Las Guatemalas que buscan su lugar, ¿con cuál nos quedamos?

Guatemala presenta varias realidades: Un grupo minoritario de la población vive en un país próspero porque tiene en sus manos el poder económico y político.

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Esta es una opinión

En esta Guatemala se presentan los hechos más crueles de violencia. Grupo de mujeres que participa en la inhumación de víctimas del conflicto armado, Santa Avelina, San Juan Cotzal, Quiché.

Foto: Carlos Sebastián

Los habitantes de esta Guatemala suelen insistir en la idea de la “guatemalidad” para hacer invisibles a quienes no son como ellos. Cuentan, porque históricamente han controlado al Estado, con todas las posibilidades de desarrollo, con todas las facilidades de inversión, con las puertas abiertas de la institucionalidad pública para plantear sus demandas y sus exigencias. Su estilo de vida y el uso de sus recursos se puede considerar, incluso, como una obscenidad, al comprobarse la situación de la otra parte de la población, la excluida, la que apenas tiene la esperanza de sobrevivir.

Esta otra Guatemala es la que está integrada por más del 60 por ciento de la población, la que tiene dentro de sí a las niñas y niños que sufren de desnutrición crónica (uno de cada dos en este país) y la que permitió que 56 niñas murieran o resultaran con heridas graves en todo el cuerpo por el incendio del Hogar Seguro. Esta Guatemala comprende a quienes no tienen acceso a los servicios básicos de salud y cuyas posibilidades de desarrollo y superación están delimitadas por la condición socioeconómica en la que tuvieron la mala suerte de nacer.

Es, también, la Guatemala rural pero que no tiene acceso a la tierra o que debe enfrentarse a una serie de obstáculos para mejorar su producción. Es la Guatemala criminalizada porque se resiste a un modelo de desarrollo que no se acopla a las necesidades de las comunidades y que pone en peligro su territorio, sus recursos naturales, sus medios de subsistencia y la sostenibilidad del medio ambiente.

Esta Guatemala es, en su mayoría, indígena. Lleva el rostro de los pueblos que han sido excluidos y obligados, a través de múltiples formas de violencia, a someterse a un Estado que los desprecia o los ignora, pero que se vale de ellos para garantizar la opulencia de la minoría para la cual sí funciona. Por ejemplo, las mujeres de esta Guatemala, como consecuencia del poco acceso a los servicios públicos, presentan los más altos índices de analfabetismo: El 43 por ciento de las mujeres indígenas no sabe leer ni escribir.

Los habitantes de este país cargan en sus hombros todo el peso del racismo. Sobre sus cuerpos y prácticas culturales se construyó una serie de estereotipos que han permitido instalar un discurso hegemónico que los identifica como la causa del subdesarrollo y que les impide acceder a los puestos de poder. Es la Guatemala que debió recular durante la última discusión sobre las reformas constitucionales porque le achacaron a ella la inviabilidad de la propuesta porque se incluyó el reconocimiento del pluralismo jurídico.

En la historia de esta Guatemala se presentan, además, los hechos más crueles de violencia y de violaciones a los derechos humanos. Es un país que conoce las consecuencias de la impunidad porque, a pesar de haber sido víctima de masacres a comunidades enteras, violaciones de mujeres, desapariciones y actos de genocidio, el sistema de justicia les ha negado la verdad y la posibilidad de sanar las heridas. La anulación de la sentencia condenatoria por parte de la Corte de Constitucionalidad contra Efraín Ríos Montt por el delito de genocidio contra el pueblo ixil es un ejemplo de esta realidad.

Hay varias Guatemalas y el contraste entre ellas no es sutil. En este pequeñísimo territorio no es necesario tener un buen ojo para identificar las desigualdades, la injusticia, las agresiones. Las fracturas de esta sociedad saltan a la vista y no son por motivos ideológicos, como dicen quienes intentan garantizar que todo siga tal como ha sido, tal como está. Este es un país fragmentado por causas estructurales, por los mecanismos de la distribución de la riqueza y por el acceso a los puestos de poder público.

Esta realidad evidente la denunció el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, al finalizar su más reciente visita al país. Es la situación de un país que también ha sido señala de manera reiterada por las organizaciones sociales, por los movimientos que pretenden una transformación del Estado, por las poblaciones excluidas.

Para el Alto Comisionado, Guatemala se encuentra en una encrucijada y debe decidir si avanza o no hacia un Estado democrático o permanece “con un antiguo sistema injusto donde unas pocas personas se benefician a costa de la mayoría”. El funcionario de la ONU agrega que estamos ante el peligro de retroceder lo que hemos avanzado luego de las movilizaciones ciudadanas de 2015. La lucha, los argumentos, los protagonistas de quienes nos quieren en el pasado son evidentes. ¿Hacia dónde nos movemos entonces?

Ricardo Marroquín
/

Soy periodista, comunicador social, catedrático universitario, con una maestría en Estudios Estratégicos y en proceso de elaboración de la tesis de Sociología. Soy, además de fanático de los rompecabezas de mapas antiguos, cinéfilo y lector permanente de literatura, historia, periodismo y teoría social.


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    Cesar A. /

    15/12/2017 11:49 PM

    1. No hubo genocidio.
    2. ¿Qué hace usted para señalar o exigir a los demás que repartan lo que poseen? El hecho real es que hay muchos guatemaltecos que con esfuerzo, palabra que a los se su pensamiento no les gusta, han salido adelante y viven bien, no implica que se lo han quitado a otro.
    3. ¿Pluralismo jurídico? No es posible que existan leyes diferentes para cada ciudadano , obviamente a los vividores del sistema les agrada eso para usarlo a su beneficio.

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

      ernesto garay /

      18/12/2017 11:58 AM

      claro que hubo so bestia

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

      ernesto garay /

      18/12/2017 11:57 AM

      claro que hubo genocidio ignorante esos cualquier persona lo sabe

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

      Ilva Alvarado /

      17/12/2017 12:09 AM

      1. Ese cliché esta fuera de discusión, señor Cesar; si hubo o no genocidio, depende más de la definición que quiera usar para la palabra. Para algunos autores sí, para otros no; vamos al hecho de la innegable represión violenta oficial.
      2. Nadie ha mencionado repartir lo que posee. Su pensamiento es el que al relacionar las palabras "indígena", " genocidio" y "Estado" , se pone como loco y lo ubica a usted en la reforma agraria , en que Guatemala será comunista, que estamos en guerra. No, amigo. Ciertamente el esfuerzo de algunos, en un par de décadas rinde frutos. Y hay que aplaudirlo y reconocerlo. Pero la exclusión, la discriminación, indiferencia y la legitimación de las mismas en contra de los pueblos indígenas, no llevan décadas; son generaciones enteras de lo mismo. Ciertamente quien triunfa en dos décadas, normalmente no le quita a otros, pero es la sociedad dominante en la comunidad guatemalteca la que sí lo ha hecho durante tanto tiempo. ¿ O no hubo en algún momento leyes que permitían el trabajo forzado por parte de indígenas? Ciertamente fue hace tiempo, pero el racismo continua, la indiferencia, la exclusión, continua. Y todo esto no ha cambiado, y es a lo que se refiere el autor. Digame, señor César: ¿por qué cree usted que varias comunidades indígenas viven en ubicaciones remotas, áridas y lejos de los servicios mas básicos? ¿Será que por molestar, por rebeldía o ignorancia?
      3. Claro que es posible. Y eso lo reconocerá usted. Lo jurídico, es todo aquello que es relativo, perteneciente o derivado del Derecho. Lo reto, señor Cesar, a definir qué es Derecho, qué es una ley. Demuestre que si el autor de este articulo (y a su parecer, ninguno de los y las autoras de este medio) no es quién para comentar acerca de estos temas, usted sí. Luego de sus definiciones, veremos si vale la pena o no continuar con la discusión.

      Saludos, señor César.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!



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