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Es más fácil cruzar la frontera que pasar por esta garita

Estoy haciendo una fila interminable para poder entrar a visitar a mi hijo en la casa de su madre. La cosa tarda tanto que incluso me da tiempo de revisar las veces que pasé por aduanas internacionales y no, no hay comparación con esto. Se pone peor.

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Esta es una opinión

La frontera entre Guatemala y El Salvador. Más fácil que cruzar una garita.

Foto: Panoramio.com

La ciudad está llena de calles cerradas, cercas alambradas, de muros, de condominios circulados que van volviéndose como una especie de isla, de república independiente donde funciona un micro Estado con reglas obtusas, generalmente déspotas y moralistas.

La cosa ha ido más o menos así donde he vivido: el comité de vecinos u órgano de presidencia de la asociación, como quieran llamarle, decide que la cosa en la calle está dura; tan dura que debemos alejarnos de ella.

Entonces hay que circular con muros berlinescos la colonia, y quienes vivan dentro deberán obedecer un reglamento súper estricto, al que hay que dotar de un cuerpo policial armado que lo haga cumplir; todo esto a cambio de una cuota de seguridad que todos debemos pagar, consabidos que si alguien no paga, publicarán su nombre en carteles enormes dispuestos en la garita de entrada o le cortarán el agua.

Hacen eso las juntas directivas de los condominios, y adornar para navidad con muñecos de nieve inflables y lucecitas que chillan canciones navideñas al lado de los guardias con escopetas enormes.

Según la Municipalidad, con tan solo cumplir dieciséis requisitos uno puede cerrar las calles, formar una mini república, o un condado como donde viven los Condes de Naranjo y Concepción. Es decir, con cumplir esas obligaciones, podemos limitar la circulación de los otros y someterlos a cualquier medida de seguridad que se nos antoje.

Por ejemplo: en este condominio donde ahora hago cola tienen una puerta para peatones donde revisan lo que entran y sacan los transeúntes entre sus bolsas. La situación no es muy distinta para los que vamos en auto: al entrar y al salir tenemos que abrir el baúl y, lo que más desconfianza me provoca, entregar un documento de identidad que fotografían.

Quiero razonarles mi miedo: empresas de seguridad privadas se encargan de registrar mis datos, por lo que conviene recordar que con privadas, son empresas que buscan el lucro. Guardan nuestras fotografías, nombres, dirección y también a quiénes vamos a visitar.

El mismo Ministerio de Gobernación reconoce que muchas de esas empresas funcionan sin autorización. Y las noticias nos cuentan que las que están autorizadas tienen guardias tan brillantes entre sus filas como aquél que después de trabajar 72 horas seguidas, mató a una mujer dentro de una farmacia, o aquél que le disparó a un motorista que no pagó el peaje en la Autopista Palín Escuintla.

¿Qué hace esta gente con esas bases de datos que alimentan con nuestros nombres y fotos en los condominios? Es algo que no sabemos. Conocen quiénes somos y a quienes visitamos. Saben cómo nos vemos. ¿Qué no pueden hacer con esos datos? Mire el resultado de esta búsqueda en Google sobre «empresas de seguridad en Guatemala denuncias».

 

Los resultados de la búsqueda.

Estoy al tanto de que hay razones para temerle a la calle. Sé que con las garitas los robos a casas han disminuido. Lo que no entiendo es por qué esto se convierte en una razón suficiente para darle mis datos a empresas que lucrarán con ellos y que son bastante opacas, con una historia ligada a la institución con el récord de violaciones a derechos humanos: el ejército, cuyos ex miembros son dueños de la mayoría de estas empresas.

Pienso en la ciudad y es difícil imaginarla como una unidad. Somos, más bien, muchas mini ciudades en una sola. Ciudades que se autogobiernan y sacan reglamentos como este, de la colonia Oakland en el que además de obligar al visitante a la revisión minuciosa de sus datos, se considera que «Los guardias de seguridad pueden negar el ingreso y/o detener a cualquier vehículo que les parezca sospechoso, como medida preventiva, para garantizar la seguridad de los residentes de la Colonia.»

La suerte no quiera que me vea sospechoso para el guardia de la colonia Oakland porque tengo amigos que viven ahí a los que me gusta visitar. ¿Qué querrá decir con sospechoso? O déjenme ponerme coyuntural ¿Lo contrario de sospechoso es ser de reconocida honorablidad? ¿Debo ser de reconocida honorabilidad para entrar a la colonia Oakland? Lo que sí sé es que atravesar esa garita es como cruzar la frontera palestina-israelí.

Me dio por recordar la vez en las que pasé por la frontera de El Salvador Guatemala junto con mi hijo. Su madre no iba; estamos divorciados. No me preocupé demasiado porque revisé los requisitos para cruzar la frontera y no exigían mucho; vamos, somos parte del Trifinio que acepta el libre acceso de sus ciudadanos con tan solo presentar el DPI.

Pasé en cinco minutos. El funcionario de migración salvadoreño, tan solo hizo una pregunta a mi hijo, que se llama Santiago: ¿Te dicen Chanti? El niño, que es tímido como su padre no contestó nada. Que si te dicen Chanti, volvió a decirle el funcionario y nada, ¡nada! Juro haber imaginado en ese momento que gracias al redondo cachete que luzco me iban a confundir con el entonces prófugo Roberto Barreda; me iban a llevar al cuartito, a rescatar a mi hijo y cambiarme mis vacaciones en la playa rocosa paradisíaca de El Salvador por una celda mugrosa; pero no, el funcionario solo sonrió y nos dejó pasar, a mí y a Chanti el silencioso.

Ahora, después de veinte minutos de fila, me acerco a una máquina, pongo mi licencia, digo la dirección de mi hijo y respondo a preguntas tan existenciales como ¿motivo de su visita?

Amor, ese es el motivo de mi visita. Solo eso es capaz de hacerme pasar por estos calvarios. Pero estoy seguro que si le respondo eso al policía, le voy a parecer sospechoso.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


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    Julio Prado
    Julio Prado /
    14/10/2014 3:20 PM

    Me resulta familiar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos Alvarez /

    14/10/2014 1:30 PM

    Pensé que estaba hablando de las colonias de San Angel, entre todas la peorcita Villas de San Angel.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    14/10/2014 9:28 AM

    Absolutamente de acuerdo, Juan Pablo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Pablo Pira /

    14/10/2014 12:02 AM

    Pasar por los "Checkpoint Charlie" chapines se ha convertido en una actividad diaria. Las empresas de seguridad me parecen un poco peligrosas, pero lo que más me asusta es eso de la asociación obligatoria. Si nos obligaran a afiliarnos obligatoriamente a una iglesia, a un partido político, a el club de aficionados de tal o cual equipo de fut, todos protestarían. En este caso, es casi imposible oponerse.

    El problema se torna más interesante porque existe la teoría que sólo es seguro un lugar cuando únicamente cuenta con una entrada que también es la única salida. En consecuencia, las colas en la mañana se vuelven un calvario para muchos con el correspondiente gasto de gasolina. Como se cierran rutas alternas -así ocurrió en Vista Hermosa 1, Utatlán 2, Tikal1, Kaminal Juyú, y muchos otro lugares...- se incrementa el tráfico sobre la única calle abierta que dejan. Esto lleva a un deterioro acelerado y a mayores embotellamientos de tráfico.

    Para terminar de ajustar el asunto, en cuanto le es posible, cada ciudadano quiere ir solito en su carro y si fuera posible, estacionarlo abajo del escritorio al llegar a su puesto de trabajo.

    Y todo esto por la famosa inseguridad, que no parece resolverse.

    Aparentemente, sólo en Sudafríca hay una situación de cierre de calles al nivel de la de Guate. Habrá que ver que soluciones tomaron ellos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      WSS /

      03/04/2018 10:34 PM

      y eso se repite en muchas colonias... que esto solo genera el placebo de falsa seguridad, porque en algun momento te das cuenta que dejan entrar a cualquier persona, que sin generalizar se les notan las mañas desde varias cuadras...

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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