiar en el que esposa e hijos se comparten el poder, porque el poder queda en familia. Son ellos los que han amasado una fortuna gracias a la ingente cooperación petrolera de Venezuela, que ha llegado a Nicaragua a través de los pactos de Petrocaribe y que supera desde 2007 los tres mil millones de dólares. Tres mil millones de dólares es muchísimo dinero. Dinero utilizado de forma discrecional por el Comandante, y que ha servido para crear una élite nueva, la burguesía orteguista, llena de privilegios y que, por supuesto, la encabezan (como verdaderos sultanes) el respetado guerrillero de la izquierda radical y su vasta familia.

Puedo mencionar en este artículo nombres y casos, pero sé que será perder el tiempo. Los alabadores de la izquierda radical que conozco —muchos de ellos europeos, profesionales, periodistas, escritores— no entienden de razones. Celebran que en Managua haya buses rusos como una muestra del progreso de los pueblos. Aplauden los llamados “Árboles de la vida”, unas aparatosas infraestructuras de hierro valoradas en 20 mil dólares cada una que invaden Managua por órdenes de la primera dama y primera ministra de hecho, Rosario Murillo. Un costoso canto a lo kitsch, un capricho de nuevo rico, en un país donde lo que más hace falta son escuelas y hospitales. Pero los simpatizantes de la izquierda radical dicen que son bonitos, una tierra de Willy Wonka en pleno trópico, defienden el circo para los pobres sin cuestionamientos, porque para ellos cuestionar a sus líderes está prohibido.

A muchos miembros de la izquierda radical no les valieron las denuncias de las atrocidades cometidas en los gulags soviéticos que hiciera Solzhenitsyn o la valentía de Vasili Grossman de retratar —como lo hizo en Vida y Destino— la miseria en la que la Unión Soviética había sumido a su mismo pueblo, lanzado al embrutecimiento a punta de hambrunas, si no lean esa tremenda escena en la que una mujer loca de hambre se come a sus hijos. La URSS de Stalin se cepilló a 27 millones de rusos, pero la intelligentzia no lo vio. No quiso verlo. Dirán que soy un tremendista, que hago comparaciones exageradas, pero el punto inicial de este artículo es que hay una izquierda que es capaz de dejar a un lado la razón, la crítica, su propia humanidad, para justificar y apañar no sólo una arbitrariedad, sino la barbarie. Esa no es mi izquierda.

Celebro la derrota del chavismo con la esperanza de que represente un cambio, una salida de gobiernos autoritarios y bárbaros que han usado el poder, el Estado, como una finca, arropados en un discurso social que esconde la utilización de los pobres, la corrupción desmedida, la persecución a los críticos, la cárcel como receta “preventiva”. Saludo la derrota del chavismo porque abre las puertas a un cambio para seguir luchando por la libertad, la igualdad, la justicia social, la construcción de instituciones sólidas, la educación, la formación de un Estado verdaderamente laico, el uso correcto del dinero público, la fiscalización del poder y en el que todos podamos expresar nuestras ideas sin ser acusados de peleles, vendidos al imperio, falangistas, seguidores de Pinochet, Videla, Somoza o Trujillo. Esas son las reivindicaciones de la izquierda que defiendo y que hoy —lo digo porque lo he platicado con varios colegas que también se definen dentro de esa izquierda— también celebra la derrota del chavismo.

Carlos Salinas Maldonado
/

León, Nicaragua (1982). Irremediablemente enganchado al periodismo. Editor de Confidencial.com.ni y colaborador de El País. Un reportaje suyo le cambió la vida. @CSMaldonado


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    José Rodríguez /

    30/12/2015 9:25 AM

    Concuerdo en que cualquiera que defienda a Chávez es un irracional pues él asi como la mayoría de gobernantes izquierdistas de la historia han llevado a su pueblo a la miseria mientras viven como reyes; sin embargo no creo que uno sea un vendido al Imperio por apoyar un regimen economico liberal que ha demostrado brindar mejores niveles de vida tanto en EEUU como lo podría hacer en Guatemala.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Izquierdo Derecho /

    16/12/2015 6:20 PM

    Hay muchos izquierdistas venezolanos, que no están con el chavismo,
    pero caen en una trampa peor:
    siguien al lider Acción Demoníaca, que en 1989 cuando estaba en el poder, masacró a 4,000 venezolanos pobres que protestaban contra la miseria, la escasez y el alza de precios.
    Varias masacres fueron dirigidas por los que ahora lloran por los derechos humanos:
    Ledezma, Capriles, Lopez, Tintori, Machado , ,

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ignacio /

    16/12/2015 8:15 AM

    Todavia no entiendo porque en America Latina siguen con esto de derecha vs izquierda. No vivimos en Estados capitalistas o socialistas, sino que convivimos con gobiernos mercatilistas, asi de simple.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan P. Ochaeta /

    15/12/2015 11:03 AM

    ¡Ovación de pie, para el artículo! ¡Bravo!
    El comentario de Rosa Lux, simplemente certifica todo lo expuesto por Carlos Salinas. Se muestra como la seguidora de izquierda tipo "fanática" de los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Ecuador, etc. Sin un mínimo de autocrítica y con el argumento de que "el fin justifica los medios". Al más puro estilo de los libertarios-derechistas que seguro ella critica.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Emeralda /

    14/12/2015 5:54 PM

    Me encanta tu articulo y te felicito por tu objetividad, y felicito a nomda otra de las fortalezas de esta revista su amplio e inteligente criterio, razon por la que la sigo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mario Paredes /

    14/12/2015 10:28 AM

    El autor del articulo hace como alguien mas dijo aqui igual que Zapeta y los Libertopolis. Toman de pruebas libros escritos por extremistas de derecha. Señor en la antigua URSS nunca hubo hambre y se lo dice alguien que vivio alla por 5 años y eso que fue en los ultimos años del socialismo alli pues antes todos los sovieticos hablaban que se vivia mucho mejor.
    Lo unico rescatable del articulo es que el señor con valentia defiende su libertad sexual tanto como la de sus posiciones ideologicas. Bien por el y aunque no venga al caso los regimenes de derecha son menos tolerantes que los de izquierda actuales a la libertad sexual.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Guillermo Maldonado C. /

    12/12/2015 11:18 AM

    Ese Orwell, según tu cita, tenía buen olfato y mucho sentido común. Discrepo con este artículo en lo que has llamado como izquierda totalitaria, intolerante o autoritaria y con otros apelativos, pues en mi candidez aseguraría que una izquierda radical no incurriría en esas prácticas. Es cierto, el culto a las personalidades raya en la ceguera política y fomenta ausencia de autocrítica que tanto perjudica a la organización social. Al igual que en argentina ahora les toca a los venezolanos confrontar su realidad, con el cambio decidido en las urnas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Harold mata izquierda /

    12/12/2015 12:10 AM

    Sin más vueltas que dar, si es de izquierda o de derecha, no importa! Lo escencial en el texto es la clarificación de las orquestadas maniobras de los chavistas y orteguisto-chayucos (familia imperial de Nicaragua) que han quedado fuera de la razón y lógica.
    ¿Cómo esprar algo diferente? Los empleados públicos obligados a subir a un autobus, dejando las carteras y otros artículos personales en las oficinas, para garantizar que no se vayan de las manifestaciones o rotondas.
    Bajeza imperial cumplida por los ortegamurillistas para forzar el espejo que releja gran cantidad de personas en "respaldo" a la dinástica pareja.
    El 38% es un ancla! No existe un 60%! Lo más que ha logrado alcanzar son 2-3 puntos ponderales! De no ser por el fantoche de Rivas, no se tendía más a la familia imperial en el trono.
    Acaso pueden ocultar lo que a voces altas se dice? Hasta los beneficidos de las "casas para el pueblo" tienen su opinión contraria que no expresan en su nicho por temor a represalias.
    No se debe defender lo indefendible. Sólo con el fraude electoral, por cambio de los resultados de los votos, por falta de observación electoral, por apertura de centros de votación en donde sólo los del partido llegan a votar por dos o tres veces, es que se logra tener un imperio ortegamurillista.
    Paz a los restos de todos los Albainfortunios!
    Con la manipulación del socialismo del S. XXi: Arriba los pobres! se desenmascara a los latifundistas, banqueros, madereros (depredadores del bosque-Alba forestal), agiotistas (enbodegan todos los granos básicos, con sus marcas Alba-Agro-Corp), etcétera y muchos etcéteras más!
    El inicio del fin ha llegado, profesía que puede ser rechazada por los ortegamurillistas, pero cumplida el próximo año sin lugar a errores ni dudas!
    Abajo la oligarquía ortegamurillista!
    Muerte a la dinastía ortegamurillista incipiente!
    Rigoberto ha vuelto!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jese /

    11/12/2015 3:40 PM

    Hablando del rey de Roma y aparece Rosa Lux... irónico, el pez por la boca muere, hablando de eso y precisamente de eso, y el botón comprobando la regla... el articulista acierta en todo...

    Los números verdad Rosa, pues el drama de siempre...!!!, la mentira mas grande de todas... pues las estadísticas que vos miras, son las estadísticas según Maduro, que "todos" quieren ir a comprobar, y hay de aquel que con ciega locura lo intente... Igual pasa en Cuba, la data de estos países no es real, porque esta carece de carácter de valor probatorio, las entidades encargadas de probar la veracidad de la data, no pueden ingresar a estos países a comprobar la data... Déjeme decirle que es tan inocente de su parte hablar de estadísticas y comparaciones, cuando las estadísticas se las entrega el dictador de turno...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Sergio Ayapán /

    11/12/2015 2:00 PM

    Yo voy a ser tolerante con la exposición de tus ideas, así deben de ser estos espacios con alta carga académica y científica. Eso sí, no dejar de discutir (sin el higado) las posiciones y puntos de vista. Lo que sí me parecería mejor es que no te justifiques que eres de izquierda. Te hubiera quedado mejor el artículo sin esa máscara, creo que eres bien derechista, y eso no importa es tu derecho pensar como quieras, defínete sin miedo a la critica.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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