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Me llamo Nacho y soy homosexual

Es complicado enfrentar nuestra cotidianidad. ¿Hasta cuándo nos marca el qué dirán en todas nuestras acciones? Vivimos con miedo a que la sinceridad nos traiga grandes males. Hay que ser normal, pasar desapercibido. De todos modos, todo el mundo carga más de algo. Quién más o quién menos tiene sus pequeños trapitos sucios que ocultar. Lo malo es que ser homosexual no tiene nada de sucio.

Cotidianidad derechos gays Opinión P369 público Recomendados salir del clóset
Esta es una opinión

Un día, celebrando la vida.

Foto: Ignacio Laclériga

No es lo mismo que estar casado y engañar a la esposa con la amante o yéndose de putas. Tampoco es lo mismo que ser un empresario exitoso pero ponerse de cocaína cada vez que hay que enfrentar un nuevo reto. Y, por supuesto, que no es lo mismo que aprovechar la menor oportunidad para llevarnos una ganancia de dudosa procedencia al bolsillo.

La lista de hipocresías y artimañas ocultas se dispara en ejemplos que prefiero no enumerar. Y la cuestión es que nos hemos acostumbrado tanto a aceptarlas que justificamos esconderlas, disimularlas. Toda gran mentira empieza con un pequeño engaño. Nos va ir mejor si ocultamos como somos.

Te dicen: »“Cuidá que no sepan que eres gay»”.» “No te  preocupés, no pasa nada malo que lo seas mientras nadie lo sepa»”. Así, automáticamente, nos convertimos en un estigma misterioso, gracioso si me permiten. Somos extravagantes y simpáticos viviendo una vida misteriosa a espaldas de la sociedad. Con un peligro latente, esa aceptación es solo aparente. Somos los que contraen enfermedades por viciosos, los que vivimos una vida sin responsabilidades porque no tenemos una familia. Pero si pedimos el derecho de tenerla recibimos con esa vieja proclama:» ¡Eso es antinatura!»

Si trabajás con niños sos un pedófilo. Si defendés tus derechos, un resentido. Si lo hacés público, te despedirán de tu trabajo. Es como los judíos que querían vivir en el Lago de Atitlán.» ¡Fueron expulsados por sus singularidades por un pueblo que se ha pasado cinco siglos intentando que se respeten las suyas»! Somos incapaces de respetar las singularidades de los otros, posiblemente porque somos incapaces de aceptarnos plenamente a nosotros mismos.

El psiquiatra Brad Blanton dice en su libro Honestidad Radical que la mayoría de la gente somos increíblemente mentirosos, lo cual nos agota.» “Ahí radica la mayor fuente de estrés para los seres humanos. Mentir mata a la gente»”, asevera. Y, es verdad, vivimos con tal miedo a las posibles repercusiones de nuestra sinceridad que no nos paramos a pensar que lo bueno de nuestro mundo es consecuencia de personas que nos precedieron y no tuvieron miedo.

Si las poblaciones mayas de Atitlán pueden revindicar sus peculiaridades, es porque otros antes de ellos lucharon por esa verdad sin miedo y hasta la muerte. Si las mujeres pueden contar con ciertos privilegios sociales, es porque otras, antes de ellas no tuvieron miedo a que las tacharan de feministas por la calles, con tal de conseguir el derecho al voto o al trabajo o a separarse de un marido abusador. Si ser homosexual hoy no es ilegal, ni existen redadas para encarcelarnos, es porque unos hombres y mujeres valientes no tuvieron miedo a salir a visibilizar su realidad.

Es verdad que, de vez en cuando, decir la verdad nos puede hacer perder un trabajo, un cliente o una oportunidad en la vida. Pero, las más de las veces, no sabemos si esto va a ser así y simplemente callamos. Con el peligro consiguiente que encierra ese silencio.

En el caso de las discriminaciones raciales o de género es fácil. Resulta complicado que un indígena o una mujer puedan ocultar su condición. Sería bastante cómico ver a un afroamericano empeñado en hacerse pasar por blanco, a lo Michel Jackson, o a una Jennifer López pretendiendo convencernos que es un hombre. Pero no ocurre así con la discriminación religiosa o de la orientación sexual. Los judíos del lago Atitlán hubieran sido mucho menos molestos si no se hubieran empeñado en vestirse de acuerdo a sus creencias religiosas. Hubieran pasado por cualquier gringo o hippie, molesto pero aguantable.

Igual nos puede ocurrir a los gays, lesbianas, transexuales, travestis o transexuales. Somos permisibles mientras no molestamos. Mientras seamos graciosos, pero no locas. Emocionales, sin hacer actos de afecto. Femeninos, pero no amanerados. Incluso un transexual es aceptable si una mujer bonita, que recuerde lo menos posible su pasado, como la modelo andrógina tan guapa de la que escribió Adelaida. Mientras, alimentamos los prejuicios, damos armas al odio y continuamos permitiendo que cualquier ignorante retrógrado nos arrebate el derecho a perseguir nuestra propia felicidad.

Ignacio Laclériga
/

Me llamo Nacho Laclériga y soy chapiñol. Nací en España; llevo más quince años en Guatemala. Soy máster en comunicación estratégica y coach profesional. Junto a un grupo de profesionales, ideamos Gecca, una organización que desarrolla proyectos, gestiona la comunicación y la adaptación a los cambios. www.gecca.com.gt


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    José Antonio Ch. /

    29/10/2014 12:50 PM

    Interesante, muy interesante el trabajo periodístico que están realizando. Debo reconocer que por curiosidad leí un par de artículos y hasta me atreví a compartir el link de uno de ellos en las redes sociales.
    Mucho que hablar, mucho que comentar...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    René Villatoro /

    27/10/2014 8:32 PM

    Para Trudy: el autor Israel Shahak quizás pueda iluminar las partes históricas que quizás desconozcas de la religión judía (en el entendido que realmente quieras conocerlas). A Nacho, sigo pensando que comparar la comunidad de Atitlán y lo que hicieron con los ultras, con la discriminación que indudablemente padecen los gays en nuestra sociedad, está absolutamente fuera de foco. Saludos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Paulo /

    27/10/2014 9:36 AM

    Me gustó mucho el artículo.

    Sobresalta la importancia de ser uno mismo y ser genuino ante la sociedad porque... Cómo me pueden aceptar tal como soy si no saben como soy ni quien soy? Debemos los pocos derechos que tenemos a los que han sido valientes de dar la cara y luchar por sus (y nuestros) derechos.

    Lo único que no me gustó fue la comparación con los "Judíos" de Lev Tahor porque ellos son tan extremistas que les llaman "El Talibán Judío" y que no son bienvenidos ni en el mismo Israel. Tampoco fueron expulsados simplemente por su forma de vestirse. Simplificó demasiado esa situación que no viene al caso ni se compara a nuestra situación. Nosotros -que yo sepa- no estamos imponiendo nuestras creencias en otras personas. Por lo demás, buenísimo artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    William Romero /

    18/10/2014 10:35 AM

    Me parece apropiado resaltar la hipocresía en la sociedad, tal cual lo hizo con mencionar algunas. Vivimos en un país, en una región, que prioriza el "bienestar común" (por miedo a pensar diferente), a costa de defender la integridad de cada una de las personas que construyen a diario la sociedad. La iglesia, la ideas preconcebidas y concepciones heredadas, son el arado que replica en tierra, estos pobres y no fundamentados pensamientos retrógrados.
    Las leyes son morales (porque se basan en costumbre, por lo más estúpidas que sean), pero no son éticas en lo absoluto (porque no se enfocan en el individuo y sus necesidades propias). Es irónico cuanta contrariedad existe respecto a este tema como lo indicó.
    Los medios masivos, siguen estigmatizando a la comunidad homosexual (representando cada vez que pueden de forma burlona y poco sensible a la misma), la iglesia, tiene miedo a pensar diferente y contemplar distintas medidas teniendo en cuenta que la homosexualidad, no es un tema de reciente incursión, el estado, prefiere taparse los ojos, las orejas y la boca para no entrar en discusiones con la sociedad y sus diferentes actores sociales, entre ellos como ya lo dije, la iglesia.
    Es necesario replicar cada vez que se puede, a quien no lo entienda, que la mejor forma de interpretar la postura de los demás, es la de colocarse en sus zapatos, desde la alteridad y no desde la conveniencia de los pensamientos que una vez les fueron pronunciados.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ignacio Laclériga
    Ignacio Laclériga /
    17/10/2014 9:24 PM

    Bravo. Estoy encantado con sus comentarios. Trudy acertadísimo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Trudy Mercadal /

    17/10/2014 6:01 PM

    Mis respetos por tu artículo y tu valentía, Nacho. Que tu esfuerzo abra muchas puertas comunicativas. Solo quiero responder al comentario que dice que los judíos por "lo general" no pueden tener trato con otros que no sean judíos y miran con desprecio como sub-humanos a todos los demás. Eso es una enorme falsedad y que triste que la gente lo repita como que tuvieran profundo conocimiento de causa. No solo soy judía y lo es mi familia, sino que he estudiando historia del judaísmo por mucho tiempo. La religión judía, como muchas otras, se basa en el principio de apreciar al prójimo como se aprecia a uno mismo. Que como en todo grupo social existan extremistas minoritarios que no representan a la mayoría, es cierto. El grupo ultra ortodoxo es uno de estos. Los existen en todas las religiones y tienden a ser grupos muy cerrados. Eso no quiere decir que tiene por ley menospreciar a otros. No creo, por ejemplo, que los menonitas tengan por ley menospreciar a los que no son menonitas, a pesar de ser grupos cerrados y endógamos. Seguro que habrán individuos que dan esa impresión o sí son así. No representan a la mayoría. Como siempre, hay quienes gustan de tachar a un grupo entero--en este caso "a todos los judíos"--por sus experiencias quizás con un par de individuos o un pequeño grupo. O peor aún, sin ninguna experiencia, solo basándose en conjeturas y estereotipos. Un abrazo y que siga tu buen trabajo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Anónimo /

    17/10/2014 12:52 AM

    Me encantó el artículo, como persona homosexual me he sentido discriminado muchísimas veces, no solo de formas explícitas a través de comentarios despectivos hacia mi persona y hacia mi comportamiento, sino también de esa forma silenciosa, terrible y que será la que más difícilmente se erradicará, comentarios despectivos a otras personas homosexuales seguidas del 'pero vos no sos así, no te preocupés', escuchar el uso de palabras como hueco, gay, marica como insultos, o la discriminación entre los mismos homosexuales. Además de esto, debido a mi condición de indígena, en ocasiones siento dudas sobre cuál de estas características es la que desencadena el trato despectivo a mi persona (la homosexualidad o el ser indígena), he oído que en grupos de homosexuales incluso me han discriminado por ser 'indio'. Lastimosamente, luchar contra este tipo de comportamientos se hace desgastante y finalmente motivaran que sea yo el que tome la decisión de irme a otras tierras donde no se me discrimine por mi raza o por mi orientación. Gracias por el artículo, por lo menos esto confirma mi esperanza de que existen personas que pueden ser capaces de ir más allá de las etiquetas que representan el tener una orientación sexual diferente a la de la mayoría.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    René Villatoro /

    16/10/2014 7:29 PM

    Mmm., que suene como a los gringos, ¡eso si dolió!. La verdad es que siempre el comparar solo sirve para distraer. Es diferente lo que hacen los gringos con cualquier minoría y lo que pasó en Atitlán. Fíjate, por si no lo sabías, que los judíos en general y los ultraortodoxos en particular, tienen PROHIBIDO por ley, no solo que se casen con gentiles (o sea cualquiera que no sea judío), no pueden tener NINGUN trato con nosotros a no ser por emergencias (de ellos, se entiende) ni siquiera nos consideran humanos. Para ellos somos algo así como sub humanos, razas inmundas deboradoras de sangre (aunque no lo creas). Por eso, es muy común que se casen entre primos, y para evitar el contacto con seres impuros y sucios, evitan que sus hijos vayan a la escuela (motivo por el que si no me equivoco, fueron expulsados o ellos mismos huyeron de Canadá). Así que insisto, entre este caso y lo que hacen los amigos gringos, y lo que va de discriminación a los gay, hay un mar de distancia. Saludos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ANONIMO /

    16/10/2014 4:27 PM

    Me asombra que alguien vea normal que un heterosexual se sienta incómodo ante un gay. Si yo fuera hetero y estuviera seguro de mi sexulaidad no veo que miedo podría sentir por compartir con homosexuales. Yo no me siento incómodo con las mujeres, como si por platicar con ellas me fueran a acosar o algo así. Sí algo me resulta condenable es esa obsesión de ciertas personas por etiquetar a gente como indeseable.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gustavo Hernandez /

    16/10/2014 1:31 PM

    Disculpen señores, los extremos son malos, el que un heterosexual sienta incomodidad ante un gay es normal y se podría decir que hasta natural, y cada quien defenderá su lado, que se valla un grupo de indígenas mayas a Israel y comiencen a hacer sus ritos, creo que los mirarían de la misma manera, es mas, ellos no pueden ni convivir con los vecinos Palestinos, La otra vez tuve la oportunidad de estar con un buen grupo de gay y me mirarían de manera extraña, diferente con cierto grado de discriminación, que entre un sacerdote católico a un culto evangélico y me lo exorcizan, cuando no es de la misma manera social de nosotros lo rechazamos, aun tengamos una serie de defectos, pecados o delitos que ocultar, porque cualquier gay, heterosexual, bisexual etc. etc. ocultamos algo, es decir de alguna manera y en alguna medida todos somos unos hipócritas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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