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Metallica en Guatemala y las tetas de hombre en mi cara

Metallica inició a tocar. Las bocinas retumbaban y hacían temblar cada órgano suelto de mi cuerpo. Y entonces el sonido se cayó. El grupo siguió tocando y sólo se les veía moverse como marionetitas del diablo sin que se escuchara nada. Alegría.

Cotidianidad Opinión
Esta es una opinión

Foto de mattbuck, tomada de Wikimedia

Viernes 5 de Marzo del 2010.

16.00

Debí salir del trabajo. La entrada al concierto me la entregaron por la mañana, en un accidentado desayuno. Junto a Lepe, mi amigo ordenamos sendos menús de huevos rancheros. Recibí una llamada de la oficina. Tuve que dejar enfriándose los huevos. Pésimo presagio.

16.30

Aún no podía escapar de la oficina. El concierto comenzaba a las seis de la tarde. La cosa pintaba mal. La contadora de la oficina debía pagarme casi cien dólares de viáticos. Así que no había otra que esperar. Eso: pensar en el dinero. Metallica. Dinero. ¡Bah!

17:15

Salí de la oficina. En un acto descaradamente travesti, me cambié de ropa y dejé la corbata en el asiento trasero del auto y con ella mi imagen de fiscal. Me encontré con Luis y Gabriel. Tres taxis no pararon al vernos, porque ya nos veíamos como roqueros forajidos, creo yo. Decente, es un término ambiguo. Finalmente un buen ciudadano se detuvo. Nos llevó al Estadio.

18.05

Entramos al Mateo Flores. Extinción, el grupo guatemalteco que abrió el concierto, tocaba. La gramilla todavía estaba a medio llenar. Esa era mi localidad, por la que pagué casi 100 dólares. Lo mismo que la Fiscalía me debía, oh pobreza.

18.20

Dejé de ver el reloj. Es más, lo guardé en una bolsa del pantalón. Supuse que todavía tenía el suficiente entusiasmo para unirme al moshpit. Los teloneros terminaron, la luz se fue, entró Mastodon. Una náusea me sobrevino. Sin reloj a la vista, describiré los eventos en forma progresiva, sin referencia horaria.

Mastodon realmente me preocupaba. No sabría decir si su presentación se trató de una misma canción que duró una hora o varias interpretaciones hiladas por el caos. Destacaré al tecladista que era el único que tocaba bien. Sin embargo no se oía. Así que supuse que tocaba bien. Parecía un organillero satanizado. Es más, a él le parecía que sus compañeros no tocaban a su altura así que tomó una guitarra y tocó la guitarra. Junto a un tipo que no sabría diferenciar entre elfo o mujer guapa. No lo sé.

Los educados muchachos de la General saltaron las vallas que los dividían de gramilla. Es decir, de pagar 150 quetzales ($17.96) ahora tenían los privilegios de quienes pagamos 600 ($71.85). Lo cual entre otras consideraciones, me preocupaba porque éramos ya demasiados en un espacio pequeño y quienes llegaban de colados no venían en son de paz.

Quienes pagamos por gramilla, ahora recibíamos una bandada de Ewoks borrachos que alzaban sus manos en señal de victoria. Ni hablar de los que no pagaron nada y entraron a la fuerza. Aquí los demás regalos que recibí:

1.  Escupidas. Un tipo chiflaba detrás de mí y mientras lo hacía, una brisa me envolvía la espalda y el cuello.

2. Una teta masculina fue restregada contra mi rostro. El tipo pasó borracho, empujando, sin camisa. Lo demás se explica sólo.

3. Un borracho de dos metros, parado frente a mí, me ilustró del inicio de sus arcadas. Así durante media hora donde me debatía entre recibir sus trescientas libras o sus vómitos.

Como preámbulo a Metallica, se mostró un vídeo con extractos de El Bueno, el Malo y el Feo, junto a la impecable musicalización de Morricone. Invocar a Clint Eastwood sólo puede darme gracia y gusto.

Metallica inició a tocar. Las bocinas retumbaban y hacían temblar cada órgano suelto de mi cuerpo. Y entonces el sonido se cayó. El grupo siguió tocando y sólo se les veía moverse como marionetitas del diablo sin que se escuchara nada. Alegría.

Tardaron quince minutos aproximadamente (recuerdo, no tenía reloj) cuando el sonido volvió. Sin embargo, que se haya asesinado el inicio de un concierto de Thrash Metal de esa manera, sólo podía ser comparado a que te llame tu abuela mientras estás haciendo el ataque guerrillero con tu novia, novio, o muñeco inflable. Para contarnos la abuelita que le salieron ronchas en las axilas.

Transcurrió el concierto. Alguna que otra canción la salté. Luego, como la mayoría, veía inmóvil a los músicos. Hetfield hizo lo suyo, vaya, rescató el recital del que hablaré poco porque Metallica sigue siendo lo que fue o mi memoria nostálgica así lo quiere creer.

Cuando sonaba One, el tipo que estaba a mi lado comenzó a chillar. No; no se trataba de lágrimas corriendo lento. Eran chillidos de cerdo sacrificado para los tamales. Gritaba: ¡Mátenme! Por favor, ¡Mátenme! ya me puedo morir tranquilo... voz desgarradora. Hubiese cumplido su deseo de no ser porque se prohibió el ingreso de armas al recinto.

Finalizó el concierto. Las luces se encendieron. Las piernas las tenía entumecidas. Estaba ronco, como después de cualquier concierto de rock, pero esta vez no era por gritar. Era por el gas que la Policía esparció cuando los invasores hicieron de las suyas a la entrada del Estadio. Medité. De inmediato reconocí que el cansancio, la teta en mi cara y la escupida no habrían importado diez años atrás. Me reconocí viejo.

Seguía sobrio. Eran las diez y media de la noche aproximadamente.

Comí una hamburguesa en McDonalds.

Me dio sueño.

Pensé que con el dinero del concierto habría podido jugar dieciocho meses consecutivos en el bingo. O ir cinco veces al bar. O regresar a la playa. En fin.

De ahora en adelante, si voy a un concierto de rock, lo veo sentado.

O bien, acepto mi vejez y sólo asistiré a conciertos de Mocedades en restaurantes de carne asada. Puyazo.

Bien asado.

Gracias.

Julio Prado
/

Escritor, abogado, tuitero del trópico, esposo abnegado, surfista de la web y padre del niño más genial de la comarca.


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COMENTARIOS

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    WSS /

    03/04/2018 9:49 PM

    eso pasa cuando grupuchos como ese, que solo se llenan por gente que solo fue por moda, porque el metalero ya algo viejo en el movimiento no se comporta con los idiotas del relato... en fin mierdallica

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gloria /

    15/12/2016 3:22 PM

    Me mori de la risa, que buen artículo; me sentí consolada que no soy la única que ya se esta poniendo vieja y no disfruta de la misma manera las cosas que me encantaban antes.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    alejandro rivera /

    20/09/2016 7:17 PM

    El sonido rock metalero con aires setenteros ya paso de moda. Ni metalica, ni iron maiden ni guns and roses lo levantan. Es un genero musical que sus mejores tiempos ya pasaron. Ahora el sonido mas fresco mas acorde a la epoca, es el de la musica electronica.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Eddi Rodríguez /

    15/09/2016 11:25 PM

    Una vez me zafé un brazo en un concierto de rock, en otra oportunidad me estrellaron una botella de cerveza (botella pet, si no, ya no lo estuviera contando) y todo en conciertos de rock nacional. VALLA QUE LO DISFRUTÉ AL MÁXIMO!, ahora también me estoy poniendo viejo y no estoy interesado en el concierto de Metallica (justo ahora que si puedo pagarlo!). Creo que lo importante para todos, es disfrutar al máximo el momento que se está viviendo. Si sos güiro, disfrutá tus juegos, si sos joven disfrutá los conciertos de rock, si estás medio viejo, disfrutá la chingadera con tus cuates (como yo hoy) y si estás más viejo, disfrutá tu familia o lo que tengás. PERO DISFRUTÁ! lo demás pela el huevo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Peter Lim /

    11/09/2016 12:04 PM

    Jajaja todas las rockeras ofendidas. Fijo mueren por ver nuevamente TETAS masculinas y se las llevan de machos alfa! Te la metallicamamaste con este artículo!!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Jose Luid Chavez del Cid /

    11/09/2016 12:47 AM

    Es triste leer articulos en Nómada de gente que no sabe ni de que diablos esta escribiendo.

    Me gusta Metallica, me gustan muchos grupos de la misma epoca, mi experiencia en conciertos de Rock es mínima, pero yo me lo disfrute, obvio no esperaba que fuera una fiesta de té, con muñecas barbie y sentados en una sala.

    Lo más ridiculo es leer "de pagar 150 quetzales ($17.96) ahora tenían los privilegios de quienes pagamos 600 ($71.85)"... y te perdiste los privilegios de haber pagado 1,600 ($200) mas la membresía al MetClub de 400 ($50) para estar en la gramilla en puro VIP.

    Ademas luego fui a Journey de Q1,900 ($240)...

    Las cosas que se viven una sola vez las tenes que vivir con toda la intensidad del caso, y si hay que moshar pues a darle... sin huecadas.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

    Julio Roberto /

    10/09/2016 12:23 PM

    Así se acepta la edad, viviendo la experiencia que el tiempo ha llegado y no somos los mismos. Lo vivido, lo comido y lo cogido nadie te lo quita.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rodrigo /

    10/09/2016 11:16 AM

    Si, llega una edad y/o un género de música que es mejor contemplarla antes que "mosharla" ;) yo fui a ver a iron maiden sentado, porque el dinero lo amerita y porque latinoamerica no me convence para adentrarme a estar parado recibiendo brisas ajenas y tetas masculinas con fluidos :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Julio R. Gámez /

    10/09/2016 9:28 AM

    Jajajajaja me he partido de la risa. Pero principalmente has aliviado mi "cargo" por lo haber ido al concierto. Yo soy más viejo, no habría podido con ese mosh, los chillidos ni con la teta.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    andres /

    09/09/2016 10:12 AM

    es un comentario estúpido y hueco

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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