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Lecciones para bailarle a la vida

La vida es esa secuencia de sucesos que se presentan cotidianamente con distinta intensidad, y que nosotros calificamos como buenos o malos, de acuerdo con la manera en que nos han enseñado a interpretar tales acontecimientos.

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Esta es una opinión

Don Lobo Vásquez

Desde pequeños se nos forma para que descansemos en factores externos las causas de nuestra felicidad: en una pareja, en los hijos, en un trabajo, en una carrera, en un negocio. Se nos insta a perseguir nuestros sueños alcanzando todas o la mayoría de estas cosas, pues es la “única” forma que existe para alcanzar la plenitud y vivir una vida en paz, alegría y realización.

Salimos entonces al mundo. Crecemos y vamos obteniendo una a una las metas impuestas la mayoría de las veces por nuestro entorno, nuestra familia y la iglesia. Y cuando las vamos alcanzando nos sentimos satisfechos, pues es lo que se “espera” de nosotros.

Todo bien ahí, hasta que la vida misma, que es un cambio constante, decide modificar nuestro rumbo y nos altera por completo esa “felicidad” que creemos tener y que tanto nos ha costado alcanzar.

¿Qué pasa? Que esa pareja con la que nos veíamos juntos toda la vida se va; que esos hijos a los cuales les apostamos para que con su venida mejorara nuestro matrimonio, no rescatan nada sino al contrario, han vuelto más complejo el entorno familiar; que el trabajo anhelado es un infierno y, aunque soñé tanto con llegar a esa posición, en el fondo me sigo sintiendo desdichado; que mi carrera universitaria no me satisface pues sé que la estoy estudiando para complacer más a mis padres que a mí mismo; que mi negocio que empezó pujante se está cayendo a pedazos.

Entonces nos hundimos en el sufrimiento, asumiendo que buena parte de nuestra felicidad se nos ha ido de las manos. Nos enredamos en lamentaciones, críticas y victimizaciones por lo que perdimos, porque las cosas no sucedieron como se suponía debían transcurrir.

Y nos peleamos con Dios o con la vida, le reprochamos; nos negamos a aceptar la realidad y la enfrentamos con ahínco. Y señalamos como responsable de esta tragedia al otro, a la economía, a la esposa, al jefe, a la pandemia, al Estado… a cualquier persona o factor involucrado en nuestra historia; sin darnos cuenta de que el origen de nuestra desdicha muchas veces descansa ahí, cómodamente, adentro de nosotros mismos.

Es imposible querer que una persona sienta, piense y crea como uno quisiera; es imposible que los hechos con los que nos enganchamos y nos provocan dolor se den de forma diferente a como se dieron; es imposible regresar al pasado y hacer que las cosas sean distintas, tan imposible como desdoblar una campana.

En todo caso, lo que sí podemos cambiar son nuestros pensamientos y creencias respecto a todo: de la vida, el trabajo, la familia, las relaciones de pareja y la felicidad; respecto de Dios mismo.

Al respecto, vaya lección que nos ha dejado no solo esa genial pareja de bailarines compuesta por el “Lobo” Fabio Rodolfo Vásquez y María Magalí Moreno, sino también los creadores de la página CoviDance 2020 y las decenas de simpáticos concursantes que, con su talento, autenticidad y humildad, nos han propinado un tortazo a quienes a veces nos sentimos en otro nivel intelectual o de clase, pero que somos los primeros en no saber qué hacer con esas cosas difíciles que nos pasan.

Bien sabido es que las clases populares y trabajadoras son las que este sistema rabioso explota a su antojo; las que menos consideraciones reciben por parte del Estado y las que normalmente salen adelante a costa de gran esfuerzo, pocos estudios y mucha fe.

Y en esta pandemia nuevamente ha sido este sector social el más afectado, el más expuesto a ser contagiado, el que tiene qué ver cómo se las arregla para llegar a sus trabajos sin transporte público circulando; el que tiene que salir a la calle a vender sus productos para tener la posibilidad de proveer algún alimento a sus familias.

Así, en silencio, mientras otras clases sociales se ahogaban de la desesperación por no poder salir del “aparta” rumbo al puerto en esta tragedia personal y colectiva que representa el COVID-19, los más sencillos encontraron la manera de inyectarse ánimo, ser resilientes y plantarles la mejor cara a sus dramas personales.

El Lobo Vásquez y María Magalí perdieron a su hija por una complicación renal hace pocos meses. Es obvio que esto no es un capítulo fácil de superar. Sin embargo, decidieron no engancharse con ese sufrimiento, porque la vida se trata justamente de eso, de qué hacer con eso que nos pasa: si decidimos mantener viva la desgracia o si la convertimos en un aprendizaje que nos lleve a reencontrarnos con nosotros mismos, sanar y continuar.

Al final tenemos dos caminos. Cuando se presentan situaciones que parecen insostenibles podemos buscar refugiarnos en el alcohol, las drogas, el fanatismo religioso, otra pareja o cualquier otra salida que consideremos nos haga sentir mejor. Pero al final solo es un engaño más, porque no se está poniendo orden adentro, sino se busca un escape externo para no cambiar las creencias que nos esclavizan. Puede que con el tiempo uno se sienta mejor, pero tarde o temprano la vida nos volverá a poner en una situación similar o más difícil, hasta que finalmente no nos quede otra que abrirnos y replantear nuestros propios conceptos de felicidad.

 

Ileana Pineda, la mujer que hace posible el COVIDANCE

O bien, podemos hacer como el Lobo, María Magalí y los participantes en el CoviDance 2020: bailarle a la vida, sacarle provecho a la experiencia dolorosa que se atraviesa y volverla en algo que juegue a nuestro favor.

En redes sociales algunas personas se esfuerzan muchísimo por llamar la atención con banalidades, tonterías e insoportables histrionismos. Y resulta que los más sencillos, siendo auténticos y sin siquiera pretenderlo, lograron que los volteáramos a ver en Guatemala y fuera de nuestras fronteras, dejándonos además tremenda lección de vida. Gracias a ustedes, por tanto.

Fernando Barillas
/

Desobediente. Ex vocero de gobierno. De aquéllos a los que les decían Los Peludos. Consultor de comunicación e integrante de Antigua Al Rescate. Ha aprendido a tener paz antes que tener razón. En este espacio se representa a sí mismo, a sus perros y gatos —quizás—.


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    Bernardo Cifuentes Osorio /

    13/09/2020 7:49 AM

    K es muy interesante k los articulos periodisticos, profundicen en temas de interes personal y de los problemas de la Nación. Sigan adelante. Felicitaciones

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Roman /

    26/08/2020 11:27 PM

    Este caballero me encantaría poder encontrarlo en el facebook pues se me ace paresido a una persona que está desaparecida y queremos encontrar tiene 100% de paresido

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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