El animal que nos domestica: la opinión pública

Nos dicen que la opinión pública condiciona e influye en las dinámicas democráticas, sociales y económicas –de ahí la importancia que las élites dan a la construcción de la misma a través de los medios de comunicación–, que la opinión pública es el poder del pueblo, que usted y aquella y yo somos la opinión pública. Y por un momento nos sentimos muy importantes, ¿verdad?

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

Antes que formar la opinión pública, los medios de comunicación suelen uniformarla.

Foto: Carlos Sebastián

Puede ser que la opinión pública compartida con más gente resuelva o al menos alivie la situación de aislamiento de los individuos delante de las pantallas de la televisión y del ordenador en sus casas. Sin embargo, por esa misma razón, esa opinión puede llegar a ser muy homogénea, porque la fuente principal de las informaciones suele ser la misma. Un hecho que, según se mire, puede ser algo positivo o, al revés, muy alarmante.

El auge de los medios de comunicación no partidistas tiene una importante consecuencia: sean cuales sean sus preferencias políticas, todo individuo recibe la misma información –sobre un determinado asunto– que cualquier otro. Por ello la percepción de las cuestiones políticas tiende a ser independiente de las inclinaciones partidistas individuales aunque se formen opiniones divergentes sobre estas mismas cuestiones. Es decir, los medios pueden –y de hecho suelen– tener sus propias preferencias políticas e ideológicas. Además operan según principios comerciales, pero estructuralmente no están vinculados con los partidos que compiten por los votos. Esto no significa que los hechos y los temas políticos sean percibidos y presentados de modo objetivo, neutral y sin distorsión por parte del medio, revelando así la relativa uniformidad de los modos de percibir las noticias a lo largo del abanico de las preferencias políticas.

Ahora, y aunque estemos aparentemente bien informados –de manera neutral y muy parecida– sobre los asuntos que nos importan, porque vemos por la televisión qué está pasando y leemos en la prensa quién dijo qué para poder formar una opinión sólida sobre los temas actuales y expresarla, es legítimo dudar que nuestra opinión sea verdaderamente nuestra. Ya que si sólo nos informamos por los medios, prácticamente todo lo que sabemos es el producto de las decisiones, estrategias y mecanismos de los expertos en la comunicación política y la manipulación de los medios según sus perspectivas e intereses. Hasta se podría afirmar que la opinión pública no es otra cosa sino una repercusión de la opinión difundida por los medios. Y aunque contemos con votantes más interesados e instruidos y con foros de debate fuera del parlamento y del ámbito partidista, donde el pueblo puede expresar su opinión con libertad, se suele hacer en función de cómo lo visto y oído en los medios le induce opinar.

Por tanto, la imagen de pluralidad de fuentes de información resulta un tanto falsa, ya que no existe una competencia verdadera entre los medios. Los medios se imitan de un modo excesivo, ofrecen casi lo mismo para ganar audiencia, no hay variedad, facilitando así la uniformidad en las informaciones recibidas, la proliferación del pensamiento único y la construcción del consentimiento de masas según los intereses de las élites.

Evidentemente la problemática del carácter de la información recibida para formar una opinión pública libre va más allá de los medios, llegando al tema de la educación, de los conocimientos previos más amplios. El hecho de informarse requiere una inversión de tiempo y de atención cuyos resultados se revelan sólo cuando el conocimiento acumulado llega a su masa crítica. Hace falta saber de la política, de los procesos y mecanismos gubernamentales y de los asuntos internacionales, poseer una reserva de conocimientos para comprender y captar el significado y las implicaciones de las noticias del día. Para tomar decisiones electorales y emitir una opinión más independiente, el conocimiento es primordial porque proporciona orden, profundidad y contexto a la experiencia. Actualmente los conocimientos tienden a ser mucho más incompletos y fragmentarios, carecen de estructura y a menudo aparecen ligados al azar por una mera relación de proximidad, de asociaciones de ideas o de similitudes. Porque es traído por la marea de los medios de comunicación de masas.

Los medios “se exhiben como portavoces de una opinión pública que en realidad es el eco de regreso de la propia voz”, sentencia politólogo italiano Giovanni Sartori, vaciando de contenido –casi del todo y de un plumazo– el concepto de la opinión pública en la política contemporánea.

Anna Maria Penu
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Escritora, politóloga, feminista europea en cuya piel América Central está empezando dejar sus huellas. Se nota en mi mirada, en mi manera de estar en el mundo. Aquí escribo con humor, con dolor y ternura. Escribo para seguir caminando.


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COMENTARIOS

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    Joel /

    09/12/2015 10:48 AM

    Me parece que el punto de este artículo es sumamente acertado. La realidad construida por los medios se vuelve la realidad que aceptamos como guatemaltecos. Es más, formamos parte de la construcción de la realidad que queremos. Creo que Anna María Pennu está haciendo un análisis sociológico de los efectos que tienen los medios en la construcción de nuestra realidad. Por ejemplo, se han dado cuenta que la gente se siente más segura? Es porque los medios ya no publican acerca de los "moto-cacos"

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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