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Sufrí abuso y esta es mi historia

Todavía no me es tan fácil hablar del tema, aún me duele haber creído que valía tan poco para permitirme vivir una situación así. Pero creo que desde mi experiencia puedo ayudar en algo a mujeres y hombres que están pasando por esta situación o que están empezando una relación en la que existirá maltrato. Esa conducta tan fácil de ver en los demás pero tan difícil de detectar, reconocer y, sobre todo, terminar.

Cotidianidad Opinión
Esta es una opinión

Foto: ISTOCK

Se tiende a pensar que el abuso en una relación de pareja ocurre cuando estás bien con tu novio (o novia) y de pronto, en una discusión airada, tras insultos y humillación, te dan una paliza de ojo morado y hospital. Pero el abuso no siempre es así –aunque hay muchos casos similares– la conducta abusiva es progresiva.

Cuando iniciamos una relación tendemos a idealizar a la otra persona. Solo conocemos una décima parte de lo que en realidad es y el resto lo inventamos; incluso justificamos si actúan de manera distinta a nuestras expectativas.

En mi caso, siempre dije que algo así jamás me pasaría, que nunca sería de esas mujeres sin autoestima que se dejan pisotear. Pero no fue sino hasta que estaba en el fondo del pozo que me dí cuenta de cómo permití que me hicieran pomada. No me victimizo; un paso muy importante para salir del maltrato es reconocer que nosotras lo permitimos. Solo así se puede salir de ese agujero, responsabilizándonos de lo que nos pasa, tomando las riendas de nuestra vida.

Todo empezó con frases como “no hagás eso”, “no quiero que vayás”, “no seás ridícula”, que fueron agravándose a “que fea te mirás”, “¿por qué te vestís así?” “no seás tonta”. Y terminaron en “me das asco”, “te vas para andar de puta”, “¿quién te puede querer a vos?”…

El detonante siempre es algo así, una frase fuera de lugar, tono y momento. Aunque te quedas en shock unos segundos, luego lo dejas pasar –pensando que tuvo un mal día, se siente mal o lo que sea. Buscas convencerte, buscas una respuesta a ¿por qué es así? Buscas y encontras respuestas en su infancia, en su pasado, y te dices cosas como: “quizá vivió algo tan traumático que adoptó esa conducta.”

Y puede que sí, pero si alguien tiene un trauma de la infancia, que vaya al psicólogo, no a maltratar a su pareja. No somos las que tenemos que salvarlo y sacarlo del problema a costa de nuestra energía vital.

El síndrome de Estocolmo –cuando el secuestrado se enamora del secuestrador– está muy relacionado con los casos de maltrato doméstico. Distorsiona la realidad pensando que el captor las cuida, las protege y les provee bienestar.

Recuerdo la primera vez que me puso la mano encima, fue una noche después de una fiesta. Tras insistir que nos fuéramos porque no podía regresar muy tarde a mi casa me tiró un saco en la cara, acompañado de un empujón que me hizo volar hasta la pared. Rompí en llanto y corrí al carro; solo quería irme.

En el carro, asustada y confundida le pregunte –patéticamente– qué había hecho para que me tratara así. No recuerdo la respuesta y prefiero no hacerlo. Solo recuerdo que fue demasiado hiriente. Abrí la puerta del carro, dispuesta a correr hasta mi casa. No iba llamar a nadie. Me daba vergüenza, sobre todo porque sabía que no lo iba a dejar. Pero en el momento en que puse el pie en el suelo aceleró tanto que la puerta se somató contra mis piernas. El carro avanzaba rápido, subí mis pies como pude y me paralicé.

Sabes que lo tienes que dejar, sabes que no tienes que estar ahí, que no es normal. Pero el problema es que no puedes. Lo que necesitas es ayuda para dejarlo porque no sabes cómo hacerlo. En el momento en que decidía dejarlo, (porque lo intenté una y mil veces) me sentía fantástica y fuerte. Pero al poco tiempo me llenaba de miedo, me sentía tan mal, me sentía ansiosa, solo quería llorar y correr a sus brazos para “sentirme bien.”

Después de episodios así, vienen las disculpas. Te bajan el cielo, la luna y las estrellas. Te prometen una y mil cosas y, sobre todo, te prometen que nunca más volverá a pasar. Y uno quiere creerles, porque en el fondo sabe que es mentira. La montaña rusa emocional en la que subes te crea una dependencia increíble.

Dependencia que se vuelve una patología psicológica. Yo eso de una manera terrible. Cada vez estaba más enganchada a la mierda. Yo sentía que no quería a esta persona, que no me gustaba, que hasta me caía mal, pero me creía incapaz de tener algo mejor, no había ni un ápice de autoestima en mí, sentía que después de él no había una vida mejor.

Cuando una persona es dependiente emocional es como si fuese adicto a una droga. En este caso la droga es la persona, estando juntos sentís una euforia y bienestar magnífico, pero a las pocas horas de no estar juntos empieza el bajón, y hasta se sufren síntomas del síndrome de abstinencia. Vivir así te genera una inseguridad tan grande que te vuelves otra persona.

Lo cual era ridículo, porque estando con él, me la pasaba llorando y sufriendo. La relación terminó tras un último episodio en el que no fui violentada física pero sí psicológicamente. Mucho. Algo hizo clic en mi cerebro y nunca más quise que esa persona se me acercara, mucho menos que me hablara. Me apoyaron muchísimo mis amigos; no podía ni quería contarlo a mi familia.

Este tipo de abusos los aceptan mujeres y hombres que vienen de familias disfuncionales. Y sí, crecí en una familia disfuncional. Pero esto no me condena, no me determina y no tengo porqué repetir el patrón.

Ha pasado mucho tiempo ya, pero aún hay secuelas. Todos los días reconozco comportamientos basados en la dependencia y en la inseguridad que creé durante casi tres años. Lo importante no es castigarse, de poco sirve ser tan duras con nosotras mismas. Estas son cicatrices que no desaparecen tan fácilmente.

No creo que fue algo que tuvo que pasar para que aprendiera algo, porque es algo que nadie nunca debería de atravesar. Estoy orgullosa de haber salido de esa situación. Salí antes de que me dejaran un ojo morado o que no viviera para contarlo. Puede sonar exagerado, pero en estos comportamientos no hay punto medio, las cosas terminan o empeoran.

Mi consejo aquí es que a la primera señal de maltrato huyamos. A la primera subidita de tono debemos tronar los dedos y desaparecer. No es normal sentir culpa todo el tiempo, no venimos a ser mártires con tal de sanar a otros, no podemos aceptar un amor que aniquila nuestra esencia.

Es fundamental que cultivemos todos los días el amor propio. El autoestima es algo que debemos alimentar constantemente para sentirnos bien, para ser quienes somos, para aceptarnos y no tener miedo. Alguien con autoestima bien cimentada jamás permitirá un abuso. Pero esta no cae del cielo, también es nuestra decisión fortalecerla.

El amor es algo demasiado magnífico como para permitir que sea mediocre, en especial el amor propio. A mis 20 años fui una mujer maltratada y no permitiré que me sucede de nuevo. Jamás te permitas serlo tú.

Yiyi Sosa
/

Ingeniosa y necia, la segunda más que la primera y también viceversa. Apasionada por la literatura latinoamericana, escribo porque tengo muchas penas que repartir y alegrías que multiplicar. YouTuber y cuentacuentos cibernética.


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COMENTARIOS

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    Marielos_Ditto13 /

    10/03/2019 11:21 PM

    Me identifiqué mucho con el artículo, mtodo inició tan lindo y especial y luego pareciera que no le gustaba nada sobre mí. Que tuviera amistades (peor si era hombres), que me tapara el escote, que no me pintara, que no tomara ni una cerveza, luego que le caían mal mis amigos y hasta ciertos celos cuando hacía algún viaje familiar.
    Algunas diferencias contigo fueron que yo a ese hombre lo amaba con todo mi corazón, razón por la que me costaba más dar el último adiós.. Cortabamos, regresábamos Cortabamos, regresábamos, como adrenalina. El nunca me pegó, los golpes fueron psicológicos, sobre todo los últimos meses de la relación.
    Fui difícil volver a empezar desde cero me di cuenta que después de esos SEIS AÑOS con él me había convertido en una persona dependiente... Irónicamente guardo lindos momentos vividos con él, pero definitivamente no era una relación para quedarse.
    Con el tiempo supe que tenía una relación con una madre soltera, él la manipulaba igual o peor.. y ella que provenia de clase humilde, alquilaba un cuartito y usaba bus. De repente él la invita a vivir con el, le facilita todo a cambio de poder controlarla y así se reíte el mismo patrón..

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    德国人 /

    26/06/2018 4:13 PM

    Tus palabras me dan muchísimo aliento, en esta etapa de mi vida, tengo 21 años y vivo independientemente en el extranjero tengo una relación muy parecida, muchas veces me siento sola pero al leer tu artículo me da muchísima fuerza y seguridad de la decisión que he querido tomar desde ya mucho tiempo. Gracias Yiyi por abrirnos tu corazón y mente.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Francisco Rubén Ramírez /

    22/07/2016 3:41 AM

    Casi todo iba bien, hasta el punto de aconsejar salir corriendo a la primera subidita de tono: Eso significa DESTRUCCIÓN DE HOGARES. Todos los matrimonios hemos tenido algún altercado y no por eso vamos a HUIR. Convendría además agregar algún sitio web de ayuda sobre violencia intrafamiliar para MONITOREAR Y PERSONALIZAR CADA CASO, porque no todos somos iguales.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Mario /

      24/07/2016 1:08 PM

      ¡Qué poco entendés de que se está hablando! Una cosa es discutir y tener altercados de forma sana, normal y constructiva. Ninguna pareja es perfecta, eso es lógico. Pero otra es que pensés que un altercado pueda llegar a justificar ser abusivo con la pareja...estás equivocado.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    alfonso villacorta /

    20/07/2016 8:01 PM

    mas que síndrome de estocolmo se desarrolla una codependencia y es desde el noviazgo. como decía un comercial del padre fernando garcia en canal 3 que decía algo así como "hemos aprendido a nadar como peces, volar como aves pero no a vivir como gente".
    como padres no sabemos decirle a los hijos cómo pueden ser felices y el noviazgo puede ser el inicio de esa codependencia porque no hay ninguna escuela donde enseñen a enseñar, además del juego sicológico, hormonal y social entre otros, porque iniciada una relación aparentemente de amor, no hay poder humano que haga entender que uno de los dos está siendo abusado.
    lastimosamente el artículo no indica la forma en que llegó a la conclusión y la acción que pudo hacer para liberarse, que es lo más valioso. ningun abusado puede escapar del abuso porque precisamente por eso se da el patron

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juancho /

    20/07/2016 5:13 PM

    (Y) :):

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam /

    20/07/2016 5:03 PM

    Gracias por compartir su experiencia. Debe ser duro así que la felicito por su valentía y por ser una luchadora que ha reconstruido su vida. Como bien dice es importante aprender a quererse, identificar que el abuso es gradual y no permitirlo. Y si se sufre pedir ayuda y tener la esperanza que se puede re-comenzar. =)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Pons /

    20/07/2016 2:08 PM

    Me gusto su artículo. Ha plasmado en una buena y clara forma, los patrones de violencia sicológica dentro de las relaciones. A veces tomamos malas decisiones que, son producto de nuestro pasado y sobre todo de no conocerlo; eso como bien lo menciona, es parte de la construcción de la codependencia. Pero bueno, lo importante es reconocerlo, perdonarse y perdonar, pero sobre todo, salir de la segunda y en cuanto a la primera, cerrar esa página. Felicitaciones.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ana /

    20/07/2016 1:35 PM

    "Este tipo de abusos los aceptan mujeres y hombres que vienen de familias disfuncionales. Y sí, crecí en una familia disfuncional. Pero esto no me condena, no me determina y no tengo porqué repetir el patrón"

    Amé esta frase y estoy muy de acuerdo contigo.

    Me encantó tu articulo Yiyi felicidades! por ser buena escritora y una chica fuerte que logró salir de ese ciclo de odio. :)

    El alimento al autoestima propio es la base para salir de no solo este problema sino muchos otros más! :)

    Sigue asi :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marisol /

    20/07/2016 1:01 PM

    Gracias por contar tu historia, creo que haces un gran servicio público. Ojalá inspirés y quizás hasta abrás ojos a alguien, sobre todo con el pasaje donde contás cómo empieza la cosa. Yo nunca he pasado por algo así, pero sí reconozco las actitudes o haber oído a más de alguno hablarle así a una mujer que quiero o aprecio, y me da mucha rabia ver que aquí me confirmás mis sospechas. Será de estar atentas y listas para ofrecer apoyo en caso sea necesario. Creo que sería genial si ampliaras con otro artículo sobre cómo tus amigos te ayudaron o cómo podrían haberte apoyado más temprano. Cuidate mucho y qué alegre que ya sabes bien lo que vales!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    david /

    20/07/2016 12:29 PM

    Excelente articulo, excelente que lo hayas escrito y de que hablaras de como estas cosas las viven tanto hombres como mujeres!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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