¿Por qué no me amás? (La conversación sexual de los vecinos)

Estábamos en un hotel en Las Lisas, un rancho de dos niveles a la orilla del Pacífico. En la terraza, un hombre mayor y una muchacha de unos 25 años llevaban horas sentados frente al mar en actitud romántica. En nuestras idas y venidas al hotel, ella estaba cada vez más animada. Cada vez más borracha. Él, calvo, moreno, no se movía de su silla. Solo se iba terminando, una a una, el cargamento de cervezas. Se iban a casar, o eso decían. Las habitaciones, construidas bajo el techo triangular, con toda la parte alta abierta, permitían una perfecta acústica entre ellas y, en un momento, mientras ella bailaba al ritmo de King África y reía escandalosa, pensé en lo desagradable que resultaría escuchar a esa pareja coger en la noche.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

El Pacífico guatemalteco.

Foto: Flickr, Walter Rodríguez

Pero lo que escuchamos cuando se fueron a la cama fue mucho peor. Fue el llanto de aquella mujer, con el tono agudo y suave de una niña, pidiendo por favor que no. Que no. Que ella no quería quedar embarazada. Una voz de hombre preguntando nervioso: “¿Por qué no me amás? Yo te amo, baby. ¿Por qué no me amás?”. Y las voces se acallaban para volver “Sos un mono. Ya no te amo”. “No me hable así”. Y el llanto, que siguió durante interminables minutos, mientras un fuerte vendaval entraba en aquel hotel mugriento de aquel pueblo de costa. “¿Y por qué pensaba que yo la amaba?”. “Porque soy mujer de la casa”. Los llantos se dejaron de escuchar. Quien sabe cómo terminó. Si cedió él. O cedió ella.

Quince mujeres están sentadas el lado de la parte acusadora de la sala de vistas del Organismo Judicial. Llevan tapado todo el cuerpo con telas de colores y bordados indígenas, mayas. Llevan tapada la cara y llevan tapados sus vientres. Solo se intuyen, sobre sus faldas plisadas, las arrugas de sus manos. Tienen más de 50 años y llevan la mitad de su vida, 32 años, con el recuerdo en su interior de decenas de violaciones. Violaciones individuales y violaciones en grupo. Entre abril y octubre de 1982. En el destacamento de Sepur Zarco, entre Panzós y El Estor, a 300 kilómetros de Ciudad de Guatemala. Grupos de militares desahogándose con esas q’eqchís. A ellas no les preguntaban que por qué no las amaban. Porque además de ser mujeres, eran indígenas y pobres. A ellas solo las apuntaban en listas, las trasladaban al destacamento, las metían a un cuarto y las violaban. Las seguían al río y las violaban. Asesinaban a sus maridos y las violaban.

Pienso en la joven llorando en las Lisas. Con un llanto suave. Y pienso en que estas mujeres q’eqchís, probablemente, tampoco oponían mucha resistencia. Solo esperaban que terminara. Seis meses, día tras día, esperando que aquello terminara. Y después, cuando terminó oficialmente, esperar durante seis años que cerraran el destacamento para que ya no ocurriera cada vez que se topaban a militares en cuaquier lado.

El conflicto armado, la guerra civil, exacerbó, gracias a la excusa de la lucha contra el comunismo, las conductas más animales del ser humano. Y Guatemala, sin autoestimas, con este racismo tan profundamente arraigado, las violaciones fueron, y siguen siendo, un halago para el machismo y un halago a la cobardía. Es doloroso pensar que esos soldados, posiblemente, no eran bestias con enfermedades mentales. Quizá sí. Pero probablemente estaban haciendo lo que veían hacer a sus padres con sus madres en las noches, en esas casas de una sola habitación. Calmarse con unos cuerpos pasivos y silenciosos que solo esperan a que eso termine.

Ahora, estas mujeres, las de Sepur Zarco, están rompiendo el silencio de la violencia que nos afectan a todos, de toda Guatemala y de todo el mundo, de clases altas, medias, bajas, hombres y mujeres. Están levantando la voz por todas esas mujeres sin educación sexual, crecidas para ser mujeres de sus casas o de estas sociedades, para esos hombres que repiten patrones aprendidos. Están levantando la voz por esa joven de las Lisas que, a la mañana siguiente, le estaba riendo los chistes a ese hombre, como si en la noche no hubiera sucedido nada.

Carolina Gamazo
/

(Pamplona, 1985). Periodista de profesión, la vocación aún no la tiene clara. Española según el pasaporte y guatemalteca de prestado. Ha trabajado en Prensa Libre, elPeriódico y Plaza Pública. @carolgamazo


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    Anayté Guardado /

    11/02/2016 3:42 PM

    Si es cierta la historia que relata al principio, usted es una gran hipócrita, porque entonces debió haber hecho algo para proteger a la mujer de Las Lisas. Por eso Guatemala es como es, por gente como usted.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Daniel Aguilar Santizo /

    09/02/2016 3:50 PM

    Me parece un poco sin sentido la comparación que hace la autora del caso de "Las Lisas" con Sepur Zarco, un poco sin sentido y cursi.
    El caso de Sepur Zarco es un sainete mal montado por testigos ignorantes y muy mal orientados por sus mentores (miembros de ONGs). Es evidente que la autora de la nota, Carolina Magazo, quien se dice de origen español, forme parte de alguna organización internacional financiada por entidades que tienen como objetivo mantener latente la división ideológica que dividió a los guatemaltecos durante 30 años y que dejó un saldo de más de 250,000 hermanos muertos. Basta detenerse con algún cuidado en estudiar las declaraciones de los "testigos", para determinar que la obra de la imaginación de los autores de todo este teatro, es apenas un intento más para engañar a los incautos y para avanzar hacia el mantenimiento de la división de los guatemaltecos.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Carolina Fernández /

    08/02/2016 9:39 AM

    Como siempre, que no falte el hombre que viene a poner los puntos sobre las íes. Para eso están los machistas, para decir y autorizar lo que es excelente.

    Para pretender informar también hay que estar formado. Si no, el relato se convierte en una tesis revisionista. De ahí al olvido también hay un solo paso.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rodolfo Monterroso /

    08/02/2016 7:54 AM

    ¡Excelente nota! En Guatemala no pasó nada, se dice en los medios de poder, así no nos arriesgamos a que nos digan de izquierda, por eso nos salvó el glorioso ejército de la debacle, lo demás son casualidades, para eso están los acuerdos de paz, para el olvido. Casi parece que se estuviera recitando a Kundera con este texto: "La realidad es precisamente al contrario: todo será olvidado y nada será reparado. El papel de la reparación (de la venganza y el perdón) lo lleva a cabo el olvido. Nadie reparará las injusticias que se cometieron, pero todas las injusticias serán olvidadas”. Gracias por el recordatorio.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Francisco /

      10/02/2016 1:31 PM

      Al final lo que se busca es hacer como que no paso nada, de alguna forma siempre culpan a las víctimas o por pedir dinero o por polarizar a la sociedad.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Carolina Fernández /

    08/02/2016 5:11 AM

    Qué artículo tan desinformado sobre lo que es la esclavitud sexual. Avergüenza que "generadores de opinión" hablen de "conductas animales" para "comunicar" sobre crímenes tan graves. Gracias a opiniones como ésta después dicen que son enfermos, que son animales... No criminales. Si un comunicador no puede entender esto, tiene que seguir escribiendo sobre conversaciones escuchadas a través de la pared y no intentar hablar de crímenes internacionales considerados ofensas contra toda la humanidad.

    Atreverse a escribir barbaridades como: "Y pienso en que estas mujeres q’eqchís, probablemente, tampoco oponían mucha resistencia", es la muestra de la ignorancia pura sobre el terrorismo de Estado. Eso por pensar bien, porque también da por pensar que los españoles, sean de la generación que sean, siguen mirando a las "pobres indias" como colonos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Héctor Luján /

    08/02/2016 3:17 AM

    Felicitaciones por el artículo, se agradece enormemente que se denuncie tanto el machismo como las atrocidades cometidas durante la guerra. Pero en cuanto a esta frase " posiblemente, no eran bestias con enfermedades mentales. Quizá sí.", solo quiero aclarar que relacionar el concepto de bestia con el de enfermedades mentales me parece un error grave, ayuda a alimentar el terrible estigma existente sobre las enfermedades mentales y quienes las padecen. El enfermo mental no es una mala persona, hay que romper con esa idea. Debemos ser cuidadosos de no relacionar la maldad con las enfermedades mentales para no alimentar ese concepto tan equivocado, creo que tener eso claro es obligación de un comunicador social. Saludos y felicitaciones por Nómada!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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