Otro terrible huracán azota México

Mientras la mayoría de mexicanos y mexicanas respiran tranquilos por haberse escapado de una catástrofe sin precedente, otro huracán sigue llevándose vidas vulnerables por delante, sin que casi nadie se dé cuenta y sin que sea noticia en ningún medio de comunicación.

Cotidianidad Opinión P147
Esta es una opinión

Parece que los latinoamericanos nos hemos acostumbrado a convivir con la pobreza.

Foto: Flickr, Diógenes ;)

Patricia se fue casi sin provocar muertes, aunque dejando considerables daños materiales. Estaba anunciado como uno de los huracanes más fuertes del planeta y, pese a que ya hay varias hipótesis circulando, aún no se sabe bien porqué perdió fuerza y se diluyó. Durante casi 10 días, la mayoría de medios de comunicación –nacionales e internacionales– se esforzaron en mantenernos al tanto de la evolución, trayectoria y peligros que prometía, y ahora dan cuenta pormenorizada de sus efectos.

El otro huracán del que hablo no viene del Pacífico, sino que viene de las mismas entrañas de las tierras mexicanas. Quizá por eso, y porque lleva fraguándose durante muchas décadas, pasa más desapercibido y pareciera incluso que las personas se han acostumbrado a vivir con él. No se vive como una amenaza, no se le dedican minutos en la televisión, y aunque es provocado por el ser humano, se le ve como un fenómeno natural. Este huracán es quizá igual de peligroso y nocivo, y lleva años dejando secuelas y daños que serán muy difíciles de solventar. Hablo del Huracán de la Desigualdad.

México es uno de los países más desiguales de la región, y bastaría con mencionar la paradoja de que el 50% de sus habitantes viven bajo el umbral de la pobreza, mientras otro de sus habitantes tiene un puesto entre los 5 hombres más ricos del mundo. Pero la capacidad de Carlos Slim para generar y acumular riqueza no es un hecho aislado, ya que México es uno de los países con más concentración de riqueza: el 1% de la población más rica se quedó con el 21% de la renta total del país en el 2012 (dato que supera a los de países como Estados Unidos, Canadá e India).

En un estudio publicado hace algunos meses, se analizaban las causas de esta escandalosa concentración de la riqueza en México, y no estamos hablando precisamente de un desastre natural: el crecimiento desmesurado de la extrema desigualdad responde a una dinámica de secuestro democrático por parte de las élites, quienes conservan y aumentan su riqueza influyendo decisivamente en la configuración de las leyes y políticas en aras de su propio beneficio. No es casual que en un contexto de tan terrible desigualdad, se hable de ruptura de la cohesión social (ver datos de violencia en México) o incluso de ruptura del mismo contrato social. El rol del Estado está trucado, porque renuncia a diseñar políticas con efecto redistributivo (sistema fiscal) o predistributivo (salarios mínimos), renuncia a definir políticas de protección social, renuncia a responder a las necesidades y derechos de las grandes mayorías y los grupos vulnerables, y prefiere blindar los privilegios de unos cuantos.

La desigualdad en México deja a millones de personas en situación de exclusión y vulnerabilidad, desamparados, sin protección y sin poder ejercer derechos fundamentales. En este contexto, es doblemente digno de celebración que el huracán Patricia no haya generado los terribles efectos que se auguraban. Porque, como es lógico, los desastres naturales se ceban mucho más contra las personas que viven en vulnerabilidad. El informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas del 2014, hacía una reflexión importante sobre las poblaciones en las que se conjugan distintas variables de vulnerabilidad.

El gobierno mexicano ha anunciado que se desactiva el protocolo de emergencia en la mayoría de Estados, que se alegra de no contabilizar pérdidas humanas, y que ya no será necesaria ningún tipo de ayuda humanitaria. Es sin lugar a duda, algo que celebrar. Espero, sin embargo, que pasada esa tormenta, el gobierno mexicano y los medios de comunicación le presten la misma atención al Huracán de la Desigualdad.

Rodrigo Barahona Celada
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Rodrigo Barahona es un guatemalteco que emigró a España hace 10 años para estudiar un máster y donde se quedó para hacer una familia y reinventar su carrera profesional. Intenta compaginar su pasión por escribir con la lucha por la justicia social. @rbarahona77


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