Devolver el poder a la niña

Después de la tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, un grupo de guatemaltecos nos organizamos para contribuir a cambiar el paradigma de violencia y discriminación en que crecen las niñas en nuestro país.  Conscientes de la miríada de explicaciones, causas y responsables, el primer reto consistió en definir cómo reiniciar la vida de las niñas en condiciones vulnerables. 

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

#YoCorroPorLasNiñas

Concluimos que un “quick fix” era inadecuado, que el enfoque asistencialista sería insuficiente y que, antes de empezar, debíamos conectarnos con ellas a un nivel humano que nos permitiera sentir sus carencias, necesidades y limitaciones. Ese mundo oculto de violencia, discriminación y falta de oportunidades que las toma como prisioneras desde el día en que nacen.

Nos concentramos en sensibilizar a la población sobre el riesgo de ser niña en Guatemala y cómo podemos empoderarlas. Aunque nos cueste aceptarlo, somos una sociedad que apenas las protege, las excluye, las carga con más responsabilidades de las que pueden manejar. Aun viendo todo esto, negamos que todo eso esté conectado con la pobreza, el subdesarrollo y la violencia.  Pocas personas reconocen que la niña se enfrenta a mayores dificultades que lo que debería y no comprenden que es necesario hacer la distinción de género en el proceso de cambiar percepciones y desaprender.  Con mayor razón, decidimos dirigir nuestros esfuerzos a devolverle a las niñas el poder que perdieron, el valor que se les restó y ayudar a liberar el potencial que llevan dentro.

De todos los elementos que se entrelazan para desgarrar el alma de una niña y en consecuencia, su futuro y el de su sociedad, el que más me llama la atención es el de sus derechos reproductivos.  Ese tema es la clave; el secreto mejor guardado del desarrollo y el freno al círculo de la pobreza.  Cuando una niña retrasa el matrimonio o embarazo – o decide por sí misma no casarse ni tener hijos – tiene la opción de seguir estudiando, mantenerse viva y sana, generar su propia riqueza, acceder a empleos mejor remunerados, ahorrar, ser independiente y alejarse de la violencia. Cuando una madre (no necesariamente el padre) tiene educación superior, es más probable que sus hijos también se eduquen como ella.  Así, inicia un nuevo círculo – virtuoso – que toca a su familia, su comunidad y su país.

Pero lo que me llamó la atención no fue esa información, que ya conocía. Lo que me deja perpleja es la generalizada falta de reconocimiento y sensibilidad hacia el tema, lo poco que hacemos para cambiar la realidad de nuestras niñas y las débiles políticas públicas de población y de derechos reproductivos en el país. Si hablamos de seguridad alimentaria o acceso a la educación y la salud, todo bien. Si traemos a la mesa la violencia intrafamiliar o femicidio, se empieza a complicar. Pero si se habla de educación y salud reproductiva, la conversación suele terminar antes de haber comenzado.  Entiendo que hay un orden de prioridades y que políticas para combatir el hambre son favorecidas. ¿Pero qué pasa cuando nuestra niña que finalmente come y va a la escuela todos los días queda embarazada? ¿Acaso no se pierde toda esa inversión?

También entiendo que todo esto suena a aborto. Sí, hablemos del elefante en el cuarto.  La planificación familiar no necesariamente es aborto, no todos los métodos anticonceptivos son abortivos, no todas las feministas son pro-choice, etc.  Esa falta de discusión del tema es lo que nos impide ver que una adecuada educación sexual, servicios de salud reproductiva y acceso a métodos anticonceptivos, son formas de prevenir el aborto y de paso del VIH-SIDA.  Todos los jóvenes deben tener acceso a esta información sin que esté cubierta de chocolate; que comprendan las consecuencias de sus acciones, pero también que tengan la opción de prevenir embarazos.  ¿Les vamos a decir que se abstengan de tener sexo? Tal vez si tuvieran 60 años, pero a los 15 no hay hormona que te deje tranquilo.

1 de cada 5 niñas adolescentes tienen su primer hijo antes de los 18 años en Guatemala. En algunos departamentos, 1 de cada 4. En América Latina, se estima que 75 millones de niñas adolescentes dejan de ser agentes de cambio para convertirse en madres antes de tiempo, echando a perder gran parte de su potencial.  Las actitudes culturales hacia la niña forjan un futuro para ellas y el camino se convierte en cuesta. A los 12 años ya no son niñas; son consideradas mujeres. Cargan con un estigma de no ser suficientes, inferiores a los hombres, de ser objeto de deseo sexual y de no merecer opciones.  La sociedad es más benevolente con el hombre y los excusa (tienen deseos naturales o la niña andaba enseñando mucha pierna). Y cuando ellas quedan embarazadas, la sociedad que las hundió las ve como un problema más.

Cuando hablamos de las niñas, permanecemos ciegos ante las raíces de un problema que incluye comportamientos aprendidos que se multiplican en hogares, oficinas, aceras y a través de la publicidad y el entretenimiento. Y ni mencionar la dificultad que tenemos aún para comprender que la niña no es el problema, sino la solución.  Nuestro movimiento @YoCorroPorLasNinas (en FaceBook) busca reiniciar la vida de las niñas en Guatemala, devolviéndoles poder. Esas almas desgarradas pueden sanar y todos podemos contribuir a reiniciar la vida de las niñas, toda vez que las miremos con otros ojos. Basta darles un espacio seguro para desarrollarse, que tengan opciones y permitirles tomar decisiones. Ellas se ocupan del resto.

Mariana Castellanos
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Guatemalteca por decisión y gitana por destino, recorre el mundo buscando desaprender para aprender. Estudia la corrupción y la fiscalización social - promueve su conocimiento y concientización. Cuestiona, investiga, escribe y baila mientras cocina.


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    Marlon Suarez /

    26/05/2017 2:55 PM

    "decidimos dirigir nuestros esfuerzos a devolverle a las niñas el poder que perdieron, el valor que se les restó y ayudar a liberar el potencial que llevan dentro". No se está haciendo una discriminación con este tipo de cosas? No sería mejor que le devolvieramos el poder a la NIÑEZ en general? por qué solo a las niñas? que hay de los niños que son violados, que sufren vejámenes, que se mancillan sus derechos.
    A ese sector la escritora de la nota por lo visto no le importa, le vale madre, le importan más las niñas que los niños. Tan deleznable es la violación a una niña como a un niño, y también es deleznable encontrar a pseudoperiodistas como usted Mariana Castellanos que sesgan las cosas, que son parcializados. Lamentable ver notas como éstas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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