Bajo el signo materno: Jazz, guerrilleras y las “Pussy Hats”

Uno de mis primeros recuerdos es la imagen de una mujer embarazada, cargando un rifle, marchando con un grupo de guerrilleros en San Andrés Itzapa Chimaltenango, el pueblo de mis papás. Probablemente he reconstruido el recuerdo alrededor de esa imagen pero se me viene a la mente correr hacia lo que pensé sería un espectáculo, como quien corre a ver una procesión de Semana Santa que avanza anormalmente apresurada por ser de los turnos con cargadores más bajos y menos fuertes.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Ilustración de Kendra Allenby.

Marcha 2017

Y yo secretamente deseando presenciar alguna de las escenas más crueles que pudiese ofrecer el Nuevo Testamento. De la mano de alguna mujer de mi familia- crecí rodeado de tías bajo el matriarcado de mi abuela – corríamos hacia la calle principal del pueblo que está flanqueada, como toda buena calle principal, por el parque, la iglesia, la municipalidad y el mercado.

Mis recuerdos suelen presentarse estáticos y granulados. Más que en narración, mi escritura se desgrana a partir de imágenes y tiende a ser informe, pesada y hermética. La ventaja de narrar desde la imagen es que es imposible cerrarse a una interpretación totalizante o incluso aspirar a ello sin tener que caer en la ambigüedad. La verdadera imagen evoca, pero nunca significa. Lo que escribo lo recuerdo como si lo hubiera visto, aunque nunca lo haya vivido.

Todas las imágenes que forman el corpus de mis recuerdos llevan el signo materno. Hay pocas pinturas que me inquietan más que Christina’s World the Wyeth y mi maldito machismo siempre me hizo asumir que es madre.  El fotógrafo Platon Antoniou es conocido por sus icónicos retratos de las personas más poderosas del mundo –seguro lo reconocen de sus portadas en Time Magazine– pero su trabajo más conmovedor es el de madres inmigrantes en su conocida colección titulada Immigration: Images from the Border and Beyond.  Mi sueño más recurrente es el de perras callejeras, embarazadas y con las tetas hinchadas, ahorcadas con la lengua de fuera, colgando de postes de luz. Dos son las referencias históricas para esto último, pero siempre he sentido la historia como lo hizo Walter Benjamin con su rastro de ruinas.

La joven embarazada y con rifle constituye la imagen inicial en mi recuerdo. Calculo que yo tenía cuatro años, por lo que debió suceder en el ’89. El que haya sido el mismo año en que cayó el Muro de Berlín le agrega cierto patetismo histórico. Sólo discuto mis convicciones políticas con quien puedo tomarme una cerveza y luego rompernos el hocico al respecto. Pero esta es la primera herida.

La mentada imagen determinó desde entonces el horizonte de mis expectativas políticas, mi sensibilidad existencial, pero igual que los terremotos fuertes realinean el paisaje y lo mantienen frágil. De forma más obvia desestabilizó la figura femenina y la idea de maternidad; la idea del rifle y quién es capaz de cargarlo –la mujer en cuestión usaba la barriga para recostar el gatillo. Sobre todo y esto sí en retrospectiva, me puso a una distancia generacional irreductible en cuanto a los movimientos políticos que yo consideraba más contundentes en nuestra pequeña región.

Hace poco, 18 años después, me encontré entre la multitud de la llamada Marcha de la Mujer, muy cerca del horrendo edificio de la ONU en Midtown Manhattan. Acompañaba a dos magníficas mujeres, mi querida Marcella y su madre Patricia, la misma semana en que moriría la abuela y líder de la dinastía Daly. Las tres son mujeres más neoyorkinas que estadounidenses, fuertes, inteligentes, Marcella maestra, Pat enfermera y Gloria columna vertebral de su familia. Las tres generaciones de italianas-neoyorkinas representan para mí esa progresiva y constante evolución hacia una liberación basada más en solidaridad activa que en individualismo competitivo.

Ese día se reunieron cientos de miles de personas en Nueva York, más de medio millón en Washington y millones alrededor del mundo. Sucedió un día después de la inauguración de Trump quien dio un discurso post-apocalíptico digno de producción de Hollywood, saturado de efectos especiales y lugares comunes como todo discurso populista.

En la marcha, el lenguaje se vio vindicado en los miles de rótulos que jugaban con ciertas frases especialmente vulgares de parte del ahora presidente –‘Grab’m by the Dick’ o ‘You have 99 Problems and This Bitch is One’–  La chispa como herramienta política, o ‘wit’ como se le conoce acá, siempre ha sido uno de los vehículos para rescatar el lenguaje de la maquinaria política que la petrifica o la prostituye. A nivel meramente cuantitativo la marcha insistía en lo que esta muy idiosincrática ‘democracia’ ya había demostrado el día de las elecciones: Trump no ganó el voto popular. En general y como demostración, tuvo sus momentos poderosos.

Sin embargo, yo resistí apenas dos horas antes de salir huyendo. Me aterran las multitudes y tengo una conciencia espacial demasiado desarrollada en relación a mi propio cuerpo que se va atrofiando con el contacto impersonal y su forzada intimidad que anula la sexualidad. Mi idea de infierno es una camioneta o un subway, en un verano de Manhattan o Zacapa, con canciones de Katty Perry o los discursos evangélicos de Ríos Montt en repeat. Eternamente.

Me escapé. Me junté con un amigo con quien terminamos la noche a las dos o tres de la mañana, borrachos, en Harlem, bailando Jazz. El bar estaba relativamente vacío, en un espacio pequeño y oscuro de altura baja: el hábitat natural de ese anfibio, de esa maravillosa bestia nocturna, seductora e informe que es el Jazz.

De allí sólo me quedó en el arsenal la imagen del vestido plateado de la cantante. Pero tal vez sea un síntoma de nuestros tiempos que la imagen se borra precisamente a razón de la maldita saturación de fotografías –una saturación de imágenes no narrativa o secuencial como lo es técnicamente el cine.  En cualquier caso, mi afiliación al evento era personal y pasaba más por acompañar a la madre y a la hija, a las entrañables Daly. A nivel colectivo, entendía el impulso, la forma organizacional y hasta estaba consciente de los referentes históricos de las marchas en Nueva York. Pero sus contradicciones y puntos ciegos me parecían dolorosamente evidentes. Como movimiento político no me pertenecía y en este caso mi distancia era geopolítica y no generacional. No hay más grande imbécil que el crítico de una resistencia que no le pertenece por lo que he aprendido a verme bonito.

Hay una pequeña ficción que me gusta repetir cuando la goma y la conciencia me puyan con toda su desagradable moral y en este caso aplica de maravilla. En una época en la que no se puede canalizar convincentemente el afecto o la intensidad emocional a movimientos políticos, lo que queda es una versión que el bueno de Lyotard llamaba “pequeña historia”, o historia menor y que se caracteriza por una temporalidad que tiende a disiparse y desaparecer incluso de la memoria. Bailamos esa noche como tremendos ridículos, por supuesto, pero por un bendito momento, habíamos devuelto al cuerpo cierta desinhibición.

Hay una larga tradición teórica que ve al Jazz como un rescatador de cuerpos, pero en este caso creo que esa fuerza se amplificó a razón del ambiente del bar: un espacio cerrado, íntimo, corporal, donde la subjetividad quedó anulada por el alcohol. Un regreso al ambiente uterino.

El signo materno me persigue siempre y se tiende a cristalizar en imagen. En parte por las monumentales figuras femeninas de mi familia, pero sospecho que también sucede a razón de esa joven embarazada que cargaba un rifle. Hay algo en ese contraste entre concepción, revolución y futilidad que calculo irá a determinar siempre mi horizonte político. Pero también hay un horror que se añade a mi distancia generacional y geopolítica, el cual me ha empujado a ser meramente espectador y que me veré forzado a superar algún día: la prohibida imagen de una muy probable joven embarazada y muerta, pudriéndose en el altiplano guatemalteco.

Diego Renato Azurdia
/

Nací al menos dos generaciones muy tarde. Confío más en los animales y en los humanos muertos que en los vivos. Soy agresivamente ateo, pero mi ateísmo, como el de James Joyce, tiene acento Jesuita. Mantengo un pequeño Maximón en mi apartamento de Brooklyn para colaborar desesperadamente con el inútil esfuerzo secular por re encantar el mundo. Tengo una hermosa Pitbull llamada Lola. Soy muy hijo de mi madre.


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COMENTARIOS

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    Marlon Suarez /

    05/04/2017 11:00 AM

    Perdí 6 minutos de mi valioso tiempo leyendo ésta nota de un simpatizante de la guerrilla.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Cesar A. /

    04/04/2017 8:33 PM

    "El voto popular" en Estados Unidos no existe, ¿porqué? Estados Unidos no es una democracia clásica, es una República Federal Constitucional y el voto válido es el del Colegio Electoral, por lo que el ganador de las elecciones es el que gana dicho voto, el cual Trump ganó con creces, aunque la izquierda como quiera que se llame, (en este caso demócratas, progresistas, social-demócratas, liberals, SJW, etc.) siempre desee decir que su candidato ganó "donde cuenta".
    Es como perder el partido de fútbol 6-0, pero argumentar que se ganó porque se tuvo mayor posesión del balón, hay que aprender a perder con dignidad, aunque se que eso es mucho pedir.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Luis Lewis /

      04/04/2017 9:00 PM

      "el cual Trump ganó con creces"

      Por que no se informa mejor, Cesar A.?

      Lea la revista "the nation" o, como es de esperar, algo mas conservador, "the american conservative" y luego emita opinion.

      Trump gano el voto en el colegio electoral gracias a haber ganado tres estados, donde, en lo agregado, 80,000 votantes hicieron la diferencia.

      Por otro lado, tenga un poco de objetividad y tambien mencione el aun misterioso papel que Rusia jugo en esta eleccion...

      Para terminar, en donde ha informado usted su punto de vista tan sesgado acerca de lo que sucede en los EEUU?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        PAPAZOPAPAZ /

        05/04/2017 9:14 AM

        no se puede venir a llorar acerca de las reglas del juego después del partido. Si su preocupación fuera legitima habrian dicho algo antes de que sucediera algo así a favor de los republicanos o los demócratas.

        por cierto Obama no le ganó el voto popular a Hilary en las pasadas y adivinen que...nadie dijo nada.

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

          PAPAZOPAPAZ /

          05/04/2017 9:15 AM

          por cierto Obama no le ganó el voto popular a Hilary en las primarias pasadas y adivinen que...nadie dijo nada.

          ¡Ay no!

          1

          ¡Nítido!

        César A. /

        05/04/2017 5:53 AM

        ¿como se gana la elección entonces?
        Si, ganó en estados claves, el lo sabía y así lo hizo.
        El que desea crear conspiraciones y no está informado más que ciegamente motivado por la emoción, no soy yo.
        ¿Donde se informa usted en 'fake news' CNN?
        Además, ¿desde cuando lo que opine Rusia realmente afecta el resultado?

        ¡Ay no!

        2

        ¡Nítido!

    Marco Miguel /

    04/04/2017 3:34 PM

    Bonita historia... No seria 28 años después? Pues entiendo que estabas manifestando en Enero de 2017, pero no lo sé. Al final las mujeres nos marcan es imposible sentirte parte de sus luchas aún y ser extranjero es algo que no te permite ser ciudadano auténtico.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    PAPAZOPAPAZ /

    04/04/2017 1:26 PM

    "No hay más grande imbécil que el crítico de una resistencia que no le pertenece por lo que he aprendido a verme bonito."

    Todas las personas están sujetas a escutrinio de sus ideas/opiniones sin importar su género/raza/nivel social, ese es el verdadero significado de la igualdad.

    no hay cosa más riesgosa que una opinión que no tiene una contraparte crítica ya nunca se verificará si esa opinión tiene validez, sin este escutrinio esa opinión/idea se convierte en una creencia que no está basada en realidad.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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