A propósito de la alerta del ‘reactor nuclear’ de la zona 10: mitos y realidades

El desarrollo tecnológico nos hace competitivos y la información, nos da el control. Antes de hacer eco de teorías sin fundamento, debemos aprender a informarnos.

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Esta es una opinión

Foto: Wikipedia

Hace unas semanas circulaba por las redes sociales un comunicado en donde se manifestaba la preocupación de algunos vecinos de la zona diez capitalina ante la posibilidad de la instalación de un ciclotrón en tal lugar. Nunca hubo realmente motivo de alarma. Pero escuchar la palabra “radiación” puede producir mucho miedo en algunas personas.

El término “ciclotrón” es el nombre que se le da a un aparato cuyo propósito es acelerar partículas con carga eléctrica. En un inicio su propósito era puramente académico, se utilizaban para hacer experimentos de física nuclear. El principio es bastante simple: si queremos investigar las propiedades del núcleo atómico, tenemos que acercarnos tanto como sea posible. La única forma de hacerlo es lanzando pequeños proyectiles hacia el núcleo y viendo qué sucede. Mientras más energía tiene el proyectil, mayor es la probabilidad de que pueda partir el núcleo en pedazos. Se puede aprender mucho sobre el núcleo al estudiar los fragmentos que quedan después de la colisión.

Todavía hoy se utiliza el método de colisionar partículas y observar los escombros que se producen, esto se hace para estudiar la estructura de la materia a escalas increíblemente pequeñas. Justamente es lo que hace el famoso Large Hadron Collider (LHC), el cual podríamos decir que es una versión gigantesca de un ciclotrón.

 

El ciclotrón utiliza la combinación de campos eléctricos y magnéticos para acelerar partículas. En la figura, las partículas inician su camino en el centro, con cierta velocidad. Un campo magnético se encarga de desviar su trayectoria en media circunferencia. En el pequeño tramo de línea recta, un campo eléctrico empuja la partícula y entra de nuevo a otro campo magnético que vuelve a deflectar su trayectoria. El resultado es un camino en forma de espiral, cuyo diámetro aumenta con cada nuevo empujón de energía. De aquí vemos que mientras más grande sea el ciclotrón, mayor será la velocidad que ganan las partículas. Esta es la idea básica de por qué el LHC tiene 27 km de circunferencia: es el tamaño necesario para acelerar partículas al 99.999999% de la velocidad de la luz.

En un ciclotrón la energía que alcanzan las partículas no es tan grande. Es simplemente lo suficiente para cumplir uno de sus propósitos: la producción de radiofármacos.

 

Cyclotron du collège de France

En estos tiempos en que nos ha tocado vivir, tenemos a nuestra disposición una gran cantidad de tecnología. Un área en donde la física y la medicina han unido sus fuerzas es en imágenes de diagnóstico, lo cual empezó con uso de los rayos X, hace ya más de un siglo.

Una de las técnicas de diagnóstico es la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). En esta técnica el paciente ingiere o se le inyecta una sustancia radioactiva que se usa como trazador para estudiar procesos metabólicos. Con un detector de radiación y el análisis computacional apropiado es posible utilizar la radiación para crear imágenes tridimensionales de los órganos del paciente.

Dos cosas hay tener bien claras aquí. La primera es que las sustancias radiactivas tienen una media muy corta y en cuestión de horas toda su radiactividad desaparece. Y la segunda: estas sustancias se tienen que sintetizar en un laboratorio, pues no se encuentran presentes en la naturaleza. Para producirlas es necesario bombardear núcleos atómicos con partículas cargadas, ese proceso hace que los núcleos se vuelvan inestables y emitan radiación. ¿Qué se necesita para hacer el bombardeo? Sí, adivinaron, se necesita un ciclotrón.

Al final de cuentas, vemos que un ciclotrón no es una máquina que nos va a contaminar con radiación. En todo caso, es un aparato de alta tecnología que genera beneficios médicos.

Vivimos en la era de la información y la tecnología. Esto significa dos cosas. Una es que no podemos cerrarle las puertas al desarrollo tecnológico, pues al hacerlo perdemos competitividad económica. Estos tiempos ya no son aquellos en donde nuestros ingresos vienen solo de nuestros cultivos (aunque algunos quisieran que el país se quedara así por siempre). La segunda es que la información está al alcance de los dedos. No hay excusa para no informarnos antes de propagar miedo e histeria colectiva.

Enrique Pazos
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Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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    Elver /

    26/08/2018 11:59 PM

    Bonito copy paste

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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