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Nosotras queremos cambiar la vida

Esta lucha se siente más necesaria en cada acto violento hacia el cuerpo no masculino. En cada mirada racista. En cada salario mínimo. En cada crítica al largo de la falda. En cada decisión que es tomada sobre el cuerpo femenino por fuera de él. En cada insulto. En cada mujer de color cuya experiencia se infravalora o se desaparece. En cada vez que alguien habla del sexo femenino como si le perteneciera. En cada uno de los feminicidios. En cada violación. En cada acto violento ejercido por el estado, la policía, o la burocracia hacia la mujer.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Gaelx. Urban Art and Revolution. Flickr

En cada marca que aparece en el cuerpo testigo de la explotación laboral. En cada libro no leído al negar el derecho a la educación. En cada paso tomado hacia la militarización de la vida. En cada tierra negada a mujeres campesinas e indígenas. En cada identidad y subjetividad sexual a la que se le niega la posibilidad de una existencia digna. En cada comentario machista del tipo eres vieja, no sirves para nada. En cada paso que se toma hacia la precariedad de la vida de la mujer. En cada acto de ternura frenado.

La lista es larga y abunda. Me he sentido muchas veces la aguafiestas cuando la conversación quiere enfocarse en las trivialidades del mundo en el que vivimos, hecho a la medida masculina.

Mi proceso como feminista ha sido una ruta que he caminado desde el afecto.

Este compromiso me une ideológica, política y emocionalmente a muchas personas conocidas, desconocidas y por conocer. Uno que me mueve el piso, me retuerce por dentro, y me energiza con el conocimiento de una causa que comparto con millones de individuos que, como yo, viven la injusticia desde la indignación.

Nuestra lucha como feministas es una lucha por la igualdad y la equidad de género. Yo lucho por establecer unas reglas del juego que sean justas desde el tuétano, desde el fondo, no sólo desde el discurso. Que no discriminen por género, sexo, identidad y raza. Por reglas del juego que sean capaces de defender a las mujeres, las personas, a la vida.

El día 8 de marzo me levanté energizada al ver tantas personas alrededor del mundo, la mayoría colectivos sociales de mujeres, que usando su palabra y su cuerpo expresaron su descontento contra la violencia machista y el feminicidio, contra la explotación laboral y la persecución estatal. Con adolescentes, jóvenes, y niñas a la cabeza, movimientos sociales de América Latina (#niunamenos #vivasnosqueremos y #nosotrasparamos) protestamos contra la crueldad que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres y la impunidad institucional sobre esto.

Las mujeres del mundo enfrentamos arduas y complejas batallas. El patriarcado es una de las estructuras de poder más eficaces y ubicuas que existen. Es tan hegemónico y tan naturalizado, que ha logrado que la mayoría no lo vea, no lo perciba.

Aunque nuestras luchas tienen el poder de derribarlo, éste cuenta con todos los recursos para reinventarse y normalizar el horror. Es necesario pensar la lucha fuera de lo que ya ha sido probado.

Los tiempos que habitamos demandan nuevas formas de hacer política. Feminizar la política, pensarla fuera de su lógica patriarcal tradicional. En la misma tónica, la antropóloga Rita Laura Segato habla de la importancia de “domesticar a la política”, desburocratizarla, humanizarla.

Es tiempo de feminizar la política, sí.

Feminizar la política tiene que ver con la forma en que se construye lo político. La necesidad de construir espacios donde haya cabida para distintos modos de hacer política, modos no patriarcales, modos no machistas que pertenezcan tanto a mujeres como a hombres. Es reivindicar un lugar que ha sido monopolizado por formas de hacer política desde lo masculino y lo viril.

Feminizar el espacio político significa democratizarlo, que haya cabida para todxs. Es exigir una política desde la solidaridad entre humanos, que se centre en los cuidados, en la colaboración, en la tierra, porque es desde ahí donde hacemos política. Una forma nueva de hacer política que no refuerce estereotipos y cánones patriarcales, sino que los supere, una forma cooperativa y no competitiva. Que responda a las particularidades de cada lugar, sin universalismos abstractos y vacíos.

¿Dónde podemos hallar la capacidad para entender nuestras diferencias y encontrar formas de cooperar?

El día 8 de marzo, ya en la noche, cuando supe de lo acontecido en el hogar seguro Virgen de la Asunción en Guatemala, me fui a la cama de luto preguntándome cómo conciliar la brecha salarial del norte con los cuerpos en riesgo del sur. Y también recordándome, una vez más, el sentido y el porqué de esta, mi lucha feminista.

Belén Marco
/

Me llamo Belén. Estudié género y ahora diseño. Nací en Valencia, pero viví en Guate, Ecuador y Estados Unidos. Me considero una mujer liberada e intento hacer caso omiso de las presiones sociales que como mujer coartan mi libertad, mi espíritu nomádico y curiosón. Nado a contracorriente y encuentro cómplices en el camino.


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    José Esteban Reyna /

    11/04/2017 11:51 AM

    En nuestro NARCO-ESTADO-FALLIDO-Y-MAFIOSO, no hay lugar para la mujer indígena.
    Nuestras hermanas indígenas chapinas son discriminadas cuádruplemente: Por su género, por ser indígenas, por falta de educación y por ser pobres. Muestra de cómo se sigue tratando al género femenino es el crimen del Hogar Seguro en donde murieron quemadas 41 niñas y adolescentes, por negligencia del presidente, aspirante a cuque. Nuestro Estado está basado en desigualdad, discriminación, corrupción e impunidad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Patricia /

    11/04/2017 11:07 AM

    Que bello escribes mujer, inspiras lucha y pasión por lo que eres y crees!! Que viva la vida! Que viva la igualdad! Que viva la mujer! Desde Ecuador siempre te leemos!! #vivasnosqueremos #niunamenos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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