Los jóvenes son nuestro presente desperdiciado

Cada septiembre las calles se llenan de desfiles y redoblantes.  Yo los veo y solamente puedo pensar en jóvenes en riesgo de sufrir deshidratación, niños y niñas en riesgo a extraviarse y padres o madres preocupadas en pagar el atuendo que tuvieron que comprar para el desfile de este año sin tener opción a decir que no.   

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Esta es una opinión

Patinadores que participan con El Empuje, movimiento skateboarding en Guatemala

Foto: Carlos Sebastián, 2016.

Cada septiembre, las carreteras se llenan de jóvenes corriendo detrás de una antorcha; en ese caso hasta me llego a contagiar de  esa energía, empuje y motivación que los une en una meta en común, pero, a la larga, ¿qué se gana con este tipo de actividades?  Me parece que es más el riesgo que corren al estar expuestos en las calles que el beneficio que se obtiene realmente.

Guatemala es un país lleno de juventud, pero todo ese potencial, al estar mal encausado, se desperdicia muchas veces. Veo a los jóvenes marchar bajo el ardiente sol y sigo pensando: Como sociedad, como país, ¿qué beneficio nos trae eso? En el mes de actividades patrias, ¿no sería mejor encauzar a los jóvenes a participar en proyectos científicos o de desarrollo social?

Al pensar en todo el tiempo que a estos jóvenes se les obliga a ensayar para el esperado desfile, lo único que me viene a la mente es en la cantidad de audio libros que podrían haberse grabado para personas no videntes o en la cantidad de actividades recreativas que estos jóvenes podrían hacer para alegrar los días grises y rutinarios de los ancianos dentro de un asilo.

Considero que hay muchas cosas que no tienen sentido y que se hacen por inercia, sin analizar su costo-beneficio y así darnos cuenta que no valen la pena.

Tal vez soy muy soñadora, pero creo que nuestra generación tiene, ahora más que nunca, el potencial de cambiar muchas cosas; por supuesto, se requiere de claridad y factibilidad de propuestas, persistencia y mucha, mucha voluntad por parte de los tomadores de decisión a nivel político.

Tal vez soy muy optimista, pero sueño con el día en que estos miles de jóvenes en vez de salir a marchar, salgan a investigar, a aprender sobre ciencia u otras áreas que les de la oportunidad de mostrarse como lo que son: seres pensantes.  Anhelo el día en que la paz sea una realidad y no solo una firma, sueño con el día en que los jóvenes no tengan que dejar su país a causa del desempleo. Sueño con el día en que a pesar de nuestras diferencias individuales, nos unamos como sociedad para resolver los problemas que nos conciernen a todos porque como dirían por ahí mi Guate soy yo, mi Guate sos vos, mi Guate somos todos.

Angelina González A.
/

Indignada que aún conserva su optimismo. Adepta del yoga y del tango. Irreverente, de mente abierta, de espíritu libre y amante de la soledad. Disfruta apreciar una puesta de sol, la luna y las estrellas. Poeta, cuando la poesía decide visitarla.


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COMENTARIOS

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    Oscar González /

    14/09/2017 3:50 PM

    Usted no es ni muy optimista ni muy soñadora, lo que es una pesimista, del tipo del que hay muchos y que no suman, solo restan. Los jovenes son el futuro, usted lo ve como un presente desperdiciado, yo lo veo como un futuro hermoso y prometedor, dueño de habilidades y metas tan diferentes a las nuestras. Aunque su pesimismo no le permita verlo, muchos chicos corren y marchan con el pecho hinchado de orgullo y es mil veces mejor verlos ensalsando su bandera que en otras actividades cuestionables. No refleje sus limitaciones con nuestra enorme muchachada y por favor ya no escriba....ya el cupo de pesimistas se llenó hace mucho.....

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Ricardo /

      24/09/2017 5:32 PM

      Yo fui estudiante y, aunque ha llovido mucho desde la última vez que desfilé y que corrí detrás de una antorcha, no me engaño pensando que son las actividades saludables de idílico patriotismo que usted pretende pintar en su comentario.

      Los estudiantes, cuando ensayan para el desfile, lo hacen perdiendo horas lectivas, así que si aprender matemáticas, ciencias, historia o lengua son las actividades cuestionables a las que se refiere, debería de revaluar sus prioridades.

      La mayoría de estudiantes preferiría no ir a desfilar, ni correr con la antorcha, y solamente lo hacen porque los centros educativos compran su participación ofreciéndoles puntos en asignaturas que en muchos casos no tienen nada que ver con dichas actividades. Normalizando de esa manera el chantaje y la manipulación.

      Por si eso fuera poco, ni nuestro país, ni la mayoría de centros educativos están preparados para que correr con la antorcha sea una actividad segura para los estudiantes.

      Nuestra educación vial es pésima y el clima lluvioso de septiembre hace las carreteras incluso más inseguras. Yo personalmente estuve a menos de un metro de ser golpeado por un vehículo que hizo trompo frente a mi grupo de corredores, y al año siguiente, (en el que comprensiblemente me abstuve de participar), una compañera casi pierde una mano en un incidente de tráfico durante la antorcha.

      Si de hacer ejercicio se trata, hay maneras y lugares mas seguros y saludables de hacerlo que las carreteras llenas de smog y baches de nuestro país. Esa sí que es una actividad cuestionable.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Indira /

      23/09/2017 6:46 PM

      Realista en vez de pesimista... hay que abrir un poco la mente y poner en una balanza que de beneficio tiene como enseñanza para la juventud ir a marchar o correr detrás de una antorcha, pudiendo haber miles de proyectos de carácter social que enseñana a que los jóvenes vean mas allá de sus narices y mas adelante pensar en ayudar a otros. Hay que abrir un poquito la mente y no quedarse en los pensamientos retrógrados.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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