Poporopos y Hollywood es el nuevo Pan y Circo

En donde crecí sólo había un cine, con funciones los sábados y domingos en dos horarios: 5 de la tarde y 8 de la noche. Cuando la película era súper taquillera, como Titanic, se abría una nueva función los lunes. Allí vi mis primeras películas –alguna de Van Dame, alguna de Disney– y sentí la magia de estar frente a una pantalla, con un sonido espectacular, en silencio y oscuridad.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

Sin dudarlo, podemos conocer a una persona por el tipo de películas que ve.

Foto: Flickr, Juanedc.com

El cine Carua era una sala única dividida en dos niveles. Tres anuncios a lo largo del pueblo promocionaban sus películas: dos estaban en parques y otro fuera de sus instalaciones. Las funciones tenían un intermedio que era aprovechado para ir al baño o salir del cine a comprar algo de comer, momento que se prestaba para que algún astuto se colara en la segunda parte de la película. La entrada costaba 8 quetzales (o 5, no recuerdo bien).

Desde niño me ha gustado ir al cine. Es una extraña afición que me regaló mi papá un sábado que me llevó a una doble función. Me refiero al hecho de ir al cine, no de ver buenas películas, porque en un pueblo, a finales de los 90, la película no es lo que cuenta. Con el tiempo, el cine empezó a especializarse en llevar más de una película y arreglar las butacas, en un intento desesperado por salir del modelo de cine de pueblo para ir colocándose en el modelo de empresa del siglo XX. Por eso el ‘Cinema Paradiso’ se fue borrando. Luego me contaron que la justicia poética hizo su aparición y el cine cerró, porque nadie quería ir a una galera a ver películas, ya que todos tenían DVD’s piratas. Las películas mataron al cine. Yo no vi el final, pero imagino que nadie lo notó. Años después, cuando llegué y propuse que fuéramos al Carua, me dijeron: ‘Ya no tenemos cine aquí’.

Luego conocí Blockbuster. Los sábados alquilaba cuatro películas y cada semana me daba a la tarea de verlas. Era un nuevo tipo de cine: películas de las que nunca había escuchado, con nombres raros y en otros idiomas. Trataba de alquilar las que no fueran ‘éxitos’ porque era más barato y había una promoción. La piratería empezaba a asediarlos. Ahí me di cuenta que las taquilleras no siempre conectaban con lo que sentía y que no todos los actores son guapos y que no necesitás aprender a disparar para tener una vida interesante. Inevitable comparar. Comparé lo que había visto antes con lo que miraba en ese entonces. Empecé a pedir recomendaciones, gente que había viajado, gente que imitaba el modelo europeo de ser culto e intelectual (ahora lo veo), me recomendaba películas que no entendía, películas que en Europa habían sido aclamadas, pero que a mí, con educación promedio en Guatemala, no me decían absolutamente nada. Nació entonces la pregunta: ¿qué es una buena película?

Las buenas películas son escasas, dicen. No es que no haya películas, porque opciones hay. Miles, si sumamos las del cine, las de los canales de televisión –de cable o de televisión abierta–, las de “Video On demand”, los más de mil títulos que tiene Netflix, las que venden los piratas en los diferentes puntos de la ciudad, las que están siendo bajadas en Torrent ahora mismo, las que están en las computadoras de las oficinas donde no deberían estar, las que están haciendo los estudiantes de las universidades y colegios, las olvidadas en los discos duros y USB’s que no volvimos a consultar, las de páginas online… Miles y miles de películas, sin mencionar los temas de éstas, porque no importa cuál sea tu sentimiento, tu idea, tu historia o tu fantasía, seguro tiene una película o dos.

Pero a pesar de eso, siempre decimos que no hay buenas películas. ¿A qué le llamamos “buena película”? ¿A las que dan en los cines? No es nuestro caso. En Guatemala, los cines tienen todos las mismas películas, que no suelen ser grandes propuestas sino sólo éxitos taquilleros estadounidenses; en casi todas las salas de cine proyectan las mismas, 4 o a lo sumo 5.

¿Será una buena película la que gana el Óscar? Si el festival no existiera, muchas películas nunca serían vistas, porque algunas de ellas no llaman nuestra atención sino hasta que ganan, porque “son buenas” (algo así como el Premio Nobel de Literatura, que generalmente recae en nombres desconocidos para nosotros hasta que son premiados). “El cine extranjero es bueno”, dijo un amigo, pero no sé si me atrevería a generalizar, porque gente mediocre hay en todas partes. Véanse sino la cantidad de ejemplos que se proyectan en Canal 3.

El cine es la suma de varias artes: fotografía, música, actuación, iluminación, vestuario, guiones… quizá la suma de todo esto nos dé una buena película. O quizá no.

Mis amigos hablan de buenas películas cuando las historias empatan con alguna situación o elemento personal. Si te gustan los carros, te gustan las películas de carros –la historia es lo de menos, porque lo que estás buscando es otra cosa. Si te gustan los amores imposibles, ya sabemos qué tipo de películas buscás. Si tenés una rabia acumulada, seguro en tus películas habrá algún tipo de explosión. Si sos culto, Euro-cine. Sin dudarlo, podríamos conocer a una persona por las películas que ve.

Pero hay otras películas –sin llevar el papel de cultos, sin que sean extranjeras ni tengan presupuestos absurdos–: están las películas que tienen temáticas extrañas, nada particulares, como los sueños. Las películas que hay que armar o las que se debe masticar por mucho tiempo y que con los años vamos entendiendo, porque necesitábamos vivir algunas experiencias, algunos dolores, para que finalmente nos hablaran. Las que te avergüenza confesar que te gustaron porque son cursis –como en verdad sos–, las que has visto varias veces a solas, las que dijeron frases que querés decir en alguna de tus banales conversaciones, las que no entendiste pero te hicieron llorar y no sabés por qué; las películas que estaban en otro idioma, sin un solo efecto especial, sin una sola escena de sexo, pero te hicieron querer dormir en posición fetal; las que te sembraron preguntas que no has logrado contestar. Todas esas, ¿a qué tipo de psicología responden?, ¿por qué esas no las proyectan en el cine?, ¿por qué cuando hay ‘cine retro’ en alguna sala, sólo hay once personas, pero para Star Wars hay once salas llenas? ¡Cierto, lo olvidaba! Es porque esta última sí es una “buena película”, de esas que hay que ver porque rompieron con los récords de taquilla.

Al final de cuentas, una película es una historia. La historia como tal es la memoria de la humanidad. La memoria es un producto de la conciencia y esta nace de la reflexión. Aquí puede haber una clave: el que no reflexiona su vida busca las películas para escapar; el que lo hace, busca respuestas en las películas. O, mejor aún, preguntas.

No se trata de entretenimiento, pues el arte no nació para entretener. Ahora lo vemos así porque es un negocio rentable, pero en algún momento el arte fue una vía para encontrar respuestas, para encontrar la belleza que los seres humanos le habían arrancado a la vida con sus vicios cotidianos de “querer ser”; en algún momento los artistas eran los sacerdotes que le recordaban al ser humano que en medio de tanta soledad y vacío, aún sobraban razones para vivir.

El cine es un arte y debe significar algo más que pasar un domingo en la tarde sin nada que hacer. El cine puede abrir el diálogo con la vida misma y expandir la conciencia. Somos la mayoría los que aceptamos las películas. Somos nosotros, con nuestros diálogos de café y discusiones de Twitter, los que marcamos la tendencia. En nuestras manos están las futuras buenas películas.

El cine Carua nunca desapareció: resucita cada vez que busco una película que marque mi vida para siempre.

Mario Pérez
/

Migrante del interior del país. He logrado encontrar a la gente oportuna que me ha hecho despertar a base de cachetadas, libros y fiestas. Gusto en llamarme filósofo, sin falsas pretensiones, sólo quiero respuestas. Pienso que el mundo sí tiene solución, pero hay que aprender a bailar al revés.


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COMENTARIOS

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    Mynor René Martínez /

    01/02/2016 12:13 PM

    Yo fui a ver Cinema Paradiso a lo que hoy son los apartamentos Lido, en la zona 1. Nos llevó a verla nuestro maestro de Filosofía. Me marcó la peli...

    Aunque el tono de la nota es nostálgico, guarda mucho de cierto, y es que en un sistema basado en el consumo, el cine no puede salirse de este concepto. Más aún, el cine gringo, es una propuesta comercial, para vender souvenires, playeras, taquillas, etc.

    Me gustó mucho la conceptualización de que la consciencia es una reflexión. Lo lamentable es que al cine nadie va a reflexionar, solo mi maestro de Filosofía tenía la intensión de hacerlo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Byron /

    30/01/2016 6:18 PM

    "Las películas mataron al cine."
    ouch!
    excelente exposición de la realidad del 7mo. arte mi estimado amigo!
    Siga escribiendo tan bien como lo hace.
    un abrazo! :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Flor de Maria Perez /

    29/01/2016 5:41 PM

    Me gustó la nota, pero al final se me cayó la ilusión. ¿Cómo puedes condicionar lo que "debe" ser el cine, así como lo que "debe" ser el arte? Inicia diciendo que es complejo definir lo que es "buena película", pero termina diciéndonos lo que "debe ser" una buena película. El cine es complejo, puede ser desde esa tarde sin nada que hacer con una película "light", a algo realmente intenso, es una experiencia personal y multidimensional. Por lo menos, a mí, me encantan todo tipo de películas y no me avergüenzo de eso. Fui a la premiere de medianoche de Star Wars, estoy emocionada por lo que viene de Marvel y DC, me gustan algunas comedias románticas, y también disfruto de Tarkovsky, Bergman y Malick, y jamás me gustaría privarme del placer de verlas, cada una en su momento, con sus propósitos diferentes.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Yomara /

    29/01/2016 5:09 PM

    Lindo tema, lindo estilo de escritura. A mi me encantan las películas que me dejan con ganas de citarlas en cada conversación como tú dices, a buscar más de esas y más de estos artículos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    J. Contreras /

    29/01/2016 3:10 PM

    Muy buen articulo, así deben ser todos, que te hagan pensar y recordar.
    Y pues si, ¿qué es una buena película? o una ¿película bonita?
    Disfrutemos del cien.
    Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Lopez /

    29/01/2016 2:44 PM

    Llevaba rato sin leer una nota en Nomada en total ausencia de pensamientos transversales, ha sido continua desde la primera hasta la ultima linea y wow. vaya que es una buena forma de describir la experiencia en el cine. Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    fercho /

    29/01/2016 2:38 PM

    Papá, me llega tu punto de vista respecto al cine cuando decís que es un arte que encierra varias Artes. En mi opinión creo que la película mala es la que nunca vemos. Con el tiempo y aquella tanatada de películas que logramos ver y entender son las que nos van moviendo hacia un gusto específico sin dejar de experimentar con algo más.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Nestor Morales /

    29/01/2016 2:33 PM

    Disfruté tus letras, de las que son oportunas y falta que hacen. El cine comunica y como decís, está en nuestras manos que tipo de historias queremos volver tendencia.
    Ixcanul, no?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    AA /

    29/01/2016 2:11 PM

    disfrute mucho tu articulo, gracias.... Considero al cine casi que una experiencia religiosa, nada me impresiona mas que la capacidad des estas personas de contar toda una historia en un par de horas transmitiendo por supuesto emociones, conocimiento, etc... Por eso el séptimo arte.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Sergio /

    29/01/2016 12:13 PM

    Buen post.

    En lo personal recomiendo ver el programa de TVE "Días de cine". Le abre a uno las fronteras del cine, porque hacen síntesis de películas "populares" y las que no tanto, no importando el país.

    Estoy de acuerdo en que uno tiene que atreverse a ver cine sin dejarse influenciar de lo popular, pero también estoy consiente de que en Guatemala es muy difícil (si no imposible) encontrar variedad de títulos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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