Biodiversidad: empatía con nuestro entorno

Guatemala es de los pocos países considerados potencia mundial por su biodiversidad. Y aún así, el desconocimiento de la población en este tema es grande. No sabemos convivir con otras especies sin exterminarlas. Y es tiempo de aprender.

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Esta es una opinión

Imagen: Jorge Douglas Brandon - Flickr

Guatemala es uno de los países considerados megadiversos a nivel mundial. Fue declarado bajo esta categoría en 2010, gracias a la biodiversidad y sus recursos naturales. En conjunto, lo países megadiversos albergan más del 70% de la biodiversidad del planeta Tierra, en un territorio de alrededor de 10%. El ser parte de los países megadiversos le da a Guatemala un estado de potencia mundial en cuanto a biodiversidad. Pero esto también conlleva importantes responsabilidades en cuanto a protegerla.

Dentro de la diversidad que hay en Guatemala, se estima que existen 192 especies nativas de mamíferos terrestres. Como todo ser vivo en el planeta, cumplen funciones importantes y forman parte de un sistema en donde estamos conectados. Incluso nosotros, los animales humanos.

Los mamíferos terrestres proveen servicios ecosistémicos. Por su sensibilidad a las alteraciones humanas, algunas especies también nos permiten conocer el estado de conservación de ciertos sitios. Los mamíferos contribuyen en procesos como la dispersión y depredación de semillas, la polinización.

Mantienen cierto equilibrio en las poblaciones de otras especies al ser depredadores y/o presas. El crecimiento de la población humana es una de las principales amenazas que sufren los mamíferos en la destrucción de su hábitat.

Atacamos lo que desconocemos

En enero de 2017, un micoleón (Potos flavus) fue asesinado por pobladores de Coatepeque, Quetzaltenango. Aseguraban que era El Cadejo. Las personas aseguraban que el animal cambiaba de forma, tamaño y color y le atribuyeron la muerte de perros y aves de corral.

Aunque los pobladores aseguraban que nunca habían visto a un animal como ese en el lugar, la ubicación es parte de la distribución natural de la especie. La realidad es que los micoleones se alimentan principalmente de frutos, hojas y flores. Son principalmente nocturnos y son importantes dispersores de semillas. Y así como cualquier animal silvestre, prefiere evitar a los humanos.

En el transcurso de este año, también ha habido casos en los que se reportan zorras grises (Urocyon cinereoargenteus) en zonas urbanas. Lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta que esas “zonas urbanas” fueron en algún momento bosques. Espacios naturales destruidos en nombre de un progreso antropocéntrico y urbanista. Afortunadamente, no he sabido de alguno con final trágico.

Hace alrededor de una semana, en San Miguel Petapa, Guatemala, vecinos golpearon gravemente a un oso hormiguero (Tamandua mexicana) que deambulaba por el sector. El motivo por el cual las personas agredieron a este inofensivo animal, fue porque creyeron que podía causarles algún daño. En realidad, esta especie se alimenta de termitas y hormigas, así como de algunos frutos.

Definitivamente tampoco representaba una amenaza para las personas, pero la ignorancia tuvo un impacto casi letal. Afortunadamente fue rescatado con vida. Un agravante en este caso fue el desconocimiento respecto a qué institución avocarse para pedir ayuda. Puede llamarse al CONAP llamando al 1547. Esta institución es a la cual puede recurrirse en casos en casos que involucren vida silvestre.

Salir de la burbuja: el primer paso para la responsabilidad compartida

Estos eventos nos recuerdan, no sólo el desconocimiento que existe sobre la biodiversidad de nuestro país, sino lo mucho que nos falta por hacer a quienes trabajamos en conservación. Es necesario divulgar, concientizar y facilitar información para TODOS.

Es necesario que las personas que tenemos la oportunidad y los privilegios suficientes para unirnos a programas, instituciones y campañas que busquen promover la concientización para la conservación de recursos naturales, lo hagamos.

Claro que es importante la academia, pero también puede volverse una burbuja que no nos permite abordar los problemas reales de la forma más adecuada. Es necesario involucrarse más con la ciudadanía, es necesario descentralizar la información. Contribuir más al desarrollo del país, un desarrollo respetuoso, empático y con amor hacia la vida.

Y no, no se trata de ir contra el “progreso” (que de igual forma es un término bastante relativo y discutible). Se trata de que aprendamos a coexistir. Que seamos conscientes de que no fuimos los primeros ni seguimos siendo los únicos animales que vivimos en esta Tierra. Lo menos que podemos ofrecer a la biodiversidad que venimos destruyendo, es algo de empatía.

Bárbara I. Escobar Anleu
/

Bióloga guatemalteca de sueños locos, que se rehúsa a despertar. Enamorada de la vida, la música, la cerveza, la naturaleza y el amor (no en orden de prioridad). Soy un bicho raro y se siente genial.


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