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Cuando los acusados saben que tocaron fondo

Estoy en la torre de tribunales esperando entrar a una audiencia en la que un juez decidirá si dos personas que acabamos de detener, si van o no a enfrentar un proceso penal*; y si debido a esto, deben o no ser enviadas a prisión preventiva.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Un poderoso que tocó fondo.

Foto: Carlos Sebastián

(Además de escribir ficción y en Nómada, de día trabajo como fiscal del MP.)

Ambos son de esa gente que uno puede encontrarse en cualquier sitio. Tienen profesiones universitarias y las ejercen. Están aquí por participar en hechos contra la administración pública. No son violentos. Sin embargo, ambos están esposados y custodiados por guardias que no se les despegan.

A su lado además de los guardias, están algunos familiares que les hablan en voz baja como si trataran de darles consuelo. Parecen tranquilos todos, con cierta pesadumbre racional, pero tranquilos.

Por mi parte, paso el tiempo mirando la ciudad por las ventanas amarillentas del edificio, bajo una llovizna intensa que empieza a convertirla una mancha de humedad grisácea, con el concreto emergiendo tras la pintura desgastada por el agua.

No pasa mucho tiempo para que una oficial del juzgado se me acerque para avisarme que es hora de entrar a la audiencia. Tomo mis cosas y entro a la sala. Es un sitio pequeño, con vidrieras enormes que dan hacia el resto del juzgado, encabezado por un estrado donde el juez tomará su lugar y dos escritorios en la parte baja, uno frente al otro, donde la defensa del acusado y el Ministerio Público participaremos de la audiencia.

Coloco mis cosas en la silla desgastada por tanto uso, con las esquinas rotas y la esponja a la vista, amenazando con colapsar. Dispongo del expediente, de las pruebas que hemos recabado hasta el momento y las coloco sobre el escritorio bajo la mirada atenta de la defensa, que intenta adivinar nuestras cartas.

Entra el juez y nos ponemos de pie. Comienza la audiencia. Ambos detenidos van relatando sus datos. En términos precisos: exponen un breve resumen de sus vidas. Luego me dejan contarles por qué los detuvimos. Voy leyendo el relato y mirándolos a los ojos, que aún permanecen altivos, seguros, cristalinos.

Luego voy a las pruebas. Tienen cierta contundencia. Es uno de esos casos que dan plena confianza. Las leo y las voy explicando; y mientras lo voy haciendo, noto como los sindicados murmuran activamente entre sí y con sus defensores, como tratando de entender cuán hondo pueden haber caído.

Uno de ellos se toma con ambas manos la cabeza, mientras hunde la mirada en la oscuridad del escritorio donde el micrófono permanece encendido esperando su respuesta.

Termino de leer las pruebas. Ellos hablan, se defienden. Aún permanecen seguros. Luego me dejan hacerles preguntas que los van poniendo nerviosos.

Finalmente, el juez nos da la oportunidad de concluir. Es uno de esos casos que uno siente convincente, así que mis argumentos son claros, precisos y las pruebas me permiten imprimirle cierta fuerza que no se da siempre en estas instancias del proceso.

Miro a los ojos al juez, pero también desvío la mirada hacia los procesados, que mientras voy leyendo pasajes incriminatorios, van dejando que la angustia aflore en sus rostros hasta que llega ese momento, ese instante que he visto repetirse muchas veces en estas audiencias, ese breve pero significativo gesto de derrota.

Ya no tengo ante mí a dos hombres, sino a dos niños expuestos ante la vulgaridad de sus actos. Las cabezas abajo, los gestos de nervios entre las manos apretándose entre sí; y sé que en ese momento no soy yo quien habla, sino más bien una especie de conciencia de la profundidad del pozo en el que se acaban de meter.

El gesto como tal dura poco. Pero siempre me marca. Esa inflexión que quizá no se volverá a ver durante el proceso. Esa primera expresión de sorpresa y pánico.

Es algo que borrará la prisión preventiva, a donde los envían. Ahí van a endurecerse. Y quizá se perderá para siempre esta especie de vergüenza que aún sentían por sus actos.

Las cárceles son un umbral que una vez cruzado no tiene vuelta atrás. Cualquiera que haya pasado por ahí, por haber cometido error o por actos deliberados puede dar fe de ello. Encerrar a tipos violentos en un mismo sitio, sin demasiada vigilancia es asegurarse que prevalecerá la ley del más fuerte.

Pero qué va. Ahora que digo esto me doy cuenta que eso es lo que pasa con el país. Basta leer las noticias del día: no hay institución que respete la ley. Vivimos en el delirio y en los únicos momentos de lucidez, esperamos el gesto, el mínimo y preciso instante en el que sintamos vergüenza de nuestros actos vulgares.

Pero todavía no llega. Y seguimos cayendo.

 

* Este concepto fue corregido en la noche del 27/10/14 tras un error de edición.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


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    Macy's formal dresses /

    21/11/2014 6:25 PM

    ME encantan las escenas tuyas en el sillóm…o abrazado a la almohada en proceso de psicotizarte!!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    27/10/2014 3:49 PM

    Es un error debido a un malentendido en la edición. Lamento que por ello asuma que soy un ignorante en temas judiciales. Efectivamente, la audiencia que describo es la de primera declaración. El texto debía decir "...un juez decidirá si dos personas que acabamos de detener, enfrentarán o no proceso;" La audiencia no se realiza regularmente tres meses después. Eso depende de la decisión del plazo de investigación que no puede exceder de tres meses si son enviados a prisión. En la práctica, lo que acontece finalizado el plazo para investigar es la presentación del acto conclusivo. Debido a la apretada agenda de los juzgados, la audiencia intermedia se realiza días o semanas más tarde.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Anónimo /

    27/10/2014 3:00 PM

    Un poco de conocimiento legal no te caería nada mal, solo basta con leer el lead de tu artículo para saber que eres un ignorante en temas judiciles. Para tu saber, cuando una persona es detenida asiste a su audiencia de primera declaración, y en ella se decidirá si es LIGADO A PROCESO, no como tu afirmas, que se dicidirá si es enviado a juicio. El juez deberá decidir en una audiencia intermedia, que regularme se realiza tres mese después de su detención cuando el Ministerio Público culmina la investigación si el acusado deberá enfrentar juicio. Hay que tener cuidado como se utilizan los términos legales, y sobre todo conocer cómo funcionan los procesos en Guatemala, para así no minimizar su texto plagado de errores.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    27/10/2014 2:24 PM

    Gracias tus comentarios, Rolando. Lo cierto es que hemos visto demasiado tiempo al abismo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rolando Alecio /

    27/10/2014 1:05 PM

    Tu excelente crónica y fina observación psicosocial, me lleva a pensar en el peligro y la tensión que, también, entraña estar inmerso en determinado contexto. He trabajado por 25 años sobre los efectos psicosociales del conflicto armado interno en poblaciones campesinas e indígenas y sobre la sociedad guatemalteca, en general. Hace unos 15 años me "quemé" (síndrome de "burn out") por mi obsesión teórica y metodológica para recuperar información al respecto y llegué a desensibilizarme, hasta cierto punto, por las atrocidades cometidas y el sufrimiento de la gente y recordé a Nietzche: "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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