Marco Antonio, ¿en dónde te dejaron los militares?

Un tribunal de sentencia condenó este día a cuatro militares por la desaparición de Marco Antonio Molina Theissen y la violación de su hermana Emma Guadalupe. Otro fue absuelto.

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Esta es una opinión

Emma Molina y sus hijas al conocer la sentencia en contra de cuatro militares. Esta fue unánime.

Foto: Carlos Sebastián

Cuatro mujeres lucharon durante 37 años por la justicia y hoy ganaron. Su persistencia y tenacidad quebraron el muro del silencio y la impunidad que se construyó en Guatemala para separar este presente que agobia del pasado violento. Emma Theissen y sus hijas Ana Lucrecia, María Eugenia y Emma Guadalupe Molina no descansaron hasta dar con los responsables de la desaparición del más pequeño de su familia, Marco Antonio. El cuerpo del niño, que tenía 14 años cuando lo secuestraron, permanece escondido, pero la verdad sobre lo que sucedió ya se encuentra a la luz.

Por unanimidad, el Tribunal de Sentencia de Mayor Riesgo “C” que conoció el caso dictó sentencia condenatoria esta mañana, y con ella estableció la verdad histórica sobre la desaparición forzada del adolescente y la violencia sexual infringida contra Emma Guadalupe. Los militares Benedicto Lucas García, Manuel Antonio Callejas y Hugo Ramiro Zaldaña Rojas fueron responsabilizados del delito de desaparición forzada y, junto con Luis Gordillo, de deberes contra la humanidad y violación. Por eso deberán cumplir condenas que van entre los 58 y 33 años. Sólo Edeliberto Letona Linares fue absuelto.

Marco Antonio Molina Theissen estaba por cumplir 15 años cuando fue secuestrado y desaparecido por integrantes del ejército, quienes entonces se encontraban en el poder. Era 1981, uno de los años más atroces del conflicto armado interno. El gobierno militar de Romeo Lucas García implementó una política de represión y violencia en contra de cualquier manifestación y actividad opositora al sistema o vinculada con los movimientos guerrilleros.

Para cuando se llevaron a Marco Antonio, el gobierno ya había asesinado al líder estudiantil y dirigente de la AEU, Oliverio Castañeda de León. Lo mismo había hecho con el exalcalde de la Ciudad de Guatemala, Manuel Colom Argueta, y con el intelectual y político socialdemócrata Alberto Fuentes Mohr. En enero de 1980 más de 30 personas murieron calcinadas en la Embajada de España, en un incendio provocado por las fuerzas de seguridad del Estado. Además, las escritoras Irma Flaquer y Alaíde Foppa se encontraban desaparecidas por el Estado.

Marco Antonio no era un dirigente social ni sindicalista, no pertenecía a ningún movimiento guerrillero y no representaba ningún peligro para nadie. Era un muchacho de 14 años que apenas empezaba a conocer la vida, a construir los sueños sobre su futuro, apenas había vivido. Pero se lo llevaron para siempre, bajo la lógica que dominaba al ejército entonces y que reconocía a los civiles como enemigos internos, sin importar la edad.

El Tribunal dio por cierto que los militares se ensañaron con Marco Antonio para provocarle dolor a su familia. Lo hicieron de manera consciente, pudieron haber actuado bajo el respeto a los derechos humanos, pero tomaron el peor camino. Lo secuestraron y desaparecieron porque querían vengarse de Emma que escapó del destacamento militar donde estuvo detenida ilegalmente, durante nueve días sin comida ni agua. La integrante del Partido Guatemalteco del Trabajo fue víctima de tortura y violencia sexual.

Los militares echaron mano de la irracionalidad de la violencia y golpearon a una familia guatemalteca como escarnio para todas las demás. El mensaje de la represión, cruel y claro, advertía sobre la posibilidad de ser torturado, asesinado o desaparecido por pensar distinto.

El dolor que causa la violencia pretende imponer el silencio y la impunidad. Por ello, el sistema de justicia de nuestro país tardó demasiado en atender a la familia Molina Theissen, que empezó por buscar a Marco Antonio desde el día de su secuestro. Luego exigió justicia, pero esta tardó en llegar 37 años.

 

Ficha del Archivo Histórico de la Policía Nacional. Foto: Daniel Villatoro. 

El dolor no desaparece. nunca. Sin embargo, la justicia repara, reconforta y devuelve la dignidad a las víctimas. Es a través del reconocimiento de la verdad que se estableció quiénes son los responsables de este crimen atroz.

La culpable de la desaparición de Marco Antonio no fue su hermana Emma –ella le apostó a la vida, por eso huyó de los torturadores–, sino estos cuatro hombres que, desde el Estado, actuaron de manera ilegal. No importa que la edad y la naturaleza humana les impida cumplir todos los años de prisión que contempla su condena. Sobra y basta que durante los últimos meses se hayan enfrentado a la verdad expuesta por testigos, pruebas documentales y peritos que les describieron y explicaron los crímenes que cometieron.

Las hermanas y la mamá de Marco Antonio declararon sobre su experiencia en este camino para encontrar la verdad y la justicia. Hablaron sobre la importancia de reconocer nuestro pasado como sociedad para no repetir los mismos crímenes, para que ningún niño sea secuestrado y ninguna mujer torturada y violada.

Las palabras de Emma son nuestra palabras: “No me mataron, pero destruyeron profundamente mi vida, fueron muchos años llenos de terror. He vivido aplastada por la culpa y llena de asco (…) Quiero decirles a los señores acusados que les devuelvo la vergüenza. No puedo deshacerme del terror y del asco, los dejo con su odio, porque se necesita mucho para hacer lo que hicieron. Merecemos justicia. Ojalá que tengan un poco de honor y nos digan dónde está Marco Antonio”.

Existe una condena contra cuatro militares. Sin embargo, todavía hace falta encontrar a Marco Antonio. ¿En dónde lo dejaron?

Ricardo Marroquín
/

Soy periodista, comunicador social, catedrático universitario, con una maestría en Estudios Estratégicos y en proceso de elaboración de la tesis de Sociología. Soy, además de fanático de los rompecabezas de mapas antiguos, cinéfilo y lector permanente de literatura, historia, periodismo y teoría social.


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    A. Gonzalez /

    24/05/2018 6:48 PM

    Cualquier persona en su lugar estaría exigiendo todo el peso de la ley sobre los culpables y trataría por todos los medios de obtener el cuerpo de su hijo, incluso aquellos quienes han tratado de demonizar la lucha de esta familia (y las miles de familias que aún están en busca de sus seres amados) y que etiquetan de "héroes de guerra" a los autores de estos crímenes tan despiadados y miserables.

    La justicia y la verdad histórica prevalecieron.

    Gracias por este bello artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Vinicio Cabrera /

    24/05/2018 3:11 PM

    Como estas aún hay muchas heridas cicatrizadas pero sensibles a ser expuestas nuevamente, miles de vidas se fueron solo por pensar diferente y atreverse a cuestionar el status quo de esa época. Por mucho una barbarie, nadie tiene derecho de cegar la vida o utilizar el poder para restar criterios. Mis respetos para la familia Theissen, ojalá y se determine que final tuvo Marco Antonio.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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