Me siento indignada, triste y rabiosa a la vez

Es un día cualquiera. Te preparas tu café, desayunas, te sientas delante de tu computadora, suspiras, quizá oyes pájaros cantando fuera, quizá en la radio ponen tu canción favorita, o aquella que te recuerda un amor, un viaje, sexo bueno, y te hace sonreír. Te sientes poderosa.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

FOTO: Antonio Marín Segovia

Te sientes valiente, preparada para luchar para tener éxito (porque esto es que se supone que estamos haciendo día tras día: respirando para tener éxito. Éxito entendido en términos de Donald Trump & Co). Hoy sí, te dices, y bajas la mirada del cielo, porque hay que luchar en la Tierra, hacia la pantalla de tu computadora, porque la vida, dicen, pasa ahí, y poco a poco tu ánimo se va cayendo y te preguntas: ¿cómo hemos llegado a esto? ¡Y no es lunes siquiera!

Pero te lo preguntas porque, ¡miren! el neoliberalismo, esa dulce ideología de los amos para la hambrienta clase sirvienta, la de la precariedad como forma de vida natural para la mayoría, que no solo dicta dónde dormimos, qué comemos, en qué condiciones trabajamos sino es autor de nuestros deseos y sueños, nos parece lógico y deseable. A nosotras y a nosotros que no somos ni amas ni amos de este planeta. ¡Es una insensatez!

Pero el caso es que nos parece lógico y, lo que es peor, nos resulta deseable. Lo dijo Alicia Murillo en su blog: “La clase obrera quizás quiera derechos para la clase obrera, así en general, pero en particular, para sus hijos lo que quieren es que pasen a ser clase media. Asimismo algunos chicanos intentaban que sus hijos no aprendiesen español porque sabían que el bilingüismo solo les cerraría puertas en un país racista como EE.UU. Quizás quisieran derechos para la población inmigrante pero sobre todo querían que sus hijos fueran lo menos parecido a un inmigrante que les fuese posible”.

Creemos en los cuentos neoliberales siendo la clase obrera, siendo mujeres, siendo inmigrantes, siendo indígenas. Somos así de estúpidos. Los creemos y los apoyamos y anhelamos ser parte de ellos aunque la realidad esté demostrando su salvajismo, sus barbaridades. Los creemos, aun cuando apreciamos en nuestra propia piel que esto no está funcionando, no nos hace feliz, y que, de hecho, nos está matando.

Dice un personaje en la novela “Sobre la belleza” de Zadie Smith: “¡Me encantan los cuentos de hadas liberales! Son sedantes, no exigen el menor esfuerzo mental”, y eso es lo que nos está pasando. Eludimos esfuerzo mental individual y colectivo para buscar, idear, encontrar alternativas porque cuesta, es difícil, es complicado. Y porque hace frío en la vanguardia.

Pero luego decimos que queremos ser libres… ¡Bah!

Y todo esto pensé en un miércoles, indignada y preocupada y triste y rabiosa a la vez, con mi café ya frío. No fui capaz de volver al texto de Toril Moi sobre la libertad, equidad y diferencia en el cual estaba trabajando antes de haber leído una vez más el poema de Michel Houellebecq que en momentos así me da fuerza, me inspira. Y dice:

“Nosotros rechazamos la ideología liberal porque ésta es incapaz de proporcionar un sentido, una vía para la reconciliación del individuo con su semejante en el seno de una comunidad que pueda ser calificada de humana,
Y, por otra parte, el fin que se propone incluso es del todo distinto.
Nosotros rechazamos la ideología liberal en nombre de la encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio y con el mismo espíritu con el que los antiguos profetas invocaban la ruina y la maldición sobre Jerusalén,
Y Jerusalén cayó, y no tardó menos de cuatro mil años en volver a levantarse.
Es algo probado, e indiscutible, que todo proyecto humano se ve evaluado, cada vez más, en función de criterios puramente económicos,
De criterios absolutamente numéricos,
Memorizables en archivos informáticos.
Esto no es aceptable y nosotros debemos luchar para que se ponga a la economía bajo tutela y para que ésta se someta a ciertos criterios que me atrevería a llamar éticos,
Y es que cuando se despide a tres mil personas y oigo chalanear sobre el coste social de la operación me entran unas ganas locas de estrangular a media docena de consejeros auditores,
Lo que constituiría una excelente operación,
Una depuración absolutamente benéfica,
Una operación prácticamente higiénica.
Confíen en la iniciativa individual, eso es lo que ellos repiten por todas partes, lo que por todas partes van repitiendo como esos viejos despertadores cuyo uniforme tictac bastaba generalmente para sumirnos en un insomnio fatigante y definitivo,
A eso, yo sólo puedo responder una cosa, que surge de una experiencia a la vez desconsoladora y repetitiva,
Y esta es que el individuo, me refiero al individuo humano, es muy por lo general un animalejo a la vez cruel y miserable,
Y que sería completamente inútil confiar en él a menos que se viese rechazado, encerrado y mantenido dentro de los principios rigurosos de una moral inexpugnable,
Cosa que no sucede.
En una ideología liberal, se entiende”.

Anna Maria Penu
/

Escritora, politóloga, feminista europea en cuya piel América Central está empezando dejar sus huellas. Se nota en mi mirada, en mi manera de estar en el mundo. Aquí escribo con humor, con dolor y ternura. Escribo para seguir caminando.


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COMENTARIOS

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    Silvia /

    12/06/2015 12:16 AM

    No entiendo nada. La intención de parecer profunda y sentimentalista no deja entender el punto. Me interesa la revista para entender.puntos contrarios a los míos, así somos muchos, pero se hace imposible entenderlos cuando no salen de la misma retórica.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    martini /

    11/06/2015 2:30 PM

    Solo hay 2 cosas infinitas , el universo y la estupidez humana
    solo queda luchar sin "frío en la vanguarda"

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Eva González /

    11/06/2015 2:30 AM

    :) Como siempre, ¡excelente texto!
    Tiene que escribir más a menudo, me encanta leerle.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    carrillorodas@icloud.com
    Diego Carrillo /
    10/06/2015 10:19 PM

    Jajaja

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    luisf.air@ovi.com
    Luis López Silvestre /
    10/06/2015 2:55 PM

    Creo que lo voy a tener que volver a leer luego, porque en algún punto me pierdo. Saludos.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Gabriel Gutierrez /

    10/06/2015 11:19 AM

    excelente Anna Maria, siempre que puedo la leo y aprendo algo nuevo!

    saludos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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