Las estadísticas, como las fotos, nos retratan

El año 2000 será siempre una referencia para quienes nacimos antes de los noventa. Era un momento de cambio. Guatemala acababa de firmar la paz, los países del mundo firmaron la Declaración de Objetivos del Milenio para un mundo sin pobreza, y yo me fui de la casa de mis padres y empecé mi primer trabajo: ser parte del equipo para la primera Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), esa que la semana pasada dijo que el 59.3% de guatemaltecos vive en pobreza.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Niñas juegan en Quiché.

Foto: Vivian Guzmán

Mientras trabajaba era estudiante de economía. Escogí esa carrera para acercarme al entendimiento de la pobreza, la desigualdad y la exclusión; y para ayudar a la reducción de las injusticias sociales de nuestro país.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) busca retratar la situación de los hogares guatemaltecos y medir estadísticamente la situación de pobreza en Guatemala. El esfuerzo de entonces, como ahora, se realizó de manera conjunta entre instituciones públicas (INE y SEGEPLAN), académicas (Universidad Rafael Landívar) y el acompañamiento técnico del Banco Mundial. Tuvimos la suerte junto a dos amigos que el director de la carrera nos invitara a formar parte del equipo de la universidad para esta Encovi.

Recuerdo bien el día de la presentación de las cifras. Por un lado, impactaba saber que la mitad de la población guatemalteca (56% para el año 2000) estaba en situación de pobreza y 15% en pobreza extrema. Pero por otro, sentía la confianza de que finalmente se contaba con una base que, desde el método científico, abría la puerta para hablar de una realidad social que años antes cobraba la vida de quienes se atrevieran a señalarla. Las estadísticas, cual fotografías, retratan situaciones y realidades de vida, resumen en un valor numérico la condición de muchos; y eran necesarias y fundamentales para que los elaboradores de política pública y resto de actores de la sociedad supieran la dimensión del reto, se acercaran más a su entendimiento, trazaran una mejor ruta a tomar y pudieran, con el tiempo, evaluar los avances.

 

Una mujer prepara comida en Sacatepéquez.

Una mujer prepara comida en Sacatepéquez.

Este mismo ejercicio, bajo esa misma metodología y forma de trabajo interinstitucional (que garantiza la comparabilidad a lo largo del tiempo), generó también las cifras de pobreza para los años 2006 y 2014, publicadas la semana pasada, en diciembre de 2015.

Estas últimas, presentadas la semana pasada, nos desnudan en nuestra realidad, ésa que muchos prefieren negar o no ver. La pobreza en nuestro país es amplia: 6 de cada 10 personas se encuentra en esa situación (59.3%), de las cuales 2 en pobreza extrema (23.4%). Los datos siguen revelando las altas desigualdades entre grupos de población: 79% de la población indígena se encuentra por debajo de la línea de pobreza, mientras 46% de la población mestiza; y 76% de la población rural, mientras 42% de la urbana. La observación nos recuerda que somos una sociedad excluyente, que da la espalda a buena parte de la población, y particularmente a la población indígena y rural.

La incidencia de la pobreza en las tres ENCOVI.

La incidencia de la pobreza en las tres ENCOVI.

Pero la medición reciente nos muestra otro terrible hecho: durante los últimos quince años –ese período en el que nos habíamos propuesto a nivel nacional e internacional hacer grandes esfuerzos por reducir este flagelo social- la pobreza y la pobreza extrema se incrementaron: de 56.4% a 59.3%, y de 15.7% a 23.4%, respectivamente.

El punto medio de la serie (año 2006), indicaría que en el primer período la tendencia era la correcta, pero no se logró mantener esa dinámica sino una contraria. Aunque el incremento se dio de manera general, los mayores aumentos se observan dentro del ámbito urbano (de 14.8 puntos porcentuales entre 2000 y 2014), y entre la población no indígena (4.7 puntos a su vez).

Como en aquel entonces, la impresión generada por la publicación de las estadísticas de pobreza quedará marcada en mi memoria. Pero en esta ocasión, el sentimiento provocado es distinto al del año 2000, pero no nuevo: enojo, vergüenza e indignación.

Por enésima vez este año, siento a nivel físico el malestar de una noticia: resequedad en la boca, porque hay que dar un trago amargo que cuesta dar; presión en el estómago, porque cae cual piedra una notica que cuesta digerir. Pero todavía hacía falta una más: la postura de los representantes (tanques de pensamiento, ministros, generadores de opinión) de la élite económica que, como testaferros del gran poder, se burlan del pueblo guatemalteco tratando de desacreditar con argumentos sin sustento técnico y tratando de ocultar una verdad: las cifras revelan el fracaso social del sistema político y económico que promueven y mantienen.

Para algunos cuantos contar con un estado débil (financiera como institucionalmente) sí trae réditos: los grandes concentradores de la riqueza nacional y los nuevos ricos que hacen sus fortunas desde la corrupción pública o privada se benefician de ello.

Pero a costa del bienestar de muchos.

No solo afecta a la población que sale reflejada en las cifras de pobreza –aunque ciertamente es la más necesitada- sino también afecta a las capas medias. Pero a nosotros (lectores de este medio, trabajadores asalariados, micro, pequeños y medianos empresarios) nos cuesta entender todavía que la falta de seguridad, de justicia, de salud, de educación pública, de carreteras en buen estado y de desarrollo humano en general es parte del bienestar de todos.

La incapacidad del Estado para responder a las muchas y profundas necesidades de esta sociedad se ancla en varios pilares: la corrupción (de eso ya tenemos bastante conciencia después de este inolvidable 2015) y dejarla pasar durante tanto tiempo ha sido sin duda parte de la explicación de nuestro retroceso.

La creencia que con un estado minúsculo financieramente se puede responder a las múltiples necesidades del país (vale recordar que somos uno de los países con menor carga tributaria a nivel mundial, y el último Panorama Social de la Comisión Económica de la ONU para América Latina nos recuerda que casi nadie invierte menos en salud y educación que Guatemala).

La ruta de la primavera para 2016

Ya empezamos a despertar. Pero si queremos transformar este país en algo vivible para todos y todas, y no en una pesadilla para muchos; tendremos que seguir abriendo los ojos, cuestionando y exigiendo los grandes cambios que necesitamos y merecemos. Habrá que respirar hondo, tomar energía y retomar los sueños de transformación social, porque menos lograremos dejándolos tirados y cruzándonos de brazos ante un futuro que se desfigura cada vez más.

Esto pasa por vernos cual somos: un país donde la pobreza es amplia y profunda, además de creciente. Una sociedad altamente desigual y excluyente de gran parte de la población, que corta así las posibilidades de desarrollo de miles de niños y niñas atrapados en el círculo vicioso de la pobreza.

Una sociedad que aspira a un bienestar que pasa por la construcción de bienes públicos, pero que sigue aplaudiendo las iniciativas de ley que promueven la exención de impuestos a pesar de que somos uno de los países con menor carga tributaria del mundo.

Un país que pretende conseguir competitividad mundial a base de reducción de salarios, en vez de invertir socialmente para contar con una población educada y sana. Un país que sigue escuchando a quienes quieren tapar el sol con un dedo, en vez de decidirse a ver la realidad y sumarse a la transformación de ésta.

Vivian Guzmán
/

Guatemalteca, economista landivariana. Soy amante y aficionada a la fotografía. Empedernida soñadora e idealista. Mamá de una maravillosa niña y un maravilloso niño.


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    orion /

    03/01/2016 12:26 PM

    lastima que no tengo fotos de cuando nos secuestraron y casi nos linchan y queman a is amigos de USA y su servidor y donde me robaron mis pertenencias los Ind...Cerotes del sur de Campur, AV. en mayo del 2015.
    así nos representaríamos de nuestra maldita y triste realidad.
    un saludo a todos y cuidense en el interior de Guatemala.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bruno /

    29/12/2015 12:09 AM

    ...Y bueno, por algo tendremos que empezar. Y al umbral de una nueva administración no queda más que vigilar, si vigilar que los nuevos gobernantes usen la única herramienta para acabar con todos los males de Guatemala. Que dejen la decidía y se llenen de voluntad, que dejen la pereza y se llenen de voluntad, que acaben con la mediocridad y que se carguen de voluntad. Porque claro está, a la pobreza no se le hace frente con migajas, a la pobreza solo se le puede hacer frente con mucha voluntad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos /

    27/12/2015 10:00 PM

    Aun si estuviéramos de acuerdo en el diagnóstico, no logramos entendernos con el remedio. Porque si la solución al problema de la pobreza fuera por la vía de un "estado fuerte", Venezuela no habría tenido incremento de la pobreza en la última década y Cuba (que es prácticamente solo sector publico) no estaría tratando de privatizar su economía para que dé señales de vida. Si en Guatemala hay pobreza no es porque hay muy pocos "servidores públicos" de esos que salen casi a diario en los periódicos, y el problema no es tampoco que haya demasiados empresarios, demasiado "poder económico", es decir, gente e instituciones que producen y muy pocas que (se) lo reparten. Los ricos de Guatemala no son ni una fracción de ricos de lo que son los ricos de Estados Unidos o Gran Bretaña o Alemania. ¡Ya quisiéramos tener a ese "poder económico" acá, generando empleo con grandes proyectos capitalistas, aun si su inclusión generara desigualdad estadística!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    HOYPORHOY /

    17/12/2015 3:09 PM

    Sin duda la corrupción es un problema serio. Deleznable y también urgente de erradicar. Pero la falta de inversión, además de la cleptocracia de la que habla Carlos en el comentario anterior, son temas trascendentales que es importante abordar más temprano que tarde. Estadísticas, mediciones y diagnósticos sobran, sin una clase política comprometida con su labor de servidora pública, tenemos cada cuatro años un relevo de incompetentes en el mejor de los casos. Mandos medios y puestos en teoría técnicos no escapan del fenómeno del amiguismo y la incompetencia, rotando personal cada cuatro años pero siempre ubicando en los puestos a personas con el mismo perfil: Amigos del de turno e incompetentes en sus labores. He tenido la oportunidad de laborar en el estado y la situación es dramática. Aquellos que se encuentran allí por cuello pasan el tiempo en cualquier labor menos la que deben hacer y frecuentemente con salarios superiores a los que verdaderamente trabajan. Ese es solamente uno de tantos problemas que el sector público padece.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos /

    17/12/2015 11:16 AM

    Respecto al tema de la corrupción, que se menciona en el artículo, considero que la misma es un efecto de algo más, ese algo más es el que hay que cambiar, y eso tiene que ver con aquello que permite que, por ejemplo, al sector público lleguen mandos altos e intermedios que defienden intereses personales del partido político que llega al poder, no tienen en su haber el ideal de mejorar la situación de la mayoría de guatemalteca(o)s porque muchos de ellos pertenecen o se convierten en cómplices del partido de turno. Entonces ¿Cómo hacer para que éste tipo de partido político ya no llegue al poder? Podría lograrse cambiando la ley de partidos políticos y ajustándola a las necesidades de la mayoría de guatemalteca(o)s. Pero la cuestión es ¿cómo? sin caer en lo mismo que se crítica. Ya se vio, en las protestas de este año, que no se trata únicamente de salir a protestar a las calles, porque es fácil que se coman el mandado los de siempre, que únicamente apoyaron para quitar a representantes de ellos que por equis razón ya no les favorecía para el logro de sus objetivos de mantener el status quo, fundamentalmente de la vergonzosa desigualdad que se describe y demuestra con datos en el artículo, pero fuera de ello no cambiaron nada las élites económicas y sus administradores (en justicia, seguridad, salud, etc), las leyes fundamentales que rigen a la sociedad guatemalteca siguen sin cambios favoreciendo a la minoría en pos de la históricamente marginada mayoría de personas de esto que se llama guatemala.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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