Psicología: Los cuentos infantiles no son tan infantiles, Blanca Nieves

Una mirada a nuestra relación con la comida y el peso. Los cuentos infantiles también se enfrascan en ella. La mujer es bella y delgada.

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Esta es una opinión

Diseño: Diego Orellana

 

Esta es la primera entrega de la serie “Sororidad a través de los cuentos de hadas”, pero antes quiero compartir con ustedes algunos apuntes.

Crecí entre enciclopedias, libros de psiquiatría, literatura clásica, novelas de Corín Tellado y cuentos de hadas. Cuentos de hadas con bellas ilustraciones (pocas) y en sus versiones originales. Estoy segura que esto no sólo gestó mi afición a la lectura, sino fomentó un particular respeto por la forma (no solo el contenido) de lo que se dice, según a quien esté dirigido.

Decir que los leí en sus versiones originales no es poca cosa, en ellos la Sirenita se convierte en espuma tras ser despreciada por el príncipe, a la “Niña de los zapatos rojos” le cortan los pies para que dejaran de bailar, y la “Bella durmiente” fue violada.

Siendo psicóloga, me tocó releer los cuentos de hadas a la luz de su función en la infancia. Que estas historias dirigidas a niños y niñas permanezcan a través de los años es particularmente relevante, y si bien es necesario que existan nuevos relatos con nuevos finales; hay algo de los clásicos que es importante retener tomando en cuenta simbolismos que ejemplifican algunas dinámicas humanas inconscientes. Algo de estos cuentos, algo dicen. Por ejemplo, 50 sombras de Grey, es una versión explícita (ya no simbólica) sexualizada de la Cenicienta.

Leé también: 50 tonos entre sexo, fantasía e intimidad

Bruno Bettelheim, en su texto “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, dice acerca de este género literario: “El niño sabe que el cuento de hadas no es real, pero no significa que sea falso”. Así, me propongo a iniciar una serie de artículos con algunas de las reflexiones que considero vigentes para cuestionar e ilustrar fenómenos de la experiencia humana.

Sólo que esta vez, no será a la luz de cómo encuentra el amor la protagonista a través del beso, sino con el anhelo de generar sororidad, es decir, empatía y vínculo con las otras.

Habiendo dicho lo anterior: “Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento”. Rubén Darío.

Blanca Nieves y los siete enanos

En las versiones de Disney de estos clásicos, las protagonistas están por cumplir 16 años (los 15 años en nuestra cultura); como todo lo que los cuentos presentan y Disney mercadea, esto no es casualidad. Los cuentos de hadas son relatos acerca del paso de niña a mujer.

Todas las historias tienen alguna representación de un “elemento rojo” (el pelo de la Sirenita, la manzana de Blanca Nieves, la caperuza de la Caperucita, la rosa en la Bella y la Bestia). Este es el representante de la menarca (primera menstruación) que enmarca estos relatos en las relaciones más profundas de nosotras con nuestro cuerpo, y el advenimiento a la madurez netamente biológica, reconocida desde el simbolismo propuesto por los cuentos como un proceso sangriento y amenazante que irrumpe como novedoso y transformador.

Además, las protagonistas son huérfanas, criadas por una mujer envidiosa que no soporta verlas crecer. ¿Cuántas de nosotras no llamamos “brujas” a nuestras madres a esa edad?

El cuento de Blanca Nieves tiene especial relevancia para ilustrar algo de la relación madre e hija, comida/espejo/cuerpo.

Al inicio del relato, vemos a una mujer vanidosa que, sin despeinarse, se contempla maravillada en un espejo que le confirma su belleza. Durante años la “malvada bruja” recibe una respuesta que sostiene su imagen:

–“¿Quién es la mujer más bella de este reino?”
–“Eres tú, mi señora”.

La respuesta cambia cuando es la niña de los labios rojos como la sangre, quien ahora se convierte en mujer: Blanca Nieves. Así se desata la ira de la reina, esta mujer que frente a su propia imagen resquebrajada busca eliminar a la doncella. La joven huye para ser auxiliada por animales fuera del hogar. La orden, como en tantos otros relatos de la humanidad –Moisés, Edipo, etcétera–, es que la maten.

La bruja decide tomar venganza con su mano: lejos de buscar rivalizar y ser una amenaza para la princesa, se deforma en su versión avejentada e inútil. Aparece anciana (encarnando su propio temor) y ofrece una manzana envenenada.

Mucho podríamos reflexionar acerca de los múltiples simbolismos del cuento: las propuestas para que crezca, asumir una actitud exploratoria lejos de casa o enfrentar contactos sociales más allá del reino. También la propuesta de la salida tradicional: limpiar la casa de los siete enanos que, por cierto, representan los defectos humanos: el enojo, la haraganería, la estupidez, etcétera.

Pero nos centraremos en la manzana, y para esto tendremos presente la consolidación de tantos trastornos alimenticios alrededor de la pubertad y adolescencia que aparecen pandémicos en la actualidad. También tomaremos en cuenta que ahora el espejo aparece en versión virtual, miles de imágenes de Instagram que buscan reafirmar esta pregunta: ¿quién es la más bella?

Tendremos en cuenta las propuestas de los ideales del cuerpo, acompañados de las siguientes preguntas: ¿qué predomina en las revistas de hombres? Mujeres. ¿Y en las revistas de mujeres? Mujeres también. Estos espejos que aparecen viralizados nos envían imágenes de cómo nos tendríamos que ver. Al no recibir esa respuesta en las imágenes de las redes sociales: ¿cuántas veces recurrimos al ataque envidioso y ensañado hacia nuestro propio cuerpo?

La manzana, simbólica desde Adán y Eva, representa para BlancaNieves la envidia y la saña que oralmente se trasmiten en estos vínculos tóxicos. Deseable e irresistible, pero que está allí para aniquilar su vitalidad. ¡Cuánta distorsión de lo nutricio!

Para quienes han lidiado con cuestiones de peso, la comida toma un carácter de veneno. Muchos de los relatos encontrados en las personas que padecen trastornos alimenticios confirman esta sensación de ser envenenadas por la comida, ya que les roba la posibilidad de acceder a un ideal de belleza que prime por sobre los demás.

Estos ideales los debemos transformar. Lo podremos lograr a través de mejorar los vínculos con otras mujeres, que nos propongan gestos nutricios y nosotros a ellas. Así, podremos anhelar una vida plena, en comunión entre unas a otras, ya no siendo la salida de “casarse y vivir felices para siempre”, una única y solitaria opción.

Una última nota, a diferencia de la cultura del espejo vanidoso, en los cuentos infantiles japoneses, encontré otro tipo de espejo (un espejo ya no de belleza física, sino de pertenencia, autoestima e identidad). Uno presenta a una madre quien en su lecho de muerte, le dice a su pequeña hija (angustiada por su partida), que en una cajita encontrará todo lo que necesite para estar bien cuando ella muera. Años después, la hija ya en su adolescencia, la abre. En ella, hay un espejo, en su reflejo encuentra que no sólo se parece a su madre sino que es ella “todo lo que necesita para estar bien”.

Colorín, colorado, este cuento no se ha acabado. Me meto en hoyito para hablar de la Caperucita Roja ( y su deseo sexual) en una próxima nota.

Claudia Castro Ruiz
/

Orgullosa guatemalteca. Dice mi mamá que soy heredera de hadas y amazonas, y que soy psicóloga porque no he querido ser psíquica. Me fascina la mente humana. Del mundo y su magia, lo que más me interesa es presentárselo amablemente a mi hija.


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COMENTARIOS

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    Arturo /

    03/07/2018 6:13 AM

    Excelente aporte quien pensaría que elementos como los cuales públicas en tu nota te llevan a otra realidad más crítica del mundo en el cual nos rodeados. Esto nos lleva a ser más observadores y críticos de todas las cosas que pasan en el mundo actual y aportar cosas buenas y productivas como tu nota. Bendición

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ligia Palencia /

    27/05/2018 7:02 AM

    Excelente Claudia como siempre, estaré esperando el próximo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ligia /

    26/05/2018 9:02 AM

    Me encantó, gracias. Necesitamos tanto más de esto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ana Cristina /

    26/05/2018 8:17 AM

    Genial! Y lo mejor es que van a haber más. Los espero.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos Sanchez /

    24/05/2018 7:42 AM

    Excelente

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lucia /

    22/05/2018 2:55 PM

    Buenísima interpretación!🤩 definitivamente da en qué pensar.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Sandra Luna /

    22/05/2018 5:51 AM

    Gracias por esta poética interpretación, quedo a la espera de la siguiente. Siempre con admiración.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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