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El big-bang que me hizo papá

Siempre quise ser papá joven. Antepuse la energía de la juventud a esa supuesta “mejor preparación, estabilidad emocional y económica” que viene con los años. Uno puede prepararse para el examen, el viaje o la operación, pero nunca se estará lo suficientemente preparado para ser padre.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

2001: Una odisea en el espacio

Star Child

Mi padre murió hace veinte años. Yo tenía nueve. De lo poco que recuerdo de él es que era mi amigo. No me regañaba –eso se lo dejaba a mi madre–, nosotros sólo jugábamos. Quizás por eso creo que la paternidad es amistad y complicidad antes que autoridad.

La vida es misterio puro. En los primeros días de gestación, cuando en silencio sucedía el mini Big-Bang, aquella batalla por mantener a flote el barco de la vida que viene, yo no podía hacer más que acompañar a Moni al doctor, ir a traer los exámenes, intentar ser más acomedido, rogar-meditar-pedir-confiar en que todo saldría bien. Y salió bien. El misterio sucedió allí, frente a mí. El gran mérito es de ellas: madre e hija.

La paternidad comienza con esa impotencia. La de saber que pase lo que pase no podés tomar al bebé y compartir el trabajo de gestación. Mientras uno pierde la cabeza pensando en las cosas que faltan y lo que está por venir; ella gesta y cincela la vida. Quizás es por eso que cuando se ha hecho la luz, cuando por primera vez se le tiene en brazos, el mundo tal y como lo pensábamos se nos cae a pedazos. Todo es nuevo.

Es el amanecer ante el misterio pero también la noche. Es la alegría de verla moverse e intentar agarrar tu dedo con su mano y a la vez el miedo de cargarla mal o que no sea normal eso que se ve en su ombliguito. Es el querer estar allí siempre pero saber que el Código Laboral le da tan poca importancia a la paternidad que sólo tenés permiso para ausentarte dos días del trabajo o, en el mejor de los casos, si convenciste al jefe, una semanita. A penas estás siendo parte de ese gran misterio y ya te quieren apartar de él. Tenés que hacerte a la idea de que probablemente su primera palabra, su primer gateo, su primer travesura, sucederá mientras estás en una reunión de trabajo.

Nuestros primeros meses fueron difíciles. Zoe es alérgica a la proteína de la leche y nació con cólico lactante. Para saber eso tuvimos que ir médico tras médico, exámenes de todo tipo, noches de angustia, horas y horas de llantos imparables, salidas de emergencia, la angustia por no saber qué pasaba, si era error nuestro, si debimos haber escuchado el consejo de aquel o mejor el de no sé quién. Y peor aún. Nunca falta quien diga que “así como fuiste bien hombrecito para hacerlo, ahora a hacerle ganas”.

En nuestra sociedad es un tabú hablar de lo traumático que pueden ser esos primeros meses. Más aún cuando somos padres. Quizás porque nos han enseñado que todo esto es más un asunto de maternidad y que lo que nos corresponde es la plata, la plata. Pero no, también hace falta hablar entre nosotros o pedir consejo sobre cómo dormirla, si hay una mejor forma de cambiarle el pañal o si es bueno tenerla mucho tiempo cargada.

Moni y yo empezamos a disfrutar la paternidad al final del tercer mes, cuando la tormenta había pasado. Lo que vino ha sido hermoso: verla crecer, caminar, soltar palabras cuando menos uno lo espera. Encontrar que ahora sus ojos son más parecidos a su mamá que a los míos, verla sentir empatía… imaginar cómo será cuando grande.

Pero #EstoApenasComienza. La incertidumbre continúa. ¿Cómo prepararla para un mundo salvaje sin que pierda la ternura? ¿Cómo criarla sin aplastarla con el peso de nuestros anhelos? Hay una lucha política también en casa, una pelea contra ese modelo de paternidad fascista que nos han enseñado, contra esa idea de que los hijos son una propiedad. Pero no, Zoe es del universo. Queremos que sea ella. Que lo mismo mañana se quiera vestir de Sirenita que de Hit Girl, la heroína de KickAss y ponemos en ello nuestro mejor esfuerzo, lo mismo la dormimos hoy con un canción de Shakira que con una de Pantera.

Mientras escribo esto también pienso en Piki. Hace poco tiempo nos despedimos de ella. Estaba con Moni incluso antes que yo apareciera en su vida, y me aceptó. Me preparó para ser padre. Con ella empecé a aprender que uno no se cura solo, que también hay que visitar a los doctores; aprendí a dormir con un ojo abierto por si a media noche le daban ganas de ir a orinar o se le trababa una pata en las colchas. Muchas veces nos dijeron que no era nuestra hija sino nuestra mascota. Yo siempre he creído que el amor no discrimina especies. Somos una familia.

Estoy seguro que la paternidad es uno de los tantos caminos para disfrutar y contemplar el misterio de la vida. Y es, sobre todo, el camino que decidimos tomar. Un camino de subidas y bajadas que hubiese sido intransitable sin el apoyo de esa familia conectada más allá de la sangre. Nuestra vida estaba completa antes de Zoe, y con su llegada sólo seguimos expandiéndonos. Como el Universo.

Gabriel Woltke
/

Guatemala / Xibalbá 1988. Ingresó al seminario queriendo ser sacerdote, salió a estudiar literatura y luego hizo carrera como periodista. Avanza sobre el río. Desea ser escritor, corrector, carpintero, programador, diseñador, monje, mago, árbol, pájaro, ballena.


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COMENTARIOS

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    jorge /

    23/06/2016 11:39 AM

    Muy buen articulo felicitaciones por el angel que llego a iluminar tu vida. Soy papa de un nuño autista y esas preocupaciones del que será de la vida de tu bebe, en mi se multiplican por 100 mas aun en un país en donde se discriminan a estos angelitos especiales y el desconocimiento de esta condición.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam Portillo /

    21/06/2016 4:04 PM

    Hermoso artículo

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam /

    20/06/2016 12:17 PM

    Buen artículo y linda comparación =)

    ¡Ay no!

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    P. Choy /

    19/06/2016 5:49 PM

    Iba a criticar este artículo, pero al comparar los artículos que publicaron el día de la madre que me parecieron un texto del facismo italiano y alemán de los años 30 literalmente, este artículo es bueno.

    También hay padres que han adoptado niños y niñas que no han sido suyos pero con mucho amor paternal los aman y cuidan como suyos, esos también son súper papas...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Victor /

    19/06/2016 11:10 AM

    Interesante que para el dia de la madre publican una nota de una mujer que no quiere ser mamá, y para el día del padre el relato de un papá que glorifica la paternidad masculina.

    Para balancear sería bueno que publicaran también un texto de un hombre que no quiere ser papá, porque los habemos muchos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lucha /

    17/06/2016 8:59 PM

    Hermosísimo texto. 👏🦄

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Geovany /

    17/06/2016 3:10 PM

    Feliz día del padre! A vos y a los que ven a sus hijos como el universo y no como una obligación...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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