4 MIN. DE LECTURA

Compartí
Actualidad Entender la política La corrupción no es normal Somos todas Identidades Guatemala urbana Guatemala rural De dónde venimos Blogs Ideas y soluciones
Impunileaks
11 Pasos
Compartí
Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Seguinos

¡Hola!

Necesitás saber que...

Al continuar leyendo, aceptás nuestra política de privacidad, que podés ver aquí.

Las peores cosas que pueden decir de mí

Ahora que regresa Alfonso Portillo a Guatemala y es año electoral, me dio por recordar aquella época en la que era candidato a la Presidencia y salió a la luz de los medios locales el crimen cometido en Chilpancingo, donde dio muerte a dos personas.

Cotidianidad feminismo masculinidad Opinión P369 poder
Esta es una opinión

flickr.com/photos/josemanuelerre

No lo recordé porque quiera lanzar una diatriba en contra suya, sino porque la reacción en la campaña de ese golpe que le asestaron, lo recibió de tal manera que pareció no importar. De hecho, ganó la Presidencia. Realmente, lo encuentro notable.

Algunas paredes empezaron a aparecer con grafitis en los que se leía “Berger gacho, Portillo macho”. A lo mejor la estrategia de campaña quiso fijarlo así y a la gente le gustó. Resaltar la masculinidad de uno, frente a la “debilidad” del otro. Tan masculino es que puede matar.

Cuando pienso en las muchas cosas que se han dicho de los candidatos o funcionarios, encuentro una lista de: robachicos, robaterrenos, corruptos, tontos, pobres con demasiadas ambiciones, genocidas, asesinos, todo está bien.

Sin más, eso suele pasar de largo. A diferencia de cuando dicen de alguno que lo manda la mujer, que es afeminado o peor aún, que es mujer y por qué no, indígena. Eso no parece ganar el juicio moral y axiológico de la gente.

Me pasaba igual cuando estudiaba la primaria y la secundaria. Estaba en un colegio católico que solo admitía varones en sus filas. De tal cuenta, que estando ahí, aquello era lo más parecido a un reformatorio. Cientos de chicos, con las hormonas cabalgándolos como si fueran potros salvajes, conviviendo sin demasiado control.

Casi todos los días había peleas. Nos veíamos a la salida, en la parte trasera del colegio, junto a unas covachas de lámina. O nos dábamos en la clase. Porque al final, construimos una masculinidad que se dice fuerte, pero no lo es. De hecho, es tan frágil que se puede romper a cada segundo.

Por eso debemos probarla todos los días. Como cuando mis amigos los motociclistas se enredan entre las filas de autos y me aparecen de improviso poniendo en riesgo nuestras vidas. Cuando uno suena la bocina por precaución, porque nuestro equipo de fútbol lo amerita, entonces debemos demostrar que somos hombres, como si uno nunca estuviera realmente seguro de serlo.

Pensemos en los estadios, lo que se grita ahí. O lo que la gente dice de los jugadores profesionales. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo podrá ser el mejor jugador del mundo (depende del año) y tener que pasar relegado en la imagen pública, porque es demasiado afeminado para los  aficionados.

Parece que ser mujer es lo mismo que una peste. Una enfermedad gravísima que si se le transmite al hombre, todo colapsa. Nada en la vida puede funcionar si uno no responde a la tradición de la rudeza y los golpes.

Ahora bien, pensemos en el poder. Ninguno de nosotros creció ajeno a esta situación. Por ello, el ejercicio del poder tampoco resulta ajeno a esta idea de masculinidad. De hecho, los hombres son quienes suelen fijar las reglas: mayoría en el Congreso, poca visibilidad en el Ejecutivo, nula participación en las agremiaciones de empresarios (jamás una mujer ha presidido el CACIF), en los sindicatos (los líderes sindicales suelen ser hombres), académicos, etcétera.

Por ello, para ostentar el poder hay que jugar a ser rudo y violento. A que uno puede más que los demás. O la tiene más grande.

Viéndolo así, no nos debería sorprender que existan maras, por ejemplo. Son el síntoma de las muchas enfermedades que padecemos, pero querrámoslo o no, están hechas a nuestra imagen y semejanza.

La forma de acceder al poder con imposición, las supuestas reglas de lealtad, la objetivización de la mujer, son tan solo parte de nuestra imagen en un espejo muy oscuro.

La mayoría tiende a pensar que las soluciones deberían ser aplacar con dureza a las maras. Por supuesto que hay que ser firme, pero la mayoría a lo que se refiere cuando se trata de eso es a limpieza social, algo que jamás podemos volver a permitir.

Tener un mejor país pasa sin lugar a dudas por mejorar nuestras relaciones abusivas de poder. En ello, es absolutamente necesario que la masculinidad se cuestione a sí misma. Sin embargo, los espacios para ello son absolutamente nulos. Más bien, la educación, al servicio de los sectores conservadores buscan que la idea de poder masculino prevalezca.

Habría que analizar cuánta gente descarta a las candidatas a la presidencia no por sus ideas sino por su género. O lo que dicen de ellas sus contrincantes, como Manuel Baldizón, llamando gallina a Sandra Torres y asumiendo que él es el gallo.

Mejorar nuestra condición de país violento hacia un lugar mucho más habitable no puede obviar estos caminos. Sin embargo, por más evidente que nos parezca a algunos, el debate pasa lejos de las mayorías, que prefiere seguir en la posición cómoda del mando.

Encuentro muy poca literatura acera de la masculinidad escrita por hombres. La mayoría provienen del gran regalo que el feminismo le ha dado. Aún hay mucho por profundizar ahí. Sobre todo, encontrar en las ideas, alianzas con estos movimientos que buscan libertad.

Más de alguno habrá pasado también por esos grupos de hombres donde también las relaciones son verticales, donde  los menos fuertes físicamente terminan siendo violentados. Cuestionar la masculinidad nos debería llevar a salir de ese estado salvaje.

Ahora mismo, aprovecho cualquier espacio. Como este. Y mejor aún, con mi hijo. Veo que muchos padres lo hicieron ya. Encuentro maravillosas conversaciones con jóvenes veinteañeros que se preguntan cosas, que debaten otras y que intentan ser mucho mejor.

Debe ser cierto que el mundo siempre mejora, aunque sea, lentamente. Mientras sucede, nos queda observar los discursos del año electoral y prescindir de las machoburradas.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

Uníte a nuestro grupo de WhatsApp

¡Gracias!


11

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Wingston González /

    11/02/2015 10:47 AM

    Pues notas como estas son buenas para empezar. Mientras más nos dicen que debemos ser "hombres", más nos joden. Y si nos dicen que debemos ser mejores "mujeres" también nos joden. El punto, creo yo, no son las categoría de género llamadas "hombre" y "mujer", es el género, para qué sirve, cómo llegamos a configurarlo tal como todo y los símbolos y lenguajes que le sirven de vehículo; qué implicaciones tiene para la sociedad, si tiene razón o no el discurso que se dice así mismo biologista y que se pone en eso de que, además de ciertas funciones fisiológicas, las corporalidades tienen ciertas características mentales que traen de fábrica que los define en uno o en otro bando. Si en realidad hay muchas formas de ser hombre (como oí en una magnífica puesta en escena hace poco) y muchas de ser mujer, ¿no será que en realidad hay muchas formas de ser persona, y que lo demás son etiquetas que llegan a nuestras vidas por un montón de rutas?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    09/02/2015 11:34 PM

    Retomar eso y replicarlo sería genial.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Giovanni Melendez /

    09/02/2015 10:50 PM

    Estoy casi seguro que aún quedan por aquí y por allá, algunos hombres que participaron en varios talleres sobre masculinidades organizados por OPS hace varios años (casi una década), además de una relativamente reciente Red de Hombres que abarca algunos departamentos del centro y occidente del pais. Pero sin duda, congregarnos, acercarnos...para conversar, expresar, preguntar, escuchar y replantearnos, es algo que nos causa mucha incomodidad. A ver si reactivamos algunos de esos espacios..!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    09/02/2015 9:16 PM

    Meter a todas las mujeres en el cliché de "no progresarán porque solo les interesa la moda" es tan absurdo que roza con lo inocente.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bea /

    09/02/2015 7:41 PM

    Buen post, Julio, ya era hora que un hombre comenzara a cuestionar el sistema de opresión tan rudimentario en el que vivimos y que ponga en tela de juicio la obsesión que tienen x probar su masculinidad a costa de lo q sea. Que no sea el último x favor!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    miguel /

    09/02/2015 7:15 PM

    Creo que las mujeres nunca van a sobresalir porquea la gran mayoria lo que les importa es la moda el que diran y las cosas materiales. SiNo miremos como estan a la espera de la película 50sombras de Grey. Afortunadamente no son todas pero si una gran mayoria

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Byron Gonzalez /

    09/02/2015 7:14 PM

    Muy acertado comentario. Siempre me parecio surreal que solo en Guatemala es posible que para un candidato sea algo positivo que sea asesino. No es de sorprender que el plagio sea visto como casi una virtud!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Byron Gonzalez /

    09/02/2015 7:14 PM

    Muy acertado comentario. Siempre me parecio surreal que solo en Guatemala es posible que para un candidato sea algo positivo que sea asesino. No es de sorprender que el plagio sea visto como casi una virtud!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    i /

    09/02/2015 6:05 PM

    “Las niñas pueden usar jeans y cortarse el pelo corto. Usar camisas y botas, porque está bien ser un niño. Pero para un niño verse como una chica es degradante, porque tú crees que ser una chica es degradante…pero en secreto te encantaría saber lo que es, ¿verdad? Qué se siente ser una mujer” - Ian McEwan. El Jardín de Cemento, 1978

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio Prado
    Julio Prado /
    09/02/2015 5:45 PM

    Gracias, Silvia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones