Cómo me libré del acoso de los vendedores de tarjetas de crédito

No hay sitio seguro que nos resguarde, camaradas. El otro día tomándome un café se me ofreció a cambio de mi fidelidad como cliente y mi compra de Q50, un cupón para participar de un sorteo de dos viajes a una maravillosa playa caribeña, cuya fotografía, impresa sobre la boleta, pedía a gritos que lo llenara para poder marcharme un fin de semana a extender mi cuerpo sobre una arena blanca inmaculada hasta que las olas turquesas osaran tocarme la punta de los dedos del pie.

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Esta es una opinión

Un toro.

Foto: flickr.com/photos/retazos

Por supuesto que lo llené y no solo fue una, fueron entre diez o quince. No me gané el viaje. De hecho, lo estoy asumiendo porque no vi el resultado del sorteo y estoy confiando en que si hubiese resultado favorecido, se me habría notificado y no estaría escribiendo este post, sino otro donde hablo de lo maravilloso que es encontrarse a sí mismo bebiendo copitas en el Caribe mexicano.

Lo que sí me gané es que tomaran mis datos del cupón. Imagino a los sufridos digitadores que habrán tenido que descifrar mi malísima letra y llevarla a un sistema que guardara no solo mi nombre sino mi número de teléfono móvil. Yo trabajé de digitador. Qué pena.

Están en lo correcto si piensan que aquí la historia deriva en tragedia. De alguna manera esa base de datos paró en manos de un banco. Uno que emite tarjetas de crédito y que le parece que las personas que compramos más de Q50 de café, podemos ser sujetas de crédito, o más bien, debemos a toda costa serlo y específicamente de sus productos financieros.

Esto del café vespertino es cosa de familia, así que igual mi madre y hermana habían llenado los tickets. Entonces, la siguiente sección de mi historia es una suerte de tragedia grupal.

La primera en recibir una llamada fue mi madre, quien de inmediato rechazó la oferta que la señorita hizo: darle una tarjeta de crédito de muy bajo interés.

Luego seguí yo y por último mi hermana, aunque esto es quizá porque mi hermana muy sabiamente no contesta jamás el celular. Quisiera tener la suficiente memoria como para recordar la fecha en que comenzó la odisea. Lo digo porque me encantaría, para darle más peso a lo que estoy contando, decir el acoso duró tres meses.

Lo cierto es que las llamadas fueron incrementándose de tal manera que en el punto más alto, llegué a recibir doce llamadas el mismo día ofreciéndome la tarjeta de crédito.

Mi madre, mi hermana y yo decidimos tener una estrategia común, planearla entre los tres, para que nuestro no fuera rotundo y nos librara de las llamadas.

Mi madre nos planteó que cuando llamaran contestáramos y no dijéramos una palabra. Que el operador del call center solo escuchara el sonido ambiente hasta que colgara y así hasta el infinito.

Al parecer a mi madre le funcionó su propia solución pero no a mí. Mi hermana simplemente apagó el teléfono. Yo no quise hacer eso, por qué esconderme del mundo gracias a un acosador. Entonces se me ocurrió otra cosa, o más bien, varias. A saber: Primero les amenacé con ir a la DIACO, no funcionó. Luego les dije que los iba a denunciar por coacción, tampoco funcionó.

Lo que sí funcionó fue lo siguiente, que lo cuento con cierta vergüenza, pero seguro de mi victoria: cuando llamaban a mi celular ofreciéndome la tarjeta, contestaba y empezaba a jadear como si fuera un torito bravo, eso mismo: estaba bufando de manera que se escuchara en los audífonos del operador del call center, como inhalaba y exhalaba aire lleno de lujuria.

Entonces me dejaron de llamar. Algunos amigos copiaron mi técnica y funcionó igual. Otros se lamentaron porque habían cedido ante la presión y habían dicho sí a la tarjeta.

Como soy un tipo de leyes, me di la tarea de buscar alguna que protegiera al usuario de este tipo de acoso. Y como está de moda, encontré el delito de registros prohibidos, que dice que quien sin autorización de ley promueva, facilite, autorice, financie, cree o comercialice un banco de datos o un registro informático con datos que puedan afectar a las personas naturales o jurídicas, será penado con prisión de dos a cuatro años y de Q300 a Q500 de multa.

Me dieron ganas de salir a denunciar a cada empresa que ha hecho esto. Igual pensé que para demostrar mi afectación, entre otras pruebas, habría que llevar a mi psiquiatra para que demuestre que para haberme llevado a jadear por teléfono, el grado de mi angustia era altísimo.

Pensaba en eso, cuando mi celular volvió a sonar. Eran las 11:30 de la noche y mi banco me avisaba que los electrodomésticos estaban a mitad de precio usando su tarjeta. No tuve más que dejar que la derrota me abrazara para dormir.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


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    WSS /

    03/04/2018 10:14 PM

    en x empresa de fertilizantes que trabaje, propiedad de un ingeniero azucarero, el mas grande del pais, tambien tienen su banco, hicieron lo mismo tomaron mis datos y de otros colaboradores para ofrecer un TC, no me gusta ese plastico del diablo, la rechace... lo peor de y lo que ayudo a dar un punto y final, fue que chingaban a la hora del almuerzo no en llamadas, sino que los agentes te jodian importunando el almuerzo... basto aguantarlos una sola vez y una proxima se fueron con una maltratada... si ya se me van a putear por prepotente, pero se lo buscaron por falta de sentido comun, a nadie se molesta en su hora de almuerzo, ni al perro se le molesta porque les muerde el culo

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jorge /

    08/11/2015 11:04 PM

    A mi hija la llamaron para ofrecerle una TC, tiene 8.

    Ni con el MP pude lograr que dejaran de llamarle. La solucion paso por hacer lo mismo que aca dicen, dejar la linea abierta hasta que se cansaron.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marta Del Mal /

    13/01/2015 12:50 PM

    Tengo que hacer eso.

    Hace tanto que no te leía.

    Excelente sugerencia en su relato, Berta.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    12/11/2014 11:34 PM

    Yo estoy con ustedes amigos. Somos uno.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    María /

    12/11/2014 3:15 PM

    Me encantó tu relato. Como anécdota, hace años recibía en la oficina llamadas del Citi en las que buscaban a la persona que trabajaba en el puesto que yo llegué a ocupar. Después de tanta insistencia, decidí contestar como lo hacían en El Secreto de Sus Ojos, de Darín... Entonces, decía: "Morgue", "Hospital General", etc. Pero las llamadas no cesaron. Luego le escribí a la chava para que pagara su deuda y así me dejaran de llamar al cubículo pero tampoco funcionó. Había bloqueado eso de mi mente hasta hoy.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Diana /

    12/11/2014 9:51 AM

    Gracias, gracias, gracias!!! empezaré a practicar mi propia manera de jadear como tora de corrido, veremos quien gana, si el operador o yo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Chucho /

    11/11/2014 12:38 PM

    Lo que hice fue guardar los números de teléfono en mi lista de contactos y los identifiqué como "Call center ". Luego bloquee dichos números (uso un iPhone, no sé si los Android tengan esa opción, pero lo más seguro es que sí) - ¡Y LISTO! Ya bloqueé también a los vendedores de cursos de lectura rápida :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Faselli /

    10/11/2014 9:55 PM

    Yo igual que las colectas que comercian y lucran con el cancer o demas enfermadades, simplemente les digo que ya colabore, o que ya tengo la tarjeta, y es la mejor tarjeta que pude haber tenido y asunto arreglado.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Byron /

    10/11/2014 9:13 PM

    Excelente Cronica Sr. Julio Prado! siempre lo he admirado.
    Me sorprenda que en Guatemala si exista un ley que regule la recopilacion de datos y su almacenamiento electronico. Como estudiante de Sistemas creo que el area de informatica en el area de ventas (e-commerce, dinero digital, sistemas de pagos móviles) en nuestro paisa aun no esta desarrollada lo suficiente, pero que ya existiendo algun precedente como ese, si se podria regular todos esos sistemas cuando sean plenamente usados aca.
    por otra parte, que mal por los empleados de dichas compañías, solo hacen su trabajo. :/
    lamentable que las empresas sean así de inescrupulosas.
    un abrazo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    10/11/2014 7:14 PM

    Somos una comunidad y nos une el ring ring del teléfono y la voz del vendedor. Unámonos pueblo y vamos a bufar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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