El futuro en la vitrina

No se puede aportar al futuro, viviendo en el pasado. La tecnología presente en nuestro día a día crea la ilusión de modernidad, pero es eso: ilusión. Caminar hacia el futuro es un reto aún más grande.

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Esta es una opinión

Foto: Darron Birgenheier

En la primera semana de octubre se anuncian los Premios Nobel. Una celebración del espíritu humano, de la exploración y búsqueda de entendimiento. Un premio que se otorga a personas que nos acercan al futuro. Mientras tanto, nosotros en Guatemala aún pertenecemos al pasado.

Desde que tengo memoria, mi inclinación e interés siempre ha sido por las ciencias, la tecnología y todo lo que tenga que ver con ese campo. De joven, poco me importaban las noticias y la realidad nacional. De alguna forma el país parecía avanzar como arrastrado en la corriente mundial que fluye hacia un futuro mejor.

Conforme uno se hace viejo pareciera que desarrolla cierta apertura o sensibilidad al entorno. Nace una preocupación al ver que el ambiente en el que uno se encuentra es en realidad disfuncional, arcaico, inoperante, obsoleto, dogmático y mediocre. Empieza uno a darse cuenta que el sistema de gobierno (y otros sistemas administrativos) están en manos de gente incompetente, deshonesta, corrupta, mezquina, malintencionada o ignorante.

Por alguna razón, los ciudadanos capaces, competentes y tenaces están fuera de los puestos de mando o decisión (con algunas excepciones, claro). Surge la imagen clara de que el país no es llevado al futuro por la mera influencia remota de los otros que van hacia allá, sino que tenemos un lastre que nos ancla al pasado y mientras otros avanzan al futuro, nosotros solo vemos que se alejan. Tratamos de cortar la cadena del ancla sin éxito alguno, día tras día y año tras año, los otros nos van aventajando y casi desaparecen en el horizonte del futuro al que parece que nunca vamos a llegar.

Desde nuestro país anclado al pasado, vemos lo que otras personas logran allá, en el futuro. Los Premios Nobel de medicina, física y química de este año comparten algo en común: todos conciernen con la comprensión, el manejo y el entendimiento de lo que sucede en el mundo microscópico.

En medicina los galardonados investigaron cómo nuestro sistema inmunológico puede ser empujado a atacar células cancerosas, lo cual constituye una nueva forma de curar el cáncer. En física, los laureados crearon tenazas hechas de luz láser, herramientas para mover y manipular bacterias sin dañarlas, idearon dispositivos para producir pulsos intensos de luz láser, que hoy se usan en cirugía correctiva para los ojos. En química, los científicos premiados utilizaron los procesos de la evolución de forma dirigida para producir enzimas que favorecen reacciones químicas para sintetizar fármacos, combustibles renovables, sustancias para neutralizar toxinas y para curar el cáncer metastásico.

Los descubrimientos hechos por estos científicos son tecnologías que ya están teniendo influencia en nuestro diario vivir, haciendo posible lo que años atrás era tema de ciencia ficción. Estas tecnologías se cuelan poco a poco en nuestro país del pasado, creando la ilusión de que vivimos en la modernidad.

En realidad, Guatemala es una sociedad medieval con acceso a la tecnología del futuro. Si de pronto todos los países productores de ciencia y tecnología dejaran de existir, nosotros no sabríamos cómo producirla; regresaríamos a la ley del más fuerte, a tener miedo de andar por las calles, a pelear por los derechos, a los asesinatos de los líderes… ¡momento! Esto está sucediendo en Guatemala y no importa que sea el año 2018, nosotros aún vivimos en el pasado.

Me da una alegría enorme ver los avances de la ciencia, esa conquista de lo desconocido en beneficio de la humanidad. Sin embargo me da tristeza saber que nuestro país medieval aporta muy poco al avance tecnológico de vanguardia. Es obvio, no se puede aportar al futuro viviendo en el pasado. Pienso en todos los niños con desnutrición crónica que ya perdieron la capacidad de tener un desarrollo físico y cognitivo normal. Tal vez uno de ellos podría haber sido premio Nobel, pero su futuro ya pertenece al pasado, está destinado a vivir en la miseria por falta de oportunidad.

Trato de imaginar si nuestra generación va a vivir cambios tangibles en la realidad del país. Comparo nuestro presente al de una sociedad medieval y con cierto desconsuelo recuerdo que la Edad Media duró casi mil años. Tal vez vivamos toda nuestra vida en el ir y venir de gobernantes inútiles, en la adquisición y maduración de una memoria histórica y su transmisión efectiva a las generaciones futuras para no cometer de nuevo los mismos errores, librarnos del lastre y por fin caminar hacia el futuro.

Cerraré el editor de texto en el que estoy escribiendo, tomaré el artículo sobre esquemas de parametrización de nubes o el libro de cosmología, perderé la noción del tiempo en lo que me gusta y me olvidaré por un buen rato que vivo en el pasado. Porque no importa la época, cada pequeño avance en el quehacer de nuestra especialidad y pasión es un día más caminado hacia el futuro.

Enrique Pazos
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Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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