Correr, llorar, quejarse como una chica

“Es un juego de hombres. ¡Llorona!” se oye a menudo en las canchas de baloncesto, amateur o profesionales, cuando un jugador se queja de una falta demasiado dura. Al parecer el hecho de no estar conforme con que te peguen golpes violentos y te hagan sangre en una actividad considerada lúdica te convierte en un ser débil, menos hombre y por tanto, menos merecedor de respeto. Es decir, te convierte en mujer.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Campeonato Sudamericano de baloncesto Femenino Ambato 2014. Chile (blanco) versus Perú (rojo).

Foto: Luis Astudillo C. Agencia de Noticias Ande

Los hombres en un juego de hombres primero gruñen cuando algo no les gusta y si el destinatario de sus bufidos no se da por aludido, se les explica con monosílabos quién manda aquí (porque ya se sabe que lo de escuchar, expresarse y dialogar es de maricas y de chicas, que al fin y al cabo es lo mismo). También suelen golpear sus puños contra la pared para demostrar su enfado y simplemente porque pueden (las mujeres no porque se les estropea su manicura perfecta y eso sí que no. ¿Qué sería lo próximo? ¿Dejar de depilarse, operarse y plancharse el pelo? ¡Por favor! ¿Estamos locos?).

En un enfrentamiento ya más serio, los machos de pura cepa juntan su pecho y su frente con los del contrario (los pechos de las niñas son para otra cosa: para mirar y sobar), sin decir palabra mirando fijamente en los ojos del otro, aunque dudo que vean algo porque mirándose así de cerca los ojos se te van, te quedas bizco y es un lío. Sin embargo, si esta postura tan potente y llena de simbolismo por alguna extraña razón no lleva a ningún tipo de acuerdo entre las partes, entonces (sobretodo en las canchas de los barrios conflictivos y en los gobiernos en vías de desarrollo) se saca una pistola y el debate sobre si pegarte en la cabeza y tirarte al suelo fue una falta de verdad o exageraste como una niña queda resuelto por arte de magia (las chicas no llevan pistolas, porque cuando no están llorando juegan con muñecas).

En muchos lugares de América, y conozco muy bien el caso de Panamá, esta manera de jugar se llama baloncesto. Y no es broma, lo dicen sin reírse. Es un juego duro, agresivo, muy físico (¿han visto los gritos salvajes de los ídolos actuales llamados Le Brony Howard tras un mate? Es porque desayunan carne cruda y cenan piedras como los hombres de verdad).

Según esta manera de entender el deporte más bello del mundo, el baloncesto es un juego individual donde quien tiene el balón agacha la cabeza, cierra los ojos, aprieta los dientes y para adentro, hacia la canasta, sí o sí, aunque estén los cinco defensores como un ejército de ISIS esperándolo y sus compañeros libres arrepintiéndose de haber pasado la bola ya que saben que no la vuelven a ver.

En este juego, según las reglas panameñas, hacer una buena defensa significa matar al contrario o al menos dejarlo inválido para el resto de la temporada. Y si alguien se queja o al árbitro le da, ¡por Dios!, por pitar una violación del reglamento, que no pasa a menudo porque quiere seguir viviendo, se suelta un “¡Chucha!”, un par de bufidos y ya se sabe que en el próximo ataque se va a enterar alguien (suele ser el que esté más cerca, independientemente de si lleva el balón o no) quién es el más macho aquí.

El baloncesto jugado así al parecer es uno de verdad y no el que practican en Europa con tantos pases, pantallas, juego entre pívots, pick’n’roll, solidaridad, técnica y  juego de equipo. ¡Bah! Un planteamiento de niñas, vamos.

¿Cuál liga es mejor (es decir, ¿dónde se choca más veces los pechos entre ellos?), la NBA o la Euroliga? Pues eso.

Ahora, ¡ojo! Se dice, se rumorea, se comenta que también hay mujeres que juegan al baloncesto. ¡Sí! ¿Cómo se quedan? Al parecer hasta tienen varios equipos medio secretos, clandestinos y qué es incluso más fuerte, ¡tienen ligas! La WNBA, por ejemplo, de Estados Unidos es como NBA pero mucho más ñoña. Creo que en los tiempos muertos se juntan para pintarse las uñas, sí. Aunque varios entendidos han mirado algún que otro partido y se han quedado de piedra. De hecho, su frase textual suele ser: “Pero ¡qué bien juegan! ¡Qué barbaridad! Juegan como los hombres”.

Pero, claro, son mujeres y eso les quita bastantes posibilidades de ser millonarias.

Sobre todo por ese aspecto demasiado masculino. ¿Qué son estos pantalones hasta la rodilla y estas camisetas hasta el cuello? ¡No y no y no! De hecho, creo que la FIBA debería haber sacado adelante esa magnífica idea de ponerles falda a las jugadoras para resaltar el cuerpo femenino. Así, en vez de ver gente practicando deporte (donde las deportistas sudan, saltan pero sin enseñar carne y eso, decidme, ¿para qué sirve?), vas a mirar muchas piernas bonitas correteando por la pista en minifaldas. Mucho mejor. Igual hasta podrían cantar, bailar con poca ropa y sonreír de manera compulsiva. No, ¡espera! Si ya existen esas mujeres: las chicas medio vestidas y muy maquilladas que entretienen al público masculino entre partidos de los hombres y les alegran la vista.

Bueno, a lo que iba. En estos días se está disputando el campeonato de Europa en el baloncesto, que es, como ya hemos visto, un juego de hombres. Pero ahí, en Hungría y en Rumanía están jugando las niñas. ¡Lo sé! ¡Una locura! ¿El FBI sabe de esto? Y resulta que es una competición de alto nivel donde se ve un juego precioso de gente con muchísimo talento, con unas condiciones físicas espectaculares, con una técnica implacable. Y que es más raro aún: nadie llora (se oyen tacos, eso sí), todas corren (y no a cámara lenta y los pies hacia fuera, ¡es un milagro!), luchan (con garra), se dejan el alma. ¿A qué no lo sabían?

No pasa nada, la culpa no es suya. El baloncesto femenino casi no se ve ni se encuentra en los periódicos ni en las noticias. Las deportistas profesionales son invisibles porque son mujeres haciendo algo considerado terreno masculino (porque ¿para qué estamos nosotras en el mundo? ¡Eso es! Para servir a los hombres. El entrenador de la selección española de fútbol lo tiene clarísimo: “A ver quién hace de mujer y me pone el café,” les dijo a sus jugadoras. Más majo. Lleva 27 años ya en su puesto…).

En todo caso, hace un año se hizo viral un vídeo que va sobre este tema: “Like a girl”. Demuestra las causas y las consecuencias de ese tipo de actitud presente en la sociedad que humilla, menosprecia e infravalora a las mujeres practicando deporte. Lo puedes hacer, nos dicen, pero no como algo serio, como una profesión. Y es por eso que aunque brillemos, trabajemos duro y ganemos campeonatos, no es suficiente. Nunca nada lo es porque somos mujeres.

Sí, hemos avanzado mucho pero mirando el panorama. ¡Lo que nos queda!

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Anna Maria Penu
/

Escritora, politóloga, feminista europea en cuya piel América Central está empezando dejar sus huellas. Se nota en mi mirada, en mi manera de estar en el mundo. Aquí escribo con humor, con dolor y ternura. Escribo para seguir caminando.


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    carrillorodas@icloud.com
    Diego Carrillo /
    29/06/2015 8:35 AM

    Hay dos deportes olímpicos que me yo sepa donde hombre y mujer compiten entre si, ha olvide otro. Son tres.

    Tenis mixtos

    Ecuestre

    Y patinaje sobre hielo en pareja.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Diego /

    26/06/2015 12:52 PM

    Hola, siempre he pensado que los hombres y las mujeres somos distintos, y eso es hermoso. Nunca seremos iguales, y eso es mas hermoso aun. El problema es los roles en los que nos hemos visto envueltos. Igualdad para ciertas cosas y desigualdad para otras, en las que simplemente no se podría ser iguales hombres y mujeres.
    Saludos,

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Cristina /

    25/06/2015 2:39 PM

    Qué bueno! Cómo me he reído contigo!:)
    Pero a la vez no puedo dejar de ver lo acertado que es la crítica, esta descripción pero la risa, esa ironía deja respirar un poco y entre la lucha y el trabajo reírnos de la situación con este humor inteligente. Gracias!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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