¿Y si la próxima Curie nace en Guatemala?

Hortensia tiene 27 años y trabaja como empleada doméstica en el interior del país. Ella quisiera seguir estudiando, pero hace unos años se reencontró con un antiguo novio del cual quedó embarazada y no volvió a ver. Además, en su familia se acostumbra que las mujeres estudien (si bien les va) hasta sexto primaria, así que para ella su sueño de estudiar seguirá siendo sólo un deseo. Esto es común en el país. Según UNICEF, una niña guatemalteca puede ser discriminada hasta cuatro veces: por ser niña, menor de edad, indígena y pobre.

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Esta es una opinión

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Aunque ella es noble, detallista y con iniciativa, en su lugar de trabajo todavía hay racismo y prejuicios. Cuando Hortensia cuenta alguna anécdota es juzgada cuando no está presente: “Así son siempre las muchachas, bien mentirosas”. En la casa donde trabaja, la familia esconde algunas de las cosas porque dicen que se lo va a robar, ella nunca lo ha hecho, pero como “así son las empleadas”, prefieren prevenir. Aunque a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, se ha discutido más sobre la discriminación y el racismo, los avances distan mucho de eliminar las prácticas y mentalidad enraizada en la sociedad guatemalteca.

Hace unos años a Hortensia le ofrecieron un mejor empleo en un supermercado, sin embargo, la familia con quien trabaja le pidió que no se fuera y debido a que pasaban una situación difícil, ella se quedó. En otras circunstancias, Hortensia estaría explotando sus cualidades de líder y pensando en un posgrado, pero en la realidad, corre el riesgo de que la despidan porque ya no le pueden pagar. A pesar de eso, o que le preocupa es que ya no va a poder ver a esas personas que considera su familia.

Carmen tiene 14 años. Desde que sus papás se separaron, cada uno se fue con su nueva pareja y ella no volvió a verlos. Ahora vive con sus abuelos y desde que terminó la primaria, le dijeron que no seguiría estudiando porque no les alcanzaba el dinero. A Carmen le gustaban las matemáticas, en otras condiciones ella podría ser una profesional exitosa, pero a su edad está resignada a que no volverá a estudiar. Once de las compañías de tecnología más grandes a nivel mundial reportan que las mujeres representan únicamente el 30 por ciento de su fuerza de trabajo. La poca representatividad de mujeres en ciencias exactas empieza a edades tempranas, en actividades escolares y otras actividades fundamentales en la vida de las niñas.

Carmen vive cerca de un volcán y aunque le gustaría ir, nunca lo ha hecho. Cuenta que sus hombres de la familia han ido y sus ojos se llenan de ilusión cuando comparte las historias que ha escuchado de la travesía. Ella tiene un primo de su edad, es de las pocas personas con las que se relaciona y está empezando a sentir interés por él. En otras circunstancias ella podría estar en secundaria, preparándose para una licenciatura en matemáticas, aprovechando su fin de semana para escalar un volcán y ver un paisaje que, aunque es hermoso, sigue siendo sólo una pequeña parte del inmenso mundo que podría recorrer. Ella cree que al llegar a la cima del volcán, puede ver\ el resto del mundo y su momento más ansiado del día es cuando puede quedarse a solas con su primo. Según una clasificación reciente de la ONU, Guatemala ocupa el puesto No. 31 a nivel mundial (y el No. 2 en Latinoamérica) con peor educación para las niñas. Esto, asociado a factores como que las niñas trabajan en la casa, cuidan a sus hermanos o contraen matrimonio cuando son adolescentes.

Hortensia y Carmen son personas reales, con bastante en común y sus historias son tan sólo dos de muchos casos similares en Guatemala. Probablemente todos tenemos muy cerca a una de ellas, pero nuestra rutina y cómo hemos normalizado la desigualdad no nos permite darnos cuenta que estamos a una conversación de poder conocer otra realidad. Prestando más atención a los demás y a nuestro alrededor podríamos darnos cuenta que podemos ayudar de alguna forma a que alguien pueda cumplir su sueño de subir el volcán, o encuentre un mejor trabajo.

Tal vez estamos a unos minutos de nuestro tiempo de poder conversar con ellas y no juzgarlas, de que Hortensia sepa que se valora su liderazgo y su buen corazón o que Carmen recupere la esperanza de volver a estudiar. Tal vez si prestamos más atención y damos un poco de lo mucho que tenemos, la vida de alguien puede cambiar.

Neil deGrasse dijo alguna vez que la desigualdad social podría causar que el próximo Einstein quizá esté muriendo de hambre en Etiopía. ¿Quién sabe? Puede que si dejamos la indiferencia de lado, estemos conociendo y ayudando a que la próxima mujer que cambie el rumbo de la historia con sus aportes a la ciencia, esté aquí en Guatemala. O si no queremos ser tan utópicos, ¿no creen que ya sería suficientemente genial ayudar a que una niña pueda tener una vida más digna?

 

Bárbara I. Escobar Anleu
/

Bióloga guatemalteca de sueños locos, que se rehúsa a despertar. Enamorada de la vida, la música, la cerveza, la naturaleza y el amor (no en orden de prioridad). Soy un bicho raro y se siente genial.


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    Rocio Suazo /

    27/11/2017 4:45 PM

    Justo en el trabajo hablamos de eso hoy. Como en Guatemala pese a las limitaciones muchas personas pueden salir adelante. Desgraciadamente somos un porcentaje mínimo de la Población que pudo tener acceso a educación ver otras cosas y querer interesarse por más !! Creo que es necesario implementar programas de desarrollo para niñas en estas comunidades y puedan conocer más aspectos de ellas mismas !!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alfa /

    27/11/2017 11:33 AM

    Me parece mus realidad triste, dura y avergonzante porque quierase todos en algún momento hemos sido partícipes de está realidad. Valiente la escritora de este artículo porque no teme hablar de este tema que todos o ignoran. Hablar de la verdad nos lleva al cambio.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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