Jueves Nacional

Tengo la suerte de contar con cómplices deliciosos, aleros maravillosos, dispuestos siempre a beber las mieles de la noche. No es tarea fácil para hedonistas profesionales como nosotros, encontrar reservas inesperadas de placer en esta tan recorrida ciudad. Hacemos siempre el intento, aunque volvamos a casa de madrugada y sin miel.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

No iba preparada para la sorpresa que fue Kin.

Foto: Claudia Armas

Generalmente, todo comienza con un mensaje de Whastapp. La semana pasada, por ejemplo, envié al grupo «Qué Desvergue» una insinuación. El plan era ir al llamado “Jueves Nacional” en Bar Los Lirios, ubicado en la 7ª Avenida de la Zona 1. No dudaron en sumarse.

Yo quería ir a ver a Lapreta, una gringa ya chapina a quien conozco, pero nunca había visto en vivo. En cartelera, otros dos nombres: Jonathan Carrión y Kin. Triple incertidumbre.

Llegamos al bar y coincidimos con algunos amigos de la música que a su vez eran amigos de los músicos. No había mucha gente, pero había buena vibra. Después de algunos minutos de espera, comenzó el show: la primera en subirse fue Lapreta, acompañada de Luis de la Rosa, guitarrista. Es bien interesante que siendo ella gringa, se dé a la tarea de componer en español y que nos regale canciones cifradas en inusuales códigos rítmicos. Su voz me recuerda a la Venegas de los 90, cuando tenía profundidad y fuerza. Ella y Luis han armado un acto bastante coordinado que, con el tiempo, puede llegar a ser simbiótico.

Segundo acto de la noche: Jonathan Carrión, acompañado de batería y bajo. Jonathan tiene una voz densa y menguante que contrasta con la dulzura de sus canciones y que juega bien con la voz acerada del bajista en los coros. La banda es entregada, se nota que tienen sensibilidad.

El cierre estaba a cargo de Kin: Guille Morán, batería; Dan Roca, bajo y sintetizador; y Tony Delgado, voz y guitarra. No iba preparada para la sorpresa que fue Kin: esta es una banda con mucho estilo y suenan apretadito. Tienen una onda psicodélica y experimentan, juegan, se divierten. El vocalista es un engasado de la guitarra, un maniático al volante. El bataquero es sólido y versátil. El bajista tiene groove y añade profundidad en los coros con su voz.

Al terminar tuve un sentimiento de frustración, pues me hubiera gustado que la sala estuviera llena. Qué gran esfuerzo hacen los de Los Lirios consiguiendo todas estas bandas y qué gran esfuerzo hacen los músicos, por supuesto. Entiendo, porque soy músico también, que dedicarse a este oficio en Guatemala es un mal negocio. No estoy hablando sólo del aspecto económico, sino también del energético: se necesita mucha energía para producir la magia de lo efímero.

Salí de ahí preguntándome ¿cómo encender la revolución musical?, ¿cómo gestionar un circuito vivo de posibilidades?, ¿cómo aprovechar la riqueza de nuestra música nacional? Y bueno, lo primero para mí es dejar de pensar precisamente en términos de música nacional. Es una expresión cargada.

Vaya usted a un bar en Inglaterra, jamás va a encontrar un cartelito que diga “National Thursday”.

¿Por qué no abolir de una vez las fronteras para la música?

Claudia Armas
/

Pirómana.


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    ricardo arjona /

    11/12/2015 3:08 PM

    cuando la musica es un hobby en lugar de una ocupacion full time, se nota. falta mucha cultura musical, y no digo en la audiencia sino en los propios musicos. los chapines rockeros solo oyen rockito y los trovitos no pasan de su trovita.
    ponganse las pilas, hagan la tarea y tomenselo mas en serio. y los vamos a ir a ver y apollar...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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