Murió mi perra y con ella mi esperanza

Desde hace mucho que he estado poseído. El mío es un demonio con varios nombres, aunque nunca llega a ser legión. Un demonio con diferentes caras que gesticulan rangos de crueldad y perfiles variados de oscuridad. Son demonios que me utilizan, que toman este pequeño cuerpo, como superficie para masticar o desparramarse como lava sobre animales moribundos o como aceite hirviendo sobre el cuerpo cabelludo de un recién nacido. El demonio es plural, pero es uno en su pluralidad. Y en esa pluralidad esta historia termina con la más cruel de sus caras, el más doloroso de sus nombres. 

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Lolita

Se dice que el primer paso en el proceso de exorcismo es nombrar a la entidad. Aquí el lenguaje funciona como método de control, el nombre propio como método de extracción. Dame tu nombre y entras a mi enmarañado juego discursivo, la telaraña de comunicación, un malabar de lengua más deliberado que el beso atrevido, el rastro de memoria que deja la palabra hablada, atrapada para que yo lo enuncie a placer y la repita hasta desgastar el referente. Es un juego estratégico de posesiones en donde el Leviatán, la Ballena Blanca, Escila o El Señor Presidente pueden encontrar su muerte en trampas lingüísticas. La poesía como colección de cuchillos es tal vez su función más decisiva.

Pero mi demonio es tan viejo como la humanidad misma y ha sido capaz de hacerle frente a sus varios nombres: tedio, melancolía, nostalgia, anhelo. Sus nombres en inglés también son hermosos e inútiles: ennui, yearning, longing, the noonday demon. Yo lo llegué a conocer como depresión mucho después de que me hubiera poseído, de que me hubiera arrastrado hacia su sombra en mis últimos años de primaria y primeros de secundaria.

Como un mundial, desde entonces se despierta cada cuatro años más o menos para pronunciarse en silencio y quitarme la voz y la inercia vital. Mi demonio tiene el poder de estallar mi burbuja de significado y presentarme el mundo tal y como es, sin su barnizado de sentido ni iluminado de esa cotidianidad de la que estamos locamente enamorados. En mis momentos más oscuros, más poseídos, el mundo sin sentido no es una falsedad sino una obviedad que sin embargo elude a los amantes en el Tanque de la Unión, al profesor y ese mareante prestigio de las universidades a las que he pertenecido, al vendedor de celulares o al millonario en sus orgías de champán y cocaína.

Esa es la terrible verdad que se anuncia con la depresión. Ese es su terrible regalo, su poder y seducción. Es el verdadero abismo detrás de toda falsa certeza alegre que promete el mundo, sin la posibilidad lúdica de las diversas formas de nihilismo: el sentido del mundo no es más que una ficción que se ajusta como segunda piel a un cuerpo con fecha de vencimiento y que desde ya empieza a pudrirse.

Si es objetividad la que buscamos, la Dama Justicia, esa personificación de la fuerza moral jurídica, no debería estar ciega sino deprimida. Si es objetividad la que buscamos el científico debería estar encorvado en su laboratorio, incapaz de levantar un lápiz, demasiado cansado ya para seguir llorando.

Un perro ha muerto. Mi perrita (maldita sea, decilo Diego) ha muerto, y ha sucedido hace muy poco en condiciones trágicas. Ahora mismo soy un corazón de madera infestado de termitas, y poco más.

Mi Lolita nunca fue una mascota. En esa guerra de posesiones que hace poco empezaba a perder definitivamente frente a la depresión, no fue el lenguaje, mis cuchillos, los que lograron hacerle frente. Fue el ladrido de mi cachorra, su tremenda lengua jirafoide, su absoluta inocencia, -maldita sea, Diego, esa dulzura y la capacidad casi incansable para armar juego de un calcetín, para invitar al potranqueo típico de una cachorrita pitbull sedienta de vida. Mi Lolita, mi pequeña, mi dulzura, mi cúmulo de esperanza, mi alegría perruna, mi compañera de juego, logró ahuyentar a mi demonio.

Pero, dios mío Diego, mi perrita ha muerto. El demonio es tan antiguo como la humanidad misma, y tiene muchas caras. Cuando la inocencia y la ternura logran neutralizar la depresión, el demonio muestra su cara más grotesca. Frente al duelo no tengo ni puedo nada, ni siquiera un silencio noble y orgulloso para hacerle frente. El silencio del duelo es absolutamente inútil y su inutilidad es la medida exacta de la ausencia del ser que se ha ido.

Que sí, que era “solamente” una perrita, pero nosotros apenas somos primates con lenguaje y también fallecemos, y también dejamos duelos como cuchilladas en corazón de madera. Pocos lugares como Guatemala para hablar de duelo. Tan bien entrenados que estamos en los pantanosos paisajes del dolor, el hábitat del duelo, el lugar predilecto de la pérdida. Y sin embargo ser guatemalteco y haber perdido a tantos no me ha preparado para hacerle frente a la posesión de este maldito duelo.

Es demasiado mi dolor, y es tan inútil mi escritura…

Te voy extrañar tanto mi amor.

Diego Renato Azurdia
/

Nací al menos dos generaciones muy tarde. Confío más en los animales y en los humanos muertos que en los vivos. Soy agresivamente ateo, pero mi ateísmo, como el de James Joyce, tiene acento Jesuita. Mantengo un pequeño Maximón en mi apartamento de Brooklyn para colaborar desesperadamente con el inútil esfuerzo secular por re encantar el mundo. Tengo una hermosa Pitbull llamada Lola. Soy muy hijo de mi madre.


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    César A. /

    21/05/2017 9:38 AM

    ¡¿Qué?!
    ¿Es en serio?
    Realmente se saltan la barda con esto.
    Una burla a todas las personas que cada día luchan contra la depresión y sus familiares que sufren a su lado.
    Un perro es eso nada más, un perro, compararlo con el duelo que viven las personas a diario en el país infestado de violencia es realmente un asco.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Ruben C. /

      23/05/2017 8:59 AM

      Habla coherentemente de depresion y pone al perro como una gran ayuda para superarla. Nunca minimiza el duelo por personas que se han ido.

      Todo comentario que viene de vos es reaccionario y sin sentido. Si no te gusta, no lo leas. No jodas con tu claro desden por vos mismo proyectado anonimamente.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Eugenia Gonzalez /

    20/05/2017 9:39 PM

    Se muere un poco con ellos... pero la muerte es también libertad, y me gusta pensar que la antesala a la inmortalidad.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    AC /

    18/05/2017 1:36 PM

    no es tan inutil tu escritura, talvez para vos no tenga sentido pero como podes ver ayuda a mucha gente y por medio de ella te das cuenta q no estas solo y q el dolor a pesar de ser fuerte pasa y no lo has sentido solo vos, hay algo en saber q otras personas han sentido algo similar a su propia manera algun sentido de companerismo o sociedad, espero q este vendaval pase rapido y regrese la calma, q sea ella el recuerdo de como es sentirse bien y en paz, un abrazo en la distancia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:22 AM

      Gracias. Te lo agradezco mucho que siempre se pone uno nervioso al mostrar vulnerabilidad en plataformas publicas.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Mafer /

    17/05/2017 9:00 AM

    Como te entiendo... mi perrita se murió la semana pasada, en condiciones trágicas. Y lo que más me duele es saber que no le pude hacer cariño ese último día porque iba tarde y tenía que irme. No pensé que no la volvería a ver.... duele tanto porque el amor a una mascota es amor puro y simple, una relación de amor nada más, no involucra otros sentimientos.
    Te mando un abrazo!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:23 AM

      Duele mucho. Una me imaginé cuanto. Te mando un abrazo a vos.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Karina Agustín /

    16/05/2017 10:33 PM

    Hace 2 semanas, el 1 de Mayo, tuve que "poner a dormir" a mi Koki, un tierno, manso y travieso perro.
    Con sólo 5 años de existencia y 8 meses de lucha contra un cáncer tan agresivo como doloroso, no iba a permitir que sufriera mas.

    Leer este artículo en estos días de duelo es un aliciente. Hubo momentos cuando la enfermedad de mi pequeño me sobrepasaba y no encontraba consuelo en nadie, quise compartirlo con personas especiales pero, digamos que desde mi perspectiva, minimizaban mi preocupación, mi dolor. Claro, para ellos era sólo un perro, para mí, parte de mi familia. Y ese jodido era el mismo que me animaba.
    Y mejor me dediqué a disfrutarlo "Un día a la vez", hasta que llegó el día final.

    Así que, como todo en la vida, sólo las personas que lo han vivido te pueden entender.

    Gracias por esta catarsis, gracias por compartir tu dolor, gracias por mostrar esa humanidad que ellos son enseñan, gracias por los comentarios en esta nota que hacen de homenaje a esos amigos, compañeros, cómplices y familia que ya no están y que adoramos con todo el corazón.

    De verdad, necesitaríamos practicar ser mas como ellos.
    Un abrazo y que el amor que sientes por Lolita sea impulsor para poder salir de la oscuridad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:39 AM

      Necesitamos practicar ser mas como ellos. Seria una sociedad mas justa. Mas llena de empatía. Gracias por tu nota.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Wendy /

    16/05/2017 7:39 PM

    Diego, no sabes lo que me toca el alma leer tu artículo. El día viernes me dijeron que mi perrita, mi compañera más fiel y leal de casi diez años de edad, tiene insuficiencia renal y que debía ponerla a dormir. Aún me niego a aceptarlo y a hacerlo, así que sigo acá, luchando con ella y por ella. Mi Sami también llegó hace diez años, donde mi demonio depresivo apareció y ella, con sus travesuras y esos ojos brillantes, me hacían levantarme. Sigo tomando antidepresivos y realmente no imagino cómo será mi vida cuando llegue a casa y no vea su silueta esperándome con amor en la ventana. Cuando mi Sami se vaya, tu Lolita la estará esperando. Y no, no es "sólo un perro", es esa esperanza cubierta de pelos que llegó a nuestras vidas. Abrazo fuerte para ti Diego.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:24 AM

      La relación con un perrito es muy especial. Imposible de describir. El duelo también es muy especial. No estas sola. Somos muchos los que luchamos con esto. Cuídate mucho.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    René Villatoro /

    16/05/2017 6:55 PM

    Incomprensión. Esa palabra la he escuchado tantas veces, la he vivido tantas otras, me ha rondado tantas, tantas noches, que se ha vuelto parte de mi itinerario diario. Yo lo llamé Amigo. Era un inocente perro callejero, furiosamente libre, a quien, por un extraño giro del destino, me topé en uno de esos ires y venires nocturnos que tanto acostumbro. Me vio de lejos, agitó la cola, irguió sus dos orejas y corrió a mi encuentro. Compartí con él, sentado en la acera, la fritura que llevaba en la mano, mi silencio profundo y el humo de mi cigarro. Era noche sin luna. Me acompañó largamente, para desaparecer en la noche. Desde aquella noche, siguió viniendo en mi busca, creo que me adoptó, me vio tan solo, tan triste, tan perdido, que decidió que necesitaba ayuda. Traté, vanamente, de ponerle collar, de guarecerlo en la casa, hasta traté, en cierta ocasión, bañarlo. Un día, con el sol a cuestas, se apareció de improviso, me miró profundamente con sus increíblemente negros ojos. Se echó a mi lado, agitó su cola e intuí que estaba muriendo. Lo cargué en mis brazos, cosa que no le hizo ninguna gracia. Corrí a la veterinaria más cercana y el diagnóstico fue terrible: Rabia. Lo enterré en un terreno baldío, en una noche sin luna. Aun no me repongo del dolor, la ausencia y claro, la incomprensión.
    Animo Diego, la luz viene, cuando la oscuridad es más profunda.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    E. Kübler-Ross /

    16/05/2017 5:31 PM

    negación

    ira

    negociación

    depresión

    aceptación

    Estas son/serán las etapas en tu recorrido por sanar la pérdida de Lolita.

    A todos nos toca estar en tus zapatos, especialmente con el pasar del tiempo. Pero el consuelo en la aceptación te abrigará y el sol volverá a salir una vez más en tus dias, Diego.

    Un abrazo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:24 AM

      Mil gracias amigo.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Gustavo Pinillos /

    16/05/2017 4:34 PM

    En mis días más oscuros y solitarios llegó un perrito a mi vida, recibí muchas felicitaciones porque lo adopté y las personas cercanas alababan mi noble acción, me felicitaban por haberlo salvado y haberle dado una segunda oportunidad por haber sido rescatado de la calle. Lo que fuí descubriendo con tenerlo es que es él quien me había salvado a mí, pues su compañia y su amor desmedido pintaron mi vida de otro color. Ahora esta viejo y enfermo y vivo atemorizado de pensar que pronto se va ir, no me imagino mi vida sin mi salvación por eso entiendo que se haya muerto tu esperanza, porque aunque haya muchísima gente que no lo entienda, para algunos no son "solamente" un perro. Quisiera darte una palabra de ánimo, pero no las hay, mejor sufrí mucho tu dolor, vivilo intensamente por duro que sea y en algún momento, en algún tiempo tendrás alivio y con alivio por lo menos ya se puede seguir.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Diego A. /

      19/05/2017 9:26 AM

      Gracias por compartir tu historia. En un mundo que puede ser brutal, estas criaturas nos muestran una alternativa mas solidaria.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Miriam /

    16/05/2017 3:24 PM

    Ánimo Diego. Haga que su vida brille con el recuerdo de todas las enseñanzas y el amor que le entregó su Lolita. Como me dijo un amigo una vez: tu le entregas unos años a ellos (los perros), ellos te dan toda su vida. Así que haga que la vida de Lolita y todo el amor que ella le regaló valga la pena.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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