El valor de los tejidos regionales, las cintas de Totonicapán como ejemplo

Si las personas conocieran cuánto cuesta en realidad tejer una cinta, quizá dejarían de regatear cuando la compran en el mercado. El trabajo de un tejedor es uno de los más desvalorizados.

Blogs Opinión P369
Esta es una opinión

Francisca Chocoyo Choc, 60, teje al telar de pedal en su casa.

Foto: Plaza Pública / Simone Dalmaso

Cuando vienen amigos del extranjero solemos regalarles “cosas típicas”. Para comprarlas nos dirigimos al mercado central o a La Antigua y regateamos el valor, –ofrecé la mitad, dicen las señoras a quien va de shopping–; y no es necesariamente malo hacerlo, ya que en estos lugares  no son productores directos los que venden.

Las vendedoras llegan al mercado central temprano a vender sus productos a los locatarios, se sientan pacientemente a esperar en las gradas del parqueo que baja a las ventas de artesanías y tejidos­. Ellas tampoco le venden a la gente, si no las señoras del mercado se enojan y ya no les compran. ¡Al final son los intermediarios los que siempre ganan más!

Nadie imagina el tiempo invertido en tejer una faja, un güipil, un rollo de corte, una cinta…, y regateamos su valor sin saber exactamente la historia de tantas mujeres y hombres que se dedican a su elaboración.

Doña Dorotea en Totonicapán

Ella es una mujer delgada, de mirada dulce y amable, desde que enviudó se las ve a palitos para subsistir, hace diversos trabajos: ama de casa, limpieza, ayuda algunas veces a llenar picops de arena en el río cercano por Q25 la mañana “cuando hay trabajo”. Vendió chorizos y longanizas, pero ganaba muy poco que dejó de hacerlos. Esto me hizo reflexionar sobre lo difícil que es agenciarse de fondos en el ámbito rural.

Doña Tea –así le dicen de cariño– “se gana de la vida” tejiendo cintas. Para ello utiliza varios hilos a modo de guía, y entre ellos hila mish para crear. Forma figuras antropomorfas, zoomorfas, fitomorfas, secuencias de colores que hacen relación a los cuatro colores del maíz o las cuatro esquinas del universo. No existe el concepto de puntos cardinales porque son estáticos y sol se mueve.

Cuando las mujeres tejen colocan elementos con muchos significados, a veces se pierde en el tiempo el motivo que originó colocar estos diseños en las cintas, fajas y güipiles, pero el significado sigue siendo comprendido.

Lo lamentable del caso es que cada vez más mujeres mayas dejan de usar su traje regional debido al valor elevado que conlleva la confección, a la ladinización para evitar la discriminación o dejan de hacer este trabajo por el tiempo invertido en la confección de las prendas. El tiempo es oro, dice el adagio popular. En el caso de los hombres mayas ya perdimos la batalla y mestizamos nuestra vestimenta.

El tema de los tejidos es otra cosa, es pensar en cómo las personas se ganan la vida y los diversos medios de subsistencia.

 

Doña Tea se gana la vida tejiendo cintas.

La remuneración de una tejedora

¿Una hora y media para hacer una cinta que cuesta Q10.41? Si hacemos cuenta el salario mínimo en Guatemala es de Q2,992.36; esto sería por hora Q12.46, y si a esto le multiplicamos el tiempo invertido significaría que doña Tea invirtió Q18.70 en tiempo más Q7.00 en el hilo que usó para tejer, por lo que el costo de la cinta sería Q25.70. Ella logra tejer doce cintas a marchas forzadas de lunes a sábado para que le “salga su semana”; y las baja a vender por Q125.00 a los intermediarios. ¡Quién más se las podría comprar!

¡Sí, eso gana a la semana! ¿Será justo que un producto realizado de manera artesanal sea pagado por menos de su valor? Pregunté si sabían en cuanto lo vendían los intermediarios y el precio final al público; no supieron contestar.

El tema de la apropiación cultural es otro campo de batalla, en que se pide que se respete el valor de la historia de cada prenda. Esta puede ser utilizada solo en su contexto especifico. Tengo dos amigas –una italiana y otra estadounidense– que decidieron cambiar la ropa occidental por los trajes de la tierra de sus esposos, usándolos con el respeto debido.

La belleza de los tejidos –cortes, güipiles, fajas, cintas, tocados, perrajes entre otros– hacen que sean productos de exportación y de transformación por diseñadores. Ellos compran a precios de mayoreo, incluso ropa que algunos venden por necesidad, para transformarlos sin saber que los diseños en la ropa algunas veces son “sagrados” para ser colocados en otras prendas como zapatos y bolsas. Así degradan su valor cultural y ancestral. La Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez (Afedes) que aglutina a valientes mujeres tejedoras, se ha propuesto proteger la propiedad intelectual de los tejidos tradicionales y que la industria no utilice los diseños sin la autorización de las tejedoras, protegiéndolos de manera colectiva.

Un güipil ceremonial puede costar Q10 mil, uno de uso diario entre Q1 mil y Q4 mil. Estas son las grandes diferencias que hacen que las mujeres que quieran vestir su traje regional compren cortes y güipiles bordados en máquinas industriales (Q150 un güipil o blusa en promedio, precio del mercado) o “los sublimados” en serigrafía (Q100). Aunque estos tratan de mantener los diseños, pierden la cosmogonía y trabajo de reflexión de quien hace la prenda, además de quitar toda una filosofía de vida a las mujeres mayas.

¿Será que detrás de esto existe la idea que todo lo manufacturado por manos de mujeres y hombres mayas puede ser regateado? ¿Y toda la cultura, la cosmovisión y la herencia ancestral dónde quedan?

Es aquí en donde los mercados solidarios deberían de ser la norma. Si quiere apoyar a doña Tea puede escribirme y con gusto les facilito los contactos: jmenchu@espiritualidadmaya.org

Para finalizar quiero desde este espacio agradecer la vida de Héctor (David) Salvador Mendizábal, padre de mi esposa, quien partió a la otra dimensión de la vida el día 4 de julio. ¡Candelas de sebo para que encuentre su lugar y tenga descanso su espíritu! QEPD.

Julio David Menchú
/

Maya K’iche’, Ajq’ij o contador del tiempo, aprendiz de Aj Poronel (el que quema las ofrendas). Padre de dos hijos que le enseñan más de lo que cree. Pro vida y casado con una mujer que le tiene muchísima paciencia. Ama la Historia y se dedica a su enseñanza.


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COMENTARIOS

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    Hugo /

    26/08/2018 10:32 AM

    Regatear es parte del arte de negociar, desde el mas pequeño comerciante hasta las grandes corporaciones regatean solo que a ese nivel se le llama negociar. En las cadenas de comercio, aunque no nos parezca justo, el intermediario es el que mas gana y el que mas paga es el consumidor final, asi es el comercio a nivel mundial.
    Respecto al valor ceremonial, místico, cultural. Etc. de los tejidos "típicos" la realidad es muy diferente a la que se menciona en este articulo. Aquí les dejo un párrafo que pueden consultar en el siguiente link: http://cronica.gt/historia-de-los-trajes-tipicos-herencia-colonial/

    "Hay que describir que antes de la conquista, en términos generales, lo que usaban los indígenas era un taparrabo, una tilma o capa —que servía para cubrir el torso— y ocasionalmente sandalias. La diferencia, como se ha señalado, se daba por clases sociales."
    Osea pues, que no nos engañen con espejitos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mafer /

    16/07/2018 7:11 AM

    Gracias!! tambien por el regalo :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Orlando Saravia /

    13/07/2018 9:33 AM

    Yo era de los que pedían rebaja, hasta que vi a una a anciana tejiendo, sus dedos torcidos de artritis y le pregunté del tiempo que les toma tener, luego de ese evento nunca más regateo el precio de su trabajo porque sé que aún lo que piden es muy poco.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Roxana /

    13/07/2018 7:41 AM

    Muy interesante

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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