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Orgasmos fingidos

“Vos, Andrés”, me abordó Martín Rodríguez, director de Nómada, hace unos meses. “¿Se te ocurre algún nombre fresco, pegajoso y chingón para un blog que estamos abriendo sobre sexualidad y feminismo”?

Cotidianidad feminismo nuevas masculinidades Opinión orgasmos fingidos P258 sexo
Esta es una opinión

Foto: flickr.com/photos/mmj171188/

“Ponele Orgasmos fingidos”, fue mi sugerencia. Insistí varias veces, pero no me hizo caso. De espaldas al morbo, prefirió en cambio un membrete menos escabroso: Bulevar Liberación.

Desde entonces me quedé con el deseo de aprovechar un espacio en ese mismo blog para explicar el porqué de la recomendación. Aquí voy.

El punto de partida es un chiste misógino que suele contarse exclusivamente entre hombres, sobre todo entre cierto tipo de hombres orates, ingenuos al extremo de creerse dominantes en su relación con las mujeres y a la vez henchidos como resultado de la soberbia que esa sensación les provoca. El chiste en cuestión consiste en una pegunta con su respectiva respuesta, y dice así:

¿Por qué las mujeres fingen el orgasmo?

Porque creen que a los hombres nos importa.

Ojalá fuera cierto. Ojalá no nos importara. Ningún hombre heterosexual (y a la vez, sexualmente activo) debería eludir la cuestión, no sólo porque señala un hecho irrefutable (pese a que algunas de ellas se esfuerzan en negárnoslo, y pese a que algunos de nosotros preferimos dorarnos la píldora creyéndoles), sino porque la duda sembrada a partir de ahí viene a echar por tierra una serie de supuestos fuertemente asociados con nuestra (rústica) noción de virilidad.

Si en algo queda clara la posición de ventaja de la mujer respecto del hombre es en su capacidad de fingir el orgasmo. La sola idea de un macho posesivo y a la vez poseído por la angustia de la duda se me antoja mucho más liberador, para ellas, que la anchura de cualquier metafórico bulevar. Por eso la sugerencia de denominar así el blog de Nómada.

De hecho, imagino que tomarse el asunto demasiado en serio puede incluso conducir a la impotencia masculina. Imagine el lector o la lectora una situación en la que el hombre, a medio polvo, en vez de fundirse en el instante y tocar la cima del gozo, se ponga a especular sobre la pareja: ¿Estará fingiendo? ¿Cómo saberlo? La situación se presta, como mandada a hacer, para uno de esos agudos y preclaros sketches de Woody Allen.

¿Qué motivos pueden tener las mujeres para hacernos creer que están sintiendo lo que no sienten? La primera respuesta que se me ocurre es estimularnos para incrementar nuestro rendimiento y quedar así (por fin) complacidas. Pero no. Una amiga que merece toda mi confianza –¿o será que me engaña?– asegura que lo hacen más bien por pena, por consideración, por lástima: quieren evitarnos el bochorno de saber lo malos que somos en la cama.

Como sea, requiere no sólo valor sino (sobre todo) modestia reconocer sin aspavientos que las mujeres están, o pueden estar, tomándonos constantemente el pelo.

Además, si son capaces de engañarnos así de convincentemente en algo tan próximo e íntimo como el sexo, ¿cómo no sospechar que lo hacen también en otro tipo de afanes, acaso menos cercanos pero igual de personales?

Y luego dicen que son el sexo débil. Ya vas.

Andrés Zepeda
/

Abogado de causas perdidas, cronista de acontecimientos irrelevantes, terrorista cultural, músico frustrado, comunicador en ciernes, polemista, videasta y ciudadano ejemplar, entre otras cosas peores.


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    Luis Lopez /

    11/04/2015 6:08 PM

    Eso que es por lastima es cosa seria haha, es mejor ser modesto y dar hasta donde se puede, siempre que sea casual y no hablar del tema... a menos que lo tengan de verdad, pero uno nunca sabe.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Clau /

    11/04/2015 8:53 AM

    Varias razones para fingirlo; una de ellas para que acabe pronto porque no está resultando complaciente.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lidia /

    10/04/2015 5:09 PM

    ¿Aún siguen diciendo eso de las mujeres?????? (hago referencia a la última línea del artículo)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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