Tomo mis pedazos rotos y los pego

Hay miles de historias cotidianas que servirían de ejemplo al hablar de resiliencia. En el ámbito forense, conocí los casos de personas que todos los días deben lidiar con las secuelas de una experiencia traumática. Esas, sin duda, quedarán en el anonimato. No destacarán si se toman en cuenta los altos índices de violencia actual.

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Esta es una opinión

Vida en el desierto.

Foto: Pixabay/Klimkin

Estas personas se han convertido en sobrevivientes que cargan esas secuelas sobre sus hombros, estas pesan, duelen y les roban su paz. Sin embargo, como me enseñó mi maestro Juan Jacobo, cada uno enfrenta las experiencias con sus propios recursos personales y la resiliencia, en estos casos, se convierte en el mejor aliado.

Me gusta describir la resiliencia como la capacidad de sobreponerse a las experiencias adversas y aunque, en muchos casos, el daño es irreversible, la persona no solo lucha por recuperar su estabilidad, sino además lo hace superando todos los pronósticos adversos; y es ahí donde pareciera que toma sus pedazos rotos y se vuelve a formar.

Recuerdo la historia de una chica, como muchas hoy en día, que sufrió violencia sexual por parte de su padre y de su hermano, que fue separada de su familia, que vive en un hogar de abrigo y protección, pero que aún conserva la esperanza de salir adelante, estudiar en la universidad y llegar a ser una ingeniera. Dentro de unos años, quisiera volver a conversar con ella, quisiera que me dijera que mi Alma Máter le dio la bienvenida, que logró su meta profesional y que haya formado o no una familia, está feliz con su decisión.

En otras ocasiones, cuando el agresor era parte del ambiente educativo o laboral, las personas han tenido que hacer un sobre esfuerzo por volver a integrarse, por volver a retomar su rutina, pero, sobre todo, por recuperar la confianza en los demás que es algo difícil de alcanzar.

Y no hablo solo de los casos de violencia sexual. Existen circunstancias adversas como una enfermedad, un accidente, un duelo, una situación injusta o cualquier otra circunstancia que nos hace sacar la casta, como decimos, y demostrarnos a nosotros mismos de qué estamos hechos. Muchos desconocemos lo valientes o fuertes que somos hasta que sucede algo que nos haga demostrarlo.

Cuando estoy en una situación adversa, me sirve el ejercicio mental de evocar las vivencias que he superado con éxito, y automáticamente mi auto confianza y mi fuerza interna se hacen presentes. Otras veces, pienso en las mujeres que han sido mi ejemplo y puedo decir, sin duda, que mi madre y mi hermana son ejemplos de resiliencia.

Tener una motivación también es vital pues se convierte en esa luz de esperanza que nos dice “aguantá, saldrás de esta”. Cada historia que conocí fue triste, en cada una había una cicatriz emocional invisible, pero en todas el denominador común fue la resiliencia y, por qué no decirlo, el amor propio que al final de todo es lo que nos hace querer seguir viviendo.

Angelina González A.
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Indignada que aún conserva su optimismo. Adepta del yoga y del tango. Irreverente, de mente abierta, de espíritu libre y amante de la soledad. Disfruta apreciar una puesta de sol, la luna y las estrellas. Poeta, cuando la poesía decide visitarla.


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