La depresión me acompaña a todas partes y podría hacerlo contigo también

Siempre me cuestiono a mi misma el por qué vivir con depresión o ansiedad sigue siendo una especie de tabú en nuestra sociedad. Por qué sigue generando ruido que personas exitosas o privilegiadas vivan de esta forma.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

La depresión. Foto de Wikicommons.

Aunque nos leemos tristes o nos vemos ansiosos, enmascaramos la realidad con cualidades socialmente aceptadas como “soy perfeccionista” o “soy una persona reservada” y con eso seguimos adelante guardando las verdaderas emociones.

Con frecuencia conozco personas que manifiestan signos y síntomas de alguna enfermedad y, aunque para mi es evidente que la depresión existe, las personas insisten que es únicamente un estado de ánimo o hacen se escudan detrás de la frase “no estoy loco, no es para tanto”.

Es hasta que leen su propia línea discursiva, que se percatan que algo está funcionando diferente en la percepción de la realidad. Y es que, aunque realidad no hay una sola, sino muchas, cuando los neurotransmisores se alteran, la realidad está distorsionada.

¿Cómo se lee entonces una persona con depresión?  Hace un tiempo, escuché a varias personas relatar cómo pasan sus días. Es de esas historias de donde obtengo estas expresiones.

“Hola. Soy María. No necesito despertador, mi depresión me despierta.   Dormí 10 horas, mi cuerpo ya no puede conciliar el sueño, es hora de levantarse e ir a trabajar.   Levantarme de la cama parece una batalla perdida. Intento bañarme y me doy cuenta que no voy sola, que mi depresión viene conmigo. Me percato de ella cuando ya no puedo oler lo bien que olía el jabón, cuando mi piel ya no siente la calidez del agua tibia, cuando mientras me baño, son lágrimas las que recorren mi rostro y no sólo agua.

Procuro sonreírle a esa desconocida del espejo.   Y sí, ahí aparece otra vez mi depresión.  ¿Para qué peinarme o arreglarme? Voy a ponerme ropa y, sin mayor cuidado, me visto con lo primero que encuentre. En fin, es imposible arreglar lo irremediable.

Me doy cuenta que ya estoy subiendo las gradas a mi oficina, y no recuerdo como llegué ahí, el piloto automático se activó otra vez… No recuerdo qué calle tomé, ni dónde estacioné el carro.  Tan despistada como siempre, es lo único que se me ocurre. Me sirvo café y, como era de esperarse, lo derramo por todo el piso. ¿Qué podía esperar de una inútil como yo?  Y ahí estoy a media tarde con el monitor enfrente y una hora tope para entregar el informe. Mi depresión me recuerda que no se ha ido, aparece esta vez con la imposibilidad de escribir, el síndrome de la página en blanco, le llaman, pero no sólo es eso… Esta vez se acompaña de los pensamientos automáticos: “qué torpe”, “ni aunque te esfuerces, podrás terminarlo a tiempo”, “seguro van a despedirte, si no sirves ni para servir café”.

El día termina, nuevamente aparezco en mi cama y no me doy cuenta cómo llegue ahí. Tampoco me percato que el único alimento que consumí fue la taza de café que derramé. No recuerdo el sol de la mañana, ni el azul del cielo por la tarde. Entro a las redes sociales y veo un atardecer hermoso, que me conmueve y me suelto en llanto nuevamente porque fui incapaz de percibirlo al volver a casa, sin darme cuenta que ese mismo atardecer lo tengo en vivo en mi ventana. Tampoco me doy cuenta que no emití sonido alguno, que mis amigos llamaron y escribieron pero no quise contestar. Menos recuerdo si en algún momento del día conversé con alguien, seguro no… Yo estoy sola, ¿quién querría hablar con alguien como yo?.

Son las 7 de la noche, el sueño me invade y a esta hora mi depresión ya me pesa. Vuelvo a dormir, para que mañana sea ella la que se encargue de despertarme otra vez”.

No nos enseñan a vivir la tristeza, nuestra cultura señala a las personas que manifiestan emociones “negativas”. Negativas para quién, me pregunto yo. El saber vivir y reconocer la tristeza, la ira, el enojo, la nostalgia de manera sana, puede llegar a ser una herramienta para prevenir los trastornos del estado de ánimo. La depresión no es una sola, existen al menos 4 tipos distintos de diagnóstico.

La posibilidad que la depresión toque a mi puerta y a la tuya, es alta.   El impedirnos la experiencia de vivir las emociones que habitan en el interior, es una actitud bastante inhumana de nuestra parte. El estigmatizar a las personas que actualmente viven con depresión, sólo hará que se hundan más en ella.

Como la historia de María, hay muchas y pasan desapercibidas bajo nuestra nariz en nuestro círculo de amigos. Pasan desapercibidas porque oímos, más no escuchamos.   Que la próxima vez que alguien me cuente su día, pueda escucharle con atención.   Que la próxima vez que alguien me pregunte qué tal el mío, pueda expresarme sin temor.

Nuestra comunicación va más allá del intercambio de ideas, es un intercambio de historias, de emociones, de vida.  Cuando se vive con depresión, levantarse cada día es un acto de valentía.

Que los pájaros de la tristeza sobrevuelen la cabeza, evitemos que aniden en ella.

 

 

 

 

Mercedes Bautista
/

Psicóloga Clínica. Empezando la treintena. Agradecida con la vida, pidiéndole que mire con buenos ojos lo que decida hacer con ella. Mi inconsciente es el que escribe.


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COMENTARIOS

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    Oli /

    24/07/2017 8:52 PM

    Gracias Mercedes por tu relato. Me ayudó en este momento de mi vida, me he sentido así y pues no quiero hablarlo con nadie. No quererse levantar de la cama es mi constante. Quiero creer que hay luz al final del túnel.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Homero /

    24/07/2017 7:28 PM

    Esta publicación ni remotamente está relacionada con la realidad de la depresión. No cuestiono la intención de la autora, pero no describe no remota,net el flagelo de la depresión y la ansiedad en las personas que los padecen

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Silvia /

    24/07/2017 6:45 PM

    La autora será psicologa pero no tiene depresión y es importante hacer la distinción. María no existe y se tomó -la autora- licencia literaria para dibujar vagamente esta enfermedad mortal. Buen tema, mala entrega.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Marlon Suarez /

      25/07/2017 7:26 AM

      Con todo respeto doña Silvia, pero usted ha tenido depresión alguna vez? Los que algún día padecimos de ese enfermedad nos identificamos plenamente con el relato. En mi caso, me despertaba, miraba al techo y me preguntaba: "Otro día más, para qué? Si ya no tengo a mi familia, a mis amigos, ya no tengo trabajo, el guaro y la droga me está consumiendo, entonces? para que quiero ésta vida?". Puede usted imaginarse vivir de esa forma? Sin un sentido a la vida, vivir con el piloto automático todos los días, creo que no tiene la más mínima idea.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

    papazopapaz /

    24/07/2017 5:51 PM

    Ahora el nombre María se va a volver el término inclusivo para automáticamente calificar cualquier argumento de lucha.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Barto-lo-meo /

    24/07/2017 1:01 PM

    Me parece que decir que María es una depresiva es racista. Porque usaron el nombre de María y no otro? Están diciendo que las mujeres indígenas oprimidas por el hetero patriarcado opresor son depresivas y que solo toman café como que si tuvieran que restregarle en la cara la pobreza en que viven. Exijo una disculpa.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Peter Lim /

      25/07/2017 11:35 AM

      HDP!!
      Me ganaste el comentario, iba a escribir justamente eso, ya que María es el nombre genérico de toda mujer sin rostro, como Carmelo es el nombre genérico del lechero!

      Punto y aparte; buen tema el que aborda la columnista. Indistintamente el enfoque racista que maneja, los que hemos pasado un episodio de depresión podemos decir que es horrible. Afortunadamente lo mío fue temporal, justo cuando salía de un problema físico.

      Pero que racista es la escritora, por favor!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Marlon Suarez /

      25/07/2017 7:13 AM

      Jajajajajajajajaja como chiste está bueno.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Rodrigo /

    22/07/2017 9:32 PM

    Mercedes, gracias por haber escrito esto y haber contado la experiencia de Maria. Le comparti a mi ex esta nota y me alegro saber que le sirvio "para no sentirse sola".

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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