Es imposible soñar en este país

Jimmy Morales es persistente. Durante estos dos años ha demostrado con creces su falta de capacidad para ocupar la Presidencia y su condición de fantoche de quienes le abrieron el camino para alcanzar el poder. No ha hecho más que confirmar lo que ya era evidente durante la campaña, cuando respondía de manera hilarante a las preguntas de reporteros y analistas sobre la manera en que le daría rumbo al país.

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Esta es una opinión

Militares y policías en la calle para evitar que los manifestantes se acercaran al Congreso, donde Morales presentó su informe de gobierno.

Foto: Carlos Sebastián

Ingenuos, eso sí, pensamos que no se atrevería a tanto y que por pena o por temor a la denominada “fuerza de la plaza” no se opondría de manera tan frontal a los procesos que le permitieron ganar las elecciones. Pero no, Jimmy Morales resultó ser una paradoja: Su propia existencia como presidente implicó la destrucción de las causas que lo llevaron a existir como tal, la lucha contra la corrupción. El mandatario personifica la permanencia del pasado, la consolidación de las estructuras que se han valido del Estado para hacer sus negocios turbios y la perpetuidad de la impunidad.

Pongámonos honestos: Probablemente la mayoría de las personas, al igual que él, carece de la aptitud para dirigir un país como el nuestro, con una serie de situaciones tan complejas como la desigualdad, la violencia, la incapacidad del Estado para cumplir con sus atribuciones, los altos niveles de corrupción, la cooptación de la institucionalidad pública por parte del crimen organizado, etcétera.

Además, es posible que ninguna persona cuente con los conocimientos suficientes para darle solución, por sí misma, a cada uno de los problemas que nos aquejan. No es una posibilidad ni es un deseo dentro de los parámetros de una sociedad democrática.

Sin embargo, el cinismo, la prepotencia y la insolencia de Morales ante su propia realidad y frente a toda la población sí son actitudes suyas, muy características de su desempeño como gobernante. En eso no se parece a la mayoría de las personas y, seguramente, tampoco a los electores que, con la mejor de las intenciones, votaron por él.

Así, elementos que forman parte de su personalidad se convierten en una cuestión de preocupación pública porque no hacen más que agravar el desastre que por país construyeron las élites económicas y políticas nacionales. Morales optó por esquivar el mandato de quienes le favorecieron con su voto y que creyeron que él personificaba la necesaria lucha contra la impunidad y la corrupción que tanto se planteó durante las movilizaciones ciudadanas de 2015.

No satisfecho con ello, ahora Jimmy Morales, que también es incapaz de percibir la realidad de las cosas, y como consecuencia de la apreciación mesiánica que tiene sobre sí mismo, nos plantea la tontería de ver en él a un ciudadano ejemplar, a un tipo que personifica, en sus propias palabras, “el sueño guatemalteco”.

Así lo planteó el pasado 8 de enero en una escuela rural del municipio de Villa Canales durante el acto inaugural del ciclo escolar de este año. Habló del sueño americano haciendo alusión a los millones de migrantes que deben abandonar este país porque para ellos no existen las oportunidades para agenciarse una vida digna y que aportan a la economía guatemalteca, a través de las remesas, según el reporte más reciente del Banco de Guatemala, el 11 por del Producto Interno Bruto.  “Yo les vengo a hablar”, dijo, “de los sueños que sí se pueden cumplir en Guatemala, el sueño guatemalteco”.

Y entonces lo lanzó: Se puso él mismo como ejemplo de lucha y perseverancia porque pasó de vender plátanos en un mercado a ser presidente de la República. ¡Vaya proeza! ¡Vaya acuerdos y posturas nefastas que ha debido asumir para conservarse como tal!

Si bien es cierto que Jimmy Morales no pertenece a la élite económica y que probablemente su niñez, adolescencia y juventud estuvo llena de precariedades  características de la mayoría de la población guatemalteca, su caso no es, ni por asomo, ejemplar. Desde que asumió la presidencia,  integrantes de su familia se vieron involucrados en casos de corrupción, Morales afianzó su alianza con los sectores que no permiten a la mayoría de los guatemaltecos tener, al menos, un sueño en paz.

Los militares que impiden el avance de la justicia por hechos del pasado, las élites económicas que se valen del sistema feudal para garantizar la explotación de las personas y de los recursos naturales como mecanismo para garantizarse su opulenta calidad de vida, las iglesias más conservadoras que reniegan de cualquier avance en temas de salud sexual y reproductiva y los voceros del crimen organizado acuerpan cada una de las decisiones de Jimmy Morales porque sus intereses se encuentran plenamente resguardados en su desempeño como presidente.

Por ello es peligroso que Jimmy Morales se presente frente a los niños de una escuela pública rural como un ciudadano ejemplar. El presidente es un ejemplo, sí, pero de la traición al país, a sus electores y a la esperanza de un cambio que finalmente nunca se presentó.

Por el momento la certeza son los dos años más que le hacen falta a Morales en el cargo. El estado de somnolencia de la ciudadanía frente al estado actual de las cosas, afortunadamente, es incierto. Mientras tanto, para miles de niños y niñas guatemaltecas víctimas de la pobreza, de la desigualdad y de un Estado incapaz de garantizarles sus derechos, los sueños todavía resultan imposibles.

 

Ricardo Marroquín
/

Soy periodista, comunicador social, catedrático universitario, con una maestría en Estudios Estratégicos y en proceso de elaboración de la tesis de Sociología. Soy, además de fanático de los rompecabezas de mapas antiguos, cinéfilo y lector permanente de literatura, historia, periodismo y teoría social.


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    Ana Silvia Monzón /

    19/01/2018 7:25 AM

    bien dicho Ricardo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marylena Bustamante /

    17/01/2018 11:19 AM

    Excelente análisis.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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