No se preocupe, lo suyo es genético

Una idea ampliamente difundida en relación a la genética humana es la creencia que el conjunto de genes de un individuo constituye una suerte de destino, algo que inevitablemente va determinar las enfermedades que padecerá una persona durante el transcurso de su vida. Sin embargo, la realidad es que la gran mayoría de enfermedades complejas, como el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los así llamados trastornos mentales, entre muchas otras, no están determinadas genéticamente. 

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Esta es una opinión

La ciencia de la genética. Foto: Wiki Commons.

Que una enfermedad no esté genéticamente determinada no quiere decir que no pueda existir una predisposición genética para desarrollar el padecimiento. Sin embargo, hay una gran diferencia entre predisposición y predeterminación. Una predisposición significa que existe una cierta probabilidad de ocurrencia. Por el contrario, una predeterminación significa que algo está resuelto con anticipación. Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Texas encontró que solo entre el 5 y el 10% de todos los casos de cáncer son atribuibles a anomalías genéticas, como pueden ser los oncogenes o las mutaciones en genes supresores de tumores. En relación a esto, el estudio concluye que entre el 90 y el 95% de todos los casos de cáncer están relacionados con el ambiente y el estilo de vida.

Lo anterior no quiere decir que no existan enfermedades que estén genéticamente determinadas. En este sentido, podemos mencionar las enfermedades conocidas como monogénicas, las cuales son causadas por mutaciones o alteraciones en la secuencia de ADN de un solo gen, por lo que se heredan de acuerdo a las Leyes de Mendel. Entre estas enfermedades tenemos la anemia de células falciformes, la fibrosis quística y la fenilcetonuria, entre otras. Sin embargo, es importante mencionar que estas enfermedades son relativamente pocas y están escasamente representadas en la población. Por el contrario, la gran mayoría de enfermedades que padecemos son causadas por complejas interacciones entre varios genes y el ambiente, razón por la que se conocen como enfermedades complejas. En el estudio de estas enfermedades, cada vez más se reconoce la importancia que juegan los factores ambientales en la activación o desactivación de ciertos genes, lo que se conoce como efecto epigenético.

En vista de lo anterior, resulta válido preguntarse: ¿por qué la corriente dominante de pensamiento entiende nuestros genes como algo que inexorablemente determinará todos los aspectos de nuestra vida, como una especie de destino? Este pensamiento, francamente erróneo y potencialmente peligroso, subyace incluso a la práctica de muchos profesionales de las ciencias médicas. Probablemente más de alguno de nosotros ha escuchado de su médico las palabras “no se preocupe, lo suyo es genético”. Esto es particularmente evidente -con algunas excepciones-, en la práctica de la psiquiatría, en donde muchos médicos recurren sistemáticamente al argumento genético para explicar los padecimientos de sus pacientes, casi siempre con el objetivo de que la persona se resigne y acepte un tratamiento farmacológico de largo plazo. No obstante,  ninguno de los así llamados trastornos mentales está genéticamente determinado.

Resulta preocupante la cantidad de niños que en la actualidad están siendo diagnosticados con trastorno de déficit de atención con hiperactividad (ADHD), depresión o ansiedad, viéndose sujetos a prolongados tratamientos farmacológicos mientras su cerebro todavía está en desarrollo. En la mayoría de casos, se utilizan argumentos anclados en el determinismo genético para explicar los comportamientos “anormales” de estos niños, ignorando muchas veces las verdaderas causas de su comportamiento: abandono, rechazo, violencia, abusos, stress de los padres durante el embarazo o durante los primeros años de vida del niño, etcétera.

¿Por qué insistir en el determinismo genético para explicar los así llamados trastornos mentales? ¿Será posible explicar genéticamente los desequilibrios relacionados con el órgano más complejo del cuerpo -el cerebro-, cuando aún no hemos descifrado por completo los mecanismos de enfermedades relacionadas con órganos como el corazón, el hígado o el páncreas?

La realidad del asunto es que el determinismo genético ni siquiera logra explicar caracteres altamente hereditarios como la altura. Por ejemplo, en un estudio publicado en el American Journal of Human Biology en 2002, se comparó la altura de niños indígenas guatemaltecos viviendo en Estados Unidos con la altura de niños indígenas guatemaltecos viviendo en Guatemala. Los investigadores encontraron que, en promedio, los niños indígenas que viven en Estados Unidos son 11.54 centímetros más altos que los niños indígenas que viven en Guatemala. Una diferencia tan grande no puede atribuirse a la variación genética, sino que es un indicador de la importancia que tienen las condiciones de vida para el desarrollo de un niño.

Nuestros genes por si solos no determinan la mayoría de enfermedades que padecemos o la forma en que nos comportamos; el ambiente al que estamos expuestos y nuestros hábitos de vida juegan un papel preponderante en la expresión de nuestro fenotipo.  En este sentido, el determinismo genético no es diferente de la eugenesia o el darwinismo social; constituye un reduccionismo, que pretende explicar por medios puramente biológicos caracteres que en la realidad están fuertemente influenciados por otros factores.

En la actualidad, alrededor del mundo existen empresas que, combinando información genómica y herramientas estadísticas, lucran del determinismo genético. Por ejemplo, la empresa Instant Chemistry ofrece al consumidor pruebas genéticas para determinar la compatibilidad en sus relaciones íntimas; y este solo es un pequeño ejemplo de una creciente tendencia que pretende explicar todos los aspectos de nuestra vida a través de los genes.

En la dictadura de las corporaciones, nunca nos olvidemos de buscar la verdad. De lo contrario, quizás en algunos años la película Gattaca deje de ser considerada ciencia ficción.

Rony Trujillo
/

Biólogo. Entusiasta de la aracnología y la filosofía. Me gusta imaginar cómo fueron los bosques de Guatemala antes de la llegada del ser humano.


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    curiosa /

    04/08/2017 12:32 PM

    Me encanta como escribís para que todo mundo pueda entender las cosas :) gracias Rony (liz)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ATA /

    31/07/2017 9:47 AM

    Excelente Rony 👍🏻👍🏻

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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