La diversidad sexual y la música no matan. La corrupción y la impunidad, sí

Los defensores de la impunidad tejen a toda prisa un entramado mortal: la idea del enemigo interno, que amenaza los valores de una sociedad conservadora.

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Esta es una opinión

Marcha por la vida y la familia.

Foto: Carlos Sebastián

Guatemala tiene varias adversidades concretas que impiden el desarrollo humano y limitan las posibilidades de la mayoría de la población para llevar una vida digna. Son problemáticas reales, materiales, cuyas raíces se encuentran en elementos estructurales e históricos.

La alta concentración de los recursos productivos (la tierra, por ejemplo), la explotación de la fuerza de trabajo de grandes grupos poblacionales (sobre todo campesinos e indígenas) e ineficientes mecanismos para la distribución de la riqueza (somos uno de los países de la región con la menor carga impositiva).

Esta realidad nos ha llevado al fracaso como país. No a todos, eso sí. Este sistema de desigualdad garantiza la opulencia para una porción minoritaria de la población a expensas de la angustia de la mayoría que aporta su fuerza de trabajo a cambio de casi nada.

El sociómetro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) da cuenta de esta realidad. Según esta instancia regional, durante la última década en Guatemala aumentó la pobreza extrema, pasando del 32% en 2006 al 36% en 2017. Mientras tanto, la clase media se redujo del 17% al 14% durante el mismo período. Las condiciones de vulnerabilidad hicieron su efecto y ahora hay más gente que tiene menos y menos gente que tiene mucho más.

Mientras el 36% de la población obtiene ganancias diarias de apenas 3.1 dólares por día, el 0.3% de las y los guatemaltecos registra ingresos diarios de 62 dólares. Para justificar estos altos niveles de desigualdad y ocultar la injusticia social, se crearon argumentos que condenan a las personas que viven en situación de pobreza, acusándolas de haraganas, improductivas o poco eficientes.

Sin embargo, las condiciones estructurales están diseñadas de tal manera que aún el más productivo, el más puntual, el más obediente, el más inteligente, el más pulcro no podrá jamás salir de la pobreza porque simplemente no existen las posibilidades para hacerlo. Y claro, el sistema necesita de algunas historias de éxito, ganadores excepcionales, casos únicos que permiten fortalecer la fantasía que el que quiere, puede.

Para existir y sobrevivir esta estructura de desigualdad necesita de un aparato estatal cooptado, construido y reproducido por un acuerdo entre élites económicas y políticas que se valen de la corrupción y la impunidad para garantizar la consecución de sus intereses sectarios. De ahí la exclusión política, la poca legitimidad de quienes ocupan los puestos de poder, la precariedad de los servicios públicos y la ineficiente ejecución del gasto público. Todo mal.

Prácticas, relaciones de poder, componendas que cuando la población las ve y entiende y se organiza para superarlas, el sistema muestra una alta eficiencia para sobrevivir, fortalecerse y ganar. Durante el siglo pasado utilizaron las metralletas y las balas para aplastar a cualquier oponente. La represión era la cotidianidad. Murieron estudiantes, sindicalistas, trabajadores, líderes sociales, campesinos, catedráticos universitarios e intelectuales que plantearon la crítica a una realidad que, desde entonces, ya no daba para más. Muertos todos porque no tenían el derecho de hablar ni de participar.

Ahora, cuando desde 2015 se develaron los nuevos engranajes de un sistema altamente corrupto e impune, el monstruo ya dio muestras de su fuerza. Llegó a tales niveles de cinismo que muestra abiertamente de su lado a políticos, funcionarios públicos, jueces, empresarios, generadores de opinión y otros operadores que difunden un discurso a favor de la impunidad.

Pero no ha sido suficiente y entonces nos enfrentamos a otra realidad igual de peligrosa que la vivida en este país durante los peores años de las dictaduras militares. Se construye un nuevo enemigo público e interno sobre quien el poder desea empecinarse para mostrarse como protector de los valores sociales y nacionales y, con ello, agenciarse partidarios.

Ya han dicho que en Guatemala la población es conservadora, creyente, defensora de la familia y de la vida desde su concepción. Se han montado sobre este discurso para construir el blanco perfecto: todos aquellos que cuestionan estos valores porque en términos absolutos, impiden el avance de la democracia, socavan la idea de un Estado laico, vedan la vigencia de los derechos humanos para grupos específicos y ponen en riesgo la vida y la dignidad de las mujeres. Ellos son presentados como la causa del desastre en que se ha convertido este país.

Por ello vemos acciones que nos parecen descabelladas e insólitas pero que ponen en peligro la democracia y, peor aún, la integridad de las personas. Se basan en la moralidad más conservadora y retrógrada y se aprovechan de la fe de las personas para prohibir cierta música, convocar a marchas que incitan al odio en contra de la población LGBTIQ, rechazar el reconocimiento y respeto a la diversidad sexual y fortalecer mensajes de odio en contra de las mujeres feministas que luchan por sus derechos y por la construcción de una sociedad más igualitaria.

Saben bien, y ahí está el reto del discurso contra hegemónico, que buena parte de la población guatemalteca probablemente estaría dispuesta a ponerse del lado de quienes dicen defender sus valores morales. Mantenerlos en el poder, aunque sean los mismos que los condenan a la pobreza y les arrebatan la posibilidad de una vida mejor porque son los responsables de la precariedad de la sociedad y del Estado. 

Ricardo Marroquín
/

Soy periodista, comunicador social, catedrático universitario, con una maestría en Estudios Estratégicos y en proceso de elaboración de la tesis de Sociología. Soy, además de fanático de los rompecabezas de mapas antiguos, cinéfilo y lector permanente de literatura, historia, periodismo y teoría social.


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COMENTARIOS

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    Humberto García /

    07/11/2018 5:18 PM

    Qué diversidad, con eso no existe valores de la familia, y si no existe familia quien será la base de la sociedad

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Víctor lopez /

    07/11/2018 5:10 PM

    DON ELKE GREISER: el no saber inglés no me hace tonto, usted por no saber japonés , arameo o kachiquel tampoco lo hace tonto , una ves más su argumento con un soplo lo derrumbe..,

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Juan Carlos /

    07/11/2018 12:05 PM

    "Saben bien, y ahí está el reto del discurso contra hegemónico, que buena parte de la población guatemalteca probablemente estaría dispuesta a ponerse del lado de quienes dicen defender sus valores morales. Mantenerlos en el poder, aunque sean los mismos que los condenan a la pobreza y les arrebatan la posibilidad de una vida mejor porque son los responsables de la precariedad de la sociedad y del Estado."

    Correcta evaluación. Pero hay un problema más profundo. La estructura esta totalmente dañada hay que re hacerla, algo totalmente nuevo, nada de lo viejo o de lo que actualmente es razón de propaganda es en realidad algo diferente, en muchos casos simplemente nos está llegando 40 o 50 años después la tendencia a cierta reforma de la estructura que pasó en europa pero qué no fue ya visto a largo plazo un cambio real, solo se "aceptaron" nuevos conceptos (correctamente) pero no se tocaron en realidad las estructuras no se re formularon. Solo se bacharon con la aceptación de ciertas ideas correctas.

    Por otro lado el pais entero no está de acuerdo ni en que quiere. Si se hiciera la pregunta ¿Qué es moral? ¿Qué es ética? ¿Qué son valores? lo más probable es que las respuestas serían heterogeneas y causa de más conflicto. La inclusión de nuevos valores e ideas debe ser sobre la base de otro tipo de sociedad. Lo demás es caer de la sartén al fuego.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Víctor lopez /

    07/11/2018 10:17 AM

    Una cosa es , el saqueo que han hecho los políticos , la explotación de los grandes monopolistas... PERO OTRA COSA ES MEZCLAR LOS QUE NO ACEPTAMOS ESA ESA AGENDA SODOMITA , obviamente al tonto, y a los pro-sodomitas ... Los convence. Por más que quieran enredar, confundir, engañar, mentir, manipular NO LO VAN A LOGRAR... HABEMOS GENTE( EXAGERADEMENTE MUCHA) Que no permitiremos que el país se sodomice . En cuanto a los políticos mañosos , monopolistas , y lideres religiosos que se han enriquecido CON LA IGNORANCIA DEL PUEBLO LO TIENEN QUE PAGAR... Y si dentro de ese grupo hay gays ( seguro que los hay) QUE PAGUEN TODAS SUS FECHORÍAS ... una vez más su argumento se derrumba sólo...

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Elke Greiser /

      07/11/2018 4:35 PM

      Estimado Víctor López:
      Por personas odiosas como usted Guatemala está como está. La mayoría ignorante sin deseo a conocer más. Alguna vez se ha preguntado porqué la homosexualidad sigue aunque no puede reproducirse? Hay un estudio nuevo que publicó el
      "Journal of Sexual Medicine" llamado "Why are there Gay Men". Tal vez este estudio le ilumine un poquito y seguramente le sorprenderá mucho. Únicamente espero que su odio hacia personas de diferente gender le dio tiempo para aprender otro idioma en este caso "inglés" o que alguien más se le traduzca al español.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Víctor López /

        07/11/2018 5:04 PM

        Se equivoca amigo, guatemala no está como esta por mi , es por los factores que ya escribí, acéptelo , soy más listo que usted..,

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

    Carlos E. Calderón /

    07/11/2018 8:56 AM

    Excelente columna de opinión. En menos de 1000 palabras realiza una muy acertada descripción de la realidad de nuestro país.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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