La Historia se escribe sobre miles de muertos sin nombre

Cuántas veces hemos escuchado que todo en este mundo se repite, que el ser humano no cambia, que siempre ha habido violencia, que siempre ha habido guerras y que –al parecer– siempre las habrán. Nos lo comprueban los libros de historia, nos lo predicen las noticias y los análisis de actualidad. Sin embargo, ‘siempre’ es un tiempo muy largo, un tiempo indefinido e infinito.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

Detalle del sarcófago de Alejandro Magno: una oda a sus triunfos en el campo de batalla.

Foto: Flickr, Guillén Pérez

Hace una semana estaba sentada en mi clase de Historia de la Antigüedad y el profesor hablaba sobre el año 300 antes de Cristo y sobre Alejando Magno. Desde que estudio Historia, me fascina y sorprende el hecho de que hoy –en el 2015– debo aprender sobre una persona de carne y hueso que vivió hace tantos años. Muchas veces he pensado –quizás subconscientemente– que estas personas debieron haber hecho algo grandioso en el pasado, algo que impactó nuestra sociedad, porque de lo contrario alguien como yo no estaría aprendiendo sobre sus vidas.

La clase iba avanzando y se hablaba de alianzas, de la sed de poder de algunos, de ciertas formas de gobierno –cosas que todos conocemos–, cuando el profesor enseñó una foto. En ella se podía apreciar a un grupo de guerreros macedonios: cada uno sostenía una lanza de 5 a 7 metros de largo, aproximadamente. Se trataba de la falange macedonia, una formación de infantería que Alejandro Magno puso en práctica durante su conquista del Imperio Persa. Los ojos de docenas de estudiantes que anotaban lo dicho admiraron esa antigua forma de guerra. El profesor también. Su tecnología era un avance para destruir al enemigo, algo grandioso, ¿no?

 

La famosa falange macedonia, tecnología letal para la guerra en la antigüedad (Imagen: Christian Mielost).

La famosa falange macedonia, tecnología letal para la guerra en la antigüedad (Imagen: Christian Mielost).

Luego seguimos hablando de las diferentes batallas que ocurrieron, de lo grande que llegó a ser el territorio controlado por Alejandro Magno. Fue en ese momento en que dejé de poner atención a la clase y mi mente empezó a unir los hechos del pasado con los del presente.

Ahora –en noviembre del 2015– estábamos admirando o dándole mérito a un líder, a un guerrero, y sólo hace pocos días había ocurrido la tragedia en París, así que la forma como me estaban contando la historia me pareció hipócrita y triste. Alejandro Magno conquistó ciudades, invadió lugares y sometió a miles de personas bajo su forma de vida. Hoy lo celebramos como un héroe. ¿Por qué? Tal vez porque en una clase como en la que yo estaba, se hablaba de él en una forma tan ‘científica’. Sí, se hablaba de guerras y de invasiones, pero nunca escuché nada sobre las víctimas. Veíamos todo desde una única perspectiva: desde la perspectiva del conquistador.

El problema es que esto no sucede sólo acá, ni sólo con Alejandro Magno, sino con muchos acontecimientos y personajes de la historia. Hablamos de una guerra de hace cientos de años y no sentimos nada: esos humanos que murieron son anónimos, así que no cuentan. Aún hay muchas personas –incluso latinoamerican@s e historiadores– que continúan hablando del “Descubrimiento de América”. Esto nos demuestra la falta de reflexión a la hora de contar la Historia, pues nos enfocamos mucho en una única perspectiva. Es como si el ‘otro’ –el pueblo conquistado por Alejando Magno, o los miles de pobladores de América antes de la llegada de Colón– nunca hubiera existido. Sí, de esa forma es mucho más fácil contar la historia, pero es quizás por eso que la misma se repite, porque ese diálogo que en el pasado no existió –entre grupos enemigos–, tampoco existe ahora en nuestra visión. No tratamos de unir a las personas, de ver las dos o más perspectivas: la de quien atacó y la de quien murió, la de quien ganó y la de quien perdió.

Y ahora que hablamos sobre las armas, sobre la tecnología para matar, pensé que ninguna persona que haya sido matada por una de esas lanzas desearía que luego de miles de años se hablara tan neutralmente sobre esa arma que le quitó la vida, sobre esa arma que dejó correr su sangre y su espíritu. Tal vez en miles de años, los estudiantes estarán hablando de rifles, de tanques de guerra, de las nuevas tecnologías bélicas y de la conquista del territorio de algún líder o grupo –como, por ejemplo, ISIS. Tal vez se hable de París y se mencione que fue un ataque hecho con tal precisión, que a pesar de que el mundo tenía en esos años tantos servicios secretos, estos no lo pudieron evitar.

Cuando se nos insta a admirar hechos tan terribles, pasivamente nos enseñan que es bueno ‘luchar por lo que queremos’, que así tiene que ser, que la historia del ser humano es la guerra. Por eso es irresponsable lo que hacemos al hablar tan superficialmente de las guerras que pasaron hace miles de años.

Debemos de encontrar nuevas formas de analizar la historia y de contarla, de recordar que estamos tratando con personas que, aunque muertas hoy, vivieron en algún tiempo y tuvieron familias y sentimientos. Humanizar la historia significaría pensar en lo que hemos hecho como humanidad y pensar si esas tierras conquistadas fueron en realidad más valiosas que las vidas humanas. Me gustaría pensar que contar la historia de una forma más humana, nos hará más humanos, más curiosos por saber qué opina el otro, por saber cómo vivir al fin en paz.

Claudia Pinzón
/

Vivo del otro lado del Atlántico por el deseo de cambiar de perspectiva. Escribo para mantener viva la curiosidad y asombrarme. Creo que nuestra realidad es una construcción que puede ser cambiada, si tan solo tomamos conscientemente esa responsabilidad.


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    Victor Pinzon /

    05/12/2015 8:01 PM

    Interesante punto de vista. Fuera de la caja o al otro lado del muro.
    Era esto el Imperio Otomano? La historia de los derrotados si existe y de ella se puede aprender mas que la de los triunfadores? Analicelo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandro de la Rosa /

    04/12/2015 10:52 AM

    Columna sincera y humana, como dice Guillermo. Y llena de moralina.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Guillermo /

    03/12/2015 6:45 PM

    A mí me parece una columna sincera y humana. Gracias por las reflexiones a la autora, me parecen más sensibles y certeras que algunos de estos orgullosos comentarios.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alex Freire /

    03/12/2015 10:41 AM

    Es muy normal lo que te ocurre, me pasó a los 8 años, pero con el metarrelato cristiano. Lo que puedo sugerir es iniciarse en la Hermenéutica porque puede ayudar en la colocación adecuada de los hechos y su dialéctica. Además, si sientes que es tendencioso el discurso de tu catedrático puede que ocurran dos cosas o a) él adolece de la profunda preparación académica necesaria para hacer una buena síntesis de los hechos o b) hace falta más lecturas para comprender los conceptos desde la postura del estudiante; lo que ocurre con mucha frecuencia es que la terminología cambia radicalmente según la época desde la que hacemos la crítica y que siempre tiene connotaciones importantes que cuando el estudiante no se prepara adecuadamente, el discurso de un hecho suena como superfluo, simple y carente de fundamento al respecto de las contingencias reales y colaterales. Saludos y hay que darle duro a la lectura seria.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    alejandro rivera /

    03/12/2015 7:50 AM

    Es cierto lo que dice la columnista. Es notorio que se alaba mucho a los conquistadores que arrasaron con pueblos y naciones enteras. Un caso es el de Napoleon Bonaparte a quien consideran un gran genio y pasan por alto que por saciar sus ambiciones llevo a miles de jovenes franceses a una muerte prematura al embarcarlos en guerras absurdas. Muy triste es su incursion en Rusia, donde el helado invierno se encargo de matar a miles de soldados franceses, fuera de los que murieron por las balas rusas. Y por su culpa tambien murieron tambien cientos de rusos defendiendo su territorio.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos /

    02/12/2015 8:53 PM

    Hay que distinguir al Pasado de la Historia; a aquél lo conformaron hechos reales, que ya no existen, aunque nos determinen, pues somos el producto de lo que fue; la Historia, por su parte, es un discurso, que como cualquier otro, obedece a condiciones de producción, al contexto en que fue emitido: las ideas, prejuicios, creencias, ideología, condicionamientos desde el poder, censuras, etc., que inciden sobre el autor del relato. Así, no existen dos versiones de la Historia, la de los vencedores y los vencidos, como si se tratase de una ideología homogénea e inmutable en cada una de las dos clases sociales antagónicas. Pueden existir tantos discursos históricos como historiadores, pues la Historia es una interpretación del Pasado, donde el autor selecciona datos, hechos y personajes, asigna significados, sentidos, relevancias y conexiones entre hechos, y, además, otorga cargas axiológicas al relato que construye. Sin duda, como cualquier conocimiento con relevancia social, existen mecanismo de poder, control y censura, que condicionan dicho saber; me refiero de forma particular a la Historia oficial, la que se enseña con fines nacionalistas, cívicos o legitimistas en las escuelas. Sin embargo, la opción no está entre conocer sobre el Pasado o ignorar dicho saber por distorcionado, sino entre ser un ciudadano pasivo que no sabe discernir y cuestionar, o ser un agente social activo, crítico e investigativo; desconocer el pasado llevaría a una ignorancia denigrante; así, Cicérón afirmó que un pueblo que no sabe sobre su Historia, permanece en una perpetua minoría de edad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Matías Gordillo /

    02/12/2015 11:58 AM

    Percepciones de alguien que está en primer año de historia. ¿por qué un texto como ese merece ser publicado? ¿Por qué no publicar la percepción que un estudiante de primer año de ingeniería tiene sobre, por ejemplo, los aspectos técnicos del funcionamiento de la hidroeléctrica Chixoy?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    José Dardon /

    02/12/2015 10:05 AM

    Solo le recuerdo a la jovencita que escribió este lastimero remedio que lo admirable de fijos personajes no reside tanto en el trato hacia los vencidos sino en los métodos para convencer e inspirar a otros para ejecutar empresas de conquista. Lamento comunicarle que la absurda susceptibilidad del "hombre" (si se le puede llamar a así") posmoderno no aplica en el análisis real y serio de los procesos históricos. Le falta mucho por aprender.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Andrés Galeano /

    02/12/2015 10:01 AM

    Valoro tres elementos del trabajo. El primero es el reconocimiento de la naturaleza humana, la cual pasa lógicamente por la innovación bélica para conquistar objetivos. La segunda, más cuestionable pero interesante, es la relación entre la forma de aprender historia y porqué pareciera que repetimos los mismos errores. El objetivo principal del estudio de la historia, o por lo menos a mi parecer, consiste en comprender el contexto de la toma de decisiones. Al no hacerlo, por ejemplo, llegamos a afirmar que las acciones cometidas por los imperios fueron una total barbarie. Esto no quiere decir, sin embargo, que este defendiendo las acciones cometidas en Guatemala; es más, allí encuentro el origen de muchos de los problemas sociales que enfrentamos hoy como país, pero también reconozco que no había otra forma de hacer las cosas en ese entonces. En Estados Unidos, por ejemplo, la solución no fue intentarlos acoplar, los exterminaron y punto. El último elemento, y que defiendo totalmente, es la cita indirecta a Foucault ya que el habla que la Verdad, lo objetivo, está en constante construcción por la lucha de dominados y dominantes; en pocas palabras, la Verdad es sólo una muestra de la victoria de unos sobre otros, explicando por qué no tomamos en cuenta las opiniones de los derrotados. Al fin y al cabo, lo objetivo para nosotros termina siendo sólo uno de los lados del cubo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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