Si mi vagina fuera un revólver

A mis 39 años me percaté de que llevaba dos semanas de atraso. No solía suceder. Las únicas dos veces que había ocurrido fue porque estaba embarazada. Esta vez, durante los días que esperaba ansiosa a que me bajara la menstruación, pensaba en todas las posibilidades. Y fue entonces cuando aparecieron ante mí una serie de imágenes devastadoras sobre mi futuro inmediato. La angustia era total. Estaba haciendo inmensos esfuerzos por cambiar el rumbo de mi destino, y ahora ¿esto? Estaba segura de que si mis sospechas se confirmaban, abortaría.

Cotidianidad aborto decisión derecho embarazos feminismo mujeres Opinión P369
Esta es una opinión

Foto: flickr.com/photos/pachakutik

En ese tiempo, la palabra aborto me atormentaba. Solo con pensar en ella sentía una especie de vergüenza, como si con solo unir mentalmente esas seis letras me estaba condenando al patíbulo. Ahora lo veo claro: mi sistema de creencias me provocaba mucha confusión porque la religión es de por sí contradictoria. Había visto varios documentales antiabortistas que ilustran la forma en que la máquina succionadora destroza el feto y cómo este se aferra a la vida mientras lucha para evitar la muerte. Son vídeos producidos por grupos religiosos que usan la persuasión para controlar nuestros cuerpos sembrándonos el miedo que se relaciona con la culpa.

No estoy diciendo que estas imágenes del feto luchando por su vida sean falsas. Ya lo dije, me parecen desgarradoras. Lo que critico es el método que usan para convencernos de que nos convertiremos en asesinas o que terminaremos en un manicomio o bajo tierra, que es el caso de 47 mil mujeres en Latinoaméricaque deciden interrumpir su embarazo a través de métodos clandestinos y arriesgados. Tampoco estoy diciendo que sea una decisión fácil ni que es sencillo pasar por todo esto. La escritora inglesa Caitlin Moran describe su experiencia en su texto Cómo ser una mujer donde admite que es una prueba muy fuerte en todos los sentidos, pero que para ella tuvo un final feliz. Su reflexión da luz a esas millones de mujeres que intentan reparar un hecho que podría destruir sus vidas, y que les permite continuar hacia adelante agradeciendo haber podido optar en total libertad. Necesitamos hablar de esto con seriedad y honestidad, sin tabúes ni culpas que nos priven de actuar libremente.

El problema del debate “ético” o moral es que nos hace creer que no tenemos derecho sobre la vida que llevamos dentro porque “son dos vidas distintas, con autonomía propia” y es que hasta donde yo sé -y me consta- mis hijos fueron totalmente dependientes de mí mientras permanecieron dentro de mi útero. Vivieron de mí, se desarrollaron en mí y nacieron a través de mí. Y mi ignorancia es tal que al menos hasta ahora desconozco si hay otros métodos que sirvan para que una criatura no dependa de su madre durante los nueve meses de gestación, es más:en la mayoría de casos sigue dependiendo de ella hasta bien entrada su adultez, y…vamos, que no estamos ya para solapar vergüenzas: ¡Algunos no dejan de depender de ella nunca!Así que si existe eso de autonomía en el feto, por favor, ¡que alguien me ilumine!

Aunque en ese entonces no tenía tan claro el tema del aborto, sí estaba segura de que no quería tener a esa criatura ni a otra más. Nunca. Años después estudié la teoría feminista y mis dudas se aclararon, sobre todo cuando me enteré que en Guatemala se registran un aproximado de 65 mil abortos no naturales cada año, lo cual equivale al 36 por ciento de los embarazos no planeados en todo el país que “se resuelven a través del aborto inducido”. Pero a como están las cosas, miles seguirán muriendo en dolor y soledad anualmente debido a abortos ilegales o auto inducidos, y sobre todo serán las mujeres pobres las que más sufrirán porque las que pueden pagarlo siempre encontrarán una forma secreta e hipócrita de hacerlo. Por eso es que no podemos desligar al patriarcado de la opresión económica ni racial. Y con esto no estoy diciendo que el aborto sea la solución a nuestros problemas, sino más bien que se hace preciso que avancemos hacia una educación de la consciencia, una revolución educativa que nos permita aprender a pensar.

Cuando a mis veinticinco años le dije a mi ex ginecólogo que quería esterilizarme se negó con el argumento de que era muy joven para tomar ese tipo de decisiones. Recuerdo que sentí una enorme impotencia sobre mi propio cuerpo y mi propia vida. De esta forma, tomé anticonceptivos hasta casi llegados mis cuarenta a pesar de que tampoco quiso operarme cuando le pedí lo mismo a mis treintitrés. No soy la única. He escuchado la misma cantaleta de mujeres cuyos médicos les han negado el derecho a elegir libremente.

La ecuación es sencilla, pero brutal: un parto es un negocio y a más partos, más ganancias; y segundo, el sistema patriarcal le otorga a los profesionales (médicos de la salud en general) cierta autoridad jerárquica en la que las mujeres pareciéramos quedar infantilizadas de por vida. Mi ex ginecólogo parecía haber tomado el rol de la autoridad ética y moral que generalmente ocupan los padres biológicos, pero también los sacerdotes o cualquier figura autoritaria que dicta lo que está bien o mal. De esta manera, fue él quien mantuvo el control de mi cuerpo durante veinte años, no yo.

Si mi vagina fuera un revólver hubiera aniquilado a varios de estos ejemplares, pero lejos de ser un arma letal es mi fuente de placer y de vida, por lo tanto solo mía. Sé que de haber contado con toda la información que hoy tengo, sin duda, hubiera cambiado de médico como hice mucho tiempo después. Decía Gloria Steinem que si los hombres pudieran quedar embarazados el aborto sería un sacramento, y yo tengo la leve sospecha de que además estaría inscrito en el Artículo No. 1 de la Constitución de la República. Soloentonces los obstetras respetarían la decisión de sus pacientes masculinos, pero además les propondrían la esterilización como una reivindicación al cuerpo de sus congéneres.

Un día después de haberme decidido, me bajó la regla. Un peso de siglos pareció desaparecer de repente. Inmediatamente llamé para hacer una cita con mi ginecóloga. Había decidido que esta había sido la última vez que pasaría por la agonía de sentir que carecía del control de mi propio destino; una elección que debí haber tomado muchos años atrás.

Beatriz Zamora
/

Profesora de Lenguaje, editora, feminista y lectora empedernida. Apasionada por el yoga, la meditación, la fotografía, los viajes transatlánticos, la autenticidad y la comida vietnamita. Su nacionalidad es planetaria y su identidad, el espejo.


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

21

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    ANONIMO /

    27/02/2015 2:46 PM

    […] pueden ser las mujeres cuando toman el control de su cuerpo. Sea por violaciones cuando son niñas, porque tienen 38 años y no quieren más hijos, o porque son demasiado jóvenes y todavía no quieren ser mamás. En […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ANONIMO /

    02/02/2015 1:27 AM

    […] que no tenía posibilidades de vivir); o porque tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, como la guatemalteca Beatriz, bloguera de Nómada, que a sus 39 años y con dos hijos, había decidido […]

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marisa Chocano /

    24/01/2015 6:15 PM

    Es un tema q muchos no hablan con sinceridad. Lo más interesante para mi del artículo es la independencia de nuestro cuerpo, el hecho de poder tomar decisiones propias sin q las mismas sean persuadidas por terceras personas. Es importante educarse sobre el tema, yo en lo personal no apoyo el aborto pero, tampoco juzgo sin conocer o saber razones.
    Creo que la educación sexual puede resolver tanto abortó estúpido y mal practicado. Tenemos q ser conscientes de nuestros actos y saber sus consecuencias. Gracias p

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    DENISE PIMENTEL VASQUEZ /

    12/12/2014 5:14 PM

    como mujer guatemalteca de 23 años, me encantó leer un artículo de opinión que se exprese libremente. Leer algo y sentir que no estas sola con tu ideología, de verdad se siente muy bien. Me gusta que podas expresar libremente como pensas y segura de lo que sos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    ANONIMO /

    12/12/2014 5:12 PM

    como mujer guatemalteca de 23 años, me encantó leer un artículo de opinión que se exprese libremente. Leer algo y sentir que no estas sola con tu ideología, de verdad se siente muy bien. Me gusta que podas expresar libremente como pensas y segura de lo que sos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ignacio Laclériga
    Ignacio Laclériga /
    12/12/2014 4:10 PM

    David. Los primeros que abortan en este país son los padres de todos esos niños con madres solteras. Mientras las mujeres sean las que tienen que cargar con esa responsabilidad serán ellas, de forma personal, las que deberían decidir y no hombres que desde púlpitos de hipocresía predican la abstinencia, mientras ellos tienen hijos perdidos por todas partes. Para muestra, el presidente de Paraguay, Ferando Lugo, que fuera obispo católico, y al que se le achacan al menos la paternidad de tres hijos y de los que ha reconocido dos... Seguir señalando, seguir, pobres fariseos sin escrúpulos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    David /

    12/12/2014 1:54 PM

    Creo que el cierre del artículo debería haber sido algo así: "Estuve, por tanto, elucubrando durante muchas y angustiosas horas, la posibilidad de convertirme en asesina de mi propio hijo".

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ignacio Laclériga
    Ignacio Laclériga /
    12/12/2014 1:14 PM

    Me parece inaudito que gente como Iris y compañía se atrevan a juzgar con tanta ligereza la decisión personal de una mujer adulta. Mientras el embarazo sean nueve meses de vínculo obligado entre madre y embrión, la única que tiene el derecho a decidir sobre su propio cuerpo es la madre. Obligarla a incubar un feto por impositivo legal de una mayoría bienpensante incapaz de hacerse responsable de los propios niños que trae al mundo me parece nefasto. ¿Para qué, para luego dejarlos abandonados, en el mejor de lo casos, en casas de adopción? Lo que digo, primero tengan un país adecuado para tener hijos y luego ténganlos, lo demás es ir de santo por el mundo, mientras se es complice de la miseria, desnutrición y falta de opciones para miles de niños inocentes. ¡Eso sí que es ser sinverguenza!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Iris Pérez /

    12/12/2014 11:32 AM

    No comparto en lo mínimo la argumentación de esta "profesional" que debería ser responsable de sus actos. De personas de escasa formación y cuyo criterio se quedó limitado ante el conocimiento y por ende la toma de decisión, aceptaría que tuviera miedo a afrontar un embarazo. Y lo que más impotencia me da es su excusa nefasta de delegar a un médico su decisión de esterilizarse. Quien quiere esterilizarse o tomar cualquiera de los muchos métodos anticonceptivos los toma y punto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos Ovalle /

    12/12/2014 2:41 AM

    En esta sociedad hipócrita, complaciente y mojigata queman y matan a una niña de 14 años, mientras condenan el aborto sin asumir las consecuencias de una sociedad llena de hijos no deseados y familias rotas.
    Si a la despenalización del aborto y a la práctica subencionada del mismo por el estado.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones